¡Ay! ¿El Sumo Sacerdote, está enfadado porque no he venido a visitarlo? Para ser sincera, había olvidado su petición.
—Lo siento —Incliné la cabeza, arrepentida.
No hubo respuesta. En su lugar, oí algo que crujía. Levanté la cabeza y vi que su mano blanca como la nieve, se extendía frente a mí. En su palma, había algo parecido a un chocolate negro redondo envuelto en papel a medio abrir. Seguí leyendo “Espada y Vestido – Vol 3 – Capítulo 4 (3): Secuestro y acuerdo de confinamiento”
