El Conde y el hada – Volumen 4 – Capítulo 2: El arte secreto de la resurrección

Traducido por Den

Editado por Nemoné


La espiritista se parecía a Ermine. Fue a través de su velo, pero Edgar estaba seguro de que se parecía a ella.

Su cuerpo no pudo ser encontrado por las fuertes y rápidas olas del Mar de las Merrow. Debido a eso, no podía deshacerse de la débil esperanza de que pudiera estar viva en algún lugar.

Pero si sobrevivió, ¿por qué no regresó al lado de Edgar? ¿Podría ser porque no pudo romper la cadena de Príncipe?

Si esa espiritista era Ermine, entonces eso significaría que todavía estaba siendo utilizada por uno de los subordinados de Príncipe.

—Lord Edgar, todavía pienso que mi hermana no está viva.

Raven, que entró con el té al estudio donde Edgar estaba pensando profundamente, dijo su opinión con el primer paso que dio como si lo hubiera estado pensando todo el camino hasta allí.

—Si la vieras tú mismo. Era tan parecida que tú mismo lo creerías.

—Incluso si su rostro y voz eran familiares, tengo la sensación de que no sería mi hermana.

Ermine era la hermanastra de Raven, de diferente padre. Era diferente de Raven, que era de piel morena, obviamente de un país diferente. Ella era blanca pero en realidad era su hermana.

Edgar cruzó los dedos sobre su escritorio y miró a Raven.

— ¿Por qué?

—Incluso si hubiera sobrevivido, ¿pensaría que ella trabajaría para Príncipe nuevamente? Ya no tendría una razón para hacerlo por más tiempo e incluso si ella fuera capturada, no creo que valoraría la vida que una vez desperdició.

La razón por la que había traicionado a Edgar e hizo lo que Príncipe le decía fue por el simple deseo de poder quedarse al lado de Edgar.

Durante su fuga, la única razón por la que pudieron mantener el fuerte vínculo entre ellos fue porque solo podían confiar en ellos mismos y quienes los rodeaban eran enemigos, pero una vez Edgar se hizo con el título noble, ella pensó que perdería esa conexión especial.

Es por eso que filtró su información a Príncipe para prolongar su escape.

No importaba cuánto tiempo y cómo escaparan. Edgar siempre estuvo en la palma de la mano de Príncipe. Pero esa situación cambió dramáticamente después de conocer a Lydia, porque era imposible conseguir el título noble de un Conde sin la ayuda de ella. Y entonces, Ermine acabó con el control de Príncipe sobre Edgar al final de su propia vida.

Raven sabía que Ermine, que había hecho tal acto, no podría volver al lado de Edgar. Y no podía pensar en un razón por la que tendría que trabajar bajo el mando de Príncipe una vez más.

—Hay una forma de confirmar si es Ermine o no —Cuando Edgar dijo eso, sacó la carta que acababa de llegar y se la dio al joven de cabello negro—. Es la invitación de la Sra. Collins. Traté a su espiritista como una impostora y aún así no me ha retirado de su lista de invitados.

Por supuesto, la carta que iba dirigida al Vizconde Middleworth llegó originalmente a una dirección diferente.

—Si tuviera que ir a su residencia cerca de Hastings, entonces podría conocer a su hija Teresa. Al parecer la espiritista también reside ahí.

— ¿Irá?

—Por supuesto.

—Entiendo.

Mientras Raven respondía en una postura serena, extendió el periódico que una vez había sido arrugado con un rostro inexpresivo.

—Esto estaba en suelo en la oficina de la Señorita Carlton.

Era la prensa amarilla. En el mismo estaba el artículo de cotilleo estúpido de que el Conde Ashenbert estaba perdidamente enamorado de un fantasma. Santo cielo, no fue Edgar quien se llamó Conde en el ritual y, sin embargo, había esto.

Pero no había duda de que Lydia lo había leído y que también tuvo una sensación desagradable que la hizo arrugarlo.

—Esto es malo…

—Es malo.

Cuando se desplomó, Edgar hundió los dedos en su flequillo.

— ¿Cómo demonios Lydia tendría la oportunidad de conseguir la prensa amarilla?

En primer lugar, esto era algo que la clase trabajadora leería y no era algo que leería alguien como ella de una familia de clase media. Estaba al tanto de que había bastantes cosas escritas sobre él, pero como no iba a haber la oportunidad de que ella lo leyera, no le molestó.

—Creo que es porque el Sr. Nico lo lee todos los días.

Ese felino.

—Actúa como si fuera un caballero pero es un fanático de los periódicos de baja calidad como este.

—Al parecer hay muchas hadas a las que les gustan los cotilleos idiotas de los humanos.

—De todos modos, iré a apaciguar a Lydia…

Justo cuando Edgar se levantó, el gato amante de los cotilleos, del que estaban hablando, entró corriendo en su estudio sobre sus patas traseras.

—Oye, Conde, Lydia no ha regresado desde que salió.

Tenía un mal presentimiento. Este era el momento cuando los subordinados de Príncipe se estaban moviendo.

— ¿Cuándo se fue?

—Por la mañana. Supuestamente había ido al parque diciendo que iba a idear un plan, pero las pequeñas hadas del parque dijeron que Lydia nunca fue. Intenté buscar alrededor de la zona, pero no la encontré. Estoy preocupado, ¿podrías buscarla también?

— ¿Idear un plan? ¿Para qué?

—Ahh, solo para algo pequeño.

Nico se rascó la cabeza intentando dejarlo pasar pero Edgar se acercó a él. Nico tenía la guardia baja e fue inmediatamente recogido.

— Whoa, ¿qué estás haciendo? ¡Suéltame!

— ¿Qué plan?

Cuando acarició la zona alrededor de su garganta con suavidad, Nico entrecerró los ojos mientras se resistía.

—Para, e-está bien. T-Te lo diré, ¡así que para!

Cuando lo soltó, el hada se apoyó contra la pared en un tambaleo y frenéticamente acomodó su abrigo de piel.

—Se siente tan bien y, sin embargo, te rehusas, esa disposición tuya realmente te hace acabar en malos tratos.

Miró a Edgar de mala gana.

— ¡Dije que no me trates como un gato!

—Entonces, ¿en qué estaba pensando Lydia?

— ¡La forma de cancelar su compromiso contigo!

Eso es malo, pensó Edgar, mientras se cruzaba de brazos.

— ¡Más importante aún, apresúrate y busca a Lydia!

—Oh, por supuesto. Raven, llama a mi mayordomo.

♦ ♦ ♦

Cuando volvió en sí, estaba sentada en una habitación oscura que sólo estaba iluminada por una vela. Desde detrás de la silla en la que estaba sentada, había una mujer de pie que colocó las manos en sus hombros.

La razón por la que pudo adivinar que era una mujer fue porque sintió que las manos eran delgadas y suaves.

— ¿Milady Teresa, cómo se siente?

Alguien le preguntó.

Teresa, ¿podría ser su nombre? Pensó en confusión. Sin embargo, inmediatamente comenzó a pensar que era así.

—Acabas de renacer. Has regresado a tu amada familia una vez más en el mundo de los vivos.

Cuando giró la cabeza un poco, finalmente pudo ver el rostro de la mujer detrás de ella. Era una persona hermosa de piel blanca y sedosa.

Pero con quién hablaba era la anciana que estaba a su lado. La hermosa mujer solo asintió a las palabras de la anciana.

¿Renacer?

Ahora que lo pensaba, tenía la sensación de que estaba en otro lugar. No era un lugar oscuro, era brillante y cálido.

Tenía el pensamiento persistente de que renacer no era una experiencia tan buena.

Intentó levantar su mano derecha. La delgada mano de la joven estaba cubierta por la luz de la vela. Era la mano de alguien que no tuvo que trabajar. Tenía ese pensamiento desconcertante al respecto.

— ¡Oh, Teresa!

Hubo una voz que surgió de la esquina de la habitación que estaba proyectada en las sombras y una mujer gorda se acercó a ella, como si no pudiera soportar esperar por más tiempo.

—Finalmente… Finalmente volviste a mí. Es tu querida madre, ¿lo sabes?

La mujer se sentó y sostuvo sus manos con fuerza.

¿Madre? ¿Es eso cierto?

Miró a la mujer que le devolvía la mirada con ojos llenos de lágrimas y no supo qué hacer.

—Uh, yo…

No sabía nada de sí misma, tanto que incluso le tomó un poco de tiempo darse cuenta que la voz que habló era la que salió de ella.

—Sra. Collins, es difícil para un fantasma recordar lo que sucedió en su vida antes de su muerte. Por favor, recuérdele con delicadeza y con mucha paciencia —dijo la anciana una vez más.

La mujer que decía que era su madre asintió sin ninguna resistencia. El collar que llevaba y tenía una enorme piedra preciosa, tintineó.

— ¿Mi madre…?

—Sí, así es, Teresa. Di lo que quieras.

Parecía que era la hija de una familia rica.

— ¿Cualquier cosa? ¿Incluso vestidos bonitos y joyas…?

—Puedes elegir lo que quieras del armario. Si no hay algo que te guste, podemos ir a comprar algo nuevo. También he preparado docenas de accesorios para ti.

Qué madre más amable. Estoy tan contenta de haber regresado.

Cuando tuvo ese pensamiento honesto, fue abrazada por su madre. Durante ese momento, pudo ver otra figura en las sombras. Parecía que era un hombre, pero no parecía que fuera a salir a la luz y permaneció en silencio sin decir una palabra.

Por supuesto, no pudo ver el contorno de su rostro tan bien como su expresión, pero cuando sintió que él tenía sus ojos fijos en ella, de repente sintió que la reunión con su madre fue arruinada y el nerviosismo le subía por la espalda.

— ¿Señorita, está despierta? El agua caliente en la bañera está lista.

La joven y alegre voz era diferente de la veterana ama de llaves que su familia contrató, lo que obligó a Lydia a salir de su sueño profundo.

La habitación estaba iluminada por la luz del sol de la mañana que entraba por la ventana, y en una mirada, Lydia vio que la habitación en la que se encontraba era diferente de la suya, que daba al oeste, a la habitación principal de Londres.

Se apresuró a incorporarse en la cama para ver a través de la enorme y alta ventana de cristal que había el océano azul y brillante y se preguntó si todavía estaba en un sueño.

No importó cuánto lo pensara, no era Londres.

—Oh sí, alguien me hizo oler un químico…

Entonces, ¿eso podría significar que fue secuestrada?

Si ese era el caso, estaba segura que era tratada con hospitalidad.

Una habitación grande y espaciosa de clase alta con una esponjosa cama y sábanas limpias y blancas. Llevaba un camisón de lino [1] suave.

¿Qué significa esto?

Recordó que un hada foca, una Selkie, apareció ante ella y le pidió ayuda. Porque le pidió ayuda a Lydia, su abrigo fue quemado. En otras palabras, fue asesinada frente a sus ojos.

Y entonces, Lydia fue capturada por quien mató a esa Selkie.

Pudo recordar hasta esa parte. Pero, ¿dónde estaba?

¿Por qué estaba en una habitación como esa?

Se levantó porque estaba confundida.

—Milady, le traje su cambio de ropa —Lydia se sorprendió ante la doncella que entró en la habitación con ropa en una mano.

Era la doncella que lloró pidiéndole que convenciera a la Sra. Collins. Estaba aún más confundida.

¿Esta chica estaba en el mismo grupo que su secuestrador?

— ¿Oye, crees que está bien hacer esto? No sé quién es la mente maestra, ¡pero secuestrar a alguien es un delito!

Cuando Lydia se paró delante de ella, la doncella cuya cara estaba cubierta de pecas, dejó caer la ropa y cayó al suelo.

—Qué cosa más horrible hiciste. ¿Estabas tratando de engañarme hablando sobre tu señora y lo que te sucedió? ¿Qué planeas hacer conmigo llevándome a un lugar como este?

— ¿Um, quizás es la Srta. Carlton? —preguntó mientras se sentía nerviosa de consternación.

— ¿Dónde estamos? Regreso a Londres.

— ¿No es la Señorita Teresa?

— ¿De qué estás hablando?

No tiene ningún sentido, murmuró Lydia mientras intentaba pasar de la doncella y salir por la puerta.

Pero la doncella reaccionó rápido para ponerse frente a ella, cerró la puerta y luego se inclinó en el suelo frente a Lydia.

—Lo siento mucho, por favor, perdóneme… Sabía que era una cosa terrible, pero no había nada que pudiera hacer para detenerlo… Sin embargo, le ruego que por favor permanezca aquí por un poco más de tiempo. Si intenta irse, la matarán.

¡¿Matar?! Eso definitivamente no sonaba agradable.

Y ante lo desesperada que estaba la doncella, Lydia sintió que no era su culpa y pudo calmarse un poco.

— ¿Entonces, podrías explicarme qué es todo esto? No te estoy culpando.

Se arrodilló y tomó la mano de la chica para calmarla.

— ¿Cuál es tu nombre?

—Suzy…

Según su explicación, justo después de que ella regresara a la sala de espera, descubrió que Lydia estaba inconsciente en el suelo.

Corrió a pedir ayuda y entonces la espiritista apareció y le dijo que saliera rápidamente del hotel. Puso a la Lydia inconsciente en un carruaje y Suzy dijo que la ayudó a subir al tren porque se sentía culpable.

Para revivir a la hija de la Sra. Collins, Teresa, quien, de estar viva, tendría diecisiete años, la espiritista dijo que necesitaba a una joven de la misma edad y que usara su cuerpo como contenedor.

Sabía que era un acto impío, pero la señora estaba obsesionada con su hija, que en realidad debería ser hospitalizada, solo podría obedecer las instrucciones de la espiritista. Le dijeron a Suzy que si Lydia no podía ser usada como contenedor, entonces solo les quedaba matarla, para que no pudiera rebelarse.

Después, Lydia fue llevada a la residencia de la Sra. Collins que estaba ubicada en un pueblo que estaba cerca de Hastings y que actualmente se encontraba en la condición de que el fantasma de la hija Teresa poseía su cuerpo.

Al menos la noche anterior estaba actuando como la joven señorita Teresa que acababa de revivir, pero Lydia no recordaba tal cosa.

Sin embargo, Teresa realmente no sabía cómo era en realidad, y por eso estaba de acuerdo con la historia, ya que le dijeron que una vez había muerto pero que había renacido.

—Es por eso que, por el momento, ¿podría fingir ser la joven señorita Teresa? Una vez la espiritista, la Señorita Seraphita, se marche de aquí, no habrá ningún peligro. Así que por favor, podría hasta entonces… Parece que esas personas no tienen nada en contra de matar personas… son personas aterradoras.

Se preguntó si Seraphita era quien mantenía cautivas las Selkies. Pero, ¿señorita? Lydia pensó que quien la llamó incompetente fue un hombre.

De todas formas, había alguien cerca de ellos que tenía el poder y la habilidad de un Doctor de Hadas. Pero, ¿por qué esa persona le haría eso a las Selkies?

De lo que Lydia estaba segura era de que tendría que quedarse ahí por un tiempo. Eso significa que la idea de Suzy no era mala. Si podía fingir ser Teresa, entonces podría caminar alrededor libremente. Así podrá investigar sobre la espiritista y las Selkies.

La residencia de la que esa Selkie hablaba debe haber sido esta.

Mientras pensaba aquello, Lydia fue capaz de conseguir el coraje y la determinación que necesitaba.

Un hada le pidió ayuda. Necesitaba hacer esto, incluso por sí misma, para que una novata como ella se convierta en una Doctora de Hadas profesional. Porque un verdadero Doctor de Hadas era uno solo cuando las hadas le pedían ayuda.

—Está bien, Suzy. Entonces, ¿pudo tener al menos a alguien de mi lado?

—Sí, por supuesto. Mi señora me dijo que cuidara de todo lo que necesitara su hija y creo que podré echarle una mano para que la espiritista no se esté dudosa.

—Gracias.

—Y una cosa más, Señorita Carlton, no confíe en los otros sirvientes de esta residencia. Algunos de ellos hablan en secreto con la espiritista. Mi señora ha dejado la administración de esta residencia en las manos de alguien más, así que no sé qué clase de personas tienen acceso aquí.

Lydia recordó a la mujer Selkie diciéndole que sus compañeras Selkie fueron forzadas a trabajar como sirvientas en una residencia diferente. Sin embargo, entre los sirvientes, podrían estar aquellos relacionados con la espiritista. Lydia asintió mientras se decidía a que necesitaba tomar precauciones dado que no podía descifrar en qué lado estaba cada sirviente.

Como se decía que el fantasma de Teresa no recordaba nada de ella misma, no habría ningún problema si Lydia no sabía nada de la familia Collins.

Justo ante los ojos de Lydia,  la Sra. Collins la estaba mirando con una amplia y alegre sonrisa.

—Teresa, este es tu pastel de natillas preferido. Ten tanto como quieras.

Había muchas ocasiones en  que la Sra. Collins, quien estaba mentalmente inestable, parecía dormida o parecía confundida, probablemente se debía a su medicina. En ese día, Lydia sólo podía reunirse con la Sra. Collins para tomar el té por la tarde.

—Sí, gracias, Madre.

Y entonces, los ojos de la Sra. Collins se llenaron de lágrimas.

—No puedo creer que esté disfrutando de un té contigo de mayor… He soñado con esto durante mucho tiempo.

Tomó las manos de Lydia entre las suyas y las sostuvo como si tratara de asegurarse de que era real.

—No creí que estuvieras muerta. Siempre pensé que realmente estabas creciendo bajo el cuidado de alguien más y el destino haría posible que nos encontráramos otra vez como madre e hija.

El corazón de Lydia dolió al sentir que estaba haciendo algo engañoso.

—Me pregunto si el color de tu cabello viene de tu abuela. Tu color estaba más cerca de un castaño claro cuando eras una niña y, sin embargo, ahora cambió a un castaño rojizo. Incluso el color de tus ojos; ¿eran de un verde dorado como este?

Parecía que ya se había olvidado de la espiritista. Y aún así, por alguna extraña razón, Lydia no tuvo una sensación desagradable, porque pudo sentir los puros sentimientos amorosos de ella como una madre que vivió todo este tiempo pensando en su hija.

Para Lydia, que perdió a su madre a temprana edad, las reacciones de la mujer hicieron que pensara que así era como era una madre.

Para aquellos que conocieron a la madre de Lydia, todos se abrían y decían que Lydia no se parecía en nada a ella, que tenía la sangre pura de la gente del norte y el cabello rubio platino, junto con una piel blanca; que era una mujer magníficamente hermosa.

La Sra. Collins, que era gorda y daba una impresión amistosa, no era nada parecida a su madre que apenas podía recordar. Pero Lydia sintió que compartían el mismo aire.

Un comportamiento tranquilo y gentil. Eso te hacía sentir relajado al estar a su lado.

—Teresa, te has convertido en una hija hermosa.

Una vez que la abrazó fuertemente, su corazón se perdió al pensar que podría permitirse adular la amabilidad de la dama. Ya no era una niña, pero esto podría significar que había una parte de ella que anhelaba a su madre.

Si su madre estuviera frente a Lydia, que era mayor de edad, ¿abrazaría a Lydia y le diría que se ha convertido en una mujer hermosa?

Al igual que la Sra. Collins, que perdió a su hija y había ansiado fervientemente conocer a su hija que se había convertido en una adulta, la madre de Lydia podía haber sentido esa clase de tristeza de no tener más remedio que dejar atrás a la joven Lydia.

—No dejaré que soportes más soledad. Me aseguraré de que seas la hija más feliz del mundo.

—Madre…

Lydia pensó en su madre mientras su cabeza era acariciada como una niña pequeña.

—Oh, no debería estar llorando. Oh, lo sé, Teresa, hay un colgante de camafeo [2] que quiero que tengas. Estaba planeando dártelo cuando tuvieras la edad de casarte. Solo espera un momento.

Cuando tuviera la edad para casarse. Objetos como ese que son sucedidos de madres y de abuelas, eran vínculos entre una madre y una hija que no desaparecen incluso si la hija se casa.

Lydia pensó en el colgante de aguamarina pero cuando se dio cuenta, le dolió al notar que se había ido.

Debe haberse caído o podría haber sido robado.

Sintió como si hubiera perdido a su madre una vez más, y le dolió.

♦ ♦ ♦

— ¿Eres Teresa?

Luchó contra las lágrimas que se acumulaban en sus ojos y levantó la cabeza para ver que había un hombre de quince o dieciséis años de pie en la puerta.

— ¿Y tú eres?

—Oscar, tu primo. Mi colegio empieza en otoño así que vine de visita a la casa de mi tía en lugar de mi tío, que no podía irse de Manchester por motivos de trabajo.

Su pálido cabello rubio que llegaba hasta su cuello, se agitó adyacente a sus movimientos. Cuando se sentó cerca de la mesa, hizo una sonrisa como un pequeño bromista.

—Pero nunca imaginé que realmente podría reunirme con Teresa. Sin embargo, todavía no puedo creer que un fantasma pueda revivir.

Su estatura era la misma a la de un adulto, pero sus rasgos faciales parecían los de un joven. Parecía amistoso y rápido para abrirse a los demás, pero una vez que decía algo, era un chico que hablaba como si estuviera alejando a las personas.

— ¿Crees que no soy Teresa?

— ¿Cómo crees eso?

—No recuerdo nada….

—Existe la posibilidad de que estés actuando para obtener la fortuna de la familia. Dijiste que no recuerdas nada, pero para eso, realmente recuerdas los modales para el té.

Su corazón dio un vuelco. Entró en pánico, como si hubiera actuado como ella misma demasiado.

Este hombre que afirmaba que no creía en fantasmas, tampoco debe de creer en la espiritista, pero se quedó enganchada en la parte de cómo actuaba, como si la estuviera probando. No estaba segura si se uniría a su lado si fuera abierta respecto a su secuestro.

Más bien si descubriera que no es Teresa, entonces la consideraría una estafadora común.

Durante el momento, su cautela la venció y la hizo guardar silencio, Oscar dijo que estaba bien y luego se puso de pie.

— ¿Oye, tienes un amante?

— ¿Eh?

—Está bien volverse la hija de esta familia, pero si lo hicieras, terminarás casándote con un hombre diferente.

Le sonrió y se marchó. Lydia recordó el artículo sobre cómo una mujer casada y rica llamó al espíritu de su hija fallecida y estaba buscando una pareja matrimonial.

¿Podría ser la Sra. Collins? Se preguntó. Si eso era así…

Edgar…

Si ese artículo fuera cierto, ¿entonces podría haber la posibilidad de que él viniera aquí como uno de los candidatos?

Entonces pensó que podía ayudarla, pero si Edgar estaba interesado en el fantasma de la hija, entonces le preocupaba de que en realidad acabara yendo al lado de la espiritista.

Se preguntaba hasta qué punto no creía en Edgar. Incluso si ella no podía creer en los avances coquetos que él hacía con ella, creía que él no era el tipo de persona que la abandonaría cuando estuviera en una situación peligrosa.

Pero eso se debía a que podía utilizar la habilidad de Lydia como una Doctora de Hadas. Se preguntaba si la chica llamada Lydia valía la pena ser rescatada. Sin embargo, su esperanza en Edgar fue destruida en cuestión de tiempo. Porque el hombre que se llamaba a sí mismo Conde Ashenbert y que llegó a la residencia de noche no era Edgar.

Lydia observaba desde la ventana de la habitación de Teresa el porche de la entrada y se encogió de hombros en decepción cuando vio un joven desconocido salir de su carruaje.

Debería haber sabido que lo que estaba escrito en los tabloides era todo mentiras.

Debe haber usado el famoso nombre de Conde Ashenbert porque le permitía tener acceso a las personas ricas de clase media con las que no estaba familiarizado.

Lydia pensó que fue estúpido de su parte haber pensado seriamente que era seguro para ella pedir ayuda cuando Edgar llegara, y se recostó en la cama.

Las nubes se extendieron para cubrir el cielo y ocultaron la tenue luz del sol que se inclinaba hacia el oeste. Una vez el cielo gris comenzó a empaparse al igual que el océano y esta residencia, Lydia se vio repentinamente afectada por un fuerte mareo.

♦ ♦ ♦

Hastings, que era una ciudad situada en la costa sur de Inglaterra, era conocido como un popular centro turístico oceánico.

Darse un chapuzón en el mar, que fue popularizado por el hecho de que era bueno para la salud, ya se había establecido como uno de los entretenimientos de la gente de Inglaterra, y durante el verano, todas las ciudades en las costas del sur que tenía hermosas playas de arena blanca rebosaban de turistas.

La Sra. Collins tenía su residencia en un lugar tranquilo, situado a varias millas de la ciudad más cercana que tenía ese tipo de playas.

Esta finca se construyó en un lugar al que solo se podía acceder al cruzar una larga y estrecha carretera que sobresalía del océano y se ubicaba en un pedazo de tierra similar a una isla que estaba al final de la carretera. Este lugar similar a una isla sólo estaba conectado a la península con una carretera, pero aparentemente este camino desaparecería bajo las olas que se alzaban durante la marea alta, por lo que prácticamente podría llamarse una isla separada.

Si uno de los subordinados de Príncipe estaba planeando algo al organizarlo en una residencia aislada y cerrada como ésta entonces quién sabe qué tipo de peligro les esperaba a aquellos que entraban en sus territorios. Sin embargo, Edgar fue acompañado por Raven y se dirigía a ese lugar. Porque, supuestamente, Lydia  estaba allí.

El esposo y la esposa de la familia Collins construyeron esa propiedad alrededor de la época en que nació su hija. Sin embargo, ambos no la habían visitado desde que ésta falleció.

Porque su hija, que sólo tenía cinco años, había muerto en el océano cerca de la residencia.

Lo único que se encontró en las orillas arrastrado por las olas fue el zapatito de su hija. Como su cuerpo aún podía estar en algún lugar en la oscuridad, en las profundidades del océano, el esposo y la esposa de la familia Collins todavía no podían decidirse sobre la venta de la propiedad.

Esa era la información que la “Luna Escarlata” había investigado sobre el esposo y la esposa de la familia Collins.

Edgar estaba organizando la información que tenía en la cabeza mientras estaba sentado en el carruaje. Éste lo sacudía por el camino por un poco más de una hora desde la estación de Hastings.

Nico le dijo que Lydia había desaparecido, y después de usar a todos los sirvientes de la casa Conde buscándola, encontraron a un conductor que había recogido a Lydia y a una mujer que estaba agachada en un callejón.

Descubrió que la mujer a la que Lydia ayudó era la Sra. Collins, y se dirigieron al hotel en el que se hospedaba.

Ya se habían retirado del hotel y, por lo tanto, determinó que la señora Collins se había ido a Hastings junto con la espiritista, lo que hizo que Edgar se sintiera abrumado por haber sido derrotado por su enemigo.

No había duda de que Lydia fue tomada por ellos. Pero, no podía permitirse seguir perdiendo. Haciendo su resolución, saltó al tren que salió a primera hora de la mañana.

Cuando miró hacia afuera desde su carruaje, vio que el mar azul era tan brillante que reflejaba la luz del sol, lo que no parecía Inglaterra en absoluto. Más allá de ese mar, estaba Francia. En el pasado, hubo muchos personas, cosas y guerras que cruzaron el Canal de la Mancha [3] y llegaron a Inglaterra.

La verdad del asunto era que Hastings era famoso por ser un antiguo campo de batalla.

Frente a él, más allá de la carretera que continuaba desde la orilla del mar, pudo ver una isla aislada que se elevaba abruptamente desde una llanura. El largo camino que lo conectaba con el continente, el cual desaparecía con la marea alta, sacó su estrecha cabeza de las pacíficas aguas del océano.

Era una forma extraña y peculiar de una isla y había un edificio de color ladrillo que se alzaba en el lado este de la isla y, para cuando apareció toda la forma del paisaje solitario, el cielo que una vez estuvo despejado y sin nubes cambió para llenarse de nubes y parecía que había un poco de lluvia en camino.

—Muchas gracias por venir de tan lejos, Vizconde Middleworth.

La Sra. Collins, que saludo a Edgar cuando llegó, se veía completamente diferente de cómo parecía en el ritual y ahora le sonreía con una felicidad radiante.

—He venido con tanta prisa. Espero no molestarla.

—Oh, nunca. Y además, milord Vizconde, hubo otro invitado que llegó justo antes que usted.

—Oh, mi, ¿quién fue aquel más rápido que yo?

—Fue el Lord Conde Ashenbert.

—Ah, se rumorea que es un mujeriego.

Raven, que estaba detrás de él, bajó la cabeza como si tratara de no reírse.

Solo es un tonto rumor, defendió suavemente la Sra. Collins. Edgar sintió que parecía que el falso Conde había ganado su favor.

Bueno, por supuesto. Si una madre quería conseguirle a su hija la dignidad de un noble, un noble famoso y bien conocido entre la nobleza era mucho mejor que alguien pobre y que sólo tenía de valor su nombre.

—Todavía hay tiempo hasta la cena. ¿Debería acompañarlo hacia su habitación? O le gustaría…

Su voz se apagó porque esperaba que Edgar mostrara su consideración por la anterior llegada.

—Si pudiera, me gustaría darle mis saludos al Conde.

Una vez dijo aquello, la Sra. Collins relajó su expresión.

—Entiendo. Estará en el salón, por favor, sígame.

Parece que no quería disgustarlo. Por supuesto, Edgar no planeaba mostrarle ninguna consideración al impostor. Estaba planeando investigar al hombre, que reclamaba su nombre, si estaba trabajando para Príncipe.

Necesitaba determinar cuál era su intención y la situación de Lydia.

Lydia, se preguntaba si estaba en algún lugar de esta residencia. Intentó pensar en una forma de tratar de encontrarla y sacarla de ahí a salvo.

Mientras pensaba, llegó al salón. Fuera de las ventanas, el cielo estaba casi oscuro y las lluvias de la tarde comenzaban a caer, pero en esa habitación que era más brillante que la del ritual, Edgar finalmente pudo enfrentar al hombre que era su impostor.

—Es un placer conocerlo. Oh, no, nos conocimos en el ritual el otro día, pero no tuve la oportunidad de saludarle en ese momento.

Edgar hizo una sonrisa agradable y extendió su mano, a lo que el hombre le dio un apretón de manos de una manera generosa que le permitió a Edgar ver que podía actuar como un noble adecuado.

—Sí, como esa clase de situaciones, sería más educado no intercambiar palabras.

—Por cierto, milord, parece que somos rivales que persiguen a la misma dama, pero me gustaría preguntarle si realmente tiene la intención de casarse con Lady Teresa.

—Tendría que decirlo después de conocerla. Sin embargo, Vizconde, los otros dos candidatos parecerían más mayores a los ojos de Lady Teresa. Así que en un sentido práctico, parece que es una una competición uno a uno entre usted y yo.

Edgar respondió con una sonrisa inocente.

—Por favor, sea bueno conmigo. Más importante, Lord Ashenbert, ¿está bien que se deshaga de todas sus innumerables conocidas y se case?

El hombre hizo una sonrisa que incluía un indicio de lamento. Se estaba haciendo parecer teatral.

—Las mujeres son todas iguales. Siempre pienso que no importa cuánto las cortejes. Por eso quiero conocer a un fantasma. Pensé que sería muy refrescante.

Eso es extraño. Se rumoreaba que Edgar era un hombre frívolo que amaba a las mujeres, pero nunca antes había tenido ese tipo de pensamiento u opinión.

— ¿Lo mismo? Eso es inesperado. Imaginaba, que dado que todas y cada una de ellas son tan diferentes, era la razón por la que se había enamorado de todas ellas. ¿Cómo podría emocionarse para coquetear con ellas cuando ni siquiera es agradable para usted?

¿Podría este hombre que no pudo encontrar una respuesta inteligente realmente estar trabajando bajo el mando de Príncipe? Edgar pensó que este hombre no estaba lo suficientemente calificado para el trabajo si intentaba provocarlo sabiendo que el verdadero estaba justo delante de sus ojos.

¿Podría ser simplemente un estafador que estaba tras el dinero de la familia? O, ¿esto era parte de su plan?

—Milord, lo lamento.

Justo en ese momento, Raven entró a la habitación silenciosamente y llamó a Edgar. Eso fue bastante rápido, me pregunto si él podría cuidarlo. Edgar se excusó con el falso Conde y dejó la habitación con Raven.

Para Raven, cuyas emociones no aparecían claras en su rostro, parecía tener una expresión rígida que lo puso nervioso por si eran malas noticias.

—Encontré a la Srta. Carlton.

— ¿Está bien?

Raven pensó en cómo responderle y dijo:

—No lo sé.

— ¿Qué quieres decir?

—No puedo decidirlo. Por eso pensé que Lord Edgar sería el mejor para determinar eso.

♦ ♦ ♦

La gran sala que conectaba con el patio se convirtió en una galería. Había una gran cantidad de obras de arte compradas que estaban alineadas en el espacio exótico, y el aire incluso hizo que el sonido de las gotas de la lluvia que comenzaban a caer fuera de las puertas de vidrio pareciera una borrasca en uno de los países del sur.

Cuando vio la piel morena de Raven de pie cerca de una de las plantas decorativas que tenía sus grandes hojas extendidas, le hizo sentir que se había perdido en uno de los países tropicales del sur.

Lo que Raven observaba era la escultura de una diosa desnuda que era iluminada por la luz de las lámparas, y vio que había alguien detrás.

Parecía que la persona intentaba esconderse, pero la falda del vestido de la persona asomaba por los lados y se mostraba. Raven le susurró al oído.

—Aparentemente, si puede atraparla, gana.

— ¿El escondite?

Cuando Edgar se acercó a la persona, la figura del vestido se dio la vuelta para correr como si escapara de Edgar.

—No puede atraparme tan fácilmente, Sr. Cuervo.

Rió juguetona, como si estuviera a punto de salir corriendo, pero Raven se paró delante de ella.

Ella se había golpeado contra él, y levantó la vista sorprendida.

— Oh, mi, ¿el Sr. Cuervo está por aquí?

Y entonces miró a Edgar.

—Eso no es justo; uno de sus amigos le ayuda y me engañó.

—Joven dama, él no es un cuervo, sino un cuervo. [4]

—Oh, sí, tiene razón. Y, entonces, ¿quién es usted?

La luz de la lámpara iluminó el rostro que se giró para mirarlo. Tenía un cabello ondulado de color caramelo, con misteriosos ojos verdes dorados y una sonrisa vivaz.

Era Lydia. Su cuerpo y cara, era Lydia, sin duda. No parecía herida y parecía completamente sana pero sin duda había un problema.

—Soy el Vizconde Middleworth.

Por ahora, Edgar se presentaría con ese nombre.

—Es uno de los invitados especiales del que hablaba madre.

— ¿Lo que significa que es la joven hija de la Sra. Collins…?

—Sí, mi nombre es Teresa. Es un placer conocerle.

La chica, que tenía la apariencia de Lydia, levantó los lados de su falda con los dedos e hizo una reverencia incómoda con una sonrisa satisfecha, como si pensara que lo había hecho perfectamente.

Teresa. Era la difunta hija que revivió por un hechizo de resurrección.

La inspeccionó con detenimiento hasta el punto que podía considerarse grosero, pero no parecía que le molestara la mirada exigente de un hombre. Se acercó a Edgar como si sintiera curiosidad por él.

—Milord Vizconde, he vuelto a la vida.

Incluso era consciente de esa parte de sí misma.

—Así parece. La última vez, la conocí el otro día, cuando todavía era un fantasma.

— ¿Oh, mi, así que nos hemos conocido antes? Lo siento, no recuerdo nada de cuando era un fantasma o antes de morir.

Raven le preguntó en secreto si estaba poseída por un fantasma.

Parece que eso era el único estado creíble de esta situación. Edgar asintió.

— ¿Señorita Teresa, cómo se siente volver a la vida?

—Es maravilloso. No puedo creer que fuera la hija de una familia rica como esta. Tengo tantos vestidos y joyas. ¡Además, me convertiré en la esposa de un noble!

—Así que ama los vestidos, las joyas y los nobles.

—Sí, mucho.

Era una joven fácil de leer. Quizás porque era un fantasma, o porque su personalidad era originalmente así.

Dejando eso de lado, se preguntaba si había cualquier forma de que pudiera hablar con Lydia. Mientras trataba de pensar en una manera, hubo una voz que llamaba a Teresa.

—Parece que me están buscando. Me tengo que ir.

Edgar bloqueó su camino para intentar retenerla allí.

—Me gustaría hablar contigo un poco más.

—Pero, a decir verdad, mi madre me dijo que no debía reunirme con ninguno de los invitados todavía. Me gritará.

—Sigamos con el escondite.

Se tomó la libertad y tiró de su brazo para que ambos pudieran ponerse de cuclillas detrás del relieve juntos.

Teresa debió haber pensado que esto era emocionante porque soltó una risa disimulada.

—Silencio, ya vienen.

Quien entró fue una joven doncella cuya cara estaba cubierta de pecas. Estaba llamando frenéticamente a Teresa pero Teresa misma se estaba escondiendo mientras luchaba contra su risa.

Raven se acercó a la doncella y cuando se le ocurrió la idea de que no había nadie ahí, ambos se escabulleron de la galería.

—Eres bastante atrevido.

—Si soy capaz de ser asertivo, entonces me gustaría matarte.

—Oh, mi, pero no puede hacer eso todavía. Porque debería haber otros invitados además de usted. Mi madre eligió a cuatro hombres como candidatos como mi pareja de matrimonio, y solo habrá uno elegido entre ellos.

Eso era cierto, Edgar y el falso Conde fueron invitados con ese propósito. Lo que significa que habrá cuatro hombres que intentarán cortejar a Lydia.

Ese es el problema.

Lydia era su prometida. Incluso si ella no tenía ninguna intención de serlo, para Edgar que tenía una buena y agradable sensación de seguir diciendo que era su prometido, no se atrevería a soportar tener otros hombres acercándose a ella.

El único que debería reflejarse en esos ojos verdes dorados debería ser sólo él. En caso de que los otros tres del grupo interfirieran, entonces rápidamente tomaría la firme decisión de que iban a pasar por un infierno.

Incluso debería estar en contra de la voluntad de Lydia tener que ser obligada a acercarse a hombres que ella no conocía mientras estaba poseída por Teresa.

Su alma debería estar pidiendo ayuda.

Edgar acercó a la joven a él.

Parecía avergonzada, pero todavía le observaba con ojos suplicantes. No le gustaban esa clase de chicas. Si tuvieran una relación, seguramente se volverían amantes apasionadas y agresivas.

Sin embargo, a Edgar le dolía el corazón ante la identidad de la personalidad obviamente diferente a Lydia. No había una Lydia que estuviera enfadada o preocupada o incluso terminara llorando cuando él se acercaba a ella.

No había una Lydia que supiera que Edgar era un hombre bueno para nada y que tuviera su guardia puesta alrededor de él y que, aún así, se preocupara seriamente por él.

Quería verla a ella, quien era blanda de pies a cabeza, y que se preocupó más en lugar de pensar más de él cuando escuchó que se había batido en duelo por el bien de una viuda.

— ¿Lo puedes decir? Estoy aquí para rescatarte.

Cuando le susurró aquello, ella inclinó la cabeza en confusión.

—Mi hada, te prometo que te protegeré, así que no te preocupes más.

Por un instante, creyó ver que sus ojos verde dorado se abrían como si hubieran entendido su significado. Puede haber sido el rayo de luz que destelló contra la ventana de cristal de la galería y brilló en sus ojos.

Aún así, Edgar sintió que había encontrado a su Lydia y besó la mano que sostenía fuertemente.

Los cuatro hombres que fueron elegidos en el ritual espiritista el otro día se iban a reunir mañana por la noche. La Sra. Collins dijo que les presentarían a su hija Teresa en el lugar de la cena. Pero no había ninguna razón para que esperara pacientemente hasta entonces.

Si a la madre le había gustado un poco el Conde falso, entonces tenía que ser cuidadoso.

—Por el momento, quienes se encuentran actualmente en esta propiedad son la Sra. Collins y su sobrino, la Srta. Carlton que es la señorita Teresa, el Conde impostor, la espiritista y la anciana que es su asistente. La joven doncella que es la asistente de la Sra. Collins parece ser una sirviente cercana que trajo con ella desde Manchester, pero los otros sirvientes parecen haber sido contratados durante el período en que la Señora esté viviendo aquí, así que no está claro bajo el control de quién están.

Al terminar su cena, Edgar regresó a su habitación privada y escuchó el informe de Raven.

—Quienes llegarán mañana son Lord Sir Stanley y Lord Sir Clark, ambos hombres tienen un título noble de Baronet [5].

—Si la mente maestra, Ulysses, está aquí, entonces seguramente será un hombre. El hombre que se llama a sí mismo como Conde Ashenbert es también sospechoso, pero podría existir la posibilidad de que sea uno de los hombres que llegarán mañana y se esté escondiendo entres los sirvientes.

Su lado hacía mucho tiempo había logrado atraer a Edgar a la boca de su trampa.

Incluso si estaba anticipando que Edgar entró sabiendo que se trataba de la trampa del enemigo y no pretendía permanecer tranquilo, entonces estaba seguro que haría su próximo movimiento.

—Me pregunto qué clase de movimiento hará Ulysses a continuación, milord.

—Príncipe controla los movimientos de su organización como el director de una orquesta. Para alcanzar el final perfecto, todos los instrumentos deben colocarse y organizarse para que cada nota no pierda ni un ritmo ni una melodía. Así que Ulysses se moverá de acuerdo a cómo se le ordene hacerlo. El problema es cómo mi parte es calculada y decidida en esa perfecta puntuación.

—No podría adivinarlo.

—Lo más probable es que tuvieran un enfoque para lidiar con cada uno de los patrones de los movimientos que yo podría imaginar.

—Entonces, está diciendo que haber ido a ese ritual espiritual fue lo que ellos esperaban.

—En ese momento, tenía la intención de hacer un movimiento antes que ellos para agitarlos, pero ahora que lo pienso, no hubo ningún tipo de resultado como ese.

— ¿Cree que en su cálculo también estaba poner en escena a la señorita Carlton como Teresa?

—Ese es el tema. Si esa fue lo único que fue una coincidencia…

Según lo mucho que había comprendido sobre los movimientos de su enemigo, no había señales de que estuvieran vigilando a Lydia especialmente. Podía imaginar que fue una coincidencia que ella ayudara a la Sra. Collins.

Incluso si necesitaban a un mujer joven para recuperar al espíritu de su hija Teresa, no había ninguna razón para que fuera Lydia, porque el cebo que se necesitaba para atraer a Edgar hasta esa propiedad era el Conde impostor y la espiritista que se parecía a Ermine.

En cualquier caso, si Lydia llegara a caer en todo esto, se verían obligados a hacer cambios en sus planes si el enemigo no lo había imaginado por completo. Para Edgar, esa era una esperanza de que aún no había perdido contra ellos.

—Es Lydia. Ella es lo único que  fue imprevisto para el enemigo. Es por eso que pude obtener la espada del Conde Caballero Azul gracias a su ayuda. Y gané el título de Conde.

Sí, ella logró cambiar el rumbo de los acontecimientos a una dirección completamente diferente que incluso Edgar no pudo predecir.

Lo que no esperaba era que solo con su corazón extremadamente compasivo y el orgullo y responsabilidad como Doctora de Hadas, ella actuaría de formas que nunca podrían imaginar.

—Es mi hada de la buena suerte. Si puedo recuperarla ¿entonces no crees que todo sería favorable para nosotros? Sí, lo primero que deberíamos hacer es pensar en ello.

—Al menos, es un plan que los enemigos podrían esperar.

— ¿Raven, estás siendo sarcástico?

—Por favor, perdóneme, ¿qué parte de lo que dije sonó sarcástico?

Le preguntó en un tono seriamente arrepentido, lo cual hizo que a Edgar le resultara gracioso y se echó a reír. Después de llenarse a risas, pudo sentirse mucho más relajado. Podría ser una tontería para él desviar su atención del ataque de sus enemigos después de que subiera al nido de sus enemigos.

Pero este caso comenzó con el arte de la resurrección. A quien Príncipe envió parecía ser alguien que podía usar poderes mágicos. Entonces, existía la posibilidad de que la clave para esto fuera alguien como Lydia; con un ingenio y una fuerza prácticos.

—Ahora que lo pienso, ¿dónde está Nico? Dijo que dejara la ventana abierta pero no podemos con toda esta lluvia.

—Ya está bien. Si tuviera que esperar para siempre, ya estaría empapado.

Cuando se volvió hacia la voz, vio que había un gato gris sentado encima del sofá que estaba cubierto con muchos cojines.

—Así que pudiste entrar.

—Toda casa grande tiene uno o dos sirvientes a los que les gustan los gatos. Una vez que maullo de forma linda y me froto contra ellos, entonces no dudarán en dejarme entrar. Pero tiré en secreto el bol de leche que me sirvieron.

Después de decir eso, bebió un sorbo de whisky en un vaso que consiguió de algún lugar.

—Fui a ver cómo estaba Lydia, pero no me reconoció en absoluto. Me persiguió e intentó acariciarme. He dicho que un caballero como yo no quiere ser tratado como un gato, y sin embargo…

No importa cómo lo mires, parecía un gato, así que realmente no había nada que pudiera hacer al respecto.

—Déjamela a mí.

— ¿Qué vas a hacer?

—Por ahora, voy a presentarle mis respetos.


Notas:

[1] El lino textil es una tela hecha de la planta lino, una planta herbácea de tallo recto y hueco, ramoso en su extremidad, hojas lanceoladas, flores azules y formada por cinco pétalos.

[2] El camafeo es una figura tallada en relieve en una piedra preciosa.

[3] El Canal de la Mancha es el brazo de mar del océano Atlántico que lo comunica con el mar del Norte, al oeste de Europa, y separa el noroeste de Francia de la isla de Gran Bretaña.

[4] En esta frase se utilizan las palabras “crow” y “raven” que en español ambas significan cuervo. Pero, en este caso “raven” son los cuervos grajos, que son tan grandes como los halcones de colas rojas, y “crow” son los cuervos cornejas que tiene casi el mismo tamaño de las palomas. De modo que Edgar hace referencia que Raven es igual de fuerte y grande como un cuervo grajo.

[5] Baronet es un miembro de una orden de honor hereditaria británica, clasificada por debajo de los barones y por encima de los caballeros.

Capítulo 3 de este volumen 4 ya disponible en la edición 29 de Kovel Times.

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