—Y parece ser que Kyouya no se está sintiendo bien. ¿Tienes alguna idea de que pueda estar causándolo?
Intente preguntarle solo para recibir la respuesta de que no era mi problema y no debería preocuparme.
—Me pregunto qué puede ser. De verdad solo conozco a Kyouya desde hace poco más de un año así que aún no lo conozco bien. Dudo que sea una enfermedad seria o algo similar. Quizá solo no está descansando lo suficiente. Seguí leyendo “Contrato con un vampiro – Capítulo 46: la causa de su mala salud”
—Entre la infinidad de estrellas, solo unas pocas personas especiales pueden nacer en aquellas de los nueve dioses. Helena dice que recibir la bendición de Dios es diferente de nacer en la estrella de Dios. Aunque fui bendecida por la diosa Anthea, no nací en su estrella —continuó Hilde con voz alegre, pero cuanto más hablaba, más celestial se volvía su voz.
—Siempre me pregunté, ¿quién nació en la estrella de la diosa Anthea? ¿Qué tan amigable es la persona? Ya que nací para apoyar a la diosa en su bendición, ¿puedo hacerme amiga de esa persona si la conozco? Entonces… Seguí leyendo “Prometida peligrosa – Capítulo 85”
La gran sala de conferencias del cuartel general de la 177° División Blindada estaba en penumbra, y solo la luz de la holo-pantalla iluminaba los rostros de los comandantes de las unidades reunidas. La interferencia de la Eintagsfliege, que bloqueaba todos los esfuerzos por observar las profundidades de las zonas disputadas de la Legión, era tan cierta en esta sala como en cualquier otro lugar de la Federación, pero los militares no eran tan incompetentes como para descuidar sus tareas de reconocimiento.
Seguí leyendo “Ochenta y Seis – Volumen 2 – Capítulo 04: Bajo el águila de dos cabezas”