Lucia – Capítulo 1: 18 años (1)

Traducido por Maru

Editado por Tanuki


Lucía odiaba abrir sus ojos cada mañana.

Ah… Esta maldita migraña. ¿Por qué debo pasar por el mismo dolor por segunda vez en la vida?

Lucía sostuvo su cabeza dolorida y se levantó. Su vida siguió el camino exacto del sueño. Una vez que comenzó a menstruar a los quince años, comenzó a sufrir migrañas masivas al menos una vez al mes y, como máximo, de tres a cuatro veces al mes. Aunque no era grave, se convertiría en una enfermedad crónica que la atormentaría por el resto de su vida.

Para cuando cumplió dieciocho años, creía de verdad que había visto su propio futuro en su sueño. Había puesto mucho esfuerzo. Muchas cosas ya habían cambiado.

Pero a veces, el futuro era inevitable y no se podía hacer nada para cambiarlo. Por ejemplo, en el verano en que tenía trece años, hubo una lluvia intensa que inundó todo el primer piso del palacio real. El siguiente invierno, un periodo de frío debido a la inundación, había provocado una escasez de leña. Había pasado todo el invierno temblando de frío.

Cuando ella cumplió quince, empezó a menstruar y sufrir migrañas. Tal era el poder que tenía el futuro. Aun sabiendo lo que sucedería después, no era posible cambiarlo.

Cuando cumpliera diecinueve, el Rey moriría. Lucía sería vendida al Conde Matin. Eso era parte del futuro que no podía cambiar. Cuando se dio cuenta, se desesperó. ¿Qué sentido tenía conocer el futuro? Se sentía como si los cielos estuvieran tirando de su pierna, convirtiendo todo en una gran broma.

Se encerró en su habitación con desesperanza, pero lo dejo todo unos días después.

Aun si me mato de hambre, nadie lo sabrá.

Era como una bocanada de aire fresco, ya no sentía la pesada carga de la tristeza que gravaba sobre su corazón.

Lucía abrió las ventanas. El aire frío de la mañana inundó la habitación. Se apoyó contra el alféizar de la ventana y dejó que el viento helado golpeara su cuerpo. Era como si se enfrentara a su frío destino.

Ahora era lo suficientemente alta como para colocar sus manos contra el alféizar e inclinarse para mirar el mundo exterior. Ella se parecía a su madre, por lo que tenía un cuerpo pequeño. Su cabello era de un color marrón rojizo al igual que el resto de la población, pero tenía los ojos de color naranja calabaza que brillaban como el oro y se destacaban del resto. Aparte de eso, se parecía a cualquier otra persona que se pudiera encontrar por la calle.

Aun así, no era como si no tuviera ninguna apelación. Tenía  una tez pálida pero brillante, así que arreglarse un poco le permitía mostrar su encanto. Por lo general, éste permanecía latente. Nunca necesitó un corsé debido a su delgada cintura. Su frágil cuerpo podría incitar el instinto protector de la mayoría de los hombres. Sin embargo, ella no pertenecía a la aristocracia superior, por lo que ninguno de sus encantos podía apreciarse.

—Veamos. Me quedé sin leña y me estoy quedando sin patatas y huevos.

Estaba de pie junto a su vieja mesa de madera, haciendo inventario de las necesidades de su vida. Había atado descuidadamente su largo cabello en una cola de caballo, y su sencillo vestido de popelina se veía casi idéntico al uniforme de mucama del palacio real. En su estado actual, nadie pensaría que era una princesa.

—Debería ir a pedir los bienes necesarios de hoy.

Era impropio que la Princesa Lucía lo hiciera por sí misma, pero después de unos años se había vuelto normal. No había una sola doncella en el palacio en ese momento. Afortunadamente, el lugar no era muy grande, por lo que no era demasiado problema. El piso superior del palacio había sido bloqueado por motivos de seguridad desde que llegó por primera vez allí. Actualmente, parte del primer piso también se cerró. Los únicos espacios habitables que podía usar eran su dormitorio y algunas otras habitaciones.

Al principio, tenía cinco criadas esperándola. Pero eran toscas y no podía considerarse criadas de palacio en absoluto.

Las criadas reales tenían su propio orgullo. Los sirvientes que atendían a los nobles estimados se llamaban “doncellas”, pero había diferentes rangos entre ellas.

Una doncella del palacio real examinaba los quehaceres y tareas varias de los sirvientes. Oficialmente, Lucía, que era parte de la familia real, tenía que tener un ama de llaves, doncellas del palacio real, doncellas laborales y tres asistentes.

El problema era que había demasiados descendientes reales. El problema principal de ser Lucía fue ser clasificada como inferior entre sus hermanos y hermanas. No importa cuán duro trabajaron las sirvientas, no había esperanza para ninguna promoción y no había nadie que se esforzara por ofrecerse voluntario para el puesto. No había forma de que los sirvientes recibieran dinero adicional, por lo que todas las doncellas la evitaban. A medida que pasaban los años, las doncellas se retiraron una por una y pronto Lucía no tuvo una sola a su lado.

Originalmente, una vez que una criada se retiraba, una nueva debería ser contratada. Sin embargo, su palacio no tenía esperanza para obtener buenas ganancias, por lo que cualquier doncella del palacio real o trabajador se mantendrían alejados de ese lugar. Las doncellas del palacio real recibían suficiente salario para su vida diaria. Sin embargo, era difícil para las trabajadoras domésticas sobrevivir solo con su salario.

Las criadas contratadas para servir a Lucía renunciaban después de unos días o sobornaban a altos funcionarios para que les asignaran un lugar diferente. Pronto, las criadas dejaron de entrar en el palacio de una vez por todas. Los nombres de los sirvientes se registraron en el registro y recibieron su salario, pero nunca aparecieron para hacer su trabajo.

Si Lucía registrara formalmente una queja, las cosas se habrían resuelto. Aunque no tenía poder, todavía era considerada una princesa. Dentro del sueño, había ido personalmente a las criadas y había solucionado el problema. Esta vez también, había ido personalmente a hablar con ellas para hacer lo mismo. Sin embargo, en el camino se había topado con una doncella del palacio real que la había confundido con una empleada y le había asignado una tarea sencilla.

Una brillante idea apareció en la mente de Lucía y cumplió la tarea sin quejarse. Decidió no presentar la queja y regresó a casa para organizar sus pensamientos. Si pretendía ser una criada el tiempo suficiente, tendría la oportunidad de salir del palacio real.

La última doncella de Lucía la había dejado a la edad de quince años, y lo que siguió fue su doble vida como doncella y princesa. Como criada, tenía que ir a pedir las necesidades diarias y hacer el trabajo manual, pero se había ganado la libertad de abandonar el palacio real.

Lucía llevaba tres años viviendo sola en el palacio.

Probablemente todavía estaba documentado que vivía junto con otras cinco criadas.

Ningún funcionario del palacio se molestaría en venir y verificar personalmente si los documentos eran reales o no. Las quejas de los innumerables hijos del rey fueron suficientes para hacer que las cabezas de los funcionarios estallaran de dolor. No tenían tiempo para Lucía, que nunca expresó queja alguna.

Lucía regresaba a casa después de solicitar las necesidades diarias de esa mañana, al mismo tiempo que recibía consejos para un trabajo bien hecho. Ya fuera el palacio real o las calles sucias de la ciudad, los humanos eran esencialmente lo mismo. El dinero atraía a la gente a seguir luchando hacia delante.

Había una puerta diferente que los sirvientes usaban para abandonar el palacio. Todos estaban de pie esperando su turno. La fila se acortó gradualmente hasta que finalmente fue el turno de Lucía. Le mostró al guardia su permiso para dejarla pasar. Era un pase emitido por la Princesa Vivian. Sin embargo, incluso si mostraba su rostro al guardia, no la reconocería. Rápidamente confirmó la autenticidad del pase y asintió.

—¿Estás sacando algo fuera del palacio? —preguntó aun viendo que Lucía llevaba las manos vacías.

—No.

El guardia asintió una vez más y la dejó salir del palacio.

Lucía inhaló una profunda bocanada de aire fresco. Volvió la cabeza y miró las gigantescas paredes del palacio que rodeaban el lugar. Estaba a salvo dentro de los muros del palacio. Fuera de ellos, a una joven le resultaba difícil caminar sola y segura.

El estatus de una princesa de rango bajo funcionó a su favor para conseguir libertad. La Lucía de sus sueños nunca se dio cuenta de ese hecho, pero se había dado cuenta ahora.

Aun así, el futuro la hacía incapaz de respirar. Quería escapar de ese lugar lo antes posible.

Es extraño que haya tanta gente hoy.

La gente se agolpaba en la calle en masa. Cada vez que lograba pasar, la multitud la arrastraba en otra dirección, haciéndola correr en círculos.

Después de apurarse entre la multitud, llegó a una pequeña casa de dos pisos, donde una mujer de mediana edad le abrió la puerta. Tenía las cejas y los ojos fruncidos como si estuviera loca, pero en realidad, ese era su rostro normal.

—Bienvenida.

—Hola, Señora Phil. ¿Está la Señorita Norman en casa?

—Siempre está en casa. Todavía está durmiendo tirada en el suelo después de una larga noche de bebida. Espera un segundo, déjame ir por un poco de té para ti.

—Gracias, Señora Phil.

La reconfortante fragancia del té llenó la sala de estar cuando Lucía se sentó pacientemente con una expresión amable, disfrutando de su té. El sonido de la Señora Phil resonaba desde la cocina, pero esa adición parecía música para sus oídos. El sueño de Lucía era comprar una casa pequeña como esta y disfrutar la vida. Contrataría a dos personas y les dejaría hacer las tareas menores, y disfrutaría mientras tomaba té tranquilamente. Haría cosas como dar pequeños paseos y pasar el tiempo mientras leía libros. Aunque sabía que ese sueño no podría hacerse realidad.

Una suave sonrisa podía verse en el rostro de Lucía. Una mujer delgada estaba tropezando con torpeza por las escaleras del segundo piso, apenas capaz de sostener su propio cuerpo mientras sus ojos se nublaban.

—Señora Phil, agua… —dejó escapar con una voz chirriante.

Norman se sentó en el sofá frente a Lucía y se apoyó en el reposabrazos. Tenía un cuerpo delgado y una cara que desprendía una atmósfera hostil. Se veía como pasados de los treinta, pero en realidad era muy joven. Norman bebió un vaso de agua traído por la Señora Phil y suspiró como si quisiera morir.

—Ah… me duele internamente.

—Deberías moderar tu forma de beber —murmuró la Señora Phil con su tono directo y único, luego regresó a la cocina.

Su discurso y actitud siempre fueron bruscos, pero Lucía conocía la amabilidad de la Señora Phil: iba a la cocina a preparar algo que aliviara la resaca de Norman.

—¿Por qué bebiste tanto?

—Pensé que sería capaz de escribir una línea más si bebía, pero no pude controlarme. Lo siento. En este estado, no puedo ocuparme adecuadamente de un invitado. Gracias por venir hasta aquí.

—¿Qué quieres decir con invitado? No es un problema venir a visitarte. Incluso si no tuviera que venir aquí, habría salido a caminar de todos modos.

—Hay algo en el cajón de la mesa allí. Ábrelo, mi último libro está ahí.

La Señorita Norman era escritora. Ella fue una famosa autora romántica. Los libros de Norman se referían al amor, pero la gente los consideraba elegantes e inteligentes. Eran divertidos, pero educativos. Sus libros mataban a dos pájaros de un tiro, causando sensación. Debido a los muchos libros que había publicado en los últimos años, podía vivir cómodamente sin necesidad de ganar un centavo más.

Cuando Lucía sacó el libro, se quedó sin aliento.

—¡Por fin está listo! Llevo mucho tiempo esperando.

Lucía se apresuró a la última página del libro.

—¿Ya lo estás terminando? ¿Por qué? Esta serie es muy popular.

—Me aburriría si agregaba demasiado relleno, esta longitud es la correcta. Mi editor estaba detrás de mí, ordenándome alargar la serie en dos o tres libros más. Jejeje.

—Es una lástima. Siento que hubiera estado bien si siguieras los consejos de tu editor.

—Mira dentro del libro también.

Lucía hojeó las páginas y encontró un sobre escondido dentro del libro. Dentro, había un recibo que confirmaba que el dinero había sido depositado. Los ojos de Lucía saltaron cuando vio la cantidad de dinero.

—Norman, esto es demasiado…

—Tómalo. Te lo mereces.

—Pero ya he recibido mucho dinero…

—Esto es un bono ya que he completado mi novela. Si aún no te sientes bien, puedes considerarlo una tarifa por ayudarme a aportar ideas para mi novela. Las ideas para esta novela en su mayoría provienen de ti.

En el pasado, Norman no era una escritora popular. Era una mala autora que tenía problemas para comprar sus comidas diarias. Su tema habitual era un romance entre una mujer común y un hombre noble. Era imposible que sucediera en la realidad, pero la gente siempre podía soñar despierto al respecto.

Sin embargo, lo que los lectores querían no era una mujer común, sino una mujer noble y elegante. Los plebeyos deseaban experimentar la vida de un noble a través de estos libros, mientras que los nobles no se molestaron en recoger libros sobre los plebeyos. Aun así, Norman no tenía forma de escribir sobre una mujer noble, porque no tenía la menor idea de cómo vivían.

Norman, un plebeyo sin dinero, no tendría forma de participar en un evento social organizado por nobles. Tendría que leer extensamente los libros de otras personas o entrevistar a criadas que han servido antes a nobles. Sin embargo, ella no tenía dinero, por lo que no podía hacer nada.

Sus libros no se vendían, por lo que ni siquiera podía pagar su alquiler. Aunque su único talento era escribir, no podía encontrar una manera de adentrarse en la industria de las novelas. Mientras Norman había estado sentada en las calles vacías de la plaza central, Lucía había aparecido de la nada y le había dado una barra de pan. Norman creía que conocer a Lucía había cambiado su vida.

Norman nunca lo supo, pero Lucía la había estado vigilando durante mucho tiempo. Norman no parecía un mendigo sin hogar, pero ella se veía tan hambrienta… Había estado sentada al lado del camino, pero nunca rogó por comida. Lucía no pudo evitar acercarse y hablar con ella.

Así era como se habían conocido las dos.

—La razón por la que estoy aquí hoy es por tu culpa, Lucía.

Lucía le había enseñado a Norman todo lo que sabía sobre la alta sociedad. Lucía había asistido a muchas fiestas sociales dentro de su sueño. Sus palabras no podían compararse con las simples criadas que simplemente servían a los nobles a su lado. Norman podría establecer una base sólida para sus novelas a través de los extensos relatos de Lucía sobre las mujeres nobles en la alta sociedad.

—Es porque las novelas de Norman son increíbles.

—Si no fuera por ti, no habría podido escribir una sola frase, así que todo es gracias a ti. Puedo seguir ganando más dinero ahora.

Lucía visitaba a Norman una vez a la semana. Hablaban durante unas horas y, a través de esto, Lucía había ganado bastante dinero.

Norman le había pagado una suma considerable. Por supuesto, al principio, Lucía tenía que ir a visitarla con una cesta llena de pan, pero tan pronto como sus libros comenzaron a venderse, Norman no se mostró tímida al expresar su agradecimiento a través del dinero.

Los papeles habían cambiado ahora. Numerosas personas, incluidas las viudas, venían a visitarla. Ella había estabilizado su equilibrio. Norman ahora podía recopilar toda la información que necesitaba, incluso sin Lucía. Pero Norman no podía convertirse en un ser humano ingrato hacia la persona que la había ayudado cuando más lo necesitaba.

Norman quería seguir patrocinando a Lucía y ayudarla a casarse también. No solo estaban conectadas a través del dinero. Norman consideraba a Lucía como su hermana pequeña.

—Gracias, Norman. Mi mayor suerte fue conocerte.

—Eso es lo que quiero decirte.

Los ojos de Lucía temblaron cuando confirmó la cantidad de dinero que recibió. Con la cantidad que había ahorrado hasta ahora, sería capaz de huir y comenzar una nueva vida sin problemas.

No. El riesgo y el peligro es demasiado grande.

No importaba el poco interés que obtuviera de los demás, aún era una princesa. Si desapareciera, los guardias de palacio serían desplegados para rastrearla. No por preocuparse por Lucía, sino porque su prestigio se vería empañado. Si era así, se enterarían de su pasado con Norman. Era muy probable que Norman sufriera alguna injusticia o castigo.

No había ninguna garantía de que ella pudiera escapar en absoluto. Para escapar con éxito, tenía que abandonar la capital y viajar a algún lugar lejano. Ella era solo una chica solitaria; nueve de cada diez casos sufriría algún tipo de accidente. Había considerado guardias o escoltas, pero no podía confiar en nadie. Más bien, era probable que los guardias terminaran apuñalándola por la espalda y robándole todo su dinero.

Si quisiera planear un escape, sería más seguro después de casarse con el Conde Matin. Ya no sería considerada parte del palacio real, así que aun si desapareciera, a nadie le importaría. Podía cerrar los ojos y sufrir durante solo un año mientras buscaba a alguien confiable y con una planificación exhaustiva, para que nadie la encontrara cuando huyera.

Pero… no quiero, ese tipo…

Un escalofrío recorrió su columna vertebral solo por imaginar el rostro de esa persona. ¿Realmente no había manera? Una forma de escapar de él.

—Lucía, ¿tienes novio?

—Sí… ¿Qué?

—¿Por qué estás tan sorprendida? Me pregunto si tienes novio. Si no conoces a nadie, entonces puedo buscar a alguien muy amable y presentártelo.

—¿Cuantos años crees que tengo? Aah, está bien.

—Solo tienes dieciocho años. No es como si te estuviera diciendo que te cases. Debes conocer a un puñado de hombres, así que cuando tengas alrededor de veintidós años, puedes elegir a alguien entre ellos para casarte. Las doncellas del palacio son muy populares, ya sabes. La gente piensa que son muy modestas. Las ven de forma diferente a las mujeres que realizan trabajos manuales o en la agricultura para ganarse la vida. También tienen la piel pálida. Solo sigue el flujo y dime. ¿Qué tipo de hombres te gustan? ¿Te gustan los hombres mayores que son confiables? ¿Chicos jóvenes y lindos? Los encontraré para ti.

—¿Qué hay de ti? Norman, ¿por qué sigues soltera?

Los ojos previamente brillantes de Norman se volvieron aburridos una vez que el tema volvió a ella.

—Bueno para mí, ya soy demasiado vieja.

—¿Qué tiene que ver la edad con algo? Simplemente no tienes interés en ello. Estás engañando a tus lectores. ¿Cómo no puedes creer en el amor cuando escribes novelas románticas?

—Tsk, ¿qué quieres decir con engañar? Le estoy dando vida a un amor eterno que no existe en el mundo real. Cuando mis lectores caen en mi novela, viven en un sueño.

—¿Entonces por qué me dices que me case?

—Aunque no existe el amor eterno, creo que cuando los corazones de dos personas se conectan, pueden convertirse en buenos amigos el uno para el otro. Como siempre estás sola, me gustaría encontrar un amigo que pueda estar contigo hasta el final.

—¿Por qué estoy sola? Te tengo, Norman. Eres mi amiga y mi familia.

Norman miró a Lucía con los ojos afectados y abrió los brazos. Date prisa y entra en el abrazo de tu hermana mayor. Lucía se echó a reír mientras los ojos de Norman brillaban hacia ella.

—Hueles a alcohol, así que no quiero.

—¿Eh? ¿Cómo puedes responder de esa manera en este momento tan conmovedor?

—Me iré ahora. Norman, deberías ir a descansar un poco más. Parece que morirás en cualquier momento.

Norman tenía círculos oscuros colgando debajo de sus ojos, haciéndola parecer un cadáver.

—Aah, realmente debería volver a dormir. Siento que alguien está retorciendo mis órganos. Si no tienes prisa, siéntete libre de descansar un poco más y tómate tu tiempo para ir a casa. De todos modos, hay mucha gente afuera y será difícil moverse.

—Ahora que lo mencionas, ¿es un día especial hoy? Vi a mucha gente de camino aquí.

—¿No lo sabías? Siempre estoy encerrada dentro de mi casa, pero sabes menos que yo. Todos los caballeros están regresando para desfilar por la ciudad.

—Ah…

Eso era hoy. Era una rara oportunidad de ver al Ministro de Estado, por lo que todos habían dejado su trabajo por un día más y habían salido a saludar al ministro.

En mi sueño, siempre me mantenía encerrada dentro del palacio separado, así que nunca supe estas cosas.

Este fue uno de los mayores cambios en el estilo de vida de Lucía, en comparación con el pasado. Mientras Lucía fingía ser una doncella, podía salir al mundo y explorar. Gracias a eso, Norman también había ganado mucho dinero.

—La guerra ha terminado ahora…

Comparado con el palacio separado, que estaba quieto, aislado y sin cambios, el mundo exterior era muy ruidoso. Cuando Lucía tenía ocho años, había experimentado su primera guerra. Había sido una guerra local entre dos pequeños países. Pero a medida que el tiempo continuó fluyendo, la guerra se extendió gradualmente, y pronto el mundo entero se había dividido en dos.

En el futuro, esta guerra se llamaría la primera etapa de la guerra continental. Cuando Lucía tenía alrededor de once años, su país, Xenon, había decidido unirse a la guerra y se había convertido en la fuerza principal de la Alianza del Noreste. Los próximos cinco años fueron el colmo de la guerra. La Alianza del Noreste se había ido adueñando gradualmente, y durante los dos años siguientes, hubo una pausa en las batallas. Alrededor de cuando tenía dieciocho años, la guerra había terminado en un alto el fuego después de muchas negociaciones. En esta guerra, Xenon estuvo entre los países ganadores.

Norman, que se sentía enferma, no quería estar cerca de una multitud tan grande, mientras que Lucía decidió echar un vistazo en su camino de regreso al palacio. Sería una pena perderse un evento así.

—¡Oh!

Mientras los caballeros carismáticos desfilaban por la ciudad, la gente gritaba y silbaba tan fuerte que uno se quedaba sordo entre la multitud. Xenon era un Estado de combate, pero la guerra no había tenido lugar dentro del país, por lo que la mayoría de sus ciudadanos no habían sufrido la guerra en lo más mínimo.

Sin embargo, la guerra todavía sería un gran peso en los corazones de los ciudadanos. La felicidad de ganar la guerra, y la libertad resultante, tenían a los ciudadanos de muy buen humor. La atmósfera edificante era contagiosa y también hizo que Lucía se sintiera muy alegre.

Las armaduras de los caballeros diferían entre familias, con sus blasones inscritos en el pecho y la espalda. Ciertas tropas de caballeros diseñaron grandes capas rojas junto con sus armaduras, mientras que otras tropas de caballeros tenían una armadura simple y burda. Se podría juzgar su nobleza y el poder de sus títulos familia sola.

—¡Aaaaah! ¡¡Taran!!

Podía oírse gritos que no se podía comparar con cualquier otro. Los hombres gritaban mientras pisoteaban sus pies, mientras que las mujeres gritaban en la parte superior de sus pulmones:

—¡Taran! ¡Taran!

Un solo pelotón de caballeros dividió a la multitud mientras se abrían paso por la ciudad. Todos los caballeros de este pelotón tenían un león negro inscrito en sus armaduras. Los plebeyos por lo general no podían diferenciar entre las diferentes emblemas de familias nobles, pero no había una sola persona en Xenon que no supiera el del León Negro.

Taran…

Lucía solo pudo ver una cosa: los sonidos ensordecedores y la atmósfera animada se disiparon en el fondo. El caballero que lideraba el pelotón, montado sobre un caballo blanco y vestido con una armadura negra pura mientras marchaba por la ciudad. Aunque este caballero había cubierto su rostro con un casco, ella podía dibujar perfectamente su rostro en su mente. Conocía a este hombre. Hugo Taran. Él no era de sangre real, pero todavía recibió el respeto del rey. Y aunque solo era una formalidad, tenía el derecho de heredar el trono. El Duque de Taran. Era el joven Duque de Taran.

El León Negro de la Guerra

Estaba armado con disciplina y estrategia. La victoria de la Alianza Noreste en esta guerra se debió a su fortificación y dominación. Xenon se había involucrado en la guerra al final, pero fue el que lideró las negociaciones que llevaron al final de la guerra. Habían perdido lo mínimo, pero habían ganado más. Para ser precisos, el pelotón del Duque de Taran siempre ganó, y fue la base más grande para la victoria de los Aliados del Noreste.

A decir verdad, se suponía que Lucía no debía saber nada sobre el Duque Taran, ni su nombre ni sobre lo que había hecho durante la guerra. Ella sabía de estas cosas por su sueño.

El Conde Matin, con quien se casó Lucía, era un hombre muy astuto. No importaba dónde entrara el Conde Matin, siempre se aseguraría una ruta de escape para él. Así, después de la guerra, pudo adherirse a la facción del príncipe heredero y vivir con lujo.

Como resultado, Lucía había asistido a muchas fiestas sociales nobles junto con su esposo, o sola como su esposa. Tenía que asistir a estas fiestas como si fuera su trabajo, por lo que hubo muchos casos en que se había encontrado con el Duque de Taran. Siempre había una multitud de personas alrededor de ese hombre. Era como si una manada de hienas luchara por un trozo de carne.

El Conde Matin había intentado todo tipo de métodos para ganarse el apoyo del Duque de Taran, pero siempre fallaba. Hasta ese momento, ella no conocía muy bien al hombre. Había asumido que era simplemente un gran caballero de algún tipo. Ella solo había llegado a conocerlo mejor mucho tiempo después.

Aproximadamente dos años después de que Lucía se hubiera casado, el Duque de Taran se casó. Su matrimonio provocó que toda la alta aristocracia se enfadara. Se había casado con una joven señorita de una familia noble desconocida sin ningún tipo de influencia. Ella era solo una linda chica joven. No era bonita en absoluto, y nadie podía entender por qué el duque había elegido a esa mujer como su esposa. El Duque nunca respondió a nadie, tantos rumores volaron por la ciudad…

El rumor más candente había sido que el Duque de Taran estaba locamente enamorado de la chica, pero todos sospechaban y nadie quería creer que ese era el caso.

Lucía había llegado a conocer la verdad mucho tiempo después. La información provenía de las puertas traseras de la alta aristocracia, pero tenía mucha credibilidad.

Como habían asumido los rumores, la Duque no estaba enamorado de esa joven señorita, ni su noble familia tenía antecedentes ricos. Las dos familias nobles habían hecho algún tipo de acuerdo.

Su utilidad radicaba exactamente en el hecho de que ella era una noble sin ninguna influencia o riqueza. Había necesitado una esposa de nombre, que no podía influir en su ducado. Así, se había casado con esa mujer. El Duque no respondió a los rumores, y pronto los rumores se hicieron realidad.

—Por supuesto que ese sería el caso. ¿Por qué otra cosa se casaría el Duque de Taran con una mujer así?

Las mujeres nobles hablaban con tanta pasión, que estuvieronn cerca de toser sangre. Era la única forma de desahogar su ira por perder tan buen trato.

¿Qué le pasa a ella? ¿No sois todos iguales?

Un hombre buscaría a una mujer con un útero sano para continuar la línea familiar, mientras que la mujer buscaría a un hombre con gran riqueza a cambio. Era una forma de estrategia ligada por contrato.

Aunque el proceso del matrimonio del Duque fue diferente, fue más o menos el mismo que cualquier otro noble en la tierra. En cualquier caso, ella seguía siendo la esposa oficial de un duque. ¿Y qué si ella era sólo una esposa de nombre? Seguía siendo su esposa. El duque no había tomado ninguna concubina, y aunque no se sabía si tenía amantes secretos, no había rumores acerca de tal cosa. Al menos, el Duque de Taran no era tan bastardo como el Conde Matin.

El pelotón del Caballero de Taran ya había pasado mientras Lucía estaba aturdida, y un pelotón de caballeros diferente desfilaba. Cuando Lucía vio que el pelotón del Caballero de Taran se hacía más y más distante, se había estado aferrando a algo muy fuerte. Miró para ver lo que estaba sosteniendo. Era la novela de Norman.

Un matrimonio por contrato…

El tema de la exitosa novela más reciente de Norman fue el matrimonio por contrato. Era una idea que Lucía había propuesto sin pensarlo mucho. Ella debió haber pensado inconscientemente en el matrimonio del Duque de Taran a partir de sus recuerdos.

Matrimonio por contrato…

Una luz comenzó a nadar en los ojos de Lucía.

Una esposa de nombre.

Su cuerpo tembló con una súbita realización. Se sentía como si toda la sangre en su cuerpo se hubiera drenado, dejando solo un frío que se hundía detrás.

La esposa del Duque…

Lucia se mordió los labios. Este plan podría ser la clave para escapar con éxito de su destino.

¿Debo intentarlo?

Primero, necesitaba encontrarse con el Duque de Taran. ¿Pero cómo? Solo porque ella quería conocerlo, no era una persona que pudiera hacerlo. Incluso el rey mismo no podía ordenarlo como le plazca.

Es verdad… ¡una fiesta! Hay una celebración de la victoria esta noche.

Del 3 al 5 habrá un baile cada noche. El Duque debía asistir a más de uno de estos bailes, siendo la más probable la primera noche. Obtener una invitación era más fácil la primera noche, porque la ubicación de la fiesta era grandiosa, todo con el fin de organizar la celebración de la victoria de la guerra. Era bueno que ella fuera una princesa.

Su identidad era más que suficiente para asistir a un baile, por lo que no debería haber ningún problema.

Había demasiadas cosas que preparar para la fiesta de esta noche. Primero, necesitaba un vestido. El momento de usar el dinero que había ahorrado finalmente había llegado. Pensó en todas las cosas que necesitaba hacer y rápidamente movió su cuerpo hacia adelante.

No… ¿No queda nada?

La empleada asintió con la cabeza disculpándose. Lucía cayó al suelo allí mismo. Ella había corrido a este lugar sin parar. Era su última esperanza, pero fue en vano.

No había muchas tiendas de ropa que hicieran vestidos con una calidad lo suficientemente buena como para adaptarse a un baile así pero aún dentro de su presupuesto. Normalmente, las tiendas estaban llenas de vestidos, pero ahora era un caso especial.

Sería un baile extravagante celebrado por primera vez en mucho tiempo. Todas las mujeres nobles de la capital asistirían y los carruajes se alinearían para entrar. Había muchas nobles como Lucía, que no tenían mucho dinero, por lo que comprar estos vestidos asequibles era como ir a la guerra.

Era demasiado tonto pensar que podría comprarlo en el último minuto. Debería haber pre-ordenado uno un mes antes. Habría podido obtener un vestido malformado o apenas transitable una semana antes, a más tardar.

¿Qué puedo hacer al respecto, cuando solo pensé en ir a la fiesta hoy?

—Hay… uno…

La empleada debe haber sentido lástima por Lucía, que parecía estar desesperada.

—¿Queda uno?

—Esto… han pasado unos años, así que el estilo es un poco… Bueno, con un poco de trabajo de reparación, hará…

—¡Eso está bien! Lo compraré. Pase lo que pase, ¡es mío!

—No, pero el vestido es un poco demasiado pequeño.

—¿Es demasiado pequeño?

—Si usted es quien lo lleva, se ajustará. Pero, no vas a ser quien lo lleve, ¿verdad?

—¡Lo es!

Lucía respondió apresuradamente, pero luego volvió a redactar su respuesta.

—Quiero decir, la persona que lo usará es exactamente como yo. Ella tiene mi cuerpo exacto, así que no hay problema.

—¿Es eso así? Entonces por favor entre y prueba el vestido. Déjeme ver si necesitamos algún remiendo extra.

La empleada buscó profundamente en el almacén y sacó un vestido. La expresión de Lucía se iluminó. Era un modesto y sencillo vestido azul pastel. Aunque era un estilo de hace años, no daba una sensación barata.

Se puso el vestido y se miró al espejo. El vestido no tenía un corsé o un panier, por lo que parecía un gran desastre. Ella tenía su cabello atado en un moño desordenado y su maquillaje era un desastre, por lo que no había nada en absoluto. La empleada giró a su alrededor mientras jugueteaba aquí y allá. [1]

—Joven señorita, ¿cómo puedes tener una cintura tan delgada? Probablemente ninguno de nuestros corsés te quedará. Parece que tenemos que reajustar las caderas. La longitud es un poco corta, así que … probablemente debas cubrirte con algo. El encaje aquí está roto, así que tenemos que cortarlo y pegar una nueva pieza … Tenemos que volver a colocar el vestido un poco.

—¿Puedo hacer eso aquí?

—Um… Parece mucho trabajo, así que lo siento. Ya tenemos muchos otros vestidos a la espera de ser reutilizados.

—Si me pongo esto sin repararlo…

La empleada negó con la cabeza con todas sus fuerzas.

—Eso nunca debe suceder. Solo harás el ridículo.

Dijeron que una vez que escalas una montaña, habrá otra montaña esperándote. Una vez que la empleada vio la cara de Lucía, ella le ofreció otra mano de ayuda.

—Mi madre ya se ha retirado, pero… Ha estado arreglando vestidos durante mucho tiempo. Si estás de acuerdo con eso…

—¡Por supuesto que está bien!


[1] Panier: Algo que se pone bajo el vestido para inflarlo y parezca más voluminoso.

Maru
Yo tampoco me lo pensaría dos veces en ir a por ese duque... Lucía, espero que te salga bien la jugada.

| Índice |

One thought on “Lucia – Capítulo 1: 18 años (1)

  1. Tarsis says:

    Lo que siempre me ha gustado de Lucia es su personalidad, ella deja pasar las odiosidades que hace el servicio porque le conviene, no porque sea tonta, manipulable o víctima. Lo hace porque tiene cierta libertad de esa forma. Pero El Duque de Taran… basta nada más verlo para sentirse minúsculo. ¿Quién mejor que él para ser un protector? xD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *