Lucia – Capítulo 9: Primera noche (3)

Traducido por Maru

Editado por Tanuki


Hugo, que todavía estaba acostado en la cama, frunció ligeramente el ceño y abrió los ojos. Sus ojos estaban claros, como si hubiera estado despierto todo el tiempo. Era sensible a su entorno y había estado despierto desde el momento en que Lucia comenzó a luchar en la cama.

¿Qué demonios está haciendo?

Después de haberse caído de la cama con un ruido sordo, solo siguió el silencio. Se quitó la manta y se levantó. Movió su cuerpo ligeramente, a diferencia de una persona que había estado dormida hasta hace poco. Levantándose de la cama, caminó a su lado.

Estaba sentada allí, aturdida. Comenzó a sacudir la cabeza frenéticamente de un lado a otro. Se agarró al colchón y luchó por ponerse de pie. Aunque no estaba acostumbrado a ayudar personalmente a los demás, no podía sentarse en silencio y no hacer nada. Caminó hacia ella con paso lento, teniendo cuidado de no asustarla.

—Oh…

Sus ojos color naranja calabaza se abrieron de par en par cuando vio la cama vacía y su figura erguida.

—Tienes malos hábitos de sueño. ¿Cómo puedes caer de una cama tan ancha?

Se había despertado justo ahora, por lo que su voz era más baja de lo habitual. Aun así, era guapo. Lucía, que lo miraba con ojos aturdidos, volvió rápidamente a la realidad.

—¡No es así!

Sus brazos, que la sostenían en alto, elevaron el calor de su cuerpo, por lo que Lucia trató de alejarlo con vergüenza. Sin embargo, su cuerpo era tan sólido como una roca y no se movió. Decidió dejar de luchar contra él cuando vio que cualquier esfuerzo adicional sería inútil.

—¿Entonces caminas dormida?

—Me desperté para beber agua y… —Lucia se sintió un poco tímida por alguna razón, y miró al suelo mientras murmuraba el resto de sus palabras en voz baja. —Caminar es… un poco difícil en este momento…

Soltó un suave suspiro. Poniéndose las zapatillas que estaban debajo de la cama, movió los pies con pasos ligeros. Cuando llegaron al final de la alfombra, se escuchó el sonido del vidrio rompiéndose bajo sus pies.

—Ah… ayer rompí un vaso de cristal…

Se había olvidado por completo de eso. Si no fuera por él, habría caminado directamente al suelo cubierto de pedazos de vidrio con los pies descalzos.

Cargó fácilmente a Lucia con un brazo y se detuvo frente a la mesa. Sirviendo un vaso de agua, se lo entregó.

—No lo rompas esta vez.

—…Sí.

Nunca dejaba de molestarla. Tsk, murmuró quejas silenciosas para sí misma y aceptó obedientemente el vaso.

No solo era alto, también era muy fuerte. La manejaba fácilmente como si fuera una niña pequeña. Sostenía sus nalgas y caderas con solo un brazo, pero ella se sentía muy bien equilibrada y a gusto.

—Gracias.

Tomó su taza vacía y la colocó sobre la mesa.

—¿Algo más?

—… ¿Eh?

—¿Te llevo al baño?

—¡¡No!!

Lucía gritó mientras su rostro brillaba enrojecido. Su mirada se encontró con la suya, y sintió que sus ojos rojos se reían de ella. Su cabello negro generalmente tenía un estilo prolijo, pero actualmente estaba revuelto en su forma natural y le parecía increíble. Lucía levantó la mano y le quitó el pelo de la cara. Sus cejas se torcieron ligeramente.

Estaba avergonzada de su acción impulsiva y su mirada feroz se sentía pesada. Siguió su línea de visión hacia abajo y se sorprendió por la sorpresa. La mitad de sus senos estaban al aire libre con sus pezones asomándose un poco. Se había atado la bata descuidadamente antes, pero se había deshecho. Le ardieron las orejas.

Lucía se apresuró a sostener su túnica e intentó cubrirse. Desafortunadamente, ésta quedó atrapada entre sus brazos y su cuerpo, y tirar de ella no hizo nada para ayudar a cubrirse. Justo en ese momento, su mano agarró firmemente su pecho.

Lucia jadeó alarmada y rápidamente dirigió sus ojos hacia él. Sus ojos rojos parecían atraparla y no podía moverse. La había estado mirando todo este tiempo, y podía sentir que su mirada se volvía más pesada. Estaba asustada, pero no podía apartar los ojos de él.

Tan pronto como él agarró su pecho con un poco de fuerza, Lucía respiró hondo y gimió. La dejó sobre la mesa y le tomó un bocado de pecho.

—¡Ah!

Una sensación electrizante recorrió su columna vertebral. Sus labios estaban chupando su pecho mientras su lengua acariciaba su pezón. Lo mordisqueó ligeramente y luego metió la lengua.

—¡Ah! ¡Ugh!

Lucia agarró su hombro mientras su cuerpo se sufrió un espasmo por la estimulación. La dura mesa sostenía su cuerpo cuando él se presionó sobre ella. Cogiendo codiciosamente sus senos, lamió con burla, los mordió y los chupó sin pausa. El sonido de succión que escapó de sus labios la puso nerviosa y su cuerpo ardió con calor.

El cinturón había caído hace mucho tiempo al suelo mientras su bata estaba completamente deshecha sobre la mesa. El aire frío rozó su piel cuando su cuerpo desnudo quedó expuesto a la intemperie. Él extendió sus piernas apoyando una de ellas en su brazo. Su dedo se frotó contra ella mientras se abría paso lentamente.

—Uuh…

Un dolor ardiente la hizo llorar. Ella todavía estaba sufriendo por los efectos posteriores de sentir su enorme longitud esa vez. Aun así, después de que su dedo empujó y tiró desde adentro, sus jugos comenzaron a fluir, causando un sonido embarazoso que resonó por toda la habitación. Gracias a eso, su dedo pudo deslizarse dentro y fuera fácilmente. Sin embargo, ella todavía sufría de dolor.

—¿Duele?

Lucia asintió apresuradamente. Ella lo miró con una mirada impotente y desesperada. “Duele. No quiero hacerlo.” Ella le envió este mensaje con los ojos. Pero cuando su dedo se fue y su miembro endurecido la empujó, ella palideció. Cuando su longitud entró en sus tiernas entrañas, ella comenzó a llorar.

—Ssh…

Trató de calmarla mientras la besaba, pero la presionó más profundamente. Su interior ardía y dolía.

—Ugh…

Era un dolor diferente al momento en que la había penetrado por primera vez. Su interior era doloroso y los músculos de todo su cuerpo estaban adoloridos. Enormes gotas de lágrimas cayeron una tras otra de sus ojos.

Puso su fuerza detrás de sus empujes mientras la penetraba sobre la mesa. Realmente… Se sentía demasiado bien. Su interior firmemente envuelto alrededor de su miembro, estimulándolo en todos los lugares correctos. Sintiendo que estaba saboreando algo dulce, lamió ligeramente sus labios.

Ella realmente… hace que una persona se vuelva loca.

Sus lágrimas, su expresión, sus llantos, los gritos, su dulce cuerpo y su piel, sus reacciones inocentes, sus entrañas que abrazaban firmemente su erección… Todo en ella hizo que él se excitara exponencialmente. Era como si se hubiera convertido en un vampiro hambriento que había captado el aroma de la sangre. El demonio dentro de él siseó para liberar a su bestia interior y la golpeó hasta que su hambre sexual fue satisfecha.

No puedo.

Si actuaba sobre su demonio interno, esa mujer frágil moriría. Su joven esposa era frágil y débil. Con un poco de fuerza, podría romperse fácilmente. Todavía era demasiado inexperta para aceptar completamente a un hombre. Sería malo si él matara a su esposa la primera noche después del matrimonio.

Besó ligeramente a Lucía, que estaba llorando. Él enredó su lengua dentro de su pequeña boca e investigó a fondo. Mientras lo hacía, compuso su cordura que estaba a punto de volar al espacio. Su beso continuó hasta que ella pareció estar sin aliento.

Su longitud estaba completamente envainada dentro de ella. Se retiró lentamente y Lucía gimió. Ella apretó los ojos pensando que aún no había terminado. Sin embargo, él simplemente ayudó a Lucía a vestirse y la levantó una vez más. Lucia lo miraba con ojos grandes.

La acostó sobre la cama. Lucia lo miró sospechosamente mientras se mantenía muy callada.

—¿Te arrepientes?

Lucia rápidamente sacudió la cabeza de lado a lado.

—Ya no te tocaré, así que vete a dormir.

Ella se relajó, dejando que sus músculos tensos se aflojaran. Se estaba comportando tan notablemente diferente, que tuvo que tragarse la amarga sonrisa que se formaba en sus labios.

Entonces ella es ese tipo de persona.

Él dejó escapar un suspiro. Sus circunstancias eran ridículas y lamentables. Su virilidad rígida y dura estaba empezando a doler por la frustración sexual acumulada. Llevaría demasiado tiempo dejar que se enfriara por sí solo, pero estaba molesto porque tendría que cuidarlo él mismo. Nunca tuvo que masturbarse ya que nunca había tenido escasez de mujeres; así nunca tuvo que recurrir a tales medios.

Suspiró, confundido sobre cómo abordar esta situación, mientras que Lucia lo admiraba. Ahora la habitación era más luminosa y ella podía ver su rostro con más claridad. Sería difícil encontrar a alguien más guapo como él.

Su rostro esculpido estaba bien equilibrado; sus rasgos perfectamente armonizados entre sí. Tenía la nariz alta y los ojos agudos. No pudo encontrar ningún defecto en él. Aun así, la gente no se refería al duque de Taran como “encantador”.

¿Es por… sus expresiones faciales…?

Siempre era indiferente y frío. Era imposible leer sus pensamientos internos al observar sus expresiones. Uno tendría dificultades para adivinar si se sentía bien o mal.

Era conocido por su prestigio militar y su terrible presencia durante la guerra, lo que hacía que otros le temieran.

Se levantó y desapareció en alguna parte. Observó a su apuesto esposo irse con un corazón triste, sin la menor idea de que iría al baño a cuidar a su miembro rígido.

¿Por qué aceptó casarse conmigo…?

No tenía idea. Mucho había sucedido entre ellos, pero no lo suficiente como para justificar tal resultado. Él podría encontrar muchas mujeres que estarían de acuerdo con los mismos términos que ella. En aquel entonces, había elegido el mejor camino posible, pero pensando en el pasado, no cuadraba perfectamente. Sería correcto que él se riera de ella como una broma y la aplastase como un insecto.

Regresó del baño con mal genio. Pudo liberar la frustración sexual acumulada, pero no se sintió satisfecho en absoluto. En todo caso, se sintió incómodo. Acababa de casarse; había una mujer perfecta frente a él, pero tuvo que recurrir a masturbarse. Había decidido actuar como un caballero por su culpa, pero no pudo evitar hervir de ira por dentro. Escondió toda su ira dentro de su corazón y regresó a la cama.

Ella no volvió a dormir, simplemente estuvo dando vueltas en la cama. Cuando sus ojos color naranja calabaza lo miraban, él no podía evitar sentirse molesto. Sin embargo, solo por su expresión, uno nunca conocería sus verdaderos sentimientos. Parecía llevar una máscara fría y despreocupada.

—¿No vas a volver a dormir? Si no duermes, no podrás reunir fuerzas para más adelante. En unas pocas horas, nos iremos al norte, no será un viaje fácil.

—No me convertiré en un obstáculo para tus asuntos diarios. Por favor no te preocupes.

Su voz era firme y fuerte, y él no pudo evitar escanear su condición corporal de arriba abajo.

—No puedes caminar.

Lucía se puso a la defensiva mientras fruncía los labios. Cuando él continuó mirándola a la cara, ella pronunció un silencioso “¿Qué?”

—… estabas pensando en hacerlo de nuevo, ¿no?

Ella lo tomó por sorpresa con esa pregunta, lo que hizo que se echara a reír.

—Entonces estás diciendo que es mi culpa que no puedas caminar.

—… No es que no pueda. Simplemente se siente… un poco raro…

—Llamaré a un médico por la mañana.

—¿Eh? Estoy bien. Estoy realmente bien.

Lucía se sorprendió y cortésmente se negó. ¿Cómo se suponía que debía explicar ese dolor vergonzoso a otra persona? Aunque esa persona sería un médico, todavía no quería hacerlo.

Lucía se puso de pie para demostrar su perfecta condición corporal, pero sus músculos estaban rígidos y la parte inferior de su cuerpo le dolía. Ella dejó escapar un grito silencioso dentro de su corazón, mientras gotas de sudor frío se formaban en su frente.

Él chasqueó la lengua y suavemente la ayudó a regresar a la cama.

—Si estás cansada, explícamelo claramente. Desde mi punto de vista, será imposible partir hoy.

—Estoy realmente bien. Por favor, no sientas que debe cambiar tu horario por mi culpa.

—Será un viaje en carruaje de al menos tres o cuatro días. No habrá aldeas o pueblos en los que pueda descansar en el camino. Tendrás que pasar todos esos días dentro de un carruaje. ¿Me estás diciendo que estás bien con eso?

—Sí, estoy realmente bien.

—No seas terca con las estupideces.

Uno debe asumir la responsabilidad de sus palabras. Sería problemático gritar palabras orgullosas y luego poner muchas excusas insignificantes más tarde. Necesitaba comprender su mentalidad claramente para planificar cualquier cambio, para poder minimizar cualquier tipo de problema que surgiera más adelante. Las medidas preventivas serían imposibles una vez que los problemas se dejarán ciegamente para el futuro porque “no hay remedio”.

No hubo diferencia con las mujeres también. Ellas dirían que estaban bien y no se preocupan por ellas, pero luego, le dirían que eso no era lo que querían decir. Se quejarían de que él no podía entender sus sentimientos. Cada vez que eso sucedía, él rompía con ellas en el acto. Cualquiera que se escondiera y albergara quejas dentro de sus corazones terminaría apuñalándolo por la espalda algún día.

—No estoy tratando de ser terca… entiendo que tienes asuntos urgentes en el norte. Es cierto que estoy sufriendo un poco de incomodidad, pero siento que debo soportarlo por ahora.

Una leve grieta se formó en su expresión helada. La situación urgente en su ducado. Esa fue la excusa que había dado para resolver el matrimonio en un asunto informal. No había compartido detalles explícitos sobre el asunto, y cualquiera llegaría a la conclusión de que el siguiente paso sería apresurarse a regresar lo antes posible.

Por supuesto que no podía explicar que no pasaba nada en el norte y que solo lo había hecho para resolver el matrimonio sin problemas. Trató de ocultar su vergüenza, por lo que su voz sonó más amable de lo habitual.

—…No es tan urgente, no va a pasar nada si llegamos más tarde. Voy a retrasar nuestros viajes a una fecha posterior.

Lucía lo observó una vez más. El hombre no era tan autoritario y frío como ella había creído originalmente. No ignoró ninguna de sus palabras, y conversar con él no se sentía incómodo en absoluto. Cuanto más lo conocía, menos entendía. No era una persona tan mala, pero tampoco era una buena. Cada vez que se decidía por una, al momento siguiente pensaba de otra manera.

—¿Está bien… preguntar una cosa más?

—No. Vuelve a dormir.

—Cuando se resuelva el negocio urgente en el Norte, ¿volverás a la capital?

Esa mujer era realmente… La miró con ojos fríos, pero ella no parecía asustada ni mansa en absoluto. Era así desde el principio;  no tuvo ninguna duda al tratar con él. Estaba callada, pero expresó todo lo que necesitaba. Estaría bien ignorarla si estaba tan molesto, pero se sintió extraño de que no le importara responder todas sus preguntas.

—Habrá muchas cosas que hacer. No he hecho ningún plan para regresar a la capital a corto plazo.

Le había dicho al Príncipe Heredero que volvería en dos años, pero no había una fecha explícita establecida. Estaría bien extender el plazo tanto como quisiera.

—¿Eso estará bien? Quiero decir… ¿el Príncipe Heredero aceptó gustoso tu pedido?

Esa era una pregunta que no esperaba. Hugo encontró su mirada con ojos interesados. Era cierto que se puso del lado del Príncipe Heredero, pero no hizo nada por él personalmente. No había nadie que pudiera dar una confirmación concreta de que definitivamente era así. Era un tema delicado. ¿Esta mujer estaba interesada en el poder? Él almacenó esa información con interés.

—No estuvo de acuerdo.

Kwiz había tratado de atar a Hugo con amenazas y sobornos. Pero no se había sentido tentado en absoluto. Había formado un sistema de administración perfecto en el norte, por lo que incluso si no estuviera allí, el ducado estaría bien a largo plazo. Sin embargo, era necesario hacer notar su presencia como el duque.

—Veo que… te quedas con cualquier decisión que tomes hasta el final.

Lucía había captado esa tendencia suya. Una vez que tomara una decisión, avanzaría rápidamente. Solo les llevó un mes celebrar un matrimonio informal. Sin pausa, todo había pasado muy rápido. Antes de darse cuenta, ya estaba firmando su nombre en el certificado de matrimonio.

—¿Alguna vez te has arrepentido de una decisión que tomaste?

Su silencio se sintió doloroso.

—… Si la pregunta era demasiado personal, entonces…

—Nunca. No tengo apegos a nada del pasado. Es inútil aferrarse a algo que es imposible de cambiar.

Era tan… Sintió un escalofrío en su corazón.

Una vez que me arroje, nunca mirará hacia atrás. No importa si es su trabajo, relaciones humanas o chicas.

Era un hombre fuerte y arrogante. También fue así dentro de su sueño. Siempre había tenido confianza y recibió elogios de la gente como algo natural. Muchos lo anhelaban. No fue fácil acercarse a él, y lo máximo que podía hacer la gente era mirarlo a escondidas desde lejos. Puede ser que a Lucía le gustara ese hombre mucho más de lo que había imaginado.

Era sorprendente que él estuviera a su alcance. Ella se había convertido en su esposa. Era increíble que fuera su mujer ahora.

Qué ojos tan brillantes.

Hugo pensó para sí mismo mientras observaba sus ojos color calabaza mirando hacia atrás. Sus ojos brillaban de deseo, asombro y miedo. Por lo general, las mujeres que lo deseaban no tenían tales emociones. Las muchas mujeres que intentaron seducirlo deseaban su riqueza y autoridad. No había visto a una mujer cuyos ojos fueran tan claros.

¿Era tan diferente porque había crecido en circunstancias tan singulares? Si hubiera crecido como la realeza normal, rodeada de sirvientes, no habría sido diferente a los demás. Esto probablemente solo fue posible porque había crecido creyendo que era de nacimiento plebeyo.

Su teoría de la vida era que el mundo no podía cambiar. Algún día, sus ojos claros se contaminarían por la avaricia de este mundo. Solo podía permanecer tan inocente hasta ahora, porque todavía no había experimentado el mundo verdadero. Ella solo era una flor tardía.

No parecía aburrida, así que al menos no sería molesta en el futuro. Además, su cuerpo no solo se sentía bien, se sentía increíble. Estaba perfectamente satisfecho con esos resultados, aunque fuera un matrimonio apresurado.

—Parece que te vas a dormir solo después de que me vaya.

—¿Y Su Gracia? ¿Ya no está durmiendo?

—Me despierto a esta hora todos los días.

—¿Tan temprano?

El conde Matin solo se despertaba cuando el sol estaba alto, a medio día. Sospechaba que no había vivido para ver algo así como la mañana durante toda su vida. Pero en su defensa, no era porque el Conde Matin era particularmente perezoso ni nada. Era una práctica común que los nobles se fueran a dormir más allá de la medianoche y se despertarán tarde por la mañana. Era la razón por la que los nobles frecuentaban varios bailes, fiestas sociales y cenas hasta altas horas de la noche.

—Te dije que no me llamaras “Su Gracia” en la cama.

—…Sí. Pero… no tan fácil. No se siente bien…

Otras mujeres siempre estaban impacientes por llamarlo por su nombre. Pero esta mujer no era tan fácil. Aunque estaba sentado cerca de ella, no colocó un dedo sobre su cuerpo. Después de una noche de calor, las mujeres se acurrucaban y se aferraban a él como un chicle.

¿Fue ayer desagradable? ¿Tal vez fue una mala idea tratar de tocarla justo ahora?

Ella era diferente de otras mujeres. Otras mujeres no lloraron de dolor como ella. Por primera vez desde que nació, comenzó a sospechar de su propio orgullo.

—Vivian.

Nunca mantuvo preguntas dentro de su corazón, pero frente a unos ojos tan claros que le devolvieron la mirada, no pudo reunir el valor para preguntar: “¿Cómo se sintió con respecto a nuestra primera noche juntos?” Puede ser que tuviera miedo de lo que podría salir de la boca de la niña. En su caso, si ella no respondía que fue agradable, su orgullo de hombre se hundiría.

—… En lugar de mi nombre, práctica no sorprenderte al escuchar tu propio nombre. ¿Quizás es que no te gusta cuando te llamo?

—… Estoy incómoda… con el nombre…

—Tengo que llamarte por algo.

—Hay muchas maneras de llamarme.

—¿Muchas maneras? ¿De qué otras maneras… mi esposa? ¿Cariño? ¿Querida? ¿Mi amor? ¿Lindura?

La cara de Lucia parecía de un rojo brillante. ¿Cómo pronunció esas palabras tan naturalmente?

—Escoge.

Como permaneció congelada con la boca cerrada, él inclinó la cabeza.

—¿Odias las formas comunes de ser abordada? ¿Qué pasa con mi sol o mi alma gemela?

—¡Mi nombre! Por favor, llámame por mi nombre.

—Mmmmmm… Creo que eso también es lo mejor, Vivian.

Lucia se puso de mal humor al ver su sonrisa disimulada. Como se esperaba de un jugador. No tenía expectativas de que le fuera fiel porque estaba casado. Dentro de su sueño, aunque no tenía novias públicas después del matrimonio, había tenido muchas chicas con las que jugar escondidas en algún lugar.

—Detengámonos aquí. Vuelve a dormir.

—Pero…

—¡Vivian!

Los ojos de Lucía se agrandaron y luego se rieron al momento siguiente. ¿Qué debería hacer? Murmuró para sí mismo algo mientras la miraba con ojos gentiles mientras ella se reía.

—¿Cuántas horas sueles dormir?

—Alrededor de tres a cuatro horas.

—¿Todos los días?

—Hay momentos en que también puedo dormir solo una o dos horas.

En estado de shock, la boca de Lucia se abrió de par en par. Ser duque no era un trabajo fácil que cualquiera pudiera manejar. Solo era posible para alguien tan trabajador como esta persona.

—…Lo siento. Eso será imposible para mí. Podría morir durmiendo solo tres o cuatro horas al día.

—… ¿Alguna vez te pedí que hicieras lo mismo?

—Su Gracia… Hugh… ¿Cómo puede dormir la esposa del Duque mientras su esposo está trabajando…?

Era confuso si se estaba riendo de diversión o de estar sin palabras.

—Aprecio tu sentimiento, pero no hay necesidad. Solo cierra esa boca tuya y duerme.

Su mano cubrió los ojos de Lucia. Su mano enorme cubrió la mayor parte de su rostro. No le gustaba especialmente hablar con mujeres, pero no le molestaba conversar con ella. En realidad, ella tenía una voz muy agradable. No tenía la típica voz nasal falsa y aguda, sino una clara, suave y calmante.

—Siento haberte molestado.

No se sintió molesto. Pero no se molestó en negar su declaración.

En la oscuridad, Lucia parpadeó un par de veces y pronto volvió a dormir. La observó respirar a un ritmo lento y relajado, y se rió en voz baja.

La observó dormir tranquila por un corto tiempo antes de levantarse. Caminó alrededor de la cama a su lado y se inclinó, luego besó ligeramente sus mejillas mientras su aliento le hacía cosquillas en la mejilla. Él chupó suavemente su suave labio inferior y se separó con una lamida. Cuando se enderezó, su expresión parecía muy complicada.

♦ ♦ ♦

Jerome y tres criados estaban en espera en la sala de recepción. No había manera de molestar a la pareja de recién casados ​​en su propia habitación. Tras la muerte de la Duquesa de la última generación, esta regla de oro había sido ignorada. Sin embargo, desde la aparición de una nueva Duquesa, había sido reinstalada.

Cuando Hugo terminó su baño, los tres criados se movieron rápidamente para ayudarlo. Tocaron el agua remanente en su cuerpo, mientras le quitaban la bata para ayudarlo a ponerse su ropa habitual. Descubrieron una marca de mordida redonda en el brazo de su Señor y marcas rojas de arañazos en su hombro, sin embargo, nadie habló de ellos, y rápidamente los escondieron debajo de su ropa.

Las tres criadas se movieron como si fueran una sola entidad con perfecta armonía. El más joven de los tres hermanos tenía 17 años. Sus padres habían fallecido debido a una epidemia de los barrios bajos y los hermanos fueron los únicos que sobrevivieron a la terrible experiencia.

Los tres se habían quedado huérfanos y habían perdido la voz debido a la epidemia. Jerome los había tomado bajo su protección y los había educado personalmente. Los tres eran inteligentes y leales. Habían pasado muchos años, y actualmente se destacaban en su trabajo hasta el punto de que Jerome no necesitaba cuidarlos en absoluto.

—Todos los preparativos para partir estan completos. ¿Te gustaría hacer las inspecciones finales por última vez?

—Estoy empujando nuestro viaje a mañana.

—Sí, Su Gracia. Las doncellas del palacio vinieron a visitarnos anoche. Cuando les informamos que dormías, dijeron que volverían esta mañana.

Kwiz era bastante terco. No se había rendido en absoluto. Lo más probable era que continuase molestándolo con cartas, pidiéndole que regrese a la capital. También era un talento molestarlo en el mayor grado posible sin causar molestia.

—La próxima vez que lo visiten, déjenlos pasar la noche. Debería visitar el palacio hoy.

Como había tiempo, debería visitarlo y apaciguarlo un poco. Las batallas dentro del palacio interior por el título del próximo emperador eran feroces. El Príncipe Heredero era el objetivo de todos debido a su título. El Príncipe Heredero en este momento no tenía poder para reprimir a nadie; era simplemente un gran objetivo llamativo para todos. Aunque la situación era intensa, Kwiz había cedido a la decisión del Duque de regresar al norte.

—Mientras estoy fuera, llama a un médico.

Hasta este día, el duque nunca había llamado a un médico una vez. La persona con más tiempo libre era el médico de familia del duque. Por lo tanto, todos pudieron entender por qué era necesario llamar al médico.

—¿Está enferma la Duquesa?

—No. No llames al doctor todavía. Cuando nuestra princesa se despierte, pregúntale si necesita un médico. Sigue su decisión.

El duque no olvidó ningún detalle de la noche anterior.

—Asegúrate de llamar a una doctora.

—… Sí, Su Gracia.

¿Una doctora? El cerebro de Jerome giró vertiginosamente. Decidió que trataría de descifrar el mensaje oculto de su Señor más tarde. ¿En qué parte del mundo podría encontrar una doctora? Decidió que tenía que llevar a cabo una investigación de las mejores doctoras con anticipación.

—Su Gracia, este es Fabian.

Hugo frunció el ceño una vez que escuchó la voz desde afuera de la puerta. Era demasiado temprano para que Fabian apareciera. Si era algo tan urgente como para que apareciera, nunca eran buenas noticias. Una vez que Fabian recibió permiso para entrar, observó la cortesía con el duque y le pasó un sobre.

—Un mensaje urgente ha llegado desde el norte.

La expresión de Hugo se oscureció mientras leía el mensaje. Parecía que lo maldecía. Las cosas habían empeorado en su territorio de verdad. Eso había resultado de la larga ausencia del Duque.

Si el propietario no disciplinara adecuadamente a sus sujetos, ya sean animales o humanos, eventualmente olvidarán su posición. Los bárbaros eran muy fieles a esta lógica. No se atreverían a actuar fuera de línea, siempre y cuando estuvieran debidamente controlados por el miedo.

—¿No he sido bastante generoso cuando no pensaban en molestarme?

Su bajo gruñido causó una atmósfera escalofriante. Jerome y Fabian mantuvieron la boca cerrada y atendieron a su Señor con ojos cautelosos. Entendieron que no hizo esa pregunta esperando una respuesta.

—Fabian. Informa a todo nuestro territorio del Norte que los honraré con mi presencia. Debería hacer mi ronda con todos, ya que está en camino.

—Pero, Su Excelencia, entonces…

—No importa. Tengo muchas ganas de ver cuánto pueden luchar. Me hará muy feliz verlos arder con espíritu de lucha. De esa manera, pisarlos será divertido.

—Sí, Su Gracia —Fabian dio una respuesta breve y firme.

—Jerome. Me iré pronto. Tú quédate aquí y escolta a la duquesa a casa. No sientas que debes apresurarte.

—Sí, Su Gracia.

Jerome siguió al Duque, que ya estaba saliendo de la mansión. Hugo dejó un último mensaje antes de subir a su caballo.

—Esta es la Dama de la Casa de Taran. Dale todos tus respetos a ella.

—Seguiremos sus órdenes, Su Gracia.

Dio una patada a su caballo y corrió hacia la distancia. Los caballeros que estaban en espera lo siguieron. Jerome se quedó quieto, observando al Duque hasta que ya no pudo ser visto. Antes de abrir la puerta de la mansión, se volvió una vez más hacia la dirección en que el duque había desaparecido.

—… La Dama de la Casa de Taran.

El Duque no había dicho grandes palabras. “Dale todos tus respetos a ella”. Había transmitido palabras que eran tan obvias. Pero esas palabras decían mucho por el mero hecho de que fueron pronunciadas por Hugo, el Duque de Taran. El no era alguien que cuidara a los demás. Ni siquiera se molestó en mantener la apariencia de hacerlo.

—¿Estoy leyendo demasiado profundo algo que dijo casualmente?

Solo el futuro podría decirlo.


Maru
Yo sigo diciendo que alguien se va a arrepentir de lo que dice ese contrato de matrimonio...

Tanuki
¡Ya cayó!

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