Por mi culpa mi esposo tiene cabeza de bestia – Prólogo

Traducido por Kiara

Editado por Sharon


Nunca había visto a una persona así antes.

—¿Por qué…?

De pie en la esquina de un pasillo decadente que albergaba a un montón de personas vestidas para una gran velada, Rosemarie tenía los ojos fijos en un solo punto. Un joven soltero, para ser exactos.

El hombre tenía rasgos elegantes complementados por una cabeza llena de cabello negro hermoso y brillante. Él había estado sonriendo amigablemente mientras conversaba con los invitados, pero ella pudo ver que estaba un poco pálido.

—Heidy. —Su voz se quebró cuando llamó a su doncella que estaba justo detrás suyo. Los latidos acelerados de su corazón la guiaron a sostenerse de la pared. Ella puso su mano sobre su pecho para mantener la compostura.

—Sí, mi princesa, ¿puedo ofrecerte un poco de agua? Por favor, debes cuidar de tu estado de salud.

—¿Huh? Ah, sí, gracias. Um, pero…

—Oh, ¿te sientes débil? He venido preparada con sales aromáticas por si surge cualquier emergencia. ¿O tal vez sientes náuseas? Por favor, no vayas a ningún lado. Iré a buscar un cubo y…

—No, no se trata de nada de eso.

Sin una pizca de pánico, su criada intentó atender sus necesidades, pero Rosemarie la detuvo antes de que pudiera empezar. Ella apretó su mano alrededor del vaso de agua que le habían dado.

—Seré… seré la esposa de ese hombre —expresó sin notar que los labios de su doncella estaban abiertos de par en par ante la sorpresiva y desvergonzada declaración.

Rosemarie se dirigió directamente hacia el joven con sus piernas temblando de nerviosismo.

—P-Princesa, por mucho que me encantaría verte caminar hacia el altar como una futura novia, ¿estás realmente, quiero decir, de verdad segura de escoger a esa persona de allí? —preguntó su doncella con un énfasis adicional en un tono extrañamente nervioso, pero silencioso. Rosemarie se mantuvo segura y determinada, apretando el vaso en su mano aún más fuerte.

—Sí… Él es el indicado. No creo que pueda llegar a un acuerdo con nadie más que no sea él —indicó, queriendo darle un poco de tranquilidad a su enloquecido corazón.

Eventualmente necesitaría casarse por el bien de su nación, en cuyo caso, ese príncipe heredero de cabello negro sería el que tomaría su mano en matrimonio.

Nunca había deseado algo tanto como esto en toda su vida.

—Después de todo, él es el primero que no se parece a uno de esos.

Su suave murmullo probablemente era demasiado bajo para que su criada lo oyera. Podía escuchar los susurros de desaprobación que seguía mascullando detrás de ella, pero eso no detuvo su paso.

Públicamente, esta gala de la tarde era para celebrar el cumpleaños del príncipe heredero de Baltzar, una superpotencia regional llena de magia, pero el verdadero objetivo era encontrar una novia para él. Ella aceptó asistir a regañadientes después de recibir una orden no tan sutilmente disfrazada como una invitación a una fiesta, pero nunca hubiera esperado que ese mismo evento la hiciera perder tanta compostura.

Sí, estaba completamente cautivada. Tanto, de hecho, que ni siquiera se había dado cuenta de que casi ninguna chica se acercaba al príncipe heredero por alguna razón inexplicable.

—Klaudio, el príncipe heredero de la Nación Mágica de Baltzar, se jactaba de tener la mayor cantidad de maná que cualquier otro dentro y fuera del país. También era famoso por sus logros como guerrero. Si alguien dijera un demérito de su persona, sería que su rostro es tan aterrador como su mirada, lo que sería suficiente para atormentar sus recuerdos.

Los inquietantes rumores que había escuchado una vez de Heidi antes de entrar a Baltzar eran mucho más de lo que hubiera logrado pensar.

Necesito ser la esposa de ese hombre… Me estremezco al pensar que se case con otra persona.

Recordó muy bien el día en que su padre, rey de su propio reino, le había ordenado que fuera a Baltzar.

En aquel entonces e incluso ahora, tenía tanto miedo de las personas que se sentía en peligro e indefensa, tanto que se escondió en su pequeño jardín secreto.

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