No quiero ser amada – Historia extra 1: Hertia Cesca

Traducido por Maru

Editado por Sharon


—¿Por qué tenía que ser una niña…?

Cada vez que escuchaba el tono decepcionado de su padre diciendo esas palabras, Hertia bajaba la cabeza. No era solo ella, ya que su madre también haría lo mismo. Una mujer que no dio a luz a un niño era una delincuente, y la hija de un delincuente también lo era. Incluso si esa mujer era una princesa de un poderoso país vecino, no significaba que pudieran escapar de esta antigua tradición.

El rey de Arundell, Ed II, sólo dio a luz a una hija, Hertia Cesca. Aunque hubo dos hermanos más que dieron a luz después de ella, todos habían muerto a una edad temprana y solo quedaba ella. Su madre ya no pudo dar a luz a más hijos después. Dar a luz cuando su cuerpo se estaba debilitando significaba que lo más probable era que terminaran como un aborto espontáneo. Al final, la reina no pudo cumplir su misión más importante: dar a luz a un sucesor, y por eso se convirtió en una criminal.

Una vez que estuvo seguro de que la reina ya no podría dar a luz a un hijo, la familia real discutió sobre los problemas relacionados con la falta de sucesor. Los nobles les dieron dos soluciones al problema: que entregara la corona al primo del rey, el conde Rankas, o al esposo que la princesa Hertia tuviera en el futuro. Nadie pensó en la posibilidad de que Hertia, quien tenía la sangre real en su cuerpo, pudiera convertirse en la próxima gobernante de la tierra.

—¿Por qué no puedo ser rey y gobernante?

Hertia creció teniendo ese tipo de preguntas en su mente incluso a una edad temprana. Como la única hija nacida con la sangre de su padre, no perdió contra otros niños en términos de inteligencia y fuerza, sin embargo, siempre había sido empujada fuera de la línea por la sucesión al trono. Se hablaba de la coronación de un futuro marido al que ni siquiera había visto la cara, y el duque Rankas que no sabía nada más que beber y comerse con los ojos a las chicas, y ella no podía hacer nada más que sentarse a un lado y observar cómo sucedía todo a pesar de que en realidad era la hija del rey.

Lo único bueno era que su padre odiaba mucho al conde Rankas. Siempre poniéndose del lado de los nobles y mostrando animosidad hacia el rey, no lo veía con amabilidad en absoluto y eso hizo que los nobles se lo pensaran dos veces antes de recomendarlo. En cambio, el rey deseaba que Hertia encontrara un esposo adecuado y lo coronara como el próximo rey.

Por lo tanto, comenzó la búsqueda a gran escala de un marido adecuado para la princesa. Numerosos hombres avanzaron hacia ella. Todos le hacían la isma promesa de que se convertirían en un buen marido y cuidarían bien del país. Al final, agregarían que en verdad la amaban.

Al escuchar esas palabras, Hertia siempre se reía a carcajadas en el interior de su mente. Ni siquiera sabían qué era lo que más quería, entonces, ¿cómo podían afirmar que la aman? Si eso era realmente el amor, nunca se dejaría llevar por esa emoción.

Pero entre ellos, un hombre era diferente. No trató de hablar con dulzura a la princesa en su deseo de convertirse en rey, ni suplicar patéticamente para ganarse el más mínimo favor de ella. En cambio, señaló lo que realmente había querido desde el principio, a pesar de que nunca se lo había dicho a nadie.

—Princesa, quieres ser el rey de Arundell, ¿verdad? Y no solo como una reina que se sienta a un lado. No, en realidad, tienes un sueño aún más grandioso que solo ese. Una esperanza que nadie podría jamás se haya atrevido a soñar.

Con ojos de color púrpura oscuro que parecían extenderse para siempre hacia adentro, el hombre se rio mientras hablaba. El hombre besó el dorso de su mano que había sido endurecida y tosca debido a la larga historia de práctica de la espada a lo largo de sus años y habló.

—Solo yo puedo hacer realidad tu sueño, princesa. Así que, por favor, elígeme.

Se preguntó qué la había atraído hacia él en ese entonces. Hertia siguió pensando en lo que ocurrió ocasionalmente después de ese día. ¿Fue el hecho de que él fue el único que alguna vez descubrió lo que ella realmente estaba buscando, o fue su sonrisa?

En cualquier caso, después de considerar todos los requisitos previos, también era adecuado en términos de material de marido. Si el estatus del esposo fuera demasiado bajo, podría dañar la dignidad de la reina y si era demasiado alto, podría intentar robar la corona en el futuro. Tenía un estatus alto y noble, sin embargo, su familia había caído en desgracia y se debilitó, lo que hizo que se sentara a un lado y observara cómo las otras familias seguían peleando entre sí por el poder político. Cuando Hertia lo eligió al final, dijo que la ayudaría tanto como pueda hasta que ella se convierta en el rey. Y a cambio, Hertia prometió devolver a su familia caída a su antigua gloria.

Los nobles no se opusieron particularmente al matrimonio entre los dos. Sabían que como no tenía mucho poder político, no acabaría siendo un gran problema en el futuro. Juzgaron que en realidad sería mejor a que la corona fuera entregada al conde Rankas.

Cualquiera que fuera el plan secreto de ambos lados, su vida matrimonial fue bastante estable y cómoda durante alrededor de un año. Hasta el punto en que incluso pensó que esta podría ser la felicidad que quería. Siempre obedecería las órdenes de Hertia mientras era amable con ella, y su astucia le ayudó a luchar contra el conde Rankas. Por tanto, Hertia compartió con él el poder político que tenía. Se le otorgó un puesto como uno de los miembros del Consejo Privado y pudo mostrar una gran influencia en la gestión del personal.

Cuando su madre falleció, fue él quien se quedó a su lado y también la consoló. Cuando más tarde concibió, se sintió realmente feliz por ella. Ahora bien, si tan solo recibían el anuncio de que la sucesión al trono se le daría a la princesa Hertia como siempre quisieron, significaría que ambos sueños se habían hecho realidad.

Mientras esperaban, empezaron a flotar extraños rumores; que su esposo estaba reuniendo a la gente detrás de ella por separado y estaba haciendo cosas escrupulosas sin avisarla. También escuchó que él andaba actuando engreído como si ya se hubiera convertido en el rey. Al principio, Hertia se rio de los rumores y los desestimó, pero cuando un día su esposo la dejó fuera de una importante reunión del gobierno intencionalmente sin siquiera consultarle, la situación cambió.

—Hertia, ahora estás embarazada, así que lo que debes hacer es descansar sin importar nada —la consoló, diciendo esas palabras.

Quería creer en ellas, pero a medida que seguían apareciendo más evidencias que mostraban que estaba mintiendo, era difícil. Al final, Hertia juzgó que su marido se había quedado ciego de codicia por el puesto del trono y la había traicionado. Una ola de amarga tristeza y rabia se apoderó de Hertia. En ese momento, se dio cuenta que a partir de ahora ya no podría creer en nadie.

Durante ese tiempo, su padre se estaba volviendo más decrépito y viejo. Significaba que no quedaba mucho tiempo.

Y así, una noche en la que ni siquiera brillaba la luna, Hertia dio la orden de asesinar a su marido. Fue porque si su esposo moría y no existía, su padre no podría hacer nada más que entregarle la corona como sucesor.

Mientras regresaba de la casa de su familia y caminaba hacia el palacio, fue emboscado por unos asesinos. Luchó ferozmente contra ellos, pero le fue imposible derrotar por completo a hombres altamente entrenados.

Mientras yacía allí, muriendo de una puñalada en el estómago, vio a Hertia con un velo negro sobre ella. Al principio le gritó que se fuera, pero luego se dio cuenta de que fue su esposa la que ordenó su muerte. Sus ojos temblaron por la sorpresa. Luego gritó mientras arrojaba sangre por la boca.

—Mujer lamentable. Un día, encontrarás el mismo final que yo. En este mundo en el que ya no depositas ninguna fe en nadie, al final morirás miserablemente de manos de la persona más cercana a ti.

Y con esas palabras, murió. El carruaje que transportaba su cadáver pronto fue empujado por un acantilado. Al verlo caer, Hertia recordó sus palabras que eran como una maldición. Ella pensó por un momento que tal vez no fuera su última voluntad, sino una predicción del futuro.

Cuando el marido que se suponía iba a recibir la corona falleció debido a un desafortunado accidente, el rey no pudo hacer otra cosa que tomar una decisión. Y así, justo cuando estaba a punto de morir, se fue con las palabras que Hertia quería desde el principio.

—La que recibirá la corona después de mí será mi hija, Hertia Cesca.

Aunque hubo algunas conmociones por el hecho de que no era el primo del rey o el marido de la princesa quien recibió el trono, sino la princesa, por un tiempo las cosas fueron bien. En primer lugar, el conde Rankas era un hombre tonto y no tenía inteligencia para pensar estratégicamente. Sin embargo, en ese momento, hubo una cosa que Hertia no notó: las personas con deseo y codicia por el poder político a veces podían hacer que sucediera lo imposible.

En un momento perfecto, su condición corporal no era muy buena debido a su embarazo. A pesar de que siempre fue perfecta y sin interrupciones en su defensa, su fatiga la hizo descuidada. Cuando se encontró atrapada en lo alto de la torre debido a un levantamiento, Hertia se dio cuenta de la situación en la que se había metido. A pesar de que era la propia sucesora del trono, ahora tenía que pasar por la indignidad de ver a su prima ir a través de la coronación mientras estaba atrapada dentro de una habitación oscura y pequeña.

Con la rabia hirviendo dentro de ella, Hertia envió una carta en secreto a Crichton. Entonces pronto se le ocurrió una oportunidad. Acordó con la familia real de Crichton, la familia de su madre, que la ayudaran. Con ellos, Hertia escapó a la finca de su socio más cercano, el marqués Rozan, y mientras recuperaba su poder militar nuevamente, dio a luz a su hijo. Era un chico sano con el pelo negro como el carbón y unos ojos morados como joyas, y se parecía exactamente a su marido muerto. Al ver la cara de su hijo, naturalmente recordó lo que ella misma le había hecho a su esposo.

El rostro de Hertia rápidamente se volvió frío e indiferente.

—Llévatelo.

Después de entregar al niño a una niñera, nunca volvió a buscarlo. En este momento, lo que tenía que hacer era recuperar la posición que le habían quitado.

Hertia se puso una armadura, tomó una espada y saltó al campo de batalla. Era la forma más efectiva de hacer que aquellos que dudaban de sus habilidades como mujer en la batalla se dieran cuenta de lo capaz y realmente poderosa que era.

Un año después, finalmente reclamó la corona de Arundell que siempre quiso, pero tuvo que dejarla ella misma. Se dio cuenta de que si la guerra continuaba, incluso si ganaba el control de Arundel, terminaría con nada más que ruinas derrumbadas.

Después de firmar un tratado donde reconocía al conde Rankas como el rey de Arundell a cambio de dejar que su hijo fuera el siguiente en la fila para el trono, regresó a Crichton, se sentó en una silla y miró con ojos vacíos a la nada. Sentía que todo carecía de sentido en su vida. ¿Por qué luchó todo este tiempo? Si así era como iba a ir, ella podría haber disfrutado de una vida como reina.

—Mamá… mamá.

Fue en ese momento cuando escuchó el sonido del llanto de un bebé.

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