Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 23

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Ella regresó a las oficinas de Leandroth. Una de las doncellas le entregó una linda flor amarilla con un mensaje de que el marqués había comido un poco y ahora estaba durmiendo. Ella rió, fue como el mensaje para un amante.

Se lavó la cara que estaba surcada de lágrimas y se peinó. El maquillaje aún permanecía en su rostro, pero eso no se pudo evitar.

Leandroth era cruel, parecía que él, específicamente, pidió que se vistiera así, tal vez para despertar y sacudir al marqués a volver a la vida.

Los tontos que se apropian del poder del primer ministro… ¿se trata del Conde Pickers?

Para ser honesta, ella no podía recordar su cara tan bien como quisiera. Leandroth había dicho que era un hombre apuesto, pero ¿era realmente cierto? Ella no pensó que su memoria fuera tan mala. Sin embargo, olvidar algo tan fácilmente la inquietó.

Sus doncellas, la rubia de ojos azules Agatha que era la mayor, Berta con el pelo rojo y ojos negros, Clara con el pelo y los ojos castaños, Elba con el pelo y los ojos negro, Gemma con el pelo gris oscuro, Lara de cabello plateado y de ojos purpúreos, la rubia Ioan, Nuria con el cabello castaño ondulado, Chía con el pelo castaño, la rubia Emma y Paola la más joven con el pelo anaranjado y la melena de un león.

En cuanto a sus damas de honor: Augustina, esposa del Conde Burgos, condesa Bertrand con cabello rubio anaranjado; Benaza, Lady Camino, con abundante cabello castaño; Calderina con el pelo rojo como el fuego, la hija del conde de Crotette; Celestia con el pelo plateado como el rocío de la mañana, la hija del conde de Randall; Miranda con ojos celestes y cabello rubio, Dame Saiseido; la rubia pálida Christina, la hija del Lord Vischetique; Regina que tenía pelo lacio y negro, hija del conde de Urbano. Christina y Regina eran herederas de sus títulos.

Ella escuchó que Eulver, el conde de Eubelo, quien iba a entregar su título a su segundo hijo, una vez que alcanzara la mayoría de edad, su hijo mayor murió en la guerra.

Si ella podía recordar todo eso, significa que su memoria no es tan mala.

Llamaron a la puerta, y Leandroth entró seguido de Lara con un carro de comida para la cena.

— ¿Estás lista para la cena?

—Gracias. Voy a comer un poco.

Una vez que Lara salió de la habitación, Leandroth la abrazó.

—Mattie…

Ella le devolvió el abrazo con fuerza e inhalo su aroma.

Si ella muere, seguramente Leandroth estaría devastado.

En este momento sintió que su disculpa por haber tomado veneno no había sido suficiente, él debió sentirse muy angustiado. ¿Qué podría hacer ella por él?

—Leann, siéntate —dijo mientras lo llevaba a un sofá. Esta noche, hubo una reunión sobre la reorganización de los Caballeros Imperiales. Los Caballeros Imperiales dependían del Ministerio de Justicia, por lo que los funcionarios deberían participar. Por lo tanto, se tomaron su tiempo para comenzar. Él debía estar agotado.

Leandroth pareció desconcertado cuando ella se sentó en sus rodillas y lo beso.

Leandroth se sorprendió, mientras le pasaba las manos por el cuello, él abrió su boca y la aceptó. Ella le lamió la lengua. Sus besos se profundizaron, la tomó por la cintura y la atrajo más cerca. Se sentía delicioso, sus lenguas estaban entrelazadas.

Su respiración se aceleró y el latido de su corazón se elevó. Su cuerpo se calentó

Leandroth se detuvo para tomar aire, —Mattie, ¿qué ocurre? —Preguntó roncamente.

Ella se aferro a él, con su lengua acarició de arriba a abajo el cuello de Leandroth una y otra vez, sus manos se pasearon por su duro cuerpo acariciándolo.

Leandroth le quitó la mano, creando una distancia.

—Leann… —tomó su mano y la colocó sobre su pecho.

— ¿Te gustaría…? —Leandroth preguntó sorprendido, las mejillas de Matilda se tiñeron de rosa a causa de la vergüenza, se sintió incapaz de mirarlo, apartó la vista.

Había estado pensando en cómo se sentiría su padre si hubiera muerto cuando estaba con Bellmud. Pero cuando regresó a su habitación, ella volvió sus pensamientos a Leandroth. No podía imaginar qué haría si él moría. El sólo imaginarlo hizo que su cuerpo y corazón se enfriaran. De repente, lo quería, quería estar con él, incluso si eso la convertía en una mujer pervertida. Ella no podía esperar a la noche.

Pero Leandroth aún tenía trabajo que hacer, no quería ser una molestia. Pero…

Ella lo abrazó con fuerza y ​​le susurró, —Te quiero…no puedo esperar hasta la noche.

Él la detuvo y tiró de ella hacia atrás, —Estarás en problemas si dices eso. —Él tomó sus labios y la besó brutalmente, devoró y mordió sus labios, exploró su cavidad y jugó con su lengua hasta que no pudo respirar y sus jadeos llenaron la habitación. La levantó para que se sentara a horcajadas sobre él. Comenzó a desabotonar su vestido en la parte de atrás, mientras la besaba. Era tan diestro. Él se quitó la ropa, de repente ella se avergonzó, mientras la desnudaba. Había mucha luz, se sentía tímida.

—No puedo detenerme ahora —dijo Leandroth, con sus ojos derretidos por el deseo.

—No, no pares.

Él sostuvo sus dos pechos en sus manos y besó la suave piel. Cabían perfectamente en sus palmas, sus pezones rosas estaban erectos y enrollados. Ella gimió. Tomó un pezón en su boca y el sonido de su succión llenó la habitación. Él levantó su falda y su mano separó su ropa interior, él la frotó y acarició su trasero, su cuerpo temblaba con creciente deseo. Sus dedos rozaron su centro, ella saltaba cada vez que acariciaba el montículo de carne.

—Ky ~ a… —gritó.

Su dedo se coló por su hendidura, acariciando desde dentro hacia afuera, mientras su pulgar acariciaba su clítoris. Ella gimió. Se aferró desesperadamente a su cuerpo y movió su cintura al ritmo de sus manos. Casi se sentía avergonzada, quería más, inconscientemente, estaba buscando sentirse mejor.

—Ahn…ahn.

— ¿Se siente bien? —Susurró Leandroth contra su pecho, no podía confiar en sí misma para hablar, asintió vigorosamente.

Sus dedos empujando en su interior se intensificaron, estaba a punto de llegar al clímax cuando, de repente, se detuvo.

Miró a Leandroth con reproche, pero él le sonrió.

—Quiero sentirte —susurro en su oído. de alguna forma se sintió aliviada y avergonzada al mismo tiempo, su rostro se tiño de un rojo más vivo.

—Mattie, te pondré en una posición ligeramente embarazosa.

Ella asintió. Leandroth no la lastimaría, ella se sentía segura con él. La colocó en el sofá, así que estaba en cuatro patas, como un animal, le colocó la falda sobre la cintura. Sus bragas ahora colgaban de su tobillo. Él acarició sus nalgas y luego sus pétalos empapados.

Se desabrochó los pantalones y colocó su miembro en su entrada, entró lentamente. Fue tan enloquecedor que era frustrante pero encantador.

Él entró completamente, empujando contra su matriz. Él se inclinó hacia adelante y masajeó sus pechos. Ella gritó.

— ¿Estás bien, Mattie? —Preguntó preocupado.

—Sí, tengo a Leann dentro de mí —Dijo llevando su mano a la parte inferior de su abdomen acariciando la piel de su estómago. Ella se preguntó qué sería esta hermosa sensación de estar lleno, era tan deliciosa.

—Quiero a tu hijo, dame todo —dijo volteando la cabeza para mirarlo detrás de ella.

Ella quería a sus hijos. Este era un sentimiento nuevo. Pero ella lo quería a él, sólo a él, sus sonrisas, sus lágrimas, su ira, sus bromas, sus pensamientos, ella quería todo. Ella era egoísta, él empezó a empujar más fuerte y más rápido, enviando fuertes e intensas sensaciones a través de ella.

—Mattie, no puedo contenerme más.

Ella no pudo contener sus gemidos, mientras él empujaba rápido como un pistón dentro de ella. Pero no quería que él se detuviera, con cada embestida se sintió más caliente y, necesitaba más. Su cabeza estaba llena de Leandroth. La habitación se llenó con los sonidos lascivos de su carne y su agujero húmedo.

—Leann…Leann… —ya sea que estuviera susurrando o gritando, ella no era consciente de eso, comenzó a temblar cuando sintió que el climax se aproximaba, ella podía sentir su líquido caliente dentro de ella. Estaba llena de felicidad. Con su trasero sobresaliendo, parecía un gato en celo. Pero ella no pensaba en sí misma como un gato.

Leandroth le acarició la espalda y le preguntó — ¿Qué pasa realmente, Mattie?

—Hablaremos más tarde. ¿Todavía tienes tiempo? —Podía sentir que Leandroth, que todavía estaba dentro de ella, se ponía duro otra vez.

—Sí, lo tengo. ¿Sigues hambrienta? —Preguntó Leandroth con una sonrisa.

— ¿Una vez más? —Preguntó alegremente.

—Estoy feliz. Como quería continuar, es por lo que no me retiré —le dijo con una sonrisa lujuriosa.

Él comenzó a moverse lentamente de nuevo. Matilda suspiró de placer. Debido a que la posición es diferente, las sensaciones eran nuevas. Aunque se sentía un poco sola, al no poder ver su cara, esta posición era muy agradable.

De repente, él se retiró, dejándola con la sensación de estar vacía. Al mismo tiempo, sus jugos de amor mezclados fluyeron por sus piernas.

— ¡Ah~! —su cuerpo se estremeció por los placeres recordados. Leandroth la giró para acostarla de lado en el sofá y colocó una pierna sobre el respaldo. Le quitó la ropa interior que había estado colgando. Matilda se sintió avergonzada por la exhibición. Su lugar secreto estaba expuesto a la vista.

Él entró en ella y ella se derritió por el placer.

El sonido de él empujando dentro de su rebosante olla de miel, llenó la habitación. Su pierna derecha estaba sobre su hombro y con su mano derecha apretaba su seno derecho. Sin embargo, aún con todo eso, él fue capaz de moverse hábilmente dentro de ella.

En cambio ella, estaba inmóvil por el placer, apenas podía moverse.

—Leann… —se quedó sin aliento entre palabras — ¿se siente bien?

—Es demasiado bueno —dijo con los dientes apretados, tenía el ceño fruncido y su boca hacía una mueca.

— ¿Estas molesto? Si es así, puedes detenerte.

—No voy a parar, no estoy enojado, no estoy disgustado, Mattie. Se siente tan bien, por favor confía en ti misma.

— ¿Confianza…?

—Sí, eres muy linda, hermosa y atractiva, debes tener más confianza en ti misma por mí.

— ¿Solo por Leann?

—No sé sobre otras personas pero, en este momento, puedo nadar cien vueltas alrededor del foso del castillo de lo feliz que estoy.

Ella se rió de la expresión exagerada.

— ¡Oh, eso se siente bien~! Mattie aprieta tu abdomen inferior.

—Ah bien…

—Sí…así…sigue haciéndolo.

—Bueno~…

Repetidamente, al tener que apretar los músculos de la pared vaginal despejó su cabeza un poco.

Aunque, ella no estaba al tanto de que era, algo estaba cambiando dentro de ella.

—Ahn~ Leann…algo…extraño…

—No es extraño…se siente bien, eso es todo.

Se inclinó más cerca de Matilda. Su empuje se hizo cada vez más rápido, pero ella quería sus brazos alrededor de ella, se sentía sola sin él cerca de ella. Quería envolver sus piernas alrededor de él, pero el sofá era demasiado estrecho,

—Leann, abrázame… —sonaba como una niña, pero no podía soportar no sentirlo contra ella. Leandroth pensó que era descuidada y linda. Se quitó la camisa y la arrojó sobre la mesa. Sus brazos la rodearon, ella dio un suspiro de satisfacción ante el contacto piel con piel..

—Matilda, pon tus brazos alrededor de mi cuello —Ella hizo lo que él le pidió, y él se levantó aún dentro de ella. Ella jadeó ante el cambio de posición, se sentía tan bien. Este sentimiento solo podría deberse a que ella estaba con Leann.

Sin duda, sería diferente si esto fuera con otra persona.

Él la llevó a un sofá más grande, el caminar causó vibraciones dentro de ella. Más miel fluyó desde su interior. Ella sintió que debería estar avergonzada, pero se sentía demasiado bien.

Se escuchó un sonido, Matilda abrió los ojos, Leandroth la estaba mirando.

—Así que Mattie, dime qué pasa. Aunque estoy muy feliz de que, en esta ocasión, hayas iniciado las cosas.

—No es nada… —Ella quería minimizarlo, ahora, sus razones parecían tan tontas.

—Es solo que me di cuenta de que eres importante para mí y quería que me abrazaras, que me tocaras, estar así contigo me hace muy feliz.

Ella sintió lágrimas en sus ojos. ¿Eran lágrimas de pena, de liberación o de alegría? aun así se derramaron por sus rostro.

— ¿Estás contento, Leann?

Leandroth se rascó la cabeza y luego dijo —Estoy feliz y asustado. No sé qué haría si te perdiera.

Matilda abrió los ojos y miró a Leandroth.

—Yo también. Vamos a tener una larga vida juntos —le dijo con una sonrisa.

Leandroth se rió a carcajadas y le dijo, mientras sostenía su rostro y la besaba, —Mattie, va a ser más intenso ahora, ¿estás lista?

Estaba empujando lentamente moviendo sus caderas en círculos.

Matilda le frotó las mejillas con las manos y sonrió.

—Quiero que seas feroz~

Ante las palabras de Matilda, Leandroth empujó fuerte y rápido dentro de ella.

—Ahn ahn~… —La voz de Matilda creció mientras llegaba al clímax. Luego del grito de Matilda, Leandroth también se vino.

Aminoró sus embestidas cuando las paredes de la vagina de Matilda se contrajeron a su alrededor. Él salió con un suspiro. De entre sus piernas, corrieron fluidos de su amor.

Llamaron a la puerta y una vocecita dijo, —Un cuarto de hora antes de su reunión, majestad.

Kiara
qué bonita forma de matar el momento

Ayanami
en verdad no le quedaba de otra?

Matilda envolvió sus brazos alrededor de sus pechos.

— ¡Mi vestido! ¡Es un desastre!

Hubo otro golpe en la puerta, Leandroth se volvió a poner los pantalones y salió de la habitación. Regresó con un carrito con un poco de agua con hierbas perfumadas y ropa para los dos.

Ella se rió, poniendo sus manos sobre su brillante cara roja —No puedo criticar la competencia del personal que elegiste.

Leandroth se rió —Tampoco yo.

—Vamos a vestirnos y comer rápido, Leann.

—Pero…

—No se puede evitar, si la cabeza no se mueve a tiempo, todo saldrá fuera de curso.

—Quiero cuidarte.

Ella se rió y le dio un beso en los labios.

—Por favor, hazlo la próxima vez.

— ¿De Verdad?

—Sí, en serio.

— ¿Es una promesa?

—Bueno, no puedo prometerte tanto…

— ¡Quiero una promesa!

—Está bien, lo prometo.

Leandroth suspiró con alivio.

—Llegarás tarde si no te das prisa.

—Sí. Después de que se sacia el deseo sexual, siempre tienes hambre.

— ¡Tonto! —Dijo sin malicia.

Matilda vio a Leandroth vestirse rápidamente, sintiéndose como si hubiera sido sumergida en un cubo de felicidad. Después de él, ella se arrastró rápidamente para limpiarse y vestirse.

Comieron rápido.

En la puerta, Leandroth se volvió hacia ella.

—Nos vemos.

—Nos vemos pronto —le dijo y él salió.

Un intercambio tan trivial la hace muy feliz, las lágrimas amenazaban con caer. Ella se había vuelto tan llorona, pero está vez se trataba de lágrimas de felicidad.

Ella se sentía tan viva.

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