La hija de la Casa Albert – Capítulo 41

Traducido por Maru

Editado por Ayanami


Maru
Con esto comenzamos el segundo volumen 🙂

Una vez cada pocos años, Mary se hacía una fuerte permanente.

Por supuesto, esto era para desenrollar su cabello de taladro vertical, pero era demasiado difícil deshacerse de él…en el salón, ese taladro de aleación era conocido como el asesino de esteticistas.

Sin embargo, ella siguió asumiendo el desafío, porque era, después de todo, una adolescente que anhelaba tener un peinado suave. Por encima de todo, ahora que estaba en su segundo año de la universidad, quería una figura elegante con el pelo plateado ondulado, al igual que su madre.

Después de todo, al combinar sus rizos verticales con su vestido parecía demasiado infantil. Hasta la escuela secundaria, dicho estilo era adecuado para una hija noble, pero en la universidad se veía inadecuado.

Es por eso que, a pesar de entender que era inútil, siguió intentando hacerse una fuerte permanente. Se podría decir que era terca para rendirse o admirable…

—Señorita Mary, esta vez, lo lograremos. ¡No se preocupe!

Y así la alentaron, mientras la esteticista le secaba su pelo plateado como si lo estuviera acariciando. Mary, al escucharlo, respondió:

—Sí, lo espero con ansias.

¿Cuántas veces se ha producido esta conversación…? Recordó a su pesar…

Aunque seguían perdiendo, Mary no podía ignorar a las esteticistas que dedicaban toda su atención en esas batallas.

Por encima de todo, esto era por el bien de su camarada caído ante el asesino de esteticistas…ah, sus lágrimas brotaron mientras recordaba…

—Siento la espera, Señorita Mary. Está terminado…

Todos contuvieron la respiración. Hablando del grado de silencio, el mismo era algo que representaba la tensión del esteticista.

Pero no se podía evitar. Por lo general, sus taladros siempre regresaban al momento en que dijeran que estaba listo. Esos taladros volvían a enrollarse vigorosamente, como si se estuvieran riendo de su intento inútil.

Esta vez es igual, en algún lugar dentro de su corazón, Mary ya había aceptado su derrota y esperó a que la esteticista terminara la oración.

—…

La esteticista y Mary, no, todo el salón se quedó en silencio debido a que sus cabellos plateados no hicieron un solo movimiento.

—Mi Señorita, ¡olvidémonos de lo imposible y comamos algo!

Y así, Addie rompió el silencio.

Como de costumbre, este asistente grosero, que no actuaba como debía, apareció en el salón, inclinando la cabeza ante el extraño silencio que se percibía dentro del salón. Se preguntó qué es lo que acaba de pasar. Como no era la primera vez que fallaban contra los taladros de hierro de Mary, era extraño que fuese tan silencioso…

Sintiendo la tensión inusual, miró alrededor en busca de Mary…solo, para detener su mirada en la figura de una persona con un cabello suave y ondulado.

Una expresión atónita se formó en su rostro, sus ojos se abrieron como si vieran algo increíble, no solo eso, su mandíbula también cayó.

Ante su reacción, ella se rió levemente y, lentamente, se puso de pie con orgullo. Con una sonrisa eufórica, se le acercó, mientras su cabello plateado se balanceaba.

— ¿Mi Señorita?

— ¿Qué piensas, Addie?

—B-Bueno…

—Oh, no te sorprendas tanto, ¿quieres? Bueno, no puedo decir que tampoco esté sorprendida.

— ¿E-Está bien?

— ¡Qué quieres decir!

—Para ser sincero, ¿no es doloroso?

— ¡No hay nervios de dolor en los rizos!

Cuando Addie expresó de manera grosera su sorpresa, Mary le respondió bruscamente. Después de sus bromas habituales, el salón volvió a la normalidad, mientras que la esteticista miraba con satisfacción los cabellos plateados de Mary.

—Señorita Mary, le quedan muy bien.

—Sí, gracias. Tu habilidad también ha mejorado…fue una batalla, verdaderamente, larga.

Mirando hacia atrás, a sus batallas perdidas de antaño, Mary palmeó el hombro de la esteticista. Todos los asistentes las miraron con lágrimas en los ojos, porque sabían cuánto había durado esa batalla.

Aunque los esteticistas rotaban su turno y a veces les tomaba más de medio día, sin importar lo que hicieran, esos rizos eran indestructibles. Por eso, la emoción de este momento no podía expresarse con facilidad, algunos incluso se limpiaron las esquinas de los ojos con un pañuelo.

Por supuesto, eso incluía a Mary. Siendo la que más emocionada estaba, ella tiró de la mano de Addie.

— ¡Mostrémoslo a todos!

—Pensar que hay algo lo suficientemente fuerte como para destruir sus taladros de hierro…

—En este momento, en este salón, creo que eres el más rudo. De todos modos, volvamos a la mansión. ¡Quiero mostrarles mi nuevo peinado a todos!

— ¡Eso…! ¿Está bien salir a la calle sin llevar sus taladros?

—Sí, es suficiente para salir y despedir a alguien que es demasiado grosero.

—B-Bueno, ¡vamos! ¡Estoy seguro de que todos se sorprenderán!

¡Mira! Esta vez fue Addie el que tiró del brazo de Mary. Por otro lado, Mary suspiró y caminó a paso ligero, mientras su cabello se balanceaba, mordiéndose los labios. Cuando regresaron a la mansión y mostraron el peinado…

— ¿Quién hizo esto?

—Señorita Mary, ¿por qué no se recuesta un rato?

— ¿Los dejaste en algún lugar? Voy a buscarlos.

Esas fueron el tipo de reacciones inesperadas.

Incluso Mary se sentiría herida por esos comentarios pero, sus defensas no bajaron por perder sus rizos. Después de hacer un recorrido completo por la mansión, dejó caer sus hombros y una atmósfera sombría, la rodeaba.

El vigor que tenía cuando salió del salón ya no estaba a la vista, sólo sus ojos llorosos. En su interior, Addie también se lamentó, murmurando.

—Oh, querida…

—Pensar que a todos solo les importan los rizos… ¡T-Todos estaban tan emocionados! Que no estaban siendo serios. ¡Si, claarooo! ¡Incluso el guardia dijo que “aún no los había liberado! Si eso es ser serio, ¡le daré una bofetada en este momento!

Addie trató de calmar su ira con un “vaya, vaya.” Como si con eso calmara a un pequeño animal, como era de esperar, Mary, que estaba llena de insatisfacción miró furiosa a Addie…pero solo tomó su mano.

No solo eso, todo su enfado se había ido a algún lugar y solo sonreía. Su cabello plateado y suelto se balanceó, agregándole un encanto maduro a Mary, que originalmente ya era hermosa.

Ante su inusual actitud, Addie sacudió sus hombros.

— ¿Señorita?

—Acepto tus sentimientos.

—Eh, eso es…

— ¡El sentimiento de recibir el aviso de despido antes que el guardia! ¡Solo espera, te daré una bofetada!

—Sin sus taladros, ¡incluso perdió la compostura!

— ¡¿Sigues diciendo eso aún en este momento?! ¡Definitivamente, te despediré! —gritó Mary, aunque era un problema que, hasta ahora, no haya estado hablando en serio.

Addie trató de desviar el tema riendo y alzando su mano para tocar su cabello plateado…sólo para detenerse.

Las bromas anteriores, llenas de humor, se fueron y él bajó las cejas para mirar su rostro con  una expresión cariñosa.

—Mmm… ¿le importa si toco su pelo?

—B-Bueno, no me importa. —le respondió a Addie, quien pidió permiso con un tono que parecía decir “después de tanto tiempo”.

Recibiendo su permiso, tocó su cabello plateado, acariciando suavemente su ondulado pelo. Mary se rió de su cuidadoso toque, era como si estuviese manejando un tesoro de cristal.

—Le sienta muy bien…muy linda.

—Ah, ya veo…gracias.

Como si estuviera feliz de él mismo, Addie la felicitó y ella le devolvió una sonrisa con timidez. Era vergonzoso que la felicitaran de nuevo, y más aún el ser tocada de esa manera.

Ser acariciada con el dorso de sus dedos y, en ocasiones, entrelazando su cabello entre ellos, era una sensación extrañamente agradable. Ella entrecerró los ojos, mientras sentía esta desconcertante vergüenza que era difícil de describir, desde lo más profundo de su corazón.

¿Qué era esta sensación dulce y entumecedora que nunca antes había sentido? Mary desvió la mirada hacia su cabello, mientras se intoxicaba de esa sensación.

No había el menor rastro de sus taladros de hierro. Era un gran cambio que sorprendería a cualquiera. Aunque, aparte de su cabello, nada más cambió. La reacción a sus taladros, en su entorno, fue enorme (a pesar de ser tarde), hasta el punto de que Mary pensó que era algo importante.

Mirando su suave cabello, mientras los dedos de Addie lo acariciaban, sonrió feliz e inconscientemente dijo:

—Si estudio en el extranjero en el país vecino, con este cambio, nadie sabrá que soy Mary Albert.

Y así, se le resbaló de la boca.

Oh, no.

En el momento en que lo pensó, ya era demasiado tarde.

Los dedos de Addie estaban rígidos.


Maru
¡Oh, dios mío! Directo al corazón. ¡Pero qué escena tan bonita! Si excluimos el final… ¿Al extranjero? ¡Pero no te irás sin Addie, ¿no?! *saca el cuchillo*

Capítulo 42 de la novela ya disponible en Kovel Times edición 22.

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