El frío de principios de primavera se había ido desvaneciendo poco a poco, dejando tras de sí un tiempo inusualmente cálido, con una suave brisa ocasional que resultaba excesivamente agradable.
Un tiempo tan hermoso era perfecto para una excursión primaveral. Caminar por la hierba verde, saborear el agua del río en las manos, tumbarse en la hierba, sentarse con un grupo de amigos a charlar y comer, hacer fotos del paisaje… Una experiencia maravillosa. Seguí leyendo “Una Verdadera Estrella – Volumen 4 – Capítulo 32: Noria”
