Yeho – Capítulo 15

Traducido por Sharon

Editado por Michi


Era difícil creer que este cuerpo frágil pertenece a un hombre. Lo sostengo todos los días, pero como esta sed nunca desaparece, es doloroso. Me siento codicioso, pero tengo miedo de romperlo y que eso me haga sentir aun más dolor.

Ese pecado grita por dentro. Grita como un plebeyo en las calles.

Esta maldita atracción.

Le atesoro. Le atesoro tanto que no puedo hacer nada.

El Emperador puso su rostro en el cabello marrón de Yeho que brillaba por la luz lunar. Lo tocó con su mano, atesorándolo más que nada.

Miró su mandíbula suave en su rostro blanco y liso, pero con hermosos ojos. Como un ciervo atrapado durante la caza, sus ojos marrones puros siempre mostraban dolor.

Pero si él es el ciervo, no me dolería ver esos ojos llenos con lágrimas. Estaría feliz de atraparlo para cortarle la garganta.

¿Dejaría de doler si le corta la garganta?

El Emperador sonrió brutalmente. A pesar de que no tenía nada a lo que temer, le rogó. Siempre huía porque tenía demasiado miedo. ¿Cuál fue el punto de salvarle la vida?

Es un mero hombre. ¿Por qué lo eligió entre otros hombres y mujeres? Hay otros más hermosos que él. Hay otros más jóvenes y apuestos. Lo mismo sucede con las mujeres.

Hay muchas mujeres y hombres a su alrededor, y si les da una mera señal, todos se arrastrarán y se inclinarán ante él.

Y sin embargo, ¿por qué debía ser ese hombre? No tenía que ser él, ¿entonces por qué lo eligió?

Aun así… Pensando de nuevo, ese maldito afecto… Me pregunto si él sabe por qué lo llamo amor. Si amas a alguien por su apariencia, entonces ese amor en realidad es por el bien de alguien más. Si la amas por coquetería, entonces no es nada especial.

Detrás de la locura, la tristeza era insoportable. Dio un paso atrás y cubrió su rostro. Después de que la furia desapareció, el sentimiento de vanidad surgió desde el fondo de su ser.

Salió de la cama y se puso la túnica. Cuando abrió la puerta, vio a la sirvienta de pie a un lado de la puerta. Ella lo llamó, sorprendida de verlo, y él le devolvió la mirada mientras cerraba la puerta.

Aunque salga, no tiene ningún lugar al que ir. Si va al salón de reuniones, este complicado sentimiento no desaparecerá. No quiere ir al Palacio de la Emperatriz, y si va con alguna Concubina, se sentirá peor cuando mire sus rostros y huela el maquillaje.

Giró su cuerpo y regresó a la cama, donde lo encontró temblando. En la esquina de la cama, él estaba agachado y temblando.

¿Qué es esto?

El dolor que lastimaba su corazón le hizo tocar su pecho inconscientemente.

¿Por qué está llorando solo? Como si estuviera esperando a que dejara su lado.

—… ¿Por qué…?

Su voz ronca estaba húmeda. Sintió que algo le golpeaba cuando observó sus ojos marrones preguntándole por qué estaba allí.

Siempre llora de este modo. En un lugar que no sé cuando no estoy. Ni siquiera hace un sonido, si no fuera porque está respirando. Sólo sé cómo controlarlo a través de mi codicia, pero no sabía que lloraba de este modo. Como me sentí desesperado, sólo cuidé de mi cicatriz sin saber que estaba lastimando a esta persona tan frágil.

Estaba enojado con él.

Sus rodillas perdieron la fuerza por la vergüenza.

Nació como Emperador y fue criado como tal, pero se arrodilló por primera vez en la vida frente a alguien más.

—¡Su Majestad!

Miró a Yeho que corría hacia él, llamando su nombre. Yeho no dijo nada, sólo sacudió su cabeza.

—No… No…

Tomó su brazo y jaló tan fuerte como pudo.

—No hagas esto… No… No puedes hacer esto.

Su voz temblorosa se sentía desesperada. El Emperador levantó su brazo con fuerza y tocó su rostro.

—Lo lamento…

Cuando Yeho se enfermó esa vez fue la primera vez que se disculpó.

—Su…

—Lo lamento…

Yeho estaba sorprendido, y el Emperador sonrió ante su expresión. Estaba de rodillas, abrazando a Yeho por el cuello.

—¿Lo sabías? Aun así, no puedo dejarte ir.

La luz de la luna brillaba sobre su sonrisa triste.

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