La promesa del conde Terejia de “Cooperar en todo lo posible” culminó en una organización veloz y eficaz. En mi día libre, tuve el placer de conocer a tres distinguidas invitadas en el dormitorio.
—Un placer, Señorita Kaldia. Es un honor estar aquí.
—El honor es mío. Agradezco su presencia hoy. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 241: Reunión de alumnas”
El crujir satisfactorio de la leña al ser partida resonaba en el aire. Preparé rápidamente otro trozo y, con un movimiento fluido, volví a levantar el hacha. Un primer golpe para clavarla en la madera y un segundo para partirla por completo facilitaban la tarea.
Aunque era una labor simple, estaba lejos de resultar monótona; más bien, encontraba un placer especial en ella. Curiosamente, reflexionando sobre ello, me di cuenta de que probablemente era la primera vez que partía leña en la capital. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 240: De vuelta al Inicio”