Mientras tanto, Bai Lang no rechazó la sugerencia de permanecer algunos días más en el hospital, aunque se sintiera perfectamente bien. Sabía que Qiu Qian necesitaba tiempo para adaptarse, y aquel entorno al menos le otorgaba un respiro a su tensión constante.
La tarde siguiente a su ingreso, la familia Rong llamó a la puerta de su habitación. Seguí leyendo “El renacimiento de una estrella de cine – Capítulo 38: Accesorio de un Crimen”
Tang Mo no le hacía esas preguntas a Mosaico por simple curiosidad.
En primer lugar, las reglas eran claras: la niña no podía abandonar la cuadrícula del centro del tablero. En segundo lugar, su arma más peligrosa —el fósforo gigante— no estaba en sus manos. Sin él, no era rival para Tang Mo; apenas un jefe débil de la Torre Negra, «suprimible», como él pensaba. Y Tang Mo ya tenía experiencia negociando con criaturas así… el Señor Conejo era prueba de ello. No desperdiciaría la oportunidad de presionarla. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 138: ¿Quién diablos te crees?”