La Legión del Unicornio – Capítulo 21: Adiós, Capital de Oro

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


La silla de montar y las riendas del caballo del Taller de Mageless estaban hechas especialmente, perfectas para un enano. De modo que la mesa plegable y accesorios similares fueron abandonados, el equipaje se separó entre los cuatro caballos, vaciando el área para que Julian montara. El sireno estaba muy envidioso de eso, pero escuchó al caballero y no pidió un intercambio.

Tener un evento tan impredecible como ganar una persona extra había causado que se extendiera el tiempo de preparación, cuando los miembros de la Legión del Unicornio dejaron Elvira, ya era pasado el mediodía.

Por la velocidad a la que avanzaban, el tiempo de viaje sería mayor a lo normal. A este paso, les tomaría al menos un día de cabalgata para llegar a la villa más cercana. Esta noche tendrían que acampar. Aun así, siempre y cuando encontraran un terreno plano adecuado, el problema estaría resuelto. Y por ello, el grupo viajaba aún más relajadamente.

Al principio del viaje, a menudo se cruzaban con comerciantes que se dirigían hasta la capital. Pero a medida que seguían las indicaciones del mapa y se adentraban en caminos más angostos, los encuentros con viajeros fueron haciéndose menos y menos frecuentes. Después de un tiempo, incluso los senderos creados por el constante tránsito fueron desapareciendo, dejando delante de ellos sólo naturaleza salvaje.

La vegetación recién había comenzado a brotar en el desierto de principios de primavera. El paisaje no era precisamente hermoso e incluso poseía algunos toques invernales, pero a nadie le importaba. La discusión sobre magia continuaba, pero esta vez Julian se había convertido en el profesor, el tema había cambiado hacia la creación de herramientas mágicas. Cuando la discusión se volvió más apasionada, el enano rápidamente sacó lápiz y papel, dibujando esquemas de todo tipo de herramientas.

El caballero escuchaba su conversación, agregando ocasionalmente su propia opinión, mientras el elfo permanecía en silencio casi todo el tiempo, sólo hablaba cuando sus compañeros le preguntaban directamente. E inconscientemente, se posicionó al frente del grupo. Cuando el caballero se dio cuenta de esto, no dijo nada, sólo sacudió ligeramente las riendas para acelerar, avanzando para galopar al lado del elfo.

Los árboles a su alrededor comenzaron a volverse más gruesos. Después de pasar por un arroyo, el grupo entró en un bosque. Los árboles centenarios que llegaban al cielo crecían altos y exuberantes, casi cubriendo el sol que ya estaba en el oeste.

—Antes solía haber un pueblo aquí.

Cuando pasaron por una gran roca, el elfo tomó la iniciativa de romper el silencio por primera vez.

—Se llamaba Luta. En esta roca se encontraba la entrada del pueblo. Por supuesto, eso era hace trescientos años.

—Ellen. —El caballero lo miró preocupado. La voz del elfo no poseía esa sensación de calma y fervor de siempre, parecía un poco distraído.

—No es nada —sonrió el elfo—. Sólo me siento… extraño. En su momento, la guerra era bastante agotadora. Al menos en términos de apariencia Elvira seguía siendo la misma. Y puede que los rostros cambiaran, pero los mercenarios seguían desempeñando el mismo trabajo que en antaño. Así que siempre viví en esta especie de confusión, como si sólo me hubiese ido por un par de meses o un par de años a lo máximo. Sólo en ocasiones como estas, donde veo algo como esto, es que me doy cuenta —El elfo bajó la cabeza, como si le estuviera preguntando al caballero o, a sí mismo—, que ha pasado tanto tiempo…

—No poseo ese tipo de experiencias —el caballero guardó silencio por algún tiempo—. Así que no sé qué decir para hacerte sentir un poco mejor. En realidad, nada de lo que dijera sería útil. Por eso, en esta ocasión —el caballero se dio media vuelta, indicándole al elfo para que se acercara, luego dijo en voz baja en sus oídos—. Sólo voy a fingir que eres Shelly.

Seguidamente extendió rápidamente su mano, desordenando el cabello del elfo.

—No pienses en eso, anímate.

Antes de que el elfo pudiera reaccionar, el caballero había tirado de sus riendas para escapar. Al darse cuenta de que el elfo no lo seguía, se volteó y lo miró con pesar.

El elfo volvió a suspirar y silenciosamente se subió la capucha. El caballero vio esto y no pudo resistir la risa.

—No estaba mirando tus orejas, de verdad.

De repente, un sonido como de viento provino desde detrás del grupo. El caballo del caballero bramó y comenzó a correr. El caballero reaccionó rápidamente para asegurarse en el caballo, tratando de no caerse. Tiró con fuerza de las riendas pero el caballo, cuyo costado había sido impactado por una flecha, se encontraba todavía corriendo espantado, adentrándolo más profundo en el bosque.

El elfo rápidamente extendió una mano para agarrar el arco, tomando una flecha del carcaj y disparando en la dirección del sonido. Pudo escuchar un quejido. Esperó por un momento, su oponente no continuó atacando y no hubo otros sonidos de movimiento, sólo entonces se volteó para hablarle al enano y al sireno.

—Esperen aquí, protéjanse.

Seguidamente sacudió las riendas, apresurándose en la dirección en la que había desaparecido el caballero.

El caballero a caballo fruncía el ceño irritado. Si el objetivo del oponente era separar al equipo para atacar, esperar a que el caballo se detuviera solo probablemente sería demasiado tarde. Aunque era un poco peligroso, la mejor opción sería conseguir bajar del caballo lo más rápido posible.

Miró al frente, originalmente planeaba esperar a que el caballo bajara un poco la velocidad, pero se dio cuenta de que el camino que tenía enfrente estaba muy irregular y cubierto de ramas y raíces.

No había tiempo…

El caballero apretó los dientes, soltó las riendas, empujó con fuerza la espalda del caballo y saltó. El impulso lo hizo rodar varias veces en el suelo, golpeando fuertemente su espalda contra un árbol. Al mismo tiempo, el caballo entró en una trampa y cayó chillando.

El caballero luchó por sentarse, extendiendo una mano para sacar su espada. Pero ya había dos sombras en su campo de visión, la fría hoja de una espada rozaba su garganta.

—Quítale el arma y átalo —dijo el hombre que sostenía la espada. Su rostro estaba enmascarado, sólo revelando sus ojos.

Su compañero, también enmascarado, se inclinó con cuidado, tomando la espada del caballero. Seguidamente sacó una soga, rodeó muchas veces las muñecas y los tobillos del caballero y ató un nudo.

— ¿Eres Félix el paladín?

— ¿Quién eres? —preguntó el caballero.

El hombre se rió fríamente, aumentando la presión de la hoja de la espada.

—Alguien con derecho a hacer preguntas.

Entonces vinieron por mí.

El caballero soltó un suspiro suavemente, respondiendo con calma.

—Sí, soy yo.

—El incidente de noviembre del año pasado, cuéntanos todo.

—Ya se lo conté al magistrado, ¿cuántas veces más quieren que lo repita?

—Una más, si lo que dices es verdad, te daré una muerte rápida. —El hombre retiró un poco su espada, pero seguía apuntando al caballero.

—A petición de la hija del marqués, la escolté desde la iglesia de los barrios bajos hasta la residencia del marqués —dijo el caballero inexpresivo—. Cuando estábamos casi en la mansión, ella me dijo que no había más problemas, que podía caminar el resto sola, así que tomamos caminos separados.

— ¿Qué hiciste después?

—Regresé directamente a mis aposentos en la iglesia.

—Je… —El hombre volvió a reír fríamente—. Y, al día siguiente, fue encontrado el cuerpo de la hija del marqués. Qué coincidencia.

—Ya he sido interrogado bajo tortura antes —el caballero respondió con frialdad—. Sólo existe una única verdad. Yo no la maté.

— ¿Y antes de eso? Después de salir de la iglesia, no regresaron directamente a la mansión del marqués. ¿Dónde fueron? ¿A quién vieron?

—No puedo divulgar eso —dijo el caballero con calma.

—Oh, entonces es eso —dijo el hombre burlonamente—. Hice un juramento, así que no puedo decirlo. Todavía crees que eres un caballero, un perro de la iglesia.

—Esa es la verdad —el caballero frunció el ceño—. Además, ella ya falleció, ¿quieres que haga un juramento a los muertos?

El hombre apoyó su espada contra la garganta del caballero nuevamente, fulminándolo con la mirada. El caballero le devolvió la mirada sin miedo, sin ninguna indicación de querer apartar la vista.

—Incluso si lo que dices es verdad —El hombre retrocedió un paso—. Todavía tengo que responder ante mi empleador.

Agarró la empuñadura de la espada con ambas manos, levantando la hoja, apuntando a la garganta del caballero.

— ¿Algunas últimas palabras?

Kavaalin
Por alguna razón pude escuchar claramente en mi mente el alarido del caballo al caer en la trampa…

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