Dama a Reina – Capítulo 5: Es demasiado hermosa

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


—¿No te vas a casar?

Era un día soleado cuando la condesa Braddington le hizo esa pregunta a su hijo. Rothesay Aile Le Braddington, quien acarició su cabello castaño y respondió:

—No tengo planes de matrimonio, madre.

—¡Oh por los dioses! —exclamó la condesa Braddington, indignada colocó su taza de té sobre la mesa—. ¿Por qué? —preguntó sin comprender la actitud de su hijo.

—Simplemente no me voy a casar.

—¡Eso es absurdo! ¿Realmente planeas terminar con nuestra familia?

—Puedo adoptar, o podemos tomar a algunos de los hijos de mis tíos como el próximo jefe de familia.

—¿Entiendes lo que dices? —preguntó la condesa Braddington conmocionada—. ¿Por qué?

—No tengo ninguna intención de casarme.

—Pero ¿por qué?

¿Por qué? Eso fue lo único que salió de la boca de la condesa Braddington. Ella no podía entender lo que decía su hijo. Estaba declarando que envejecería y moriría soltero toda su vida.

¿Debo dejar a una chica en su habitación? De ninguna manera, es mi hijo… ¿Será? No puede ser, él no está, ¿verdad?

Cuando la imaginación de la condesa comenzó a enloquecer, Rothesay cortó con calma sus pensamientos.

—Estoy completamente sano, madre.

La condesa tosió incómoda, y pronto habló con calma.

—Entonces, ¿cuál es la razón exacta por la que no quieres casarte?

La condesa Braddington estaba realmente curiosa sobre las razones de su hijo. Ella nunca le había dado una mala impresión del matrimonio. Además, la relación de ella y su esposo era vista como un modelo a seguir por cada pareja en la capital. Para decirlo sin rodeos, el conde y la condesa Braddington eran los tortolitos de la sociedad.

¿Los hijos de unos padres que tienen un feliz matrimonio, no quieren casarse? ¿Estamos tan felices de estar juntos que hemos causado la reacción opuesta?

—Di algo, Ro. ¿Hicimos algo mal? ¿Dimos una mala impresión del matrimonio y la vida familiar…?

—No madre. No es así. —Rothesay sacudió la cabeza y cortésmente dijo la verdad—. Cuando veía a mis padres actuar de forma tan cariñosa entre ellos, siempre me sentía celoso. Pensé que ambos eran increíbles y realmente los respeto a ambos. Pero no tengo la confianza suficiente para vivir como ustedes dos. No tengo la confianza para dedicarme a mi esposa. Considero que soy demasiado importante y disfruto de estar solo.

—Oh…

La condesa Braddington se quedó sin palabras por un momento. Ella no tenía nada que decir frente a esa respuesta. Su hijo dijo que no se casaría porque no quería ser egoísta y ser una carga al no cumplir con un estándar. ¿Qué más podría decir ella? No podía pedirle que se casara aun si su futura esposa fuera infeliz.

Después de un momento de reflexión, la condesa Braddington dijo algo que pensó que podría ser útil.

—Entiendo lo que estás tratando de decir, cariño. Tu padre era igual que tú.

—¿Perdón?

—Escuché que tu padre era reacio a casarse por una razón similar. Pero míralo ahora. ¿Cómo vive él?

—Eso es porque…

Él está viviendo felizmente con su madre.

Rothesay se quedó sin palabras por primera vez, y la condesa Braddington asintió con una sonrisa amable.

—No te estoy apurando. Solo espero que no pienses que no estás calificado para el matrimonio. Creo que mereces más que nadie tener una familia.

—Para ser sincero, no estoy seguro de poder hacerlo tan bien como mamá y papá.

—Todos tienen miedo antes de comenzar, y… —La condesa respiró por un momento y continuó—: La mitad de los miedos que tienes antes de comenzar están solo en tu cabeza. ¿No deberías al menos intentarlo primero? ¿Por qué no empiezas asistiendo a reuniones sociales?

Siempre terminaba regañandolo. Rothesay esbozó una sonrisa cansada. La condesa Braddington miró a su hijo y suspiró brevemente antes de cambiar de tema.

—Hablemos de eso más tarde… De todos modos, deberías ir a la residencia del conde Rasels.

—¿A la casa de Wilter? —preguntó Rothesay. Lord Wilter Rasels era uno de los pocos amigos de Rothesay—. ¿Pasó algo?

—Cuando estabas fuera, recibí un telegrama. Diciendo que está enfermo. ¿Por qué no le haces una visita?

—Oh, ¿qué habrá pasado? —murmuró ligeramente conmocionado. Se decía que los idiotas no podían enfermarse, ¡y no podía creer que ese mocoso Wilter no fuera un idiota después de todo!

A pesar de la broma interna de Rothesay, estaba naturalmente preocupado por su amigo enfermo, que generalmente tenía buena salud.

—¿Es serio? —preguntó.

—No lo indicó en la carta. ¿Pero no sería mejor ir allí? —sugirió la condesa Braddington.

—Sí, debería ir.

—Adelante. Wilter tampoco tiene muchos amigos, como tú. Puede que ya te este esperando.

—Ja, ja, ja tal vez. Volveré más tarde, madre. —Rothesay rápidamente tomó su chaqueta y se volvió hacia el mayordomo—. Por favor, prepara el carro.

♦ ♦ ♦

—Por favor, ve un poco más rápido.

Había algo de nerviosismo en la voz de Rothesay cuando habló. Era cierto que estaba preocupado. ¿Estaba su amigo realmente enfermo?

Estaba tratando de controlar sus pensamientos con una mirada seria en su rostro, cuando de repente, el carruaje dio una sacudida violenta. Asustado, Rothesay trató de mantener el equilibrio al aferrarse al asiento de la silla.

El conductor del carro debe haber tenido un accidente. Rothesay abrió la puerta y salió del carruaje incluso antes de que dejara de sacudirse. Los dos carruajes parecían moverse incontrolablemente mientras trataban de evitar chocar entre sí. Dado el lujoso exterior del carruaje opuesto, parecía ser el carruaje de un noble de alto rango como él.

—¡Ten cuidado! ¿Sabes quién está montando aquí ahora?

—¡Oh vamos, dije que lo sentía!

—¿Cómo te atreves a alzar la voz cuando tienes la culpa?

La situación no se veía bien. Justo cuando Rothesay estaba a punto de detener a los dos conductores, alguien salió del carruaje. Era una mujer con el pelo rojo y ojos dorados tan brillantes como la puesta de sol. Ella parecía tener la misma edad que él, o tal vez más joven.

—Oh, mi señora. Por favor quédese adentro, es solo que…

—Está bien. No hay razón para pelear. ¿Está bien la persona que está adentro?

Rothesay no creía en el amor a primera vista, incluso aborrecía la idea. Pero tan pronto como vio a la mujer, quiso pegar a su yo del pasado por pensarlo.

Se preguntó si esto era lo que la gente quería decir cuando decían amor a primera vista. Ningún otro pensamiento ocupó su mente, excepto dos. Primero, que ella era increíblemente hermosa. Segundo, él quería hablar con ella.

Era natural que lo hiciera.

—Lo siento, mi lady. Creo que mi conductor cometió un error.

—Para nada, mi lord. Estoy bien.

No se conocían, pero no fue culpa de la mujer.

Rothesay odiaba tanto las reuniones sociales que apenas si asistía a una. Incluso una persona que solía asistir a las reuniones sociales era extremadamente improbable que conociera a Rothesay si no tenían suerte.

—¿Estás herido en alguna parte? —le preguntó ella cortésmente.

Rothesay estaba encantado de que la mujer le hubiera hablado y respondió sin ninguna expectativa especial en su mente.

—¿Estoy bien y tú?

—Oh, sí, también estoy bien…

Que alivio. Rothesay trató de sacar algo para promover su conversación, pero la mujer habló primero.

—Es un alivio señor. Entonces retomaré mi camino. Buen día.

¡No! Rothesay gritó en su mente. No podía simplemente dejar ir a la mujer. Reunió su coraje y la llamó.

—Espera un momento, mi lady.

Pero la mujer podría no haberlo escuchado, porque ya estaba dentro del carruaje. que partió al instante y Rothesay se quedó aturdido en el lugar.

¡Dios mío… no puedo creer que la extrañé! Mientras se golpeaba el pecho con la palma, el conductor le habló.

—Maestro Rothesay, si esperamos aquí más tiempo, el sol puede ponerse. Debemos irnos ahora.

Rothesay dio un paso decepcionado hacia adelante. La mujer pelirroja que conoció antes todavía estaba en su mente.

♦ ♦ ♦

—No creo que estés tan enfermo —dijo Rothesay rotundamente mientras miraba a Wilter acostado en la cama. Wilter se sentó, indignado por la acusación.

—¡Enfermo! ¡Estoy enfermo! —insistió Wilter.

—Está bien. Solo cállate. No te ves como alguien enfermo.

—Maldita sea… —resopló Wilter y volvió a acostarse en su cama, luego se subió la manta hasta la parte superior del cuello. Rothesay supuso que tenía un ligero resfriado.

—Madre lo hizo sonar como si fuera bastante serio, así que vine aquí por si acaso. ¿Es solo un resfriado?

—Alguien puede morir de un resfriado, Ro —murmuró Wilter.

—Los idiotas no se enferman, Wil.

—¿Tienes un deseo de muerte?

—Por lo que estoy viendo, creo que vas a morir primero —dijo Rothesay con una sonrisa. Wilter levantó la vista hacia la figura risueña de su amigo y luego habló con voz entrecortada.

—Estoy aburrido hasta la muerte después de estar acostado todo el día. ¿No tienes nada divertido que decirme?

—Hmmm… —Rothesay tarareo. Pensó mucho y pronto recordó una cosa: la mujer que vio en el camino justo antes—. Vi a una mujer —dijo casualmente.

—¿Mujer? —dijo Wilter con una leve sorpresa. Ese fue un tema inesperado. Rothesay y las mujeres generalmente no iban bien juntas. A diferencia de Wilter, que siempre estaba en una relación, Rothesay simplemente no se acercaba a las mujeres. Wilter, por supuesto, no podía entender su aversión, así que el hecho de que Rothesay planteara el tema de una mujer era increíblemente raro.

—¿Era bonita? —Wilter dijo sugestivamente haciendo gestos con sus manos.

—Qué vulgar —dijo Rothesay con un tono, pero luego le respondió de inmediato—. Ella es realmente hermosa. Se parece a la diosa del sol.

—Voy a vomitar —dijo Wilter fingiendo tener náuseas.

—Pero ella era realmente hermosa.

—Quién debería ir al hospital no soy yo, sino tú, Ro.

—Estoy completamente bien, ella era inusualmente hermosa.

¿Quién es esta mujer que te hizo pensar así de repente? ¿Hay una dama tan hermosa en la capital? Se preguntó Wilter.

—La vi hoy por primera vez —respondió Rothesay.

—Eso es obvio. Porque nunca asistes a reuniones sociales. ¡Por eso siempre te invito a ir a fiestas conmigo! —Las palabras de Wilter eran ciertas—. Entonces, ¿quién es ella?

El mayor problema de Rothesay era que él no sabía quién era.

—Bueno, bueno su gracia. ¿Te enamoraste de ella sin saber quién era? —Wilter miró a Rothesay con lástima, y ​​este último evitó su mirada.

—Ni siquiera tuve tiempo de preguntarle su nombre. Ella se fue de inmediato —dijo Rothesay.

—¿Cómo la conociste?

—Hubo un pequeño… accidente en el camino. Ella estaba en el otro carruaje.

—Oh, esto es bastante romántico. —Wilter arrojó la toalla mojada sobre su frente y miró a Rothesay con interés—. ¿No tienes pistas?

—Ella tiene el pelo rojo ardiente.

—Detente con tu lenguaje florido. ¿Estás escribiendo una novela?

—Pelo rojo, ojos dorados —dijo Rothesay.

—Así, simple es lo mejor —sonrió Wilter, luego ofreció su propia solución—. Escucha Ro. Tengo una buena idea.

—¿Qué?

—Pronto será el Día Nacional de la Fundación. ¿Cierto?

—Sí, así es.

—La mayoría de las señoritas estarán allí. Como cualquier fiesta social, es un buen lugar para que encuentren un esposo, dijo Wilter, con los ojos brillantes.

—¿Supongo que sí? —respondió Rothesay confundido.

—Entonces, deberías ir allí esta vez.

—Pero no estoy seguro de poder encontrarla allí de nuevo.

—Pero si permaneces encerrado en tu habitación, ni siquiera tendrás la oportunidad de conocerla. La posibilidad es cero.

Wilter tenía razón. Rothesay asintió como una señal de que estaba de acuerdo.

—Ha pasado un tiempo desde que fui a una fiesta como esa.

—¿Estás presumiendo, mocoso? —le criticó Wilter—. Si fueras a esa clase de eventos regularmente, podrías haberla conocido antes.

—Tal vez —dijo Rothesay con voz apagada—. Ella estará allí, ¿verdad?

—Sí. A menos que sea aún más solitaria que tú. —Se rió Wilter—. Lo que te debe preocupar es si está comprometida con alguien o si es una mujer casada.

—Tienes toda la razón, ¿si ya está enamorada de alguien?

Wilter había hecho un comentario a la ligera, pero Rothesay estaba realmente preocupado por eso. Wilter estaba sorprendido por la inesperada seriedad de su amigo.

—¿Por qué decidirías ahora? No sabes nada de ella, tómalo con calma.

—Tienes razón —acordó Rothesay, luego habló con voz clara—. Voy a apuntar primero al Día Nacional de la Fundación.

♦ ♦ ♦

—¿Dónde está?

Rothesay no había asistido a una fiesta en mucho tiempo, y todo le parecía extraño y desconocido, a pesar de que había asistido a unos pocos eventos antes. Ahora que el poder imperial ha cambiado, el estilo de fiesta también puede haber cambiado. La última a la que fue era la coronación del actual emperador.

Wilter golpeó a su amigo a un lado.

—¡Deja de mirar alrededor como un demente! Parece que tienes los ojos cruzados.

—Cállate —dijo Rothesay sin rodeos.

—¿Cómo puedes pretender encontrarla en esta multitud? ¡Es más fácil encontrar un oasis en el desierto! ¡O encontrar una aguja en un pajar!

Rothesay dejó a su amigo ante su constante flujo de quejas, se trasladó solo al otro lado de la fiesta. Pensó que podría encontrarla, no, se aseguraría de encontrarla. Tenía una apariencia que la hacía destacar.

Especialmente por su cabello. Claramente recordaba su cabello rojo. Era una sombra que se podía ver desde lejos. Entonces solo tenía que buscar más. Sólo un poco más…

—¡Ah!

Alguien cayó al suelo con un grito. Al mismo tiempo, Rothesay sintió un impacto en su cuerpo y tropezó hacia atrás. Aturdido, miró a la otra persona con la que se había topado.

—¿Eh…?

Alguien que parecía familiar, no, alguien que realmente quería conocer estaba en el suelo. Probablemente estaba sosteniendo un cóctel, ya que partes de su vestido se veían más húmedas y oscuras, pero afortunadamente su copa no estaba rota.

—Urgh… —murmuró irritada al ver el desastre.

Si el destino realmente existe, este sería uno de sus trabajos.

—¿Estás bien, mi señora? —dijo Rothesay con voz temblorosa.

La mujer que lo escuchó naturalmente levantó la cabeza, y Rothesay sintió que su corazón latía con fuerza en cada movimiento.

—¡Oh! —exclamó ella después de identificarlo—. ¡En el carruaje! ¿No es cierto?

Ella se acordó de mí.

Rothesay sonrió, pero no dijo eso en voz alta.

—Por favor, toma mi mano, mi señora —dijo con voz amable, ofreciéndole la mano.

—Ah, sí.

La mujer tomó su mano y se levantó. Tal vez ella no pesaba mucho, pero Rothesay no sentía mucha fuerza en su mano. ¿Por qué está tan delgada? Se quejó en su mente.

—Me disculpo, mi señora. Debería haber sido más cuidadoso, pero en cambio te causé muchos inconvenientes —dijo suavemente.

—Oh no, buen señor. También debería haber sido más consciente de mi entorno. Ahora…

¡No! Gritó en su mente. Está tratando de huir de nuevo. Si la dejo ir ahora, sería el tonto más grande del mundo. No puedo dejarla ir esta vez. Al menos… debía saber su nombre. Rápidamente la tomó del brazo.

—Espera por favor.

¡Buen tiro, Ro! Mientras Rothesay admiraba su propio coraje, la mujer lo miró con expresión perpleja. Rothesay le habló con una sonrisa amable.

—Creo que esto estaba destinado a ser. ¿No hay un dicho que dice que incluso rozar a alguien se considera parte del destino? —Rothesay decidió presentarse con voz temblorosa—. Soy Rothesay Aile Le Bradington.

—Soy… Petronilla Laura Le Grochester.

Petronilla.

Incluso su nombre era bonito. Pero Grochester, ¿dónde estaba Grochester otra vez…? Rothesay le dio vueltas a ese nombre de diez letras en la cabeza una y otra vez, y se sorprendió al darse cuenta de que ella era la hermana gemela de la reina. También era hija de un marqués.

Petronilla, que terminó de presentarse, se fue. Rothesay estaba tan sorprendido que olvidó sus modales y la agarró de nuevo.

—Disculpe, mi lady.

Él la agarró de nuevo, pero no tenía otra opción. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debería decir? Se revolvió el cerebro en busca de una excusa apropiada. Entonces, la mancha en su vestido atrajo su atención.

—Tu vestido está manchado… —señaló—. Me sentiría culpable de enviarte así.

—No, está bien. Estoy bien…

—Pero no me siento bien de que te vayas así —insistió.

—Estoy bien —repitió ella.

—Eres una joven muy obstinada.

—Sí, supongo que ese es el caso.

—No soy una persona sospechosa…

—Nunca he dicho que lo fuera, mi lord.

—Entonces, ¿por qué sigues evitándome? Solo estoy actuando así porque realmente lo siento, mi lady.

—Muy bien, señor. Entonces, ¿qué es exactamente lo que te gustaría hacer por mí? Tengo mucha curiosidad.

Las palabras de Petronilla hicieron que Rothesay sonriera más. ¡Lo hice! ¡Hice una conexión!

—Por ahora, permíteme reembolsarte tu vestido —dijo Rothesay, tratando de ocultar el temblor emocionado en su voz.

—La tela es de color oscuro, así que creo que estaré… —Petronilla hizo una pausa—. Sí, entonces envíalo al marqués Grochester.

—Tengo una solicitud más.

—¿Eso es?

Rothesay se arrodilló ante Petronilla. Su línea de visión se redujo y miró hacia Petronilla por primera vez.

—¿Te gustaría bailar conmigo hoy, mi lady? —preguntó.

—¿Perdón?

Rothesay supo de inmediato que Petronilla estaba desconcertada. Sin embargo, sus sentimientos por ella eran más importantes que su vergüenza, así que repitió su pregunta.

—Te pregunté si te gustaría bailar conmigo, mi señora.

—Yo… —Petronilla dudó en responder, mientras Rothesay esperaba pacientemente. Esperar era su especialidad. Lo importante era cómo respondería ella. Mientras la respuesta fuera afirmativa, podría esperar cien o tal vez incluso mil años.

—No… no tengo interés en eso.

Entonces fue un rechazo, pero Rothesay no se rindió. Si lo hiciera, entonces todo, su primer amor, su enamoramiento, todo, habría terminado.

—¿Puedes darme una sola oportunidad? —suplicó él.

La condesa Bradington ciertamente se sorprendería, si viera lo que estaba haciendo y se preguntaría si realmente era su hijo. Petronilla, mientras tanto, parecía sorprendida por su tenacidad.

—¿No puedes darme una oportunidad?

—¿Por qué estás actuando de esa manera conmigo?

—Es que yo… —La cara de Rothesay se sonrojó ligeramente—. Creo que me he enamorado de ti, mi señora —confesó.

La situación no iba según lo planeado. El rostro de la mujer se puso rígido ante sus palabras. Ante su reacción, Rothesay se apresuró a enumerar sus errores durante su conversación, pero no había dicho nada inusual además de su confesión. Ahora estaba demasiado ansioso.

—¿Estás enamorado de mí? —cuestionó Petronilla.

—Sí.

—¿De mí?

—Sí.

—¿Por qué? ¿Lo ha olvidado, señor? Pero solo nos hemos reunido dos veces, incluso hoy. Además de eso, nuestra primera reunión solo duró un momento.

—El tiempo no importa cuando se trata de amor. Lo importante es el destino y el corazón. ¿No te parece?

—Lamento informarle que no creo en esas cosas…

—Pero me enamoré de ti a primera vista, mi lady —declaró.

—¿Qué, cómo demonios…?

—Parece que no crees en el amor a primera vista, mi señora.

—Estoy más inclinada a pensar que es ridículo.

—Lo he presenciado. Así es como mis padres llegaron a casarse.

—Me disculpo profundamente, pero no me gustan esas cosas —dijo con firmeza Petronilla—. Prefiero conocer a alguien durante un largo período de tiempo para aprender sobre su corazón y mente…

—Oh, querida —murmuró Rothesay, pareciendo avergonzado. Hubo un problema por separado. Se disculpó con ella, culpándose a sí mismo por ser estúpido—. Fue descuidado de mi parte no considerar que así fue como pensaste. Me disculpo.

—No, no necesitas ir tan lejos como para disculparte…

—Si ese es el caso —continuó Rothesay con una dulce sonrisa—. ¿Estarías dispuesta a conocerme durante un largo período de tiempo?

—¿Qué es todo esto de repente? —tartamudeó.

—Me gustaría cortejarte formalmente, mi señora.

Todo esto sucedió exactamente menos de una hora después de que se conocieron, pero a Rothesay no le importó. Se había enamorado profundamente de ella. Incluso él estaba aterrorizado por el corto período de tiempo que sucedió. Sin embargo, no le importaba. Su corazón que latía claramente le decía:

Ella es tu destino. Así que aférrate a ella.

—Lo siento, señor, pero no me agradas.

Al final, todo lo que Rothesay recibió a cambio fue un rotundo no. Sin embargo, no lo iba dejar se dejó decepcionar. Fue un hecho. Lo conoció por segunda vez hoy y hablaron durante menos de una hora. Esa fue una razón aún menor para rendirse.

La voz de Rothesay se volvió suplicante.

—Te pido que nos des la oportunidad de conocernos.

—No entiendo por qué eres tan molestamente persistente, pero dije específicamente que no estoy interesado en ti —dijo Petronilla en breve.

—Es porque te amo —dijo sin aliento.

—¿Perdóneme?

—Me enamoré de ti en el momento en que te vi y creeme no tomo los asuntos del corazón a la ligera. —La firma de Rothesay, una dulce sonrisa brillaba en su rostro—. Por lo tanto, mi señora, por favor… ¿Al menos me dejarás bailar contigo?

Petronilla dudo un segundo, pensando que debería responder, y Rothesay insistió:

—Te lo ruego, mi lady.

Petronilla suspiró y Rothesay temió que un rechazo saliera de sus labios. Afortunadamente, parecía simpatizar con él y le dio una respuesta inesperada.

—Muy bien. Pero solo por una canción.

Ante esa respuesta, el rostro de Rothesay se dividió en la sonrisa más amplia, como si le acabaran de decir que le dieron el mundo entero.

—Gracias mi señora.

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8 thoughts on “Dama a Reina – Capítulo 5: Es demasiado hermosa

  1. Lilian_2.0 says:

    Cada palabra que salía de su boca me daba risa, osea es re pesado jajajaja no me pude tomar enserio el capítulo porque, bueno en mi opinión, no existe y es ridículo el amor a primera vista. Pero el chico me daba gracia y me pareció adorable jajaba

  2. Chocomenta says:

    Lo siento por lo que dire, pero que pesado el tipo xd, sinceramente yo no tendría tanta paciencia, si yo digo no, es no, no me gusta que me insistan, me pone incómoda y luego de la incomodidad viene la irritación, y también no creo en el amor a primera vista, lo que uno siente es atracción, que es muy diferente a el enamoramiento, muchas personas lo confunden fácilmente, así que yo ya lo hubiera rechazado desde el primer momento que me soltó todo ese vómito de palabras, sorry, not sorry.

  3. Valeria says:

    Owww, no sé, pero amo más esta pareja es tan dulce y tierna 😍. Siento que ayuda a aliviar toda la tensión del trama de los personajes principales. Gracias 💕

    • Miyuky says:

      No hay que ser tan malos, quien no confundió la primera atracción con amor, que tire la primera piedra.
      Además, el quería tener la a su lado he hizo todo lo posible. Sin trabajo no hay recompensa.

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