Habían pasado ya dos meses desde que Kaitel se marchó a la guerra. El tiempo volaba.
Mientras contaba los días, empecé a sentirme un poco rara. ¿De verdad ha pasado tanto? Parece que fue en un abrir y cerrar de ojos. A este ritmo, creceré y me casaré en nada. Envejeceré y seré abuela… Puaj. Qué espanto.
—¿Qué está haciendo, Princesa?
