La Legión del Unicornio – Capítulo 23: Castillo móvil

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


—De verdad no es nada grave, descansa por la noche y mañana deberías estar completamente curado —el elfo examinó la condición del caballero, llegando a esta conclusión—. Muy bien, vuelve a ponerte la ropa y ten cuidado de no raspar el medicamento.

—Herbología y primeros auxilios… ¿Hay algo que no sepas? —El caballero lo miró con curiosidad—. La última vez me pareció haberte visto abrir una cerradura con tu daga.

—No puedo pasar cien años o más sólo aprendiendo a luchar —respondió el elfo con indiferencia—. Pero sólo es conocimiento superficial, no esperes demasiado.

—Entonces, ¿esa magia de viento también es conocimiento superficial? —El caballero se puso su chaqueta—. Ese viento que distrajo a los hermanos Joseph no era natural.

— ¿Te diste cuenta? Es difícil apuntar a caballo y temía que se movieran demasiado rápido, así que primero solté un… —el elfo parecía un poco avergonzado—. Realmente no puedo ser considerado como un mago elemental de viento. Mis poderes mágicos son demasiado débiles y realmente no pueden hacer nada de daño. Además, sólo los puedo usar en el bosque, por lo que, estrictamente hablando, sería más como un rasgo racial.

—Sigue siendo una forma de ataque, con eso no es necesario usar las manos para lanzarles tierra al rostro —sonrió el caballero—. ¿No hay un dicho que reza que, no existe magia de bajo nivel, sólo magos de bajo nivel?

—Sí, parece que Julian dijo eso varias veces hoy…

— ¿Qué pasa, señor Ellen? —El enano que esperaba a cierta distancia escuchó su nombre e inmediatamente levantó la vista para preguntar—. ¿Necesita mi ayuda para algo?

—No es nada, es hora de irse. —El elfo tomó su propio caballo, le entregó las riendas al caballero y le habló al sireno que estaba ocupado atragantándose con las raciones secas—. Shelly, podemos acampar una vez que salgamos del bosque, espera hasta entonces para cenar.

El joven sireno se limpió felizmente las migas de comida de las comisuras de su boca y se puso de pie para correr hacia Té de la Tarde.

—Si me das el caballo, ¿qué harás tú? —El caballero no tomó las riendas.

—Caminar, por supuesto —el elfo asintió y agregó: —No puedo dejar que un compañero lesionado viaje a pie.

—Yo podría caminar… —Agregó el enano a un lado, luego miró hacia abajo a sus cortas piernas.

—Julian —el elfo ordenó incapaz—. Aprecio su amabilidad, suba al caballo.

—Si no le importa —el enano no se dio por vencido—, el señor Ellen puede viajar conmigo. El peso no debería ser un problema.

—Muy bien, entonces voy a aceptar tu oferta. —El elfo sonrió, saltando sobre el caballo del enano, seguidamente le ofreció su mano para subirlo también.

— ¿Caín? ¿Puedes montarte tú mismo? —preguntó con preocupación el elfo al ver que el caballero aún no se había movido.

—No hay problema. —El caballero se dio la vuelta en silencio para montar el caballo, sintiendo de repente que probablemente debería maldecir al trío que había causado su lesión.

—Sólo tengo algunas preguntas que quiero hacer. —preguntó de repente el elfo, después de viajar por un rato.

—Julian, sobre su antepasado, lo que el señor Todd escribió en ese diario… ¿Le importaría revelármelo?

—No es ningún secreto, señor Ellen —el enano respondió de inmediato—. Recuerdo muy bien los eventos descritos en el diario, así que siéntase libre de preguntar.

—Hablando específicamente, es sobre el equipo al que pertenecía…

—Era la Legión del Unicornio, señor Ellen, —dijo el enano sonriendo—. Era un grupo que se especializaba en lidiar con cosas pertinentes a las criaturas mágicas. Incluyendo la protección de especies en peligro e inofensivas o, en minimizar el daño causado por las dañinas, etc. Con criaturas mágicas se refiere a…

—Entiendo a qué se refiere —el elfo esbozó una sonrisa gentil, interrumpiendo su discurso—. El diario debería mencionar algo sobre el Dragón de la Muerte.

—Mm —pensó el enano por un momento, respondiendo seriamente—. La última entrada en el diario era sobre el Dragón de la Muerte. Aunque yo también quisiera saber qué pasó, el diario no registra los detalles. Simplemente estaba escrito que, como miembro no combatiente, no había participado y se había quedado en su cuartel general en Elvira.

—Lo que quiero saber es —el elfo respiró hondo—. Después de esa misión, ¿regresó la Legión del Unicornio para encontrarse con él?

—Desafortunadamente —el enano dijo tranquilamente—, no, ni uno solo. Era como si hubieran desaparecido de la faz de la tierra.

— ¿Desaparecido?

—La razón por la que el señor Todd no se unió a los otros enanos cuando estos regresaron a su tierra natal en el subsuelo, fue por esto. Había una sección en el diario que decía esto: creo que tuvieron éxito, también creo que regresarán con vida. Y por eso me quedaré aquí, hasta que regresen sanos y salvos.

—Ya veo… —El elfo guardó silencio por un momento, respondiendo apaciblemente—. Gracias, no tengo más preguntas.

—Sobre eso, señor Ellen —el enano añadió emocionado—. En esa época, en la Legión del Unicornio, también había un elfo llamado…

—Julian —el elfo sacudió la cabeza—. Lo siento, estoy un poco cansado. ¿Podríamos no hablar de eso por ahora?

Para cuando salieron del bosque, ya había oscurecido.

Por suerte había un gran terreno vacío al lado del bosque. Con una fuente de agua cercana y signos de fogata en el suelo, era obvio que muchas personas habían acampado en este lugar en el pasado.

El grupo inició una hoguera fácilmente, resolviendo el problema de la cena. Luego, bajo las instrucciones del creador, la tienda de campaña fue erigida rápidamente.

El interior de la tienda de verdad parecía más grande que el exterior, las hamacas colgaban a varias alturas, usando escaleras de cuerda y cortinas para darle a cada individuo un poco de espacio personal. Una vez terminado, el sireno vitoreó ruidosamente, se subió a una de las camas y se negó a bajar.

—Espero que todos lo encuentren satisfactorio —el enano se inclinó, su expresión mostraba tanto timidez como orgullo—. Tiene el sello de calidad del Taller de Mageless.

— ¿Satisfactorio? ¿Estás bromeando? —El caballero se sentó, palpando la almohada que acompañaba a la hamaca, en estado de shock—. ¡Esto es prácticamente un castillo móvil! Comparado con esto, las habitaciones en el Hogar de los Mercenarios son como establos para caballos… No, ¡para cerdos!

—Gracias por su cumplido —el enano sonrió cegadoramente y señaló un perchero al lado de las camas—. Las armas y los escudos pueden colgarse aquí, no se caerán. Y pueden poner sus armaduras en este rincón.

—Julian, eres un genio. —El caballero colocó el escudo en la percha, se quitó la armadura y se tiró sobre la cama. Pero inmediatamente se volvió a sentar mientras se quejaba—. Maldición, mi espalda… parece que tendré que dormir boca abajo esta noche.

—Te cambiaré los vendajes en un momento —suspiró el elfo—. Parece que en cuanto lleguemos al próximo pueblo, lo primero que tendremos que hacer es obtener suministros médicos.

—Estoy bien. —El caballero miró al joven sireno que se había quedado dormido después de llenar su estómago—. En comparación, reponer nuestros suministros de alimentos es más importante. Originalmente, habíamos preparado cinco días de raciones secas, pero hemos tenido que tirar un poco para reducir el peso. Así que ahora parece que tendremos suerte si logran durarnos siquiera dos días.

—No hay problema, yo como muy poco —sonrió el enano—. Ya he llegado a un acuerdo con el joven Shelly, todo el pescado seco extra que traje le pertenece.

—Julian —el caballero le dio unas palmaditas en el hombro—. Eres un compañero perfecto, realmente no sé por qué esos grupos pasados te rechazaban.

—Probablemente tenían miedo de que roncara —dijo el enano en voz baja—. Dicen que los enanos levantamos las tiendas con nuestros ronquidos.

— ¡¿Eh?! ¡¿Roncas?!

—No, señor Frank —respondió el enano en señal de protesta—. Pero, en caso de circunstancias imprevistas, por favor no me eche del equipo.

—No te preocupes, no va a suceder —sonrió el caballero—. En todo caso, esta tienda no puede ser levantada… por cierto, ¿cuánto cuesta realmente esta cosa?

—Mm, originalmente no había planes para venderlo, así que lo valoramos al azar en dos mil monedas de oro —el enano pensó por un momento antes de responder—. Esta vez no hay baño, pero el precio sigue calculándose a partir del precio establecido, por lo que al final pagué mil seiscientos. En el pasado nunca me preocupé por ahorrar dinero, fue bueno que tuviera suficiente ahorrado.

—Mil seiscientos… —El elfo sacudió la cabeza—. Bueno, ahora sé por qué el viejo señor Mageless estaba tan entusiasmado. En sus ojos yo debía ser el regalo caído del cielo, extra grande y de marca élfica.

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