Ian Wade tenía catorce años, igual que yo.
Tenía un rostro despreocupado, casi inexpresivo, y vestía ropa de entrenamiento de alta calidad que contrastaba marcadamente con la mía. Todo en él era diferente: sus movimientos contenidos, su expresión indiferente, su magnífica espada de excelente calidad y ese aire aristocrático, irritantemente pulcro. Seguí leyendo “Dejaré de ser la rival del protagonista – Capítulo 25”
