Beatrice – Capítulo 22: La seductora en su puerta

Traducido por Den

Editado por Sakuya


Aaron había estado contando vertiginosamente los días hasta que Chloe pudiera regresar a ayudarlo con sus baños esenciales. En este momento de gran estrés, esperaba con ansias el final del torneo y la partida de su maestro. Jorge y el archiduque, que miraban con curiosidad su rostro afligido, no se atrevieron a preguntarle qué le pasaba.

—Y-Ya veo… ¿La llevará como su trabajadora, señor? —inquirió Aaron, mirando a los hombres con ojos desenfocados.

—Pero dado su talento en medicina, ¿por qué no la lleva como doctora, Su Excelencia? —se apresuró a intervenir Jorge.

El archiduque estaba a punto de conceder casualmente su discreta solicitud de incluirla oficialmente en la enfermería. De hecho, estaba planeando hacer que ella cuidara de los caballos.

Los caballeros de la expedición irían a caballo la mayor parte del tiempo. Los animales heridos serían reemplazados por los proveídos de feudos cercanos. Sin embargo, los corceles de los comandantes eran tan importantes como la autoestima de sus propietarios. Por lo tanto, necesitaban a alguien dedicado a tratar sus heridas y vigilar su salud.

Aaron evaluó rápidamente la situación. Parecía como si la cuestión de llevar a Chloe de viaje se hubiera resuelto. Si ese era el caso, pensó que debería convencer a su maestro de llevarla como su sirvienta personal. Temía perderla para siempre en la enfermería.

—La chica también ha estado cuidando a mi hermana Anna, Su Excelencia. Es una sirvienta maravillosa y le serviría bien como su sirvienta personal. Es buena curando heridas y dando masajes, y con su experiencia trabajando en los establos, ¿no sería maravilloso que también cuidara de Chsantos?

Mientras Aaron y Jorge se enfrentaban en silencio por el control de Chloe, el archiduque, como si no importara, le ordenó a Aaron que hiciera lo que considerara conveniente. Él, saboreando su victoria, inclinó la cabeza ante su maestro. Los hombros de Jorge cayeron abatidos. Pero sin importar qué, pensó: participar en la expedición le traerá un gran honor a esa niña. 

Por lo tanto, sin que ella lo supiera, la embarcaron en el viaje con la Orden de Caballería. Partirían después de dos días.

♦ ♦ ♦

Se suponía que Alexandro debía asistir a una fiesta en el palacio después de recibir el informe de Aaron, pero no fue, porque iba a estar llena de damas casaderas reunidas por Duncan.

Ya no tiene orgullo. Recientemente su padre había cambiado su estrategia y había comenzado a invitar a tantas mujeres como fuera posible a la mansión Graham como loco. Era agotador para él entrar en su propia casa.

A pesar de la deshonra, unas quince mujeres esperaban en el salón, queriendo hablar con él. Aunque tenía la intención de hacer responsable a Aaron por permitir que esto sucediera, sabía que su sirviente era impotente contra Duncan, el verdadero dueño de la casa.

Unos días después, su padre envió a más mujeres a la mansión. Esta vez, además de las damas aristócratas de buena crianza, también había mujeres de todas las clases, incluyendo prostitutas, sirvientas, maestras, soldados y enfermeras. Sus edades variaron y algunas eran mujeres maduras de cuarenta años. Alexandro se dirigió a su habitación sin inmutarse, pero las damas lo siguieron persistente y desesperadamente. Gritaron y huyeron sólo cuando él las amenazó con su espada.

No deseaba verse enredado con los planes de su padre. Duncan, el principal estratega del imperio, representaba por completo la codicia que Alexandro ha despreciado durante toda su vida. El archiduque sólo quería una vida sencilla en la oscuridad, lejos de la capital, cuidando de sus animales de granja y cultivando. Era indiferente a su apellido.

No queriendo convertirse en el cabeza de familia, le había pedido a su padre que adoptara o tuviera otro hijo para ocupar la posición. La ley del país impedía que un hombre soltero o no comprometido se convirtiera en el cabeza de familia, así que supuso que esa era la razón por la que su padre estaba tan desesperado por casarlo.

Alexandro regresó a casa temprano en la mañana después de una larga noche en su oficina. Afortunadamente nadie había estado esperando en el salón, por lo que se dirigió a su habitación con la persistente sensación de que algo no estaba del todo bien.

El sirviente que vigilaba la puerta de su dormitorio se estremeció al verlo antes de abrir la puerta. Alexandro entró, encontrando sospechosa su reacción.

Cuando ingresó, comenzó a detectar el perfume de una dama. Había alguien más en su habitación. Procedió con cautela.

—Trabajó hasta tarde —La señorita Clara Bandorras estaba sentada en la silla junto a la cama. Le repugnó su dulce y acogedora sonrisa. Le disgustó ver a la mujer que había entrado impetuosamente en su dormitorio sin su permiso, deseando algo más allá de las riquezas que ya poseía.

Debe estar loca. Se quitó su abrigo en silencio. No le gustaba que otros lo tocaran, por eso no tenía un ayuda de cámara que lo asistiera al vestirse y desvestirse. Clara, que observaba al archiduque desnudarse, tragó saliva sin pensarlo. La idea de tenerlo solo para ella la hizo respirar pesadamente, llena de deseo. Qué hermoso cuerpo para una cara hermosa, soy muy afortunada. 

—He estado esperando por horas —dijo en éxtasis.

El archiduque no respondió y ni siquiera la miró. No obstante, ella estaba segura de que él sería suyo esta noche. Ningún hombre, ni siquiera un aterrador héroe de guerra, rechazaría su belleza y su delicioso cuerpo. Era la única hija del duque Bandorras; la mujer soltera más poderosa del imperio.

Ahora vestido con nada más que sus calzoncillos, el archiduque avanzó con pasos pesados hacia la cama. Clara se acercó a él.

—¿Sabe cuántas veces he venido a verlo? Nunca antes había tenido que esperar a nadie…

—Señorita, es de mala educación que irrumpa aquí a esta hora —el archiduque la interrumpió, irritado y con el rostro de Clara muy cerca del suyo.

Esta era la primera vez que ella lo oía hablar. Su voz también es perfecta. Fue profunda, carismática y masculina.

Sintiéndose débil al ver tan hermoso hombre a punto de volverse suyo, no pudo controlarse.

—Su Majestad ha anunciado que cualquier mujer que pase una noche con usted será recompensada con una gran casa en la capital, independientemente de su clase social. También ha permitido que todas las mujeres visiten la mansión Graham. Por eso, me da lo mismo el decoro —le susurró al oído, poniéndose de puntillas y rodeando audazmente su cintura con sus brazos.

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