Sentí que mi corazón se apretaba y todo mi cuerpo temblaba.
—¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!
—¡Oh Dios mío! Seguí leyendo “Dejaré de ser la rival del protagonista – Capítulo 37”
Sentí que mi corazón se apretaba y todo mi cuerpo temblaba.
—¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!
—¡Oh Dios mío! Seguí leyendo “Dejaré de ser la rival del protagonista – Capítulo 37”
Se escuchó un clamor entre la multitud.
¿Qu-qué es esto?
El Sumo Sacerdote, que abrió los ojos tras tomar aire, también parpadeó, incapaz de decir nada al ver que sobre la cabeza del marqués Abedes y la mía no había nada. Seguí leyendo “Dejaré de ser la rival del protagonista – Capítulo 36”