Querida “amiga” – Capítulo 22: Un argumento acalorado

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Parpadeé sorprendida. No esperaba que fuera tan honesta conmigo por el hecho de que estaba celosa, o que pensara que soy similar a Dorothea. Sin embargo, no me sentí mal. Es bueno resolver los malentendidos.

—Estoy agradecida de que seas honesta conmigo. De hecho, si a Su Alteza le gustas o si te gusta Su Alteza, no es un asunto con el que pueda interferir. En cualquier caso, no es como si las emociones puedan controlarse a voluntad —Dije.

—Las cosas pueden cambiar más tarde, pero, por ahora…gracias por decir eso —dijo en voz baja.

—No hay forma de que a Su Alteza no le guste alguien tan buena como tú —. Honestamente, no tiene sentido que no le guste Odelette. Si fuera un hombre en lugar de una mujer como Mariestella, perseguiría a Odelette. ¿Quién no estaría enamorado de una mujer tan maravillosa? —Estoy segura de que Su Alteza se enamorará de la belleza por el resto de su vida.

—Ja, ja, ja, esas palabras son demasiado agradables —Odelette me dio una sonrisa. —Creo que el amor y la amistad son importantes, pero no quiero que mi amistad contigo se dañe.

—¡Coincido totalmente! ¡Ambas son importantes! —Estoy de acuerdo con ella. Después de un momento, continué. —Entonces…no seamos torpes la una con la otra. ¿De acuerdo?

—Por supuesto, Lady Mariestella. ¿Por qué haríamos eso? —Odelette sonrió e hizo contacto visual conmigo, y pude sentirme a gusto.

Uf, me alegro de haber dicho todo esto de antemano.

Y ahora…

¿Debo encontrar a otra persona?

La culpable detrás de esto.

Dorothea, ¿dónde estás ahora?

♦ ♦ ♦

—¡Marie!

Una voz aguda me llamó, y una sonrisa se extendió por mi rostro. En el momento perfecto: ya me había separado de Odelette y estaba buscando a Dorothea. Puse una expresión neutral y me di la vuelta.

Dorothea corría en mi dirección con una mirada brillante en su rostro. Esta no era una escena en la historia original, pero el autor la habría descrito como “con una mirada llena de alegría como siempre”. El pensamiento agrió mi humor. ¿Qué demonios estaba pensando el autor?

—Marie, ¿dónde estabas? De repente, desapareciste —dijo Dorothea con inquietud.

—Estaba con lady Odelette —le respondí, y los labios de Dorothea se fruncieron.

¿Me estás dando esa mirada? No creo que debas hacer esto en estas circunstancias.

Quería decirle, pero decidí contener mis palabras por ahora. Honestamente, no estoy tan ansiosa por hablar con ella.

—¿Por qué? —exigió Dorothea con una voz temblorosa. —¿Por qué sigues con lady Odelette en la fiesta del té de hoy?

—Porque es lo que deseo —es una respuesta infantil, pero realmente, es lo que quiero. ¿Por qué tiene que interferir con eso? Fruncí el ceño y concluí mi discurso —¿Por qué estás siendo tan curiosa? —pregunté.

—¡¿Por qué?! —chilló Dorothea.

Ah, sentí que iba a decir su línea habitual otra vez, y mi ceño se arrugó.

—Deberías estar conmigo, somos amigas —dijo.

Somos amigas. ¡Amigas, amigas, amigas! ¡Amigas mi trasero! ¿Desde cuándo está historia se convirtió en un drama adolescente?

La mire con lástima.

—¿Amigas? —dije con una sonrisa. Era mejor mezclarse con las hormigas en el camino que ser su amiga. Al menos, las hormigas no me golpearían —¿realmente soy tu amiga?

—Soy tu mejor amiga, Mariestella Janice La Bellefleur. ¿Hay algún problema con esta propuesta?

Por un lado, era una proposición completamente falsa.

—No piensas en mí como una amiga —le respondí cínicamente —De hecho, me he estado preguntando sobre eso, pero después de hoy estoy segura.

—¿Por qué razón…?

—Te gusta cuando estoy en problemas, ¿no?

—¿Qué?

—¿Te gusta cuando me humillan públicamente? —continué.

—¡¿De qué estás hablando, Marie?! —Gritó Dorothea.

—Si realmente pensaste en mí como una amiga, entonces, no deberías haber mencionado la historia del Príncipe Heredero antes.

—Yo… — Dorothea alzó la voz indignada, como si estuviera siendo acusada falsamente. —Lo hice por ti, Marie.

—No digas tonterías. Lo hiciste por ti misma.

Dorothea estaba sorprendida con las palabras de Mariestella.

—No lo hiciste por mí, ¿verdad? —expresé en tono sarcástico —¿Crees que sucedió algo entre su alteza y yo solo porque me invitó al palacio?

—Solo dije la verdad.

—Entonces, —agregué con una sonrisa —¿Por qué estás siendo presuntuosa con lo que sucedió entre su Alteza y yo? Esto es un asunto entre las partes involucradas, no tú, una tercera persona, Dorothea. Lo que hiciste antes fue muy grosero. ¿No aprendiste modales? Difundir historias sin el consentimiento de la persona es descortés y ridículo.

—No soy cualquiera, soy tu amiga. ¿Y, aun así, piensas que fue grosero de mi parte? —Dorothea respondió.

—Incluso hay una línea entre los miembros de la familia que no se debe cruzar, ¿y tú qué eres? —di una risa sin humor. —Estoy decepcionada de ti debido a lo de hoy. No sabía que serías tan grosera. Eso es lo que hace la gente inferior. Si somos nobles, entonces, actuemos como nobles.

—Tú… —comenzó Dorothea, mordiéndose los labios. —¿De qué estás tan orgullosa?

—¿Qué? —Eso fue ridículo.

—Fuiste al Palacio Thurman sin mí. ¡Sin siquiera decirme!

—Porque Su Alteza solo me invitó a mí —dije con voz fuerte —Sólo a mí —y para que no le quedaran dudas, repetí —No a ti, ni a nadie más, me invito solo a mí.

—No me tratas como a una amiga. Dije que me gustaba el Príncipe Heredero, y fui muy clara al respecto en la fiesta de Lady Odelette —Dorothea me respondió con una voz que casi sonaba malvada. —Cuando Odelette dijo lo mismo, entonces, como amiga, deberías haberme elegido. Sabes que ella y yo no nos llevamos bien. ¡Deberías haberme llevado contigo!

—¿Sin permiso del invitado? Dorothea, ¿no te enseñaron eso, verdad? No, claro que no. Deberías haber aprendido incontables veces que actuar de esa manera es grosero. Sí, incluso un niño lo sabe. Es más ridículo que un adulto haga esto. ¿No piensas antes de hablar?

—Somos amigas, así que eso no importa.

—Incluso si no importa, le importa a Su Alteza. No se trata de alguien cualquiera es el Príncipe Heredero. Somos solo hijas de nobles. Su Alteza me invitó, así que, naturalmente, tengo que prestar mucha atención a mi conducta y acciones.

Es demasiado difícil comunicarse con Dorothea, pero ya lo sabía. Me estaba matando hablar con ella en lugar de con Odelette. No sabía cómo ganar porque ni siquiera podía entender lo que decía.

—Si así es como te estás comportando, entonces, estás perdiendo gradualmente tu sentido de la realidad. Eso es un problema, ¿no? —Dije —te estoy dando un consejo, Dorothea. Tenlo en cuenta.

Porque será el primer y último consejo que te daré.

—Y creo que debes estar equivocada porque, aunque seas mi amiga, Lady Odelette también es mi amiga. Si a mis dos amigas les gusta la misma persona, por cortesía, no debo interferir.

—¿Desde cuándo tienes esa relación con Lady Odelette? —exigió Dorothea.

De hecho, me gustaba Odelette desde fuera del libro, pero, por supuesto, Dorothea no podía saber eso.

—Estoy más apegada a las personas que tienen sentido común a corto plazo que la irracionalidad a largo plazo.

—¿Qué? —el rostro de Dorothea estaba rojo —¿No tengo sentido común? Marie, ten cuidado con lo que dices. Si sigues hablando así, no voy a pasarlo por alto, no importa cuánto me importas.

No podía imaginar la expresión de incredulidad que debía tener en mi rostro. —¿Estás diciendo que crees que tienes sentido común? —pregunté.

—¿Estás diciendo que no? —respondió.

—Es de sentido común no hacer cosas sin el permiso de otros. Simplemente, agarra a cualquiera que pase y pregúntale al respecto, si estoy o no en lo correcto —Sonreí y tomé mi decisión final. —Realmente, no quiero asociarme con alguien que hable de otros sin su permiso. Es una suerte que haya estado aquí hoy, pero si la próxima vez no estuviera, ¿quién sabe qué tipo de historia se difundirá? ¿Y si es algo horrible?

Obvio que sería algo horrible…

Hablé en un tono seco y la dejé con unas últimas palabras frías.

—Te dejare sola. No quiero verte en el futuro.

Con todo mi corazón.

Salí del lugar sin dudarlo.

Me acabas de hundir en el barro, Dorothea, así que nunca nos volveremos a ver.

Cuando pasé junto a Dorothea, que tenía una expresión de sorpresa en su rostro, fui capturada por una alegría indescriptible.

Desechemos el carro inservible y subamos al Mercedes-Benz, pensé.

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