—¿Qué ocurre, Kaldia? ¿No te apetece comer?
Al voltearme para encarar la radiante sonrisa del Príncipe Heredero, quien se encontraba a mi derecha al final de una extensa mesa dispuesta para el uso exclusivo de Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 249: Durante el alboroto”
