No podía creer que el jinete estuviera muerto. Nadie se lo había dicho: ni el emperador, ni Curtis, ni el cardenal, ni los sacerdotes. Ni siquiera Beatrice, que le había informado de las múltiples heridas de Kloud, se lo había mencionado.
Sin embargo, no quería culpar a nadie. De hecho, no estaba calificada para culpar a nadie por no haberle contado la siniestra historia, ya que no prestó mucha atención a su supervivencia o muerte después del accidente. El accidente era urgente e inminente, y ella misma no tuvo tiempo de comprobar en el último momento si el jinete estaba allí. Sin embargo, su indiferencia selectiva le desgarró la conciencia. Seguí leyendo “Prometida peligrosa – Capítulo 92”
