—Ro… —murmuró el capitán.
Cuando separó los labios para hablar, profundicé el beso e introduje mi lengua. Él no sabía qué hacer, así que se quedó inmóvil. Mi lengua rozó un poco la suya, sorprendido, intentó rehuir el contacto. Pero fue inútil, ¿a dónde podía ir? Disfruté persiguiendo su lengua, que movía con torpeza, para evitar que nuestras lenguas se entrelazaran. Lamí su paladar…, lo hice como si lo arañara. Seguí leyendo “Espada y Vestido – Vol 3 – Capítulo 1 (3): Leyendo novelas románticas como referencias”
