Reina Villana – Capítulo 30: Su toque

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Cuando escucho sus palabras, la mirada de Kasser cambio. La realidad lo golpeó como un cuenco de agua helada cayendo sobre su cabeza. De hecho, él estaba siendo asertivo e incluso había olvidado que ella estaba enferma. El dolor y el sufrimiento de perder sus recuerdos era insondable. Por lo tanto, su desesperación por poner un bebé en su vientre, es realmente un acto desconsiderado.

—Me disculpo. Estaba siendo irreflexivo.

Habló en voz baja, claramente arrepentido de su acción.

—No. Incluso con mi situación, tengo que cumplir mi parte del contrato.

La voz de Eugene era reservada, mientras hablaba con el rey. Su mirada aterrizó en todas partes menos en el rostro del rey.

— ¿Sigue estando mal…tu memoria? —No podía librarse de esta sospecha. ¿Había recuperado su memoria y solo estaba actuando?

—Sí.

No muy satisfecho con su respuesta, agregó, — ¿Hay algo que recuerdes?

Durante todo el tiempo que conversaron, ni una sola vez, su mirada calculadora, abandonó su rostro. Era como si él la estuviera sometiendo a un intenso escrutinio, buscando señales para llamarla mentirosa. Temeroso de que si parpadeara, perdería una oportunidad de oro.

Con un ligero movimiento de cabeza, Eugene murmuró —Nada.

—No te preocupes. No te apresuraré más —dijo de forma despectiva, pasando la mano por su pelo despeinado.

—Está bien. Su Majestad puede venir esta noche como le plazca.

Tan pronto como escuchó sus palabras, sus ojos se encontraron. Para dar alguna justificación a sus acciones, Kasser intentó explicarse, pero, antes de que pudiera pronunciar una palabra, Eugene volvió a hablar. Con el suficiente orgullo de cumplir su papel, ella casi levantó la voz.

—No estamos seguros de cuándo volverá mi memoria. ¿No piensa Su Alteza que debemos apurarnos? ¿Qué pasa si recupero mi memoria y cambio de opinión?

Como una piedra, el Rey solo la miró, sin saber cómo reaccionar ante su repentino estallido. Al ver que no respondía, Eugene interpretó su silencio como una respuesta.

Debe estar de acuerdo.

Con la presión insoportable, Eugene se levantó de su asiento y se obligó a decir.

— ¿Puedo salir ahora su Majestad?

Asintió brevemente. Dándose la vuelta, con la espalda hacia el Rey, al instante, el desaliento se adhirió a la cara seria de Eugene. En la primera noche que compartieron, todo era nuevo y doloroso, pero ella pensó que, en ese momento. había hecho una conexión profunda con él.

Resulta que ella estaba equivocada.

De repente, se sintió nerviosa por las tontas ideas erróneas por las que se dejó llevar en su cabeza, después de esa noche. Hoy, la realidad la había abofeteado con evidencia de que todo era una ilusión y nada más.

Una figura triste, deambulaba por los pasillos vacíos, solo el sonido de las sandalias golpeando el piso de cerámica resonó en el aire…

En este momento tranquilo, ella comenzó a pensar en este destino que nunca espero que sufriría. Gracias al cuerpo de Jin Anika, ahora, tenía una apariencia exquisita y un alto estatus. Pero, estos dones no fueron sino una maldición. También tenía que enfrentarse a todas las cosas malas en la vida de Jin. Lo bueno no vino sin lo malo.

Si tenía que adivinar, era muy probable que el Rey aborrezca a Jin Anika. No le interesaba interpretar el papel de una reina: gastar mucho dinero en su pasatiempo y matar a golpes a las criadas. Claramente, ella no estaba hecha para ese tipo de atrocidades. Quizás, estos pocos hechos, por sí solos, deben haberle dado al Rey una razón suficiente para odiarla.

Y, no importa cuántos recuerdos pierda…siempre seré Jin en sus ojos.

Es más difícil reparar una relación rota que construir una nueva. La relación entre Jin Anika, que traicionó a su esposo, y el Rey, que mató a su esposa con sus propias manos, estaba más allá de ser salvarla.

Ella no sabe si podrá resolver este complicado problema sola.

¡Qué relación! Me alegra que todavía no me vea como su enemigo.

Eugene no era optimista acerca de que, en este mundo, ella probaría un final feliz. Existe la posibilidad de que Jin haya cometido una monstruosidad irreversible que ella misma no podría arreglar, por no hablar de Eugene. Sin embargo, no había forma de determinar esta conjetura.

Dicho esto, hay una manera de sobrevivir en este reino y evitar encontrarse con la espada de Kasser: un heredero. Mientras ella le diera el hijo que busca, ella podría respirar tranquila…con suerte.

¡Oh, me siento como una completa basura!

Ella se sonrió irónicamente a sí misma, por pensar en su hijo como un medio para un fin.

♦ ♦ ♦

Esta noche, la habitación está débilmente iluminada, lo que aumenta la anticipación de esta noche tranquila e inquieta.

Eugene se sentó en medio de su amplia cama, esperando la llegada del Rey. No podía precisar, exactamente, lo que siente en ese momento, pero, está realmente nerviosa. Como un testimonio, a cada sonido proveniente de la puerta, no pudo evitar saltar.

Ahora, está aún más nerviosa que la primera noche que la visitó. Esa noche…un día lleno de pensamientos acerca de retrasar su consumación del matrimonio, sirvió como precursor. Esa noche, en medio de la agonía de la pasión, hubo aprensión, desconfianza y desafío.

Pero, esta noche era diferente. Ella sabía exactamente lo que sucedería en las próximas horas.

—Su Alteza, Su Majestad ha llegado.

Como si fuera una señal, cuando la puerta se abrió y apareció el enorme marco del Rey, la tensión en su corazón alcanzó su punto máximo. Cuando su mirada la encontró, envió a todas las criadas fuera de la habitación.

Ahora, solo quedan los dos y una noche silenciosa.

Mientras camina con paso seguro, sin apartar los ojos de ella, el corazón de Eugene latió. Finalmente, se acercó a ella y se sentó en la cama. Durante algún tiempo, no rompió el silencio, simplemente, bajó los ojos y miró la forma ansiosa de Eugene. Justo cuando las cosas llegaron a su punto culminante, mirándola directamente, él sonrió.

— ¿Dónde está la mujer que me gritó que viniera esta noche?

Al oír su voz, Eugene levantó la vista y se acurrucó cerca de la esquina de la cama.

—No grité.

—Si no quieres, dímelo. No tenemos que hacer nada esta noche.

—Sí…quiero —Ella insistió.

No se necesitaban más palabras. El silencio recuperó su equilibrio.

Como una pantera que se acerca a su presa, ágil y decisivamente, la forma de Kasser cruzó lánguidamente la distancia entre ellos. Cuanto más se agachaba, más rápido latía el corazón de Eugene…

Al instante, un tono rojo cubrió las mejillas de Eugene. ¿Por qué este hombre es tan natural?

Para nivelar su mirada con la de ella, se agachó un poco más. Cuando la alcanzó, puso sus manos al lado de sus muslos, sin dejarle espacio para escapar. Podía escuchar a su corazón latir como tambores de marcha, pero no apartó la mirada de él.

Entonces, sus narices se tocaron. Eugene cerró los ojos, giró ligeramente la cabeza hacia un lado, evadiendo al hombre que tiene delante. Sin embargo, antes de darse cuenta, sintió que sus labios se mezclaban con los de él. Ella jadeó y, en ese momento oportuno, su lengua se deslizó intrusivamente.

Sintió como él, lentamente, envolvía su lengua con la de ella. Sus cejas se fruncieron fuertemente, recibiendo sus atenciones. Chupó ligeramente y luego rompió su beso. Su brazo serpenteó alrededor de sus hombros, mientras que el otro encontró la parte baja de su espalda.

De una forma sorprendente, él la abrazó y, hábilmente, la recostó en la cama, dándole un momento para robar una respiración superficial.

Esta noche, Kasser parecía ser muy cuidadoso. Sus acciones y gestos fueron medidos y considerados. Incluso mientras yacía sobre ella, distribuyó su peso de manera uniforme para no lastimarla. Luego, buscó sus labios y empujó su lengua profundamente en ella.

El rey estaba satisfecho con el beso. Ya no sentía la resistencia de la otra noche. Él mordió sus labios y frotó su lengua con la suya. La saliva se mezcló, mientras sus lenguas se entrelazaban. El gemido errante que escapó de su garganta lo excitó.

Su mano se deslizó desde su tobillo hasta el interior de su muslo, acariciando sus delgadas piernas con la palma de su mano. Sus dedos trazaron su piel, mientras acariciaba la carne suave debajo de su ropa interior.

Cuando él separó sus labios de los de ella, sus ojos se abrieron debido a los dedos que la frotaban debajo. Al mirar sus pestañas temblorosas, un impulso de picardía lo golpeó. Él besó sus labios ligeramente.

— ¿Estás bien?

— ¿Qué está bien? —Eugene arqueo la espalda, agarrando pasivamente su mano. Pero, aun así, su mano permaneció unida a su calor.

—Ese día, estaba realmente excitado —dijo con voz gutural, mientras la calmaba.

Con el rostro sonrojado, Eugene lo miró fijamente.

—Al día siguiente, tomé una siesta…me quedé dormida temprano en la noche. Fue muy difícil contenerse.

Sus ojos se relajaron. Un pensamiento débil surgió a través de las grietas de su mente… ¿Quizás, después de todo, él no era indiferente a ella?

Sus dedos se hundieron más en su ropa interior y Eugene fue traída de vuelta de su breve momento de distracción. Ella se dio cuenta de que su cuerpo está excitado por su toque.

Sus dedos entraron en ella, acariciando suavemente su interior. Ella apretó los labios con fuerza y ​​tragó saliva.

—Hng…

Capturó sus labios, una vez más, y chupó su suave lengua. Se siente como si estuviera extrayendo el dulce jugo de una fruta. Y, sin embargo, ninguna otra fruta que hubiese probado antes, sabía tan bien.

En su camino a las habitaciones de la Reina, se había prometido, a sí mismo, que esto es algo que debe hacer para conseguir un sucesor. Esta noche, no se contendría como la primera vez. Para cuando se paró frente a su puerta, estaba muy resuelto.

Sin embargo, en este momento, podía sentir que todo su razonamiento comenzaba a tambalearse. La determinación se disipó, la racionalidad desapareció hace mucho tiempo.

Estaba perplejo por su ardiente deseo. Esta avaricia lo estaba devorando. No quería dejar de besarla. Sus labios se encontraron estrechamente. Su paciencia se había ido casi por completo. Incluso su aliento olía dulce.

Mientras la acariciaba, el néctar resbaladizo de su parte más secreta le empapó los dedos. La textura pegajosa era deliciosa. No estaba seguro de si se sentía así por el tacto, el gusto o una mezcla de ambos.

— ¿Duele?

—No, estoy bien.

Levantó su dedo y lo empujó más adentro. Su dedo se deslizó fácilmente, ella estaba lista para él.

Los ojos de Eugene temblaban, el deseo, apenas reprimido, brilló en sus ojos.

—Oh…

Eugene le rodeó el cuello con los brazos, reflexivamente. Ahogada en un beso violento, la saliva goteó por su barbilla.

Él mordió y tragó su lengua, a veces movía su lengua hacia adentro y hacia afuera, como si estuviera empujando. Al mismo tiempo, sus dedos frotaron su nudo y se movieron con la misma acción. Sonidos débiles y húmedos resonaron en la habitación silenciosa.

— ¡Ah!

Eugene dejó escapar un grito silencioso. De repente, él renunció a sus labios y capturó uno de sus pechos. Mientras los cálidos y húmedos labios envolvieron su montículo y chupaba con pasión, surgió una extraña sensación. Él mordisqueó sus picos, lamiendo y chupando con su lengua.

Gemidos ahogados y respiraciones cortas escaparon de la boca de Eugene. Pequeños placeres se extendieron por todo su cuerpo. Sus dedos presionaron contra la pared vinal y se frotaron, causando un frenesí en la parte inferior de su abdomen.

Eugene cerró los ojos y disfrutó del creciente placer. Estaba ansiosa por lo que vendría después, y quería disfrutar del estado más difuso de la vida.

Sus manos exploraron todo su cuerpo. Su toque era suave pero, cuando la tensión estaba a punto de liberarse, se hizo más duro.

—Eso se siente bien.

En ese mismo momento…todo se detuvo, ni siquiera hubo un beso. Ella sabía lo que vendría después.

Sus manos, como para castigarla por pensar lo contrario, le frotaron rápidamente el clítoris. Por un momento, su mente se quedó en blanco.

— ¡Ugh!

Un orgasmo corto e intenso surgió a través de sus regiones inferiores. Eugene levantó la barbilla, con los dientes apretados, dejó escapar un leve gemido. Su espalda se arqueó y su cabeza sonó. La sensación de líquido derramado era vívida.

La espalda de Eugene volvió a tocar la cama. Cuando su cuerpo relajado sintió sus muslos se puso nervioso. Sus besos y caricias fueron geniales. Sin embargo, el dolor que sintió cuando él entró en ella por primera vez, todavía permanece vivo en su mente.

Ella lo miró asustada al momento en que él le abrió las piernas. Él sonrió cuando sus ojos se encontraron.

Ella parpadeó rápidamente. Se le ocurrió que podría preguntar: — ¿Debería parar? Pero, si lo hiciera, ella, definitivamente, asentiría.

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