—Está delicioso. ¿Por qué no lo prueban? —dijo Elsee, inclinando la cabeza.
Sin embargo, ni Kuzuha ni yo tocamos el té o los dulces que nos había ofrecido. No sabíamos qué podían contener. Aunque tenía resistencia a venenos y maldiciones, no podía evitar sentir desconfianza.
Kuzuha, por su parte, estaba aún menos dispuesta a disfrutar de un té. Pese a lo glotona que era normalmente, no les dedicó ni una mirada a los dulces; en su lugar, fulminaba a Elsee con la mirada. Estaba, como era de esperar, furiosa. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 83: Propuesta de matrimonio a medianoche”
