Nuestro Matrimonio Político – Capítulo 27

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


—Sólo los estaba admirando, no creo que me gusten las cosas lindas —dijo Matilda, algo incómoda por el hecho de haber sido expuesta.

—No sea tonta, las cosas lindas van, totalmente, con usted

—Sí, intentémoslo.

— ¡Oh no, no lo hagamos! —exclamó Matilda, aún más nerviosa

—Hay una distancia entre lo que te gusta y lo que realmente tienes, está claro.

Julia, la jefa de personal, aplaudió con fuerza.

— ¡Todas! Hemos perdido la pista de lo que estábamos haciendo.

Todos se callaron.

—Vamos a dejar de lado lo que hemos discutido hasta ahora. Tomaremos nota de las cosas que la princesa Matilda está interesada en perseguir y dejaremos el resto a Su Majestad. Ágata, por favor tome notas.

No le gusta la ropa extravagante. Le gustan las cosas lindas como los pequeños accesorios.

Está interesada en la industria artesanal de Barenshiaga y en otras artesanías especializadas.

Le interesa el desarrollo de la posguerra, la educación, el servicio y el bienestar.

Está interesada en mantener los bosques y restaurar el equilibrio. Los espíritus del bosque se dañaron durante la guerra y los hábitats naturales de los animales también fueron afectados.

A ella le gusta el esgrima pero, ha estado fuera de práctica desde que llegó a Barenshiaga.

Había partes que le gustaría refutar, ¿estaba bien que se comportara así cuando será una Emperatriz?

Ella lo dudaba. Aunque son sus palabras, la impresión es diferente de lo que tenía en mente.

—Es todo por ahora, lo discutiremos con el emperador y nos volveremos a reunir en siete días. Por ahora, me gustaría que la princesa comience a practicar la etiqueta, el baile y la historia musical de Barenshiaga. Voy a invitar a un profesor. Pero, lo más importante, necesitamos que practiques para el baile nupcial.

—Muy bien —dijo Matilda. —Ya que tenemos un maestro, practiquemos todas juntas —no quería ser la única siendo observada, mientras aprendía. Sería demasiado embarazoso.

Julia suspiró y dijo, —Ágata, agrega muy tímida y posiblemente, mal bailarina.

Tan malo.

—Matilda-sama, tengo una proposición.

— ¡Matilda, eres muy linda! —halagó Paola.

No, ella era la linda pensó, mientras miraba a Paola en su uniforme.

Era azul oscuro con un simple delantal blanco. Era más bien práctico, sin adornos lindos.

—Julia, ¿no puede ser el uniforme de las criadas un poco más…lindo?

— ¿Eh…?

—Todos son personas hermosas, ya sean jefes o siervos. Entonces, ¿por qué no cambiamos un poco el uniforme? Un poco más de encaje, algunos ribetes de seda, aquí y allá, y algunos apliques —comentó con entusiasmo creciente.

A ella le gusta hacer que la gente linda sea más linda, más linda de lo que nunca podría ser.

—Lo pensaré —respondió Julia

— ¡Yo también! —habló Clara, cuyos padres eran comerciantes de telas.

Las otras criadas y señoras, cuyas aficiones eran la costura y el bordado levantaron las manos con interés.

Al ver la excitación de todos, Leandroth no estará en contra, pensó Matilda.

Este almuerzo, aparentemente, simple, la había ayudado a cerrar la brecha entre ella, sus damas y criadas. Se dio cuenta y admitió que él realmente es una buena persona.

Era difícil para ella tener confianza en sí misma y expresarse con honestidad. Para ser honestos, no era difícil, pero ella se mostraba renuente.

Como no se quería a sí misma, no se tenía confianza. Parecía que Leandroth estaba tratando de desenredar el lío que era Matilda, tomando la ruta tortuosa hacia su corazón, haciéndola mirar el mundo a su alrededor, viendo que la gente se preocupa por ella y haciéndola ver que él confía en ella, incluso si ella no se tiene confianza.

Ella es consciente de que no sabe cómo recibir amor.

La canasta que era su corazón era demasiado pequeña, demasiado áspera y Leandroth está tratando de remodelarlo.

El vaso que era su corazón se había roto hacía mucho tiempo. Pero él quería aprender cómo reconstruirlo y cuidarlo.

Ella también debe aprender.

Estaba segura de que no iba a cambiar fácilmente pero, era consciente de su creciente deseo de cambiar. Incluso si es difícil cambiar el tamaño de la canasta, ella quería enfrentar a Leandroth y tratar de todo corazón.

Aunque su confianza apareció y desapareció como las ondas en un lago, ella persistiría. Matilda levantó la vista de sus pensamientos ante las damas de compañía y las criadas, sonrió y dijo, —De ahora en adelante confiaré en ustedes.

Mañana hablaremos con el abuelo Bell sobre su epifanía.

Esta noche, ella hablará con Leann.

Acarició la cabeza de algunas y la mejilla de otras.

—Sí —respondieron todas.

De alguna manera, se puso muy emocional y las lágrimas llenaron sus ojos. Julia se acercó y la abrazó.

Incluso cuando estaba feliz, lloraba.

Fue un momento muy feliz.

♦ ♦ ♦

Después del almuerzo, Matilda se dirigió a la oficina de Leandroth.

En su camino, se encontró a la serpiente: el subsecretario del viceprimer ministro, el Conde Pikers.

Había dos puestos bajo la directiva de la Oficina del Jefe Ejecutivo. El Primer Ministro supervisa al Ministro y al Ministerio de Salud y Bienestar, así como al Ministerio de Educación.

Era casi el mismo título, pero en la práctica, el secretario del Ministerio de Reconstrucción tiene más poder.

Los caballeros caminaron delante de ellos y esperaron una distancia cortés.

Ella quería suspirar, no sabía si podría ser educada. Si estaba tan desocupado, al menos debería estar trabajando más duro.

Sus ojos se agrandaron cuando la vio, — ¿Vas a encender el fuego de su Majestad? —Dijo, su tono era bastante aceitoso. Contenía una sonrisa sarcástica.

Qué hombre tan horrible, pensó, le gustaba exponer emociones negativas y derrotar a otros.

Tenía una cara tan superficial que no podía reprimir su impulso.

Recordó lo que dijo Leandroth, uno no podía hablar con la familia real sin permiso, incluso si usted fuera un funcionario de alto rango. Si Matilda quisiera, podría decapitarlo pero, eso era demasiado salvaje.

Benaza, una de las damas de honor que la había acompañado, miró con furia su impertinencia

—Este tonto, ¡cómo te atreves!

Esta persona, porque es un funcionario, hace lo que quiere o dice lo que quiere de manera directa. No parece entender que la gente lo está mirando, no entiende los corazones de las personas en el palacio.

—Alguien como usted es realmente estúpido —dijo Matilda en voz baja a un lado, pero lo suficientemente fuerte como para ser escuchada —Si quieres sobornar, soborna con moderación. Si quieres consolidar el poder, hazlo abiertamente. No se debe sobre extender el Tesoro. Pero aquí estás tú, jugando alegremente, pensando que Su Majestad es una marioneta. Incluso si no cometiste un error, Su Majestad ha notado tu lento sifón (erupción/ebullición). El emperador está siendo frugal pero, todavía te atreves a comentar.

— ¿Qué…? —El caballero que acompañaba al conde rugió.

El conde levantó la mano y el caballero retrocedió.

—Estoy seguro de que no tienes pruebas sólidas. Pero necesitas estar preparada, incluso si tomas el cargo, no te dejare ganar poder. Me aseguraré de que vivas aislada en este palacio. ¿Cuánto de eso puedes tolerar?

—Usted debe estar bromeando.

Matilda pensó en lo que ella y el marqués Bellmud habían discutido.

—Si haces un movimiento, le daría a Su Majestad la oportunidad de aplastarte. Estás confundiendo a un lobo que esconde sus colmillos por un cachorro. Continúa haciéndolo y cosecharás las consecuencias.

Con eso, Matilda pasó a su lado.

Cuando llegó a su oficina, le contó a Leandroth el incidente, él le dio una sonrisa irónica.

—Los documentos con los que tiene que tratar han aumentado porque los funcionarios que, supuestamente, están trabajando en ellos lo han estado presionando.

—Lo entiendo muy bien.

—Fue mezclado con documentos que son para su atención.

—Sí. Aunque, lo odiaba, he mantenido mi poder al lograr completar el trabajo sin mucho problema. Ciertamente es acoso.

—No realmente. Parece que muchos de los compañeros quieren estar atados a tratos largos y sinuosos. Lo único que hay que hacer es construir un sistema que disminuya el poder del Ministerio de Reconstrucción.

Parece que será difícil.

— ¿Por qué pareces tan tranquilo? —ella preguntó

—Porque, me pregunto cuánto tiempo necesito dejar que él respire.

Eso sonó bastante malvado.

—Con el retiro del Primer Ministro debido a una enfermedad, es posible que tenga que promover al Viceprimer Ministro, el Marqués de Yangas, en su lugar. Y luego, nombrar al Marqués de Casenas para el cargo de diputado. Pero, los sobornos de Pikers son generalizados. Quiero a alguien que pueda encontrar evidencia verdadera, para que podamos dejarlo de lado y comenzar la verdadera reconstrucción del país.

— ¿Estás seguro de que quieres instar a estas personas? —preguntó, mientras inclinaba su cabeza para mirarlo. Realmente, es un lobo escondiendo sus colmillos. Aunque, ella misma lo había dicho, para ella, él siempre es como un perro gigantesco, cariñoso, inocente y divertido.

—En algún momento, puede que usted no disponga de más candidatos dignos de confianza.

—La traición es un buen punto de partida para la evidencia contra los enemigos de uno. Además, no debemos confiar de todo corazón en todo el mundo, ¿verdad? —Leann preguntó retóricamente, mientras se reía.

La risa era hueca y solitaria.

Ella sintió dolor en su pecho al mirarlo.

—Leann… —comenzaba a preguntarse qué decir, cuando hubo un fuerte golpe en la puerta.

— ¡Su Majestad! ¡El primer ministro! ¡Se está muriendo!

— ¿El Marqués Bellmud?

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