Dama a Reina – Capítulo 103: ¿Me permites decir que te amo?

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


Permanecieron abrazados el uno al otro, mirándose directamente a los ojos.

—¿Estás llorando? —susurró Patrizia.

Sus rostros estaban muy cercanos, así que Lucio también susurró.

—No.

—¿Estás triste?

—Para nada —respondió en un murmullo bajo—. ¿Cómo podría estar triste frente a esta increíble felicidad que me inunda?

Patrizia lo besó de nuevo sin decir una palabra. El toque tranquilo de sus labios gradualmente se volvió más feroz. Un pensamiento que había desechado por completo, apareció en la mente de Patrizia, podría funcionar después de todo, Patrizia sollozó. Lucio la miró, ella lo llamó entre jadeos.

—Su… Su Majestad.

—Patrizia —​​susurró Lucio en respuesta. Se apartó cuidadosamente e hizo contacto visual con ella. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos permanecían muy abiertos. Él desabotono cuidadosamente el chal que ella llevaba puesto, y su mirada se fijó en su mano mientras trabajaba.

Finalmente quitó el chal, revelando su delgado hombro, él se inclinó y besó la piel expuesta. El beso fue suave y tierno, en un intento de curar las heridas de su corazón, pero al mismo tiempo podía sentir la pasión salvaje proveniente de una bestia en la pradera. Patrizia dio un breve gemido.

—¿No… no te gusta esto? —preguntó Lucio con cautela, y Patrizia levantó la vista y lo besó de nuevo, esta vez desatando la corbata en su cuello. El sonido de la tela cayendo hizo que se sintiera más impaciente que antes. Cuando finalmente le desabotono la camisa, Patrizia lo miró con ojos tan colorados como sus mejillas. Lo besó sin respuesta, lo que significaba que estaba de acuerdo. Fue un acuerdo mutuo. Lucio movió sus manos constantemente, pero con una impaciencia indescriptible.

Antes de darse cuenta, se miraban uno al lado del otro completamente expuestos. Patrizia le acarició suavemente la mejilla y lo besó una vez más.

 ♦ ♦ ♦

Lucio estaba dormido con la cabeza enterrada en su pecho. Patrizia bajó la mirada hacia su rostro, observandolo dormir. ¿Cuánto tiempo había pasado en esta posición?

Obviamente ella había actuado por impulso, pero no podía decir que esa era la única razón. Por qué había estado consciente cuando acepto, sí, está habia sido su elección, solamente suya. ¿Qué más se podría decir?

Ella suspiró para sí misma. Sin duda alguna, lo amaba. En el pasado sus sentimientos estaban equilibrados cincuenta y cincuenta, pero en estos días parecía que la balanza se inclinaba hacia un lado. Un poco más tranquila, ella acarició su cabello que se parecía al cielo antes del amanecer.

—Hmm… —Lucio se movió ante su toque. Ella detuvo su mano cuando escuchó su voz—. No te detengas —murmuró.

Patrizia se sintio codiciosa y obedientemente cumplio con su pedido.

—¿Te desperté? —preguntó ella.

—Está bien —levantó la cabeza y respondió—: Estás aquí, a mi lado, así que prefiero permanecer despierto.

Las palabras de Lucio estaban llenas de sentimentalismo, pero las dijo sin pestañear, era el contenido de su corazón.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Estoy muy feliz —respondió con voz temblorosa—. Tanto que me cuesta respirar.

—No exageres.

—No estoy siendo exagerado. —La atrajo a sus brazos y le susurró al oído—. Es la única verdad.

Patrizia miró a Lucio mientras la abrazaba como a una niña, y ella pronto le devolvió el abrazo y cerró los ojos. Se sentía cansada, después de un rato, volvió a hablar.

—Rizi.

Ella no respondió, pero él siguió hablando.

—Tengo una petición.

—Habla.

—Me permites decir… —Se detuvo por un momento y la miró directamente a los ojos—. ¿Te amo?

Estaba segura de que era una afirmacion, pero por su tono parecía más una pregunta. ¿Quería que ella le respondiera o que le dijera que te amo? Después de pensarlo un momento, respondió:

—Sí puedes.

—Te amo —dijo Lucio—. Te amo, Patrizia.

Patrizia no respondió a su confesión, pero Lucio no lo necesitaba. Solo quería confesar sus sentimientos.

—Estoy completamente enamorado de ti.

Para él era suficiente con que ella lo oyera.

Patrizia soltó un largo suspiro y sostuvo su cabeza. Su cuerpo había estado en perfecto estado, pero ahora se sentía caliente nuevamente.

Junto a ella, Lucio de repente parecía preocupado.

—¿Estás enferma? Tendré que llamar al doctor del palacio…

—No hagas un escándalo por esto —dijo Patrizia con un gesto de su mano—. ¿Vas a presumir de lo que pasó anoche en todo el palacio?

Incluso si no hubiera llamado al médico del palacio, lo que sucedió anoche ya se habría extendido por parte de las incontrolables bocas de las damas de honor. Pero eso era mejor que llamar al médico del palacio y hacerlo oficial…

Patrizia se levantó lentamente mientras sostenía su palpitante cabeza.

—¿A dónde vas? —le preguntó Lucio con urgencia.

—Tengo que ir a mi palacio —respondió con calma, pero Lucio sacudió la cabeza.

—¿Cómo vas a irte en ese estado?

—Estoy lo suficientemente bien como para volver a mi palacio —señaló.

—¿Qué pasa si te desmayas en el camino? —dijo, con la frente arrugada por la preocupación—. ¿Puedes quedarte aquí un poco más?

—Entonces podrías contagiarte.

—No te preocupes por mí, solo preocúpate por ti misma.

Patrizia gruñó ante sus palabras y se dejó caer en la cama. Debería descansar más, pero no podía permitírselo ahora.

—Tengo mucho trabajo que hacer hoy… —murmuró entre las sábanas.

—Cancela todo. Tu salud es lo primero.

—Estás siendo irreflexivo. Ayer ya tuve un día libre —le indicó Patrizia, advirtiendo que no debía tomar un día más de descanso—. Además, estamos a menos de un mes del banquete de cumpleaños…

—Es tu cumpleaños. Es por eso que debe poner tu salud en primer lugar.

—Así es, pero… —La voz de Patrizia se desvaneció lentamente con pesar—. Usted también tiene asuntos oficiales que atender.

—Afortunadamente, no tengo reuniones hoy.

—Pero estoy segura de que tiene algunos trámites para manejar.

—Puedo hacerlos más tarde —respondió. Era implacable, estaba decidido a cuidar de ella.

Patrizia no tenía más palabras para refutarlo, y Lucio le sonrió cariñosamente.

—Si lo miras desde otro punto de vista, estoy siendo un esposo responsable —dijo.

Patrizia se dio vuelta con un sonrojo.

Lucio continuó, su voz dulce.

—¿No sería mejor llamar al médico del palacio?

—Me revisó ayer —respondió somnolienta—. En el mejor de los casos, no hay más remedio que tomar medicamentos y dormir. Ayer tomé mucha medicina.

—Lo siento.  —De repente él se disculpó.

—¿Por qué? —dijo Patrizia perpleja.

—Creo que te enfermaste más por mi culpa.

Patrizia lanzó un suspiro.

—Si sabes eso, entonces debes ser más bueno conmigo.

—Por su puesto que lo haré. Entonces, ¿necesitas algo más?

—Por ahora no —dijo, a pesar de que sentía un fuerte dolor de cabeza—. Quiero dormir…

—¿Quieres que me quede contigo?

—No soy tan imprudente como para mantener el Sol del Imperio a mi lado desde esta madrugada. —Ella habló con una voz ligeramente tensa—. Por favor asista a revisar sus asuntos oficiales en su oficina. Llamaré a la dama de honor si pasa algo… así que no te preocupes.

—Luego…

No quería dejarla sola estando enferma pero no tenia otra opcion. Tenía más trabajo por hacer ahora. Él suspiró y la besó suavemente en la frente, y ella lo miró un poco sorprendida.

—Descansa un poco —murmuró con un suave sonrojo en sus mejillas.

—Adiós. —Patrizia cerró los ojos inmediatamente después de decir eso. Pronto escuchó el sonido de sus pasos alejándose, luego la apertura y cierre de la puerta. Sólo entonces sintió que podía descansar cómodamente.

 ♦ ♦ ♦

Aproximadamente una hora después, Raphaella llegó al Palacio Central.

—Saludos a Su Majestad la emperatriz —dijo Raphaella con una reverencia.

—Raphaella —dijo Patrizia, y se levantó de la cama con un gruñido. Raphaella se apresuró a ayudarla.

—Dios, quédese en la cama, Su Majesta —regañó Raphaella.

—¿Mirya te envió aquí?

—Acabo de llegar. ¿Por qué debería estar en el Palacio de la Reina cuando la reina ni siquiera está allí? Tú eres a quien debo proteger. —Raphaella soltó una pequeña risita de complicidad—. Entonces, ¿cómo estuvo ayer?

—Bien…

—Oh no. Su Majestad necesita trabajar más duro. —Raphaella la miró—. ¿Te sientes realmente enferma? Si es peor que ayer, eso es terrible.

—No tan mal. Realmente sentí que iba a morir ayer.

—Eso es un alivio. ¿Te vas a quedar aquí?

Patrizia reflexionó por un momento sobre su pregunta.

—No estoy segura de poder caminar hasta el Palacio de la Reina.

—¿Quién dijo que caminarías? Te llevaré en brazos o podemos llamar al carro.

—Eso es innecesario —negó Patrizia—. Me quedaré aquí hasta que recupere mi fuerza.

Raphaella le dedicó una mirada confusa a Patrizia de escuchar su respuesta, pero Patrizia la ignoró y continuó.

—Creo que debería tomarme un descanso solo por hoy. Me temo que el trabajo del palacio se verá interrumpido.

—No sucederá nada importante porque no estés trabajando un dia o dos. Cuidar de tu cuerpo es importante.

—Está bien. —Patrizia suspiró en señal de rendición, luego se recostó en la cama. Raphaella la estudió con expresión preocupada.

—¿Necesitas algo? —preguntó Raphaella suavemente.

—Está bien, Ella. La seguridad en el Palacio Central es muy buena… Puedes quedarte en el Palacio de la Reina si quieres.

—No puedo hacer eso —dijo Raphaella con un movimiento de cabeza y una sonrisa—. Me quedaré afuera. Asegúrate de llamarme si sucede algo. ¿Bien?

—De acuerdo.

Raphaella besó a Patrizia ligeramente en la frente antes de salir. Patrizia inmediatamente cerró los ojos. No había descansado bien en los últimos días. No es de extrañar que se sintiera tan cansada.

 ♦ ♦ ♦

Patrizia abrió los ojos cuando sintió algo frío en la frente.

—¿Qué p…? —preguntó desconcertada, pero se detuvo en cuanto identificó de qué se trataba.  Ella dijo en un tono desconcertado.

—¿Te desperté? Lo lamento.

Patrizia parpadeó y volvió la cabeza hacia la voz. Es él.

—¿Su Majestad? —tartamudeó ella.

—Lo siento, Patrizia.

Patrizia permaneció en silencio por un tiempo, antes de hablar en voz baja.

—¿Por qué?

—Porque estoy preocupado —dijo Lucio suavemente mientras le quitaba un mechón de la frente—. Me preocupa dejarte sola.

Patrizia estaba anonadada, no esperaba que él respondiera de esa forma.

—Por eso estoy aquí, no quiero que pase algo.

—¿Qué pasa con tu trabajo?

—Me he ocupado de todos los asuntos urgentes. No tienes que preocuparte.

Después de responder, la besó en la frente sin su permiso. Patrizia no dijo nada sobre su acción, pero solo miró al hombre que la miraba con amor.

Lucio tomó conciencia de su mirada y se disculpó.

—Ah, lo siento, es que yo…

—Su Majestad —interrumpió Patrizia su disculpa—. ¿Realmente me amas?

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6 thoughts on “Dama a Reina – Capítulo 103: ¿Me permites decir que te amo?

  1. Reyna says:

    Rayos, porque tiene que ser tan dulce 🤧🤧🤧🤣🤣🤣
    P. D. Cuando patrizia dijo caliente, pensé en otra cosa 🤣🤣🤣🤣😏😏

      • rodri says:

        en realidad lo exquisito de la historia es que se sustenta correctamente sin caer en exageraciones, ellos no pasan del odio a un amor de telenovela, ella resfriada y en un momento de debilidad sede y se acuesta con el (porque si hubiese estado en perfecto estado su racionalidad, que es muy fuerte, no la dejaría ceder, lo cual se le agradece al autor el tener atención a esos detalles) así que el personaje no es disonante, el en su debilidad de culpa y traumas sede en ser honesto y mostrarse tal cual es, lo cual es lo que quiere la protagonista, ademas ella todavía esta dubitativa, no hay un amor exagerado de princesa disney, es tan así que los personajes después de reconciliarse, saben que tienen muchas responsabilidades y tienen que seguir trabajando…

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