Max tembló nerviosa ante el aura inquietante que emanaba aquel hombre. Se levantó de su asiento y se acercó a ellos, dirigiéndose directamente hacia Max. Yulysion le interceptó de inmediato, pero el hombre fue tan rápido con sus movimientos que la agarró por la muñeca y tiró de ella con dureza para que le mirara.
—Hmm, aunque eres muy guapa, no eres rival comparada con la princesa, ¿eh?
—¡Licht Breston! Quítale las manos de encima, ¡ahora! Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 116”
Por alguna razón, las palabras de la princesa le parecieron a Max como una reprimenda. Al mismo tiempo, sintió más confianza en sí misma, como si las palabras también tuvieran la intención de apoyarla. Agnes le dio un golpecito en los hombros y sonrió con timidez.
—De todos modos, ha salido bien. Ahora mismo hay veintidós magos aquí. Estamos desbordados con las tareas de levantar barreras por todas partes, crear fórmulas mágicas para preparar los ataques y fabricar herramientas mágicas. Es un desperdicio no ganar otro mago novato.
—¿No dejó claro Sir Calypse que no quiere que su esposa sea una carga? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 115”
La actitud de Sir Uslin Rikaido hacia ella parecía un poco diferente, pero Max estaba demasiado agotada para pensar en ello. Se desplomó impotente en un rincón del barracón y se quedó con la mirada perdida. Estaba tan fuera de sí que ni siquiera oyó el sonido urgente de pasos que corrían hacia la tienda.
Ruth saltó al barracón de Riftan y sus ojos la encontraron de inmediato.
—¿Estás bien? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 114”
Sentía como si le quemara el dolor por el hecho de tenerlo al alcance de la mano y sin embargo, no poder ni siquiera encontrarse con él. Por un momento, Max consideró seriamente ir tras él y confesarle todo, pero solo imaginar cómo reaccionaría Riftan le produjo escalofríos.
—Oye, ¿qué haces aquí de pie sin hacer nada?
Justo cuando Max se debatía en un dilema interno, la mano de alguien se posó de repente en su hombro. Un pequeño grito escapó de sus labios por reflejo mientras se giraba para mirar. Un hombre tan grande como Hebaron la miraba fijamente. Esbozó una extraña sonrisa y luego inclinó su rostro barbudo hacia el de ella. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 113”
Al enterarse de la herida de Hebaron, los ojos de Max se abrieron de golpe. Solo oír hablar de la maldición del monstruo ya era terrible de por sí.
—Entonces… ¿no hay forma de curar la herida?
—La magia divina podría funcionar.
Ruth respondió frunciendo el ceño mientras se rascaba el pelo revuelto.
—No te preocupes demasiado por ello. Los caballeros Remdragon ya habrán llegado a Etileno y el sumo sacerdote de allí se encargará de Sir Nirta. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 112”
La luz del rostro de Max se nubló. Su espina dorsal se enfrió como si estuviera sumergida en agua helada cuando escuchó que Riftan se enfrentó a mil trolls en batalla. Eran monstruos más pesados que un toro y tenían una capacidad de regeneración increíblemente rápida, hasta el punto de que incluso con la cabeza medio cortada podían curarse en un abrir y cerrar de ojos cuando se la volvían a unir al cuello.
Pensar que luchó contra un ejército de monstruos tan aterradores con solo doscientos hombres…
¿Cómo pudo ser tan malditamente imprudente? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 111”
Max hizo acopio del poco valor que le quedaba y a duras penas consiguió abrir los ojos. Era difícil ver lo que ocurría, ya que el polvo que los rodeaba era tan denso como la niebla. Podía oír gritos, el ruido del acero al chocar, el relincho furioso de los caballos y el sonido nauseabundo de la carne desgarrada. Se mantuvo lo más cerca posible de la gente que la rodeaba y se estremeció de miedo. Un grupo de caballos pasó junto a ellos, dejando tras de sí una espesa polvareda de tierra y el resplandor de la armadura gris plateada de los caballeros pasó ante sus ojos. Su silueta cargó contra los trolls como una tormenta y pronto se desató una violenta batalla contra las docenas de trolls. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 110”
Max se quedó perpleja al ver la determinación que había en los ojos de la chica. Idcilla, que tenía cuatro años menos que ella, era cien veces más valiente que ella. Sintiéndose incómoda bajo su mirada, Max apartó la vista. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 109”
Max ayudó no porque quisiera ser reconocida por sus buenas obras, sino porque ayudar en el asilo la mantenía ocupada y prefería eso a holgazanear en el monasterio. El agotamiento físico que le causaba también la ayudaba a dormir por la noche. Recientemente, sufrió de insomnio severo. A lo largo de las oscuras noches, mientras yacía sola en su cama, los rostros horriblemente distorsionados de los caballeros caídos atormentaban su mente. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 108”
Max se apresuró a doblar las rodillas en una reverencia. Un nudo de nervios le apretó el estómago al darse cuenta de que el joven frente a ella era el comandante de los caballeros sagrados.
Apretó con fuerza la carta que guardaba en el bolsillo. Por más que lo pensara, sabía que no era adecuado pedirle a alguien como él que hiciera de mensajero. Dio un paso atrás, incómoda bajo su mirada. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 107”
Max sintió que se le hacía un nudo en la garganta. No podía creer que esas fueran sus palabras de despedida para ella; tan sencillo y frío. Era como si el tiempo que pasaron en el barco fuera toda una mentira. Riftan se volvió, con el rostro tranquilo y sereno mientras se alejaba de la capilla. Los caballeros que estaban a su lado bajaron la cabeza hacia ella y siguieron al comandante.
—Regresaremos pronto y llevaremos a la dama de regreso a Anatol, así que no te preocupes demasiado —dijo Yulysion con confianza antes de darse la vuelta. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 106”
Todos los caballeros que estaban apoyados en las barandillas aplaudieron después de la actuación. Incluso Max aplaudió y elogió al marinero.
—Fue una actuación placentera. Pero en comparación con la canción que escuché en el festival… creo que es un poco diferente.
—Las letras y los versos de la poesía de Adelian varían ligeramente de una región a otra. Ese fue el segundo verso de la canción que se originó en Gillian, la capital de Roem. ¿La señora no encontró la letra de su agrado? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 105”
Riftan le rodeó los hombros con el brazo como si estuviera agarrando las riendas de un potro.
—Te mostraré la habitación donde nos alojaremos.
Max lo siguió escaleras abajo y lo miró. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 104”
Max se tambaleó hacia atrás y su espalda chocó contra el áspero tronco de un árbol. Riftan inmediatamente cerró la distancia entre ellos y agarró sus senos, presionando sus labios contra los de ella. Su lengua fuerte y cálida entró en su boca y se movió vorazmente.
Fue la experiencia de beso más cruda y salvaje que jamás hayan compartido. La fuerte lluvia siguió cayendo sobre sus rostros, hombros y espalda sin piedad. Las hojas que caían de las ramas de los árboles arañaban y se pegaban a sus mejillas. Riftan retrocedió y besó sus mejillas, barbilla y párpados. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 103”
Después de asegurarse de que el hombre cargara los barriles de agua y los bebederos en los carros, Riftan finalmente se volvió para mirar a Max.
Max inclinó la cabeza ante su expresión endurecida. Sus ojos penetrantes parecían llenos de malestar y suspiró levemente mientras la llevaba hacia donde estaban los caballos. Luego, sacó algo de la bolsa que había atado a su silla. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 102”