Sin querer, dejé escapar una exclamación que hizo que Serira se girara hacia mí.
¡Ay! ¡Uy! Je, jeje. Sonreí con torpeza, sorprendida, y Serira me devolvió la sonrisa. Tras observarme un momento para asegurarse de que todo estaba bien, volvió a lo suyo. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 28”
¿Habría sido mejor morir apenas nací? ¡Pero si acabo de empezar a caminar, a hablar un poco y a comer comida de verdad! ¡¿POR QUÉ! ¡AÚN! ¡ME TRATA COMO A UN PERRO?! ¿Acaso tengo que morderte como uno para que por fin dejes de llamarme así? ¡¿Eh?!
—¿Estás tratando de insultarla? —preguntó Perdel. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 27”
—No he visto a Dranste últimamente —dijo Perdel, haciendo girar su pluma como si estuviera aburrido.
—¿Y a quién le importa? —respondió Kaitel sin siquiera girarse.
—Qué indiferente. Sigue siendo tu maestro, ¿sabes? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 26”
Kaitel bajó la vista cuando sintió que me removía en sus brazos. Yo le devolví la mirada, con los ojos muy abiertos y brillantes.
¿Por qué me miras así, papá? ¿Es porque soy adorable? Ya sé que lo soy.
—Je, je, qué linda. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 25”
Silvia suspiró y negó con la cabeza, antes de rendirse ante las locuras de Perdel.
—La princesa es realmente adorable. Me encantaría tener una hija como ella.
—¡Puedes tenerla! —Perdel tomó la mano de Silvia. Luego se aclaró la garganta. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 24”
—Todavía no estamos en ese punto.
—¿Perdón?
—He dicho que todavía no estamos en ese punto.
Fruncí los labios y me di la vuelta. Perdel y el hombre seguían inmersos en una profunda conversación. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 23”
Me encanta que me elogien. Honestamente, soy realmente adorable, ¿a que sí? Merezco todos estos halagos, ¿no?
—Últimamente se ha vuelto mucho más encantadora, mi pequeña princesa.
¿De verdad? ¿Lo he hecho? Miré a Serira con ojos brillantes, y ella me sonrió radiante. Su sonrisa me hizo aún más feliz. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 22”
—No hay necesidad de formalidades. Después de todo, solo estamos nosotros dos.
—¿Acaso no consideras a tu hija una persona? ¡Somos tres! —replicó Perdel mientras me veía arrebatarle mi juguete.
Tienes agallas, amigo. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 21”
Ya habían pasado dos meses desde la fiesta de cumpleaños de Kaitel. Si alguien me preguntara si hubo algún cambio en ese tiempo, todo lo que podría decir es que, en lugar de arrastrarme sobre mi estómago, ahora podía ponerme de pie sosteniéndome de algo con mayor facilidad. Era un cambio bastante pequeño, pero debido a ello, los sirvientes del Palacio Soleil tuvieron que acondicionar cada rincón para mi seguridad. Pensé que era una genio por poder gatear un poco más rápido que otros, pero de acuerdo a Serira estaba creciendo a un ritmo normal. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 20”
—Lo aborrezco, Emperador. Mi cuerpo y mi sangre jamás lo perdonarán. Si he de morir, la niña que lleva mi sangre lo maldecirá en mi lugar.
Los ojos de la mujer eran intensos mientras escupía sus maldiciones. Había pasado tanto tiempo desde que se había encontrado con una ira tan ardiente que la aceptó, como un viajero que se calienta junto a una fogata. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 19.5”
Me duele la cabeza.
De repente, sentí una oleada de rechazo hacia este entorno desconocido. Deseaba desesperadamente acurrucarme y esconderme en un rincón. Al sentir cómo me retorcía en sus brazos, Kaitel me miró desde arriba con su rostro estoico.
Papi, tu hija siente que se va a morir. Por favor, suéltame. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 19”
¿Por qué este lunático parece tan normal? ¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué Dranste de repente actúa como una persona cuerda? ¡¿Por qué?! No tengo idea de si debería alegrarme o no.
Justo en ese momento, Kaitel, con la mirada baja hacia mí que estaba en sus brazos, preguntó: Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 18”
Pero Kaitel no entendía ni una palabra de lo que yo decía. Llegué a la conclusión de que él también tenía algún tipo de trastorno de comunicación. Si no, ¿por qué sería incapaz de comprender estos balbuceos que Serira entendía perfectamente!
Entonces, Kaitel sonrió. Era una sonrisa ligeramente distinta a la de antes.
—Has mejorado. Aunque sigo sin tener idea de lo que dices. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 17”
Exigirle a una bebé de ocho meses que asista a una fiesta era bastante ridículo. Pero la fiesta era, de hecho, el cumpleaños de Kaitel, así que no tenía otra opción. Por supuesto que tenía que asistir al cumpleaños de mi padre. ¿Qué consecuencias podría tener si no lo hiciera?
Esa era mi dura realidad, ¡aunque solo fuera una bebé! ¡Buah! Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 16”
Según lo que las doncellas siempre cuchicheaban entre ellas, yo era una bebé bastante divertida de criar. Digo, supongo que tienen razón. Si tuviera un bebé como yo, que escucha bien y no llora ni hace berrinches, estaría más que feliz de acogerlo y criarlo también.
Además, soy una cosita linda, ¿no? Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 15”