Traducido por Shiro
Editado por Ayanami
Tang Yan, originalmente, quería dispararle a una liebre, pero, de alguna manera, el grito de un hombre se escuchó por los arbustos.
Él se asustó, y se apresuró a comprobar.
Un joven espadachín, vestido con un atuendo de las Regiones Occidentales, yacía en el suelo, agonizando, con una flecha clavada en su cuerpo.
—Hey. ¿Cómo te encuentras? —Le preguntó Tang Yan.
—Estoy a punto de morir —replicó el otro.
Tang Yan no dijo nada. Revisó su brazo, la flecha que se encontraba allí no parecía haber lesionado ningún punto vital.
— ¿Tu flecha tiene veneno? —Inquirió el espadachín, al mismo tiempo que parpadeaba varias veces.
—No —contestó, frunciendo el ceño.
—Pero me sentí mareado y mi corazón por poco y deja latir —dijo, poniendo los ojos en blanco.
Tang Yan, lo miró fijamente, quedando sin palabras.
El espadachín de las Regiones Occidentales, cerró los ojos y fingió estar completamente muerto.
—Regresa conmigo a Tengmen para tratarte —afirmó con un suspiro.
El hombre, descaradamente, continuó en silencio…
—Eres muy grande para que yo te cargue hasta allá —añadió.
Al escucharlo, el aludido, se levantó y se sacudió el trasero, con sus hermosos ojos curvados como los de un gato exitoso, mientras decía:
—Muy bien, vamos.
♦ ♦ ♦
El nombre del espadachín de las Regiones Occidentales era Lu Qing.
Su piel y heridas, sanaron rápidamente, y pronto dejarían de ser un obstáculo que lo restringiera para hacer sus actividades diarias.
Cuando Tang Yan vio que estaba sano, casi por completo, quiso echarlo.
—No me iré —dijo lastimosamente, mientras abrazaba la columna de la cama.
— ¿Qué más quieres? —Preguntó a modo de burla.
—Todavía no me encuentro bien.
—Lo creas o no, te daré razones para que no te encuentres bien —le aseguró con el brazo levantado.
—No tengo adónde ir. Deja que me quede. Puedo hacer cualquier cosa por ti.
Tang Yan suspiró y se ablandó.
♦ ♦ ♦
A partir de entonces, Tang Yan tenía un asistente, alto y grande, detrás de él.
Éste, cuidaba de él todos los días, antes y después de servirle el té. Le mantenía la ropa limpia e impecable. Sus caballos siempre estaban bien cuidados, gordos y en forma. Su carcasa siempre se encontraba pulida y brillaba como si fuera nueva.
El único inconveniente, es que esta persona es sumamente pegajosa, tanto que siempre se levanta en medio de la noche y corre a la cama de Tang Yan sólo para mirarlo fijamente.
—No tienes permitido venir en medio de la noche. Cada vez que me despierto y te veo, del susto, acabas con la mitad de mi vida —aseveró.
—Oh… —dijo Lu Qing, sintiéndose agraviado.
—Voy al baño. No tienes permitido venir conmigo —ordenó Tang Yan.
—Entonces, yo también quiero ir al baño —replicó el otro.
—Iré después de ti —insistió.
—Bueno…
—No tienes permitido espiarme desde el techo cuando estoy tomando un baño.
—Ambos somos hombres. ¿De qué tienes miedo? Eres tacaño.
—Tampoco tienes permitido seguirme cuando salgo a una misión.
—No te seguí —le contestó Lu Qing con una cara inocente.
—Me seguiste sigilosamente —insistió Tang Yan enojado.
— ¿Cómo te diste cuenta? —Preguntó sorprendido.
—Puedo oler tu aroma.
—Temo que puedas estar en peligro —admitió Lu Qing, frotándose la nariz.
—De ninguna manera. Nunca he fallado en mis misiones.
— ¿Quién lo dijo? ¿Cómo cuando me disparaste y casi perdí la mano?
— ¡¿Sigues fingiendo?! ¡Tu herida no fue causada por este Laozi![1] —Rugió en su cara, mientras lo agarraba por el cuello.
Lu Qing pestañeó, inclinó su cabeza y besó los labios de Tang Yan.
— ¿Qué estás haciendo? —Preguntó sonrojado.
— ¿Cuándo te diste cuenta de que ese día te mentí?
Tang Yan puso los ojos en blanco y miró fijamente el suelo.
—Mis flechas no lucen como la que tenías en el brazo.
—Si sabías que estaba mintiendo. ¿Por qué me llevaste de vuelta a Tengmen para tratarme? —Susurró.
— ¡Laozi sintió pena por ti! —Exclamó, lanzándole una mirada asesina.
—No me importa —dijo riendo, mientras lo tomaba en brazos.
— ¡Bandido! —Exclamó forcejeando.
—Me disparaste cuando tratabas de salvar tu vida. Eres responsable.
—No.
—Sí, lo hiciste. Aunque no en ese momento.
— ¿Cuándo lo hice?
—Lo olvidaste. Hace un año, en el campo de batalla de Fuxiangqiu.
—La memoria de Laozi es buena —dijo tras resoplar con frialdad —no puedes seguir mintiendo. No es no.
—De hecho, sí…
— ¿En dónde te di?
Lu Qing miró hacia abajo y sonrió.
—En el corazón.
Que clase de comida para perros es esta jajaja 🥲♥️