Ya que iba a visitar a la señorita Lanfa, preparé una montaña de regalos. La enorme pila de presentes fue cargada en mi barco personal.
Un navío común tardaría una semana en llegar a Welka, pero con la magia de viento del capitán Bähr, llegaríamos mucho antes.
Su Alteza podría habernos llevado aún más rápido, pero no podía pedírselo; estaba abrumado por sus deberes reales. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 106: Hacia la nación insular del sur”
