Lejos de ser de ayuda, acabé distrayéndome jugando con ellas, lo cual no contribuyó en absoluto a mi tarea de componer la canción. Al día siguiente, me sumí en profundas reflexiones.
Parece que Emilia logró capturar la esencia de la composición musical a través de nuestro dueto improvisado y anunció que había desarrollado un prototipo de la canción. La melodía que compartió con nosotros distaba de ser tan melancólica como la del día anterior; tenía un aire nostálgico teñido de una belleza dolorosa. Me pareció reconocer esa melodía, como si la hubiera escuchado en algún lugar antes. La secuencia de acordes que toqué había sido incorporada. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 245: Un Enero lleno de emoción”
