Las palabras de Ishakan hicieron que su rostro se calentara. Leah ni siquiera pudo negarse, ya que ella lo había tentado primero.
Colocándola entre sus piernas, se recostó contra la cabecera de la cama y se inclinó para quitarle las pantuflas, dejándola descalza. Cuando él le levantó la falda para dejar al descubierto sus muslos, ella lo llamó por su nombre.
—Ishakan… —Fue una tímida protesta. Seguí leyendo “Matrimonio depredador – Capítulo 67: Sentidos agudos”
