Yeho – Capítulo 7

Traducido por Sharon

Editado por Ayanami


Él miró a Yeho, a quien le dolía simplemente respirar. Su cabello, parecido a plumas, estaba aplastado contra su rostro, debido al sudor, apretaba sus labios con tanta fuerza, que tenía algo de sangre en ellos.

Sus esfuerzos por intentar alimentarlo bien, se desperdiciaron en dos días. Volvió a convertirse en un cadáver.

Lo sé. Se volvió así porque me enojé con él. Incluso vi su rostro pálido debido al viento frío, pero no dejé de decir palabras duras y lo dejé de esa forma.

No se sintió bien después, así que se saltó la reunión de gobierno y se dirigió hacia el campo de entrenamiento para destruir todo lo que veía. Varios guardias salieron heridos, pero eso no lo calmó. Incluso, pensó en ir de caza para destrozar un venado.

Si Soa no le hubiera reportado que Yeho no había despertado después de desmayarse por la fiebre, ese pobre venado habría terminado muerto.

Cuando escuchó que estaba enfermo, a pesar de que seguía furioso, corrió a su Palacio.

Saber lo rápido que corrí hacia él me frustra. Incluso tomé al confiable doctor del cuello para llevarlo a Yeho, sin embargo, seguí sin sentirme bien.

Actúo con indiferencia, mientras el doctor lo revisa, me sentí aliviado cuando dijo que no tenía nada más de que preocuparse. Pero entonces, la furia resurgió.

El doctor se aterró y se fue, él siguió observando con frialdad a Yeho, quien todavía no había recuperado la conciencia y respiraba con dificultad. Sólo lo observaba, se enojó consigo mismo por no ser capaz de dejarlo.

¡Es un hombre! ¡Sólo un hombre! ¡Un simple hombre que mantiene un vestido de seda blanca para quien ama! ¡Aunque lo salvé, está pensando en poner a una mujer a su lado!

Se inclinó contra la tabla de té, e inconscientemente, usó más fuerza de la necesaria, destruyendo un pedazo de la madera.

—Su Majestad.

Escuchó la voz de Soa y le permitió entrar, aún molesto. Sin un sonido, la puerta se abrió y Soa entró. Seguía siendo una chica pequeña, pero era inteligente y hábil, así que la puso a la cabeza de los sirvientes de este Palacio.

Miró a Soa con ojos fríos y furiosos. Debido a eso, Soa se movió con más cuidado de lo normal y se acercó a la cama. Iba a darle la medicina.

Me molesta verla poner su pequeña mano bajo el cuello de Yeho para alimentarlo.

La primera vez que vio a Yeho, fue a ella a quien llamó. La miró fijamente.

¿Es ella? Luce de 15 años por lo menos, y Yeho cumplirá 18 este año. Aunque él sea pequeño, es un hombre. Probablemente, se interesó en esta pequeña y linda chica.

Sonrió con frialdad. Aun así, era demasiado el darle un vestido de seda a una sirvienta. Apretó sus dientes con fuerza.

Mientras pensaba esto, Soa terminó de darle la medicina y retrocedió. Él tomó su muñeca, impulsivamente.

Soa lucía sorprendida, pero no hizo ningún sonido cuando le miró. No le gustaba su tranquilidad.

La miró con frialdad y dijo:

— ¿Vendrás a mi cama?

Debido a sus palabras, los ojos de Soa se llenaron de sorpresa. Él sonrió y tomó su mentón.

—Eres realmente hermosa. ¿Lo harás?

—Si en verdad desea eso, lo haré, Su Majestad —replicó ella con educación.

—…Suena como si pensaras que no digo la verdad.

—Su expresión está llena de furia, así que no creo que piense que soy hermosa.

Dejó ir su rostro y rió.

—Eres realmente audaz. Pero, si pensara que eres hermosa, ¿entonces me dejarías? ¡Hah! Yeho llorará.

Soa se sorprendió por sus palabras y, al instante, se arrodilló con la frente en el suelo.

—Por favor retire sus palabras. Es vergonzoso decir que Su Alteza está enamorado de mí. Sólo soy una sirvienta del Palacio. Este cuerpo es sólo para Su Majestad. Si insiste, tendré que quitarme la vida.

—Tu forma de hablar es hábil, pero Yeho llorará —dijo cínicamente, empujó la ira que estaba a punto de estallar de nuevo.

Es eso, ¿verdad? ¿Amor no correspondido? Probablemente, lloraba mientras mira ese vestido. Pero, de alguna forma, pensar en que sólo Yeho la ama me enoja aún más.

—Por favor, retire sus palabras, Su Majestad.

— ¿A qué te refieres?

—Lo que dice no es cierto, así que por favor retráctese. Su Alteza, me trata como su amiga. Nunca me mostró esa clase de sentimientos.

—Me siento mal por el vestido de seda que cuelga de ese armario —dijo con una risa. Soa se estremeció por sus palabras.

— ¿Está hablando del vestido de bodas que tiene Su Alteza?

—Lo sabes.

—Me atrevo a decirle, Su Majestad, que ese vestido no es para mí.

— ¿Entonces para quién es? Es nuestra tradición que el hombre mantenga el vestido de bodas de la mujer —dijo con frialdad y Soa volvió a bajar su cabeza.

—Me disculpo, Su Majestad, pero creo que está equivocado.

— ¿Estoy equivocado?

—Lo lamento, Su Majestad —dijo Soa. Él cerró la boca y frunció el ceño.

—…Dime.

Su voz golpeó a Soa, quien se inclinó aún más y habló en un tono tranquilo.

—Sé que el pequeño Reino del que Su Alteza viene, no tiene ese tipo de tradición. Y Su Alteza ha estado aquí por medio año. Todavía no está acostumbrado al Imperio del Norte. No conoce la tradición de este lugar.

Él se mordió el labio y tocó su frente en cuanto la escuchó. Sus orejas se sonrojaron, pero esta vez no era por furia. Era porque se sentía patético.

Perdió sus sentidos por un vestido blanco de bodas y olvidó los orígenes de Yeho.

—…Me comporté muy mal.

Se mordió el labio y Soa bajó sus hombros aún más. Se sintió patético y vacío cuando continuó.

—Si no sabe la tradición, ¿entonces por qué tiene un vestido de novia?

—Es de Su Alteza.

—… ¿De Yeho?

—Vino usando eso.

—… ¿Usando…eso…?

Entonces, lo recordó. Yeho llegó disfrazado de la Princesa Sooyoung, quien fue elegida por la concubina del anterior Emperador. Obviamente, le dieron el vestido blanco para usar y la verdadera Princesa debería haberlo usado…

Inconscientemente, se rió, sintiéndose patético y despreciándose a sí mismo.

— ¡Ahh! Realmente me comporté muy mal.

—No sé de qué está hablando —replicó Soa. Él se rió.

—Pretendiendo no saber nada, así no tengo que volver a hablar del tema. Puedes irte.

—Estoy agradecida.

Soa se paró y tomó la bandeja a un lado de Yeho. Él observó el lugar sin expresión y se acercó a la cama lentamente. Su mano se acercó a Yeho, quien respiraba mejor, gracias a la medicina.

Su piel estaba un poco cálida y mojada.

Su Majestad, con cuidado, quitó el cabello pegado a su rostro y se inclinó. Besó la pálida pero suave frente de Yeho.

—Yo…lo lamento… —dijo, con cuidado, algo que nunca había dicho. —Estaba equivocado…

Le susurró con cuidado de nuevo y se sentó a su lado. Vio la toalla mojada y la sostuvo torpemente sobre la frente de Yeho. Entonces, él se movió un poco.

—… ¿Hermana…?

Una voz débil, salió de entre los labios secos de Yeho. Él se sorprendió y lo miró fijamente, pero Yeho seguía con los ojos cerrados.

— ¿Hermana…? ¿Qué hay de mamá…?

No lucía como si supiera dónde estaba. Yeho hablaba de forma infantil, así que no supo cómo responderle.

— ¿Salió de nuevo…? —murmuró resignado y sostuvo la mano del Emperador. —Ahora está bien. No hagas esa expresión, hermana…

Tenía un tono adulto e infantil. Cuando terminó de hablar tosió. El Emperador entró en pánico y le dio algo de té caliente que estaba a su lado.

Yeho suspiró después de beber y movió su cabeza al regazo del Emperador. Debido a sus acciones, el Emperador se congeló.

Yeho sintió la tensión y frotó su cabeza en su regazo.

— ¿Hermana…?

Debido a su llamado, el Emperador tocó, vacilante, su frente. Yeho se relajó y se durmió.

No se dio cuenta, pero él tenía una sonrisa suave, mientras miraba su rostro pálido.


Nota: Pueden encontrar el capítulo 8 en la edición 16 de Kovel Times.

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