El Príncipe desvergonzado

Traducido por Shiro

Editado por Ayanami

Autor: Meng Bu Lang

Géneros: Comedia, Fantasía, Yaoi

Sinopsis: Este, es un cuento de hadas lleno de cosas que no deberían ser narradas en los cuentos de hadas.


Mucho, mucho tiempo atrás, existió un pequeño, aunque bello país. El rey de ese país era amable y la reina era hermosa. Sin embargo, los acuciaba un problema. No podían tener niños.

La reina oraba a Dios todos los días hasta que éste, un día, contestó sus plegarias.

—Oh, hermosa hija, ¿cómo era el rey cuando lo conociste? —le preguntó.

—Ambos éramos muy jóvenes en ese entonces. En su expresión se podía ver incluso temor la primera vez que me vio —contestó ella.

—¿Cómo era cuando te enamoraste de él? —preguntó nuevamente.

—En ese momento ya era rey. Era un hombre sumamente ocupado, ya que administraba los asuntos del país todos los días.

—Entonces, ¿cómo fue durante su noche de bodas? —preguntó finalmente.

—Umm… —La reina se ruborizó—. ¿Cómo debería decirlo? Fue un poco vergonzoso.

—Bien. Tendrás tres niños. Sin embargo, no serán perfectos. ¿Los seguirás amando a pesar de esas imperfecciones?

La reina amaría a sus niños sin duda alguna. Le agradeció a Dios, y luego le dijo con presteza a su esposo las buenas noticias.

♦ ♦ ♦

No mucho tiempo después la reina pudo dar a luz con éxito a trillizos. Había logrado dar a luz a tres príncipes extremadamente sanos. Ambos padres estaban eufóricos y se comportaban de forma exuberante; y así, el tiempo pasó, y vieron a sus niños crecer.

Sin embargo, pronto, los habitantes del castillo se dieron cuenta de que algo no estaba del todo bien. La reina, entonces recordó lo que Dios le dijo antes. Esas palabras, ahora, se veían reflejadas en los tres príncipes.

El mayor de los príncipes se llamaba Breiv[1]. Era fuerte, apuesto y extremadamente valiente. Siempre estaba ignorando el peligro y haciendo cosas que horrorizarían a los demás. Era un hombre que no conocía el miedo.

El segundo de los príncipes se llamaba Svenk[2]. Sus fortalezas radicaban en el hecho de que era una persona trabajadora que no rehuía de la fatiga. El rey y la reina, ocasionalmente, se preocupaban por que Svenk pudiera enfermar debido al exceso de trabajo. Era un hombre que no conocía dificultades.

Sin embargo, el más joven de los príncipes, cuyo nombre era Shaym[3], era un caso un poco especial. Si bien era tan guapo como sus hermanos, lo único que le preocupaba a los demás de él, desde una edad temprana, era que no conocía la vergüenza.

Nunca tuvo un sentido del honor. Podría ser visto desnudo casualmente. También podría estar expresando, apasionadamente, su afecto hacia todos. Cada vez que otras personas le decían que era inapropiado, él lo ponderaba en su cabeza. Sin embargo, después de hacerlo, seguía sin comprender por qué debería sentirse avergonzado. Sin importar cuánto fuese educado al respecto, el rey y la reina todavía eran impotentes al intentar cambiar el modo de pensar de su hijo más joven. Al final, lo único que pudieron hacer fue amenazarlo diciéndole:

—Si no haces como te decimos, entonces, nos molestaremos. Incluso si no entiendes por qué, lo único que te queda es obedecer.

Sus amenazas funcionaron. De ahí en adelante, el príncipe más joven entendió que debía llevar ropa puesta; y también dejó de desvestir a otras personas.

⧫ ⧫ ⧫

Los años pasaron. Los tres príncipes alcanzaron la edad de diecisiete años. Fue en su decimoséptimo cumpleaños que el rey realizó una celebración masiva.

El castillo desbordaba con música alegre y las calles estaban salpicadas con pétalos de flores. La gente se agolpó frente a la plaza del palacio, y vio al galante rey con la encantadora reina. Detrás de ellos, aparecieron los tres jóvenes y apuestos príncipes.

El día de la celebración, los príncipes debían dar un discurso público, diciéndole a las personas cuánto amaban a su país. Las celebraciones progresaron sin tropiezos. Los tres príncipes fueron muy obedientes. Al final, se pararon uno detrás de otro en la terraza, listos para dirigirse al pueblo.

Breiv, quien no conocía el miedo, dijo:

—Amo a este país, tanto como amo mi espada. Mi espada me ayuda, y nunca permitiré que su hoja se rompa.

Svenk, quien no conocía las dificultades, dijo:

—Amo a este país, tanto como amo los libros, el equipaje, los senderos, las plantas y los campos. Mi alma les pertenece, y les confiero a todos mi vida.

Finalmente, llegó el turno de Shaym, quien no conocía la vergüenza. Se acercó y dijo con una sonrisa deslumbrante:

—Amo amí país. Tanto como amo a mi @$%&.

Este comentario llevó a la protesta pública. El rey y la reina casi perdieron el equilibrio al escucharlo; y ambos hermanos lo miraron alarmados.

Acababa de decir el nombre de cierto órgano sólo poseído por hombres de una forma tan liberal.

Después de la celebración, el rey estaba furioso, y le ordenó al príncipe Shaym que pensara acerca de lo que había hecho en su habitación. Luego, convocó a muchos académicos y hombres sabios de todo el país para discutir con ellos sobre cómo educarlo.

—Su Majestad, no debe penalizarlo —dijo un gran sabio—. Usted debe haber escuchado la historia acerca de la princesa y la sal. Un rey le preguntó a sus tres hijas cuánto lo amaban. La hija mayor dijo: Te amo tanto como al azúcar. La hija del medio dijo: Te amo tanto como a la miel. Sin embargo, la menor dijo: Te amo tanto como a la sal. El rey consideró que la sal era barata y común. Por lo tanto, en un ataque de furia, exilió a la hija más joven. No fue hasta muchos años después, cuando la amable hija se casó con el rey vecino que invitó a su padre a la boda, pero a propósito le dio comida sin sal…

El rey abrazó a la reina. Todo su cuerpo temblaba horrorizado.

—Ahora entiendo. Si penalizara a Shaym por esto, ¿entonces, él cortaría mi @$%& en el futuro…?

El gran sabio pensó en su interior que la lógica detrás de la historia no era tan brutalmente directa, pero no estaba equivocado en lo fundamental, por lo que asintió con solemnidad.

El rey pensó en ello una y otra vez, angustiándose más y más. No podía dejar al príncipe Shaym a sus anchas, ni podía tratarlo con mucha severidad. ¿Qué debería hacer? Si este tipo de comportamiento continua, ¡entonces, ni siquiera podría conseguirse a una princesa!

Al gran sabio se le ocurrió una idea.

—Los tres príncipes son jóvenes y fuertes. ¿Qué tal si los hace ir en una expedición con sus armas y equipaje? Cuando los príncipes viajan, usualmente se encuentran con algunas princesas o damiselas en apuros. ¡Entonces, las princesas rescatadas, naturalmente, estarán dispuestas a casarse con ellos! También puede usar esto como una oportunidad para entrenarlos y convertirlos en mejores príncipes.

El rey estuvo de acuerdo.

♦ ♦ ♦

El segundo día, llamó a los tres príncipes y los hizo partir a una aventura en tierras lejanas. Les dijo que salvaran a los débiles y castigaran a los malvados como mejor pudieran. Todos sus hijos estaban dispuestos a hacer esto. Pronto, empacaron sus cosas y salieron del castillo.

No mucho después, los príncipes escucharon rumores acerca de un malvado hechicero que vivía en una torre alta en el bosque, en la cual tenía cautiva a una princesa del reino vecino. Era la chica más hermosa bajo todo el cielo. El hechicero había amenazado a su país diciéndole que de no entregarle a su princesa, secuestraría a todas las jóvenes del reino. La princesa poseía un corazón noble, por lo que caminó hacia las profundidades del bosque por voluntad propia.

Breiv, quien no conocía el miedo, dijo:

—Debemos rescatar a la princesa. Somos tres, por lo que podemos derrotarlo con seguridad.

Svenk, quien no conocía dificultades, se subió las gafas.

—No dormí en toda la noche. Estuve investigando acerca del hechicero. De acuerdo a los rumores, para poder derrotarlo debemos obtener tres tesoros. Sin éstos, él no se rendirá.

—Sin importar lo que sean éstos tres tesoros, debemos obtenerlos —dijo Shaym, quien no conocía la vergüenza.

Y así, los tres príncipes se aventuraron en el bosque. Después de experimentar una serie de vicisitudes, finalmente alcanzaron su destino. La impresión que les causó la visión de la torre, que llegaba más allá de las nubes, los hizo sentirse tremendamente arrepentidos; cosa que hizo que se comenzaran a hacer preguntas.

—¿Por qué el hechicero vive en un lugar tan alto? —dijo Breiv—. Me parece que le preocupa que otras personas averigüen sus planes malvados.

—¿Cómo fue capaz de construir una torre tan alta? —dijo Svenk—. Me parece que debe tener el conocimiento y la magia para hacerlo.

—¿Por qué el hechicero sólo quiere a la princesa y no a todas las damiselas del reino? —dijo finalmente Shaym—. Me parece que no debe gozar de muy buena salud y que carece de confianza para @·$%&*…

Bajo las miradas de sorpresa y crítica de sus dos hermanos, Shaym no terminó su declaración. Sin embargo, estaba convencido de su punto de vista.

Entonces, los tres príncipes irrumpieron a través de las puertas de la torre. No tenían miedo de los monstruos que salieron a emboscarlos repentinamente, los cuales, abrieron sus sangrientas fauces. Al contrario, los monstruos estaban tan aterrorizados de las valientes posturas, al punto en que desaparecieron dejando atrás sólo una nube de humo.

Finalmente, una puerta se abrió de pronto. El hechicero llevaba puesta una túnica negra; estaba sentado en su trono con una sonrisa burlona en su rostro.

Las impresionantes cortinas de terciopelo con hilos dorados entretejidos, se abrieron lentamente a su espalda, revelando una serie de barras metálicas, formando lo que parecía ser una jaula para pájaros gigante. La princesa estaba atrapada dentro de ésta, en lo que se veía como un dormitorio de lujo; ropa adornada por completo con joyas. Sin embargo, las pulseras que llevaba puestas parecían más bien esposas de oro, y de manera similar, sus pies también estaban encadenados. A fin de cuentas, era incapaz de poner un pie fuera de la jaula.

El hechicero comenzó a reírse de los reproches de los príncipes.

—Mis héroes. No actúen precipitadamente. Incluso si me matan, seguirían sin poder abrir la jaula en la que se encuentra prisionera la princesa. Esto se debe a que la jaula está maldita, la cual, sólo se abrirá cuando alguien me traiga los objetos que estoy buscando.

—¿Cuáles son los artículos? —preguntaron los príncipes al unísono.

—En primer lugar, deben encontrar algo almibarado que pueda embriagar a las personas, sin embargo, no contiene licor. En segundo lugar, deben encontrar un fuego que pueda calentar a las personas, sin embargo, que no queme sus manos. Y en tercer lugar, deben encontrar un espada que pueda aterrorizar a las personas, sin embargo, que su hoja no sea afilada.

Cuando el hechicero terminó de enlistar los requerimientos, éste continuó hablando.

—No puedo proveerles ninguna pista porque ni siquiera yo sé dónde encontrar estos artículos. Si no pueden encontrarlos, no puedo liberar a la princesa incluso siendo esa mi voluntad.

Los príncipes no le creyeron. Cuando corrieron hacia la entrada de la jaula, el hechicero agitó sus manos, ocasionando que varios secuaces aterradores aparecieran frente a los príncipes. Está vez, éstos eran muy poderosos, ya que poseían garras afiladas como cuchillas y escupían fuego, impidiendo así, el avance de los héroes.

El príncipe mayor, Breiv, alzó su espada, y con un gran rugido en nombre de su país y Dios, heroicamente se abalanzó hacia los secuaces. El segundo príncipe, Svenk, aprovechó esta oportunidad para evitar la pelea, llegando frente a la jaula. Luego, sacó una gran pila de libros de hechizos de su pesado bolso y comenzó a probar cada encantamiento de su arsenal para abrir los grilletes que descansaban sobre el cuerpo de la princesa.

Por último, pero no menos importante, actuó el joven príncipe Shaym. Con una sonrisa en su rostro, comenzó a caminar y a desvestirse, prenda por prenda.

—¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó el hechicero en pánico. Los secuaces bajo su control estaban muy ocupados en la pelea con el príncipe mayor, por lo que fueron incapaces de ir a socorrerlo.

Durante la contienda, Breiv le cortó la cabeza a uno de los secuaces y luego le cortó un brazo a otro, logrando así que desaparecieran en una nube de humo. Quedando sólo uno de ellos, su victoria era inminente.

El segundo príncipe, Svenk, había conseguido abrir los grilletes de los pies de la princesa con sus hechizos. Ahora estaba trabajando en las esposas. La princesa a su vez movió los pies con entusiasmo mientras se sentaba cerca de las barras de la jaula y animaba a los príncipes.

Para entonces, el joven príncipe Shaym ya se había desvestido por completo. Luego, aplicó la excepcional aptitud de su cuerpo, la cual había obtenido a través del arduo entrenamiento con los militares a lo largo de todo el año, para confinar al hechicero —que había sido demasiado lento en responder— en el asiento.

Entonces, acunó el cuello del hechicero y besó apasionadamente su boca. A esto siguió el inicio de una serie de juegos de tormento y dominación que no serán narrados en los cuentos de hadas. El hechicero, ni siquiera notó cuando el último secuaz fue eliminado, ya que se encontraba tendido frente al príncipe más joven como si hubiera sido golpeado por una maldición.

Después de eso, aprovechando sus muchos años de experiencia en desnudar casualmente, Shaym le removió la túnica al hechicero. Cuando el segundo príncipe finalmente fue capaz de abrir las esposas de la princesa, su hermano pequeño ya tenía aprisionado al hechicero, el cual, ahora, se encontraba encogido del miedo contra su ardiente torso.

Al final, el hechicero sintió una cosa, que no será narrada en los cuentos de hadas, empujando contra su cuerpo. Ese órgano, cuya aparición es inapropiada en este tipo de historias, tembló. Entonces, el joven príncipe le dijo al hechicero en su oído:

—Primero, cuando acaricié tus labios con los míos, y luego cuando @·$%&* y @·$%&* tu @·$%&*, claramente no hubo intercambio de licor. Sin embargo, tu cuerpo se tornó dócil, como si estuviera intoxicado. Mis besos te embriagan igual como lo haría algo almibarado sin licor. Luego, comenzaste a sudar a medida que con mi cuerpo te @·$%&* y te @·$%&*. Mis extremidades y músculos son un fuego que calienta a las personas sin quemarlos. Ahora, mi @·$%&* está en tu @·$%&*, si te @·$%&* con él, sentirás cómo te @·$%&*. Y, sin importar cuánto supliques no me detendré. Esto no amenaza tu vida, sin embargo, estás temblando. Verás, mi @·$%&* es la espada que aterroriza a las personas sin tener una hoja afilada.

Todos los secuaces desaparecieron. Las esposas habían sido removidas por completo de la princesa. La jaula que solía ser inquebrantable comenzó a agrietarse. Sin embargo, no se terminó de romper.

El príncipe mayor había envainado su espada, y el segundo príncipe guardado sus libros. Ahora, ambos estaban de pie junto a la jaula. El príncipe más joven no se movió, y miró a sus hermanos antes de decir:

—También hay otro aspecto. Si lo vemos desde la perspectiva de todo el país, entonces, mi hermano mayor, Breiv, es un hombre que no ha conocido el miedo desde pequeño. Es un héroe invicto, lo que lo hace la mejor espada que puede golpear al miedo dentro del país sin ser su hoja afilada. Mi segundo hermano, Svenk, es un hombre que no ha conocido dificultades. Siempre ha trabajado por voluntad propia, trayendo consigo conocimiento y esperanza para las personas. Es el mejor fuego que puede calentar a otros sin quemarlos. Mientras que yo, soy el almíbar que puede embriagar a las personas sin contener licor, justo como acabo de hacer contigo.

La jaula se rompió y la princesa recuperó su libertad. Entonces, miró a los príncipes. Originalmente, quería ir hacia el segundo príncipe, Svenk; sin embargo, antes de que pudiera alcanzarlo, éste ya se había apresurado a entrar al estudio del hechicero. Por lo tanto, la princesa cambió su curso, corriendo hacia el príncipe mayor, Breiv. Al llegar con él lo abrazó por la cintura, creando así la esplendorosa escena de un caballero honrado rescatando a una damisela.

Shaym estaba sentado en el trono del hechicero, pero no bajó su guardia incluso después de haber salido victoriosos. Usó su almíbar intoxicante para suprimir al hechicero, su cálido fuego para atraparlo y su aterrorizante espada para conquistarlo por completo. De este modo, creó una escena que no será narrada en los cuentos de hadas.

⧫ ⧫ ⧫

Varios días después, los tres príncipes regresaron al castillo. El rey y la reina fueron conmovidos hasta las lágrimas. Sentían que sus niños eran excepcionalmente sobresalientes.

Breiv, quien no conocía el miedo, recibió el afecto de la princesa del reino vecino. Y como con todos los héroes y princesas, llevaron a cabo una boda masiva y vivieron felices por siempre. Entonces el rey descubrió que desde que éste se casó no volvió a ser impulsivo. De hecho, se había vuelto alguien más delicado, cosa que complació enormemente a su padre, ya que su hijo ahora no sólo tenía coraje, sino que también era alguien sensible.

Svenk, quien no conocía dificultades, recibió el conocimiento poseído por el hechicero. Estudió día y noche, y cada vez que se topaba con un problema que no lograba comprender, recurría al hechicero para que lo aconsejara. Su meta era dar a conocer esta magia a través de las tierras y usarla para un bien mayor. El rey y la reina le recomendaron no excederse mucho, y él les aseguró que descansará apropiadamente y tanto como fuera necesario para así poder extender este conocimiento por los alrededores. Su padre estaba muy contento ya que el que su hijo enfermara a causa del cansancio había dejado de ser una preocupación.

Mientras que el príncipe más joven, Shaym, quien no conocía la vergüenza, a pesar de que no obtuvo a la princesa ni los libros mágicos, había conseguido al hechicero mismo. Al principio, el rey estuvo en total desacuerdo, después de todo, ¿cómo podía un príncipe estar junto a un hechicero? Sin embargo, como el rey descubriría más tarde, había cierto grado de beneficio. Desde que ambos iniciaron esta relación, el joven no volvió a desvestirse ni a desvestir a otros en público. Ambos padres estaban gratamente sorprendidos al ver que su hijo menor, finalmente, tenía un sentido del honor.

Sin embargo, las cosas no eran lo que parecían. Shaym sólo aprendió a ser discreto. De hecho, se dedicaba a pasatiempos desvergonzados con el hechicero dentro de su habitación en el castillo. Por lo tanto, fue capaz de vivir una feliz vida sexual por siempre.

Shiro
Son muchas las razones por las que me gusta este one-shot —aparte de por ser yaoi—, ¡por lo que espero que lo hayan disfrutado un montón! (*≧ω≦*)

Ayanami
Jajajaja en verdad que no conocía la vergüenza XD me encantó, fue muy divertido, hasta la próxima

♦ ♦ ♦

Notas de Shiro-sensei

No sé si fue algo de la escritora, la traductora al inglés o de ambas, pero los nombres de los príncipes fonéticamente se asemejan a palabras del inglés:

[1] Breiv se asemeja a brave que significa valiente.

[2] Svenk a strength que significa fuerza/fortaleza.

[3] Shaym a shame que significa vergüenza.

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