—Arge-san, Arge-san, por favor despierta.— Oigo a Kuzuha-chan hablar.
—Ni ~yamu.
Obedientemente la escucho, y me despierto. Levantándome, todavía adormilada, miro hacia el agujero en el techo, viendo un cielo estrellado. Ahora que lo pienso, esta choza; ¿qué hace ella en los días de lluvia?
Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 37: Zorro y cena”
