La hija del Emperador – Capítulo 19

Traducido por Lily

Editado por Sakuya y Herijo


Me duele la cabeza.

De repente, sentí una oleada de rechazo hacia este entorno desconocido. Deseaba desesperadamente acurrucarme y esconderme en un rincón. Al sentir cómo me retorcía en sus brazos, Kaitel me miró desde arriba con su rostro estoico.

Papi, tu hija siente que se va a morir. Por favor, suéltame.

Quizás mi súplica silenciosa le llegó, porque me sentó en su trono.

Vaya. Se siente bien, pero ¿tengo permiso para sentarme en el trono del emperador? ¿Está permitido?

—Quédate quieta. Pórtate bien.

Con una sonrisa, me dejó allí. Por suerte, el trono estaba situado hacia el fondo del salón, y sentí que tenía algo de espacio para respirar.

Agh, odio las fiestas.

No me había dado cuenta antes, pero había muchísima gente. Un número abrumador, mucho más allá de lo que había imaginado.

Ver a tantas personas me hizo darme cuenta de lo vasto que era el imperio de mi padre. Parecía que solo los de alto rango saludaban a Kaitel, pero aun así, el número de asistentes era enorme. Mientras tanto, Perdel, como de costumbre, se mezclaba y socializaba con entusiasmo.

Qué hombre tan fascinante, de verdad.

—Agh.

Sinceramente, solo quería irme a casa. Pero entonces recordé a Serira diciéndome que tenía que estar aquí por lo menos una hora.

Estoy perdida, buaa. Qué mundo tan horrible. ¿Y por qué esta silla es tan dura? El vestido ya es incómodo de por sí, pero ahora la silla es insoportable. ¿Acaso Kaitel se sienta en este tipo de silla todo el tiempo? Espero que el trasero de mi papi esté bien. No sé si el mío podría soportarlo.

Me removí e inquieté, lo que provocó que mi cuerpo comenzara a deslizarse hacia abajo por culpa del vestido.

¿Eh? Antes de darme cuenta, ya no estaba en el trono, sino debajo de él.

¿Eh? ¡No! ¡Mi silla! ¡Esta silla miserable ni siquiera tiene un cojín! ¿Qué se supone que haga ahora? Papá me dijo que me quedara quieta.

Miré hacia arriba, presa del pánico, solo para darme cuenta de lo alta que estaba.

Estoy acabada, buaa.

Luché por alcanzar el borde del asiento, haciendo fuerza con las piernas.

¡Tengo que subir! ¡Tengo que hacerlo!

De repente, oí exclamaciones por todas partes.

—Oh, cielos.

—¿Oh?

—¿Qué es esto?

Supongo que está pasando algo interesante.

Luché con todas mis fuerzas para subir a la silla. ¡Yo también quiero ver! ¡Tengo que subir a la silla para poder ver! ¡Si tan solo mis débiles piernecitas me lo permitieran!

No, debo hacerlo. ¡Tengo que volver a subir!

—¡Princesa!

—¡Oh, Dios mío!

—¡La princesa está de pie!

¿Eh? ¿A qué viene tanto alboroto?

Estaba agarrada a la silla, apoyándome en ella para intentar levantarme, cuando sentí los ojos de todo el mundo sobre mí.

¿Qué está pasando? ¿Hice algo?

Debí haber hecho algo, pero no tenía ni idea de qué. ¿A qué se debe esta reacción?

Fruncí los labios, nerviosa. Estaba muy confundida.

De repente, sentí una mirada familiar y penetrante sobre mí, asustandome un poco.

Giré la cabeza y, por supuesto, era Kaitel. La expresión de su rostro era diferente a la habitual. Parecía un poco… ¿sorprendido?

Pero ¿qué le sorprendía? ¿Qué pasa, papi? ¿Acaso te pedí dinero prestado sin saberlo o algo así? Te juro que no te debo ni un céntimo.

—¡Pa!

Ugh, como sea. Soy su amada hija. Haya hecho lo que haya hecho, no es como si fuera a matarme, ¿verdad? Estiré los brazos y lo llamé. Vamos, ven a recogerme y deja de mirarme así.

Pero resultó que la tonta era yo. Normalmente no importaría si abría los brazos porque estaría sentada, pero en este momento, estaba de pie. Y de pie, sosteniéndome de la silla.

En el momento en que solté mi apoyo, mi cuerpo se inclinó hacia atrás.

¡Ay, ay, ay! ¡Me caigo! ¡Papá! ¡Haz algo! ¡No puedo controlar mi cuerpo!

Me golpeé la cabeza contra la silla al caer hacia atrás. Hice una mueca de dolor.

Entonces sentí una mano alrededor de mi cintura. Abrí los ojos y vi que Kaitel me sostenía.

La expresión de su rostro era diferente a la habitual. Parecía un poco asustado. En cualquier caso, gracias a Dios que es papá. Buaa.

—¡Papá!

Me dolía la cabeza por el golpe contra la silla.

La cabeza me retumbaba. El dolor ya había hecho que las lágrimas brotaran de mis ojos. ¡No quiero llorar en el cumpleaños de papá! Sorbí con fuerza por la nariz, tratando de contener las lágrimas.

—¿Estás bien?

No quiero llorar, pero las lágrimas siguen saliendo. Ya sé que no me matará por ello, pero aun así no quiero llorar.

Después de todo, es el cumpleaños de papá.

Aunque a él no le importara mucho, eso no cambiaba el hecho de que seguía siendo su cumpleaños. Sorbí un poco más por la nariz y luego esbocé una gran sonrisa.

Ah, sé lo ridícula que debo de verme ahora mismo. No me sentiría mal aunque Kaitel me dijera algo hiriente en este momento. Lo sé. Sé lo tonta que parezco.

—Dapá.

Pero eso no me impidió estirar los brazos alrededor de su cuello y atraerlo hacia mí. Después de todo, yo era su hija.

—¡Fwliz cuple!

Aunque no eran palabras humanas comprensibles, aun así quería felicitarlo. Preguntaste quién querría felicitarte por tu cumpleaños, pero yo sí quiero. Eres mi padre y la única familia que tengo en este mundo. Esa es razón suficiente para querer felicitarte.

—¿Feliz cumpleaños?

No debió de ser fácil entender mi balbuceo, pero de alguna manera Kaitel lo hizo de inmediato. Me miró, sorprendido. Y yo, por alguna razón, me sentí avergonzada.

No es nada… Ejem. Aquí tienes mi regalo.

Tiré del cuello de Kaitel con más fuerza y, por primera vez en mi vida, le di un beso en la mejilla.

¡Mua!

El pequeño sonido llenó el aire a nuestro alrededor. Sonreí con orgullo después de mi beso sorpresa.

Jeje, ¿qué te parece, papá? ¿A qué parezco más humana? ¿No podrías llamarme de una forma un poco más cercana a “humana” ahora?

Mientras lo instaba en silencio, Kaitel salió de su estupor. La expresión de su rostro era algo que no podía descifrar del todo. ¿Está enfadado?

Pero la mano que sostenía mi brazo temblaba muy levemente. No tenía ni idea de en qué estado se encontraba, pero podía decir que no estaba enojado. Entonces oí una vocecita cerca de mi oído.

—Gra… gracias.

Oh, de nada.

Le dediqué otra sonrisa mientras nuestras miradas se cruzaban.

Feliz cumpleaños, papá.

―Fin de Kaitel

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