Era la cosa más grosera y ridícula que jamás había oído. Pero de alguna manera, Leah no pudo burlarse de las palabras tontas. Sus ojos estaban llenos de tal tumulto de emociones, y todas ellas estaban dirigidas a ella. Mirándolo a los ojos como si estuviera hipnotizada, solo recuperó la compostura con retraso.
—¿Kurkan…? —murmuró, sintiéndose aturdida. Este apuesto hombre tenía la piel morena y los ojos brillantes característicos de los Kurkan.
Sin embargo, no entendía cómo un Kurkan había entrado en el palacio y luego llegado a este lugar. Leah lo miró con desconfianza.
De repente, él agarró su mano y ella dejó escapar un grito de sorpresa, tratando de liberarse de su agarre. El hombre solo entrecerró los ojos, mirando el anillo en su dedo. Seguí leyendo “Matrimonio depredador – Capítulo 119: Error”
