Riku – Capítulo 86: El dios como soldado

Traducido por Kiara

Editado por Limsah

Corregido por Sharon


Leivein no era diferente a sus recuerdos.

Sus alas negras y hermosas no tenían heridas y ella podía sentir una fuerte voluntad en sus ojos azules. No estaba enfermo.

Si había algo que decir que era diferente, sería que sus mejillas estaban algo delgadas.. Pero aun así, siendo que estuvo inconsciente y sin  comer nada durante todo este tiempo, se podría decir que estaba muy sano.

Riku lo estaba examinando obstinadamente y comprobando su estado, pero no había error en que ya estaba en condiciones de regresar al campo de batalla. Ella respiró, dando un suspiro de alivio.

—Durante el tiempo que el capitán Leivein no estaba aquí, el Ejército del Señor Demonio…

—Ya he oído hablar de lo que ha estado sucediendo.

Riku iba a explicar la situación, pero Leivein la detuvo.

—He oído todo del General Gortoberuk. He oído hablar del destronamiento, la ejecución y quién había estado liderando al Ejército del Señor Demonio desde entonces. Y también acerca de cómo estamos cerca de liberar al Señor Demonio —dijo Leivein de forma indiferente, cruzando sus brazos. —He aprendido muy bien de su lealtad.

—¡Muchas gracias!

Riku no podía decir más que eso.

Con sus pasos resonando en el pasillo, Leivein se acercó a ella. Bajando ligeramente la cabeza, Riku esperó.

Su corazón latía más rápido que de costumbre. Leivein definitivamente iba a alabarla. Mientras estuvo ausente, Riku había purgado el mal del Ejército del Señor Demonio y, además, había descubierto con éxito donde el Señor Demonio estaba sellado.

Leivein definitivamente iba a darle una palmadita en la cabeza por haber hecho un trabajo digno de su mano derecha. A cada paso que la distancia entre ellos se cerraba, su pecho se inflaba con la expectativa. Y entonces, cuando Leivein y Riku estaban justo al lado del otro, sucedió.

—Debes estar muy ocupada. Ve a tomar un día libre

Riku levantó rápidamente la cabeza.

No entendía lo que Leivein intentaba decirle. Buscando el significado detrás de esas palabras, Riku miró la cara del Capitán. Él ni siquiera la estaba mirando.

—¿Hasta cuándo sería?

—Por un mes.

—¿Eh?

Ella quedó paralizada por la sorpresa.

Vrusto, unos pasos detrás de Riku, también se sorprendió. La atmósfera se volvió tensa.

—Durante ese tiempo, te prohíbo ir al campo de batalla.

—¡Por favor, espere, Capitán Leivein! ¿¡Qué quiere decir con eso!?

Casi tropezando, Riku saltó delante de Leivein.

—Vamos a ir al «Sello» en tres días. No hay manera de que pueda tomar unos días libres para un…

—Entonces, déjame cambiar mis palabras.

Frías palabras de negativa. En el momento en que las escuchó, se sorprendió.

Riku no se reflejaba en los ojos azules de Leivein. Sólo seguía mirando hacia adelante.

—Estarás en arresto domiciliario por un mes.

—¿Arresto domiciliario?

¿Por qué? ¿Por qué razón? Esas palabras no podían salir de su boca.

Riku dio tres pasos atrás.

—¿Hice algo malo? He purgado la plaga del Ejército del Señor Demonio, y luego…

—Es porque llamaste plaga al asunto de Charlotte-sama —declaró con una expresión fría como el hielo.

Riku no entendía las palabras de Leivein. Con una respiración áspera, gritó  buscando una respuesta.

—¿Qué hay de malo en llamarla de esa forma? ¡Esa chica promiscua definitivamente iba a causar calamidad al Ejército del Señor Demonio! ¡No, a causa de esa chica, el Capitán estuvo a punto de morir!

Limsah
Hija de p**a Charlotte incluso muerta sigue jodiendonos la vida… Bueno a Riku principalmente yo solo me enojo.

Era la elección correcta matar a Charlotte.

Se había enamorado de un Espiritista, había aniquilado a sus acompañantes y había puesto a Leivein en la puerta de la muerte. Si no hubiera sido ejecutada en ese momento, definitivamente sería un obstáculo para esta próxima guerra. Sólo por pensar que Charlotte podría ser persuadida por Rook Barusak y traicionarlos en el último minuto, la hacía enojar.

—¡Es correcto haber ejecutado esa plaga! Es decir…

—¿Crees que lanzar a tu superior a los lobos es la acción correcta como un soldado? —preguntó Leivein.

Aquellas palabras eran agudas hasta el punto de dar la ilusión de que una espada blanca estaba apuntada junto a su cuello.

—Es deber de los subordinados detener a sus superiores cuando se dirigen al camino equivocado, incluso a riesgo de su vida. Si no son capaces de hacer eso, sólo sufrirán el mismo destino.

Cada palabra era pesada y atravesaba su corazón.

Diciendo sólo eso, Leivein dejó el lugar moviéndose con rapidez, pero sus pasos por alguna razón se sentían muy pesados.

—Vrusto, sígueme. Tengo un trabajo para ti.

—¿Qué ha ojou-chan… ? ¿Qué ha hecho el General Riku Barusak?

—En su descanso, no se preocupe de las cosas relacionadas con el trabajo, ni con la gente que está a su cargo.

Con un rostro extremadamente preocupado, Vrusto miró alternativamente a Riku y Leivein. Empezó a decir algo, pero deteniéndose, sacudió la cabeza y siguió a Leivein.

Riku cayó débilmente al suelo. No podía gritarles que esperaran. No podía decir que era un malentendido. No importaba lo que pasara, ella no podía decir que estaba equivocado.

Sólo podía mirar aquellas espaldas desapareciendo a la distancia como si Riku no estuviera preocupada por ellas.

—Realmente, nada había cambiado.

Antes de que pudiera darse cuenta, estaba murmurando en el pasillo vacío. Golpeando la palma de su mano en el suelo frío, cerró la mano.

Leivein no podía perdonar a Riku, quien mató a Charlotte. Por mucho que le explicara la razón, no importaba cuántas evidencias le mostrara, definitivamente no las aceptaría.

Desde la perspectiva de Leivein, Riku, que había matado al líder del Ejército del Señor Demonio, era un traidor. Había ido contra el código del soldado. Dejando a un lado su mano derecha, tal vez Leivein la había abandonado como si no tuviera ningún valor en el ejército. Pensando en eso, el corazón de Riku se enfrió.

—¿Que se supone que haga… ?

A este ritmo, iba a perder su lugar en el Ejército.

Aunque finalmente había conseguido un lugar al que pertenecía. A pesar de que había llegado a un lugar donde su fuerza fue reconocida. Para que terminara por separarse de ella…

—N-No…

Su cuerpo temblaba. Abrazándose, trató desesperadamente de dejar de temblar. Sin embargo, por el contrario, el temblor se hizo cada vez más violento. Con las lágrimas en las esquinas de sus ojos apareciendo, sus dientes comenzaron a tiritar.

—Quiero seguir estando aquí.

No sabía lo que se suponía que debía hacer.

Riku sólo podía vivir en el campo de batalla. Ella entrenaba con su alabarda con el fin de tener su venganza contra los Barusak y también para conseguir logros magníficos.Pero también era para cumplir su objetivo, que era aún más importante que su venganza… Había hecho un gran esfuerzo para convertirse en la mano derecha  de Leivein.

—No quiero irme de aquí.

Se estaba convirtiendo en burbujas en el agua.

Si Riku ya no podía ir al campo de batalla, se convertiría en un simple humano. Ella se convertiría de una niña pequeña fuerte a ser alguien innecesario para cualquier persona en el Ejército del Señor Demonio…

No. Se convertiría en la niña ominosa evitada por su misterioso cabello rojo.

Nadie necesitaría una chica así.

Ya fuera humana, Espiritista, o incluso un Demonio… Nadie se daría cuenta de ella.

—Pareces preocupada, Señorita. [1]

Justo en ese momento, una voz encantadora llegó desde arriba.

Alzando la cara, Riku se encontró con un hombre de negro, joven y guapo con alas negras. Si las alas de Leivein eran de un dragón, las hermosas alas de este joven eran de pájaro. Parecían más suaves que las alas de Karula del escuadrón de mensajeros.

—¿Quién es?

Riku miró a través de sus recuerdos.

Era un hombre a quien no recordaba. Al menos, en lo que respecta a Riku, no estaba afiliado a los militares.

Ella levantó su guardia. Se puso de pie, y retrocedió como precaución.

—Soy un Shinigami

Él le mostró una débil sonrisa.

Debido a la sonrisa sospechosa, Riku movió su mano hacia la alabarda en su espalda. El guapo hombre que decía ser un Shinigami levantó inmediatamente sus manos, pero no quitó su sonrisa despreocupada.

Con la cara de un vendedor inofensivo, dio un paso más cerca de Riku.

—Ah, por favor, detenga esto. Incluso si soy un Shinigami, he venido para concederle su deseo.

Él se lamió los labios. Su lengua roja y larga parecía una serpiente que buscaba su presa.


[1] “Señorita” o “Ojou-san” está escrito con el carácter de “Heroína”

Kiara
Esto se puso bien bueno. Necesitamos respuestas… Ah es cierto soy yo quien las trae, nos vemos en el próximo.

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Nunca me he sentido así antes, algo como… flotar. Aunque me siento triste, perdí a mi amada Okaa-sama mi corazón se volvió pesado. Pero cuando mi pie pateó el suelo, todavía me siento tan ligera. Puedo sentir mi cuerpo entero lleno de poder. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 42: Hoguera ceremonial”

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El escenario a mi alrededor es oscuro por la noche, vagamente iluminado por la luna. Lo que es bueno, con ojos de vampiro, puedo ver todo incluso sin la luz de la luna. Puedo ver una pequeña villa de no más de 20 casas. Ya que hay campos alrededor de cada casa, supongo que puedo llamarla una villa rural. Por el olor, parece que hay también varias villas pequeñas alrededor… Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 38: El vampiro sale a pasear por la noche”

Una Verdadera Estrella – Capítulo 37: Pensamientos honestos (1)


En el camino de regreso, Charles trató de consolar a Tang Feng, diciéndole que las palabras que había dicho en el restaurante eran sólo bromas, y no tenía que tomarlas en serio.
Sólo los ignorantes de 16 y 17 años creerían eso. Afuera, Tang Feng asintió con la cabeza y sonrió, mostrando que no tomaba ninguna de las bromas a corazón. Pero cuando volvieron a la casa de Charles, Tang Feng inmediatamente fue a la computadora y utilizó todo lo que estaba a su alcance para encontrar información sobre Albert.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 36: No es de buen corazón (2)


Albert levantó ligeramente los dedos; De inmediato, el guardaespaldas que había estado de pie a su lado se adelantó con cigarrillos y un encendedor. El hombre de pelo dorado tomó un largo trago de su cigarrillo y apagó pausadamente las nubes de humo.
—Vamos a llegar al punto de por qué estás aquí.
—¿Estás diciendo que estábamos jugando?. Albert, aprende a tener sentido del humor y relájate un poco.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 35: No es de buen corazón (1)


No era noticia que el mundo del espectáculo estaba involucrado con el mundo criminal. Alrededor de los años 80 y los años 90, el círculo de entretenimiento de Hong Kong fue tomado por las tríadas¹ criminales locales. En la superficie, parecía que las celebridades gozaban de una fama sin fin; Sin embargo, no se sabía cuántas amenazas tenían que enfrentar en privado. Afortunadamente, ese tipo de cosas fue disminuyendo con los últimos años.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 34: Amante soñado (2)


—¡Siento mucho que te haya hecho esperar tanto tiempo!
Preguntó una pequeña niña con voz cortés, mientras se apresuraba a entrar en la habitación. Su pelo estaba atado en una cola de caballo, y llevaba un par de anteojos con marcos negros. Habían círculos oscuros debajo de sus ojos, y llevaba varios documentos en sus manos.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 33: Amante soñado (1)


Usar la palabra “extraño” para describir la atmósfera en el auto, no se iría por la borda. O tal vez sólo Xiao Yu, quien estaba sentada en la parte trasera, se sentía así. Charles conducía, y Tang Feng estaba sentado a su lado, charlando juntos naturalmente durante todo el tiempo.
Hoy iban a la estación de televisión para discutir el programa previamente decidido “Amante soñado”. El contenido del programa televisivo era similar a las citas a ciegas, solo que tenía un nombre diferente.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 32: Desastre de tres


Si quieres un beso, entonces te daré un beso. Si quieres que te bese, te besaré.
Tang Feng miro a Lu Tian, quien estaba sentado en el asiento del conductor.
Él le dio unos golpecitos con los dedos en la puerta del auto un par de veces, la comisura de sus labios se levantó en una sonrisa.
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Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 5: Él es mi prometido


No comencé mi relación con Jinsu amándole, menos teniéndolo como alguien que me gustase. Nos consideraba una pareja bastante aburrida. No había una ardiente pasión entre nosotros. Francamente, Jinsu probablemente se preocupaba más por mí que yo por él. Después, en el momento en el que la hoja de mi acosador psicópata me cortó, me di cuenta de lo equivocada que estaba — que realmente lo amaba. No había sabido cuánto había llegado a amarlo. La agonía de saber que nunca volvería a verlo era insoportable. Debía de haber gritado su nombre mil veces durante los últimos momentos en el que la vida todavía se aferraba a mi viejo cuerpo.

No estoy equivocada. Es realmente Jinsu. Seguí leyendo “Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 5: Él es mi prometido”

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