—Cariño, pórtate bien.
Me quité los auriculares de golpe. Un calor repentino me subió al rostro y el corazón empezó a latirme con fuerza. Inspiré hondo un par de veces, intentando recuperar la compostura.
Aun así, no pude evitar sonreír. Cuando por fin me di cuenta, llevaba ya un buen rato con esa expresión estúpida en la cara. Seguí leyendo “Mi hermana me presentó a alguien – Capítulo 3”
