Dama a Reina – Capítulo 15: Conociendo a las esposas de los delegados

Traducido por Kiara

Editado por Yusuke


En la noche de la recepción, Patrizia llevaba el vestido rojo más hermoso que tenía. Su intenso tono y sus bordados dorados eran demasiado llamativos para su gusto, pero debía usarlo para el banquete de esta noche. Era una ocasión demasiado importante como para pasarla por alto. El emperador recibiría a los representantes, mientras que la reina recibiría a sus esposas por separado. No podría haber ningún error relacionado con la diplomacia a nivel nacional. Patrizia examinó cada detalle de su apariencia en el espejo y verificó dos veces todo lo que tenía que hacer.

—¿Está la comida lista?

—Sí, Su Majestad, ya se hizo cargo. No solo la comida, sino también todos los demás asuntos pequeños.

—Bien hecho, Mirya. Has trabajado duro —felicitó Patrizia.

Revisó su sonrisa en el espejo y ajustó la corona en su cabeza, al mismo tiempo una criada entró en la habitación con otras dos personas.

—Su Majestad, creo que debería irse ahora. La delegación ha llegado.

—Muy bien —respondió con voz tranquila, se dio la vuelta y salió por la puerta. Mientras caminaba hacia el lugar de reunión en el palacio central, se dirigió a Mirya.

—¿La baronesa aceptó la invitación?

Aunque Patrizia no dio nombre, Mirya entendió a quién se refería de inmediato, ya que esta noche solo habría una baronesa en el banquete.

—Ella envió su respuesta hace tres días.

—Lo esperaba, pero…  —dijo Patricia, pero luego su voz se fue apagando. Llegaron al palacio. Patrizia arregló su vestido una vez más, luego entró.

Varias mujeres nobles y hermosas estaban presentes, sentadas en la mesa, pero tan pronto como vieron a Patrizia, se pusieron de pie.

—Saludos a la Luna del Imperio. Gloria a su majestad —dijeron al mismo tiempo. Todas se sentaron. Patrizia miró a las presente como si estuviera buscando a alguien. La duquesa Bringstone lo notó y le dio la respuesta a su pregunta no formulada.

—Su Majestad, la baronesa Phelps llegará tarde.

—Ya veo. —Patrizia respondió con calma y asintió. Tan pronto como se sentó, las damas comenzaron a expresar sus cumplidos. Debido a que algunas de ellas eran de familias de donde provenían la candidatas a reina, en general eran amigables con ella.

—Admito que mis expectativas se redujeron porque nunca has participado de un evento así, pero tus preparativos son maravillosos.

Me siento halagada, duquesa Witherford. Me alegra que te estés divirtiendo.

—Su Majestad, ¿por qué se molestó en invitar a la baronesa? —interrumpió la marquesa Bringstone. Ella era la madre de Raphaella y tenía un aire de gran sabiduría sobre ella. Patrizia le dirigió una mirada pensativa y respondió con calma.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Las presentes tenemos el estatus de al menos marquesa o duquesa, ¿no es cierto? Me preguntaba por qué invitaste a una mujer que es solo una baronesa, y que también es la concubina del emperador.

—Si no lo hacía, ¿qué pasa si ella lleva el asunto ante Su Majestad detrás de escena? Por eso la invité en su lugar.

Por supuesto, esa no era la verdadera razón, pero Patrizia tenía una sonrisa enigmática. Todos en la sala sintieron una atmósfera extraña ante sus palabras, pero nadie dijo nada en contra. Si esa era la opinión de la reina, que así sea.

—Lo siento, llego tarde, Su Majestad. —Una voz clara hizo añicos el silencio. La persona que entró fue obviamente invitada por Patrizia, pero para todas las demás, era una invitada inoportuna.

—Bienvenida, baronesa. Llegas tarde. —Patrizia la saludó con una sonrisa brillante. Le dio una mirada a Rosemond y agregó: —Debió de tomar mucho tiempo vestirse. Tu vestido es hermoso.

—Gracias.

Ni el orador ni el oyente lo aceptaron como un cumplido, pero siguieron jugando por el bien de las apariencias. Patrizia le ofreció sentarse.

—Por favor tome asiento. Las esposas de los representantes estarán aquí pronto.

—Gracias por su invitación, Su Majestad. Todas aquí están mejor clasificados que yo, constantemente dude de si estaba calificada para unirme, estoy muy agradecida de que me hayas invitado aquí.

—No, en absoluto —dijo Patrizia cálidamente.

La marquesa Grochester miro a Patrizia con una mirada ansiosa.

Su hija no se comportó así la última vez que se conocieron, y se sintió como si alguien más hubiera ocupado su lugar, sin embargo, la marquesa no dijo nada.

La condesa Arjeldo habló después.

—Te ves hermosa esta noche, Su Majestad. Escuché que normalmente no usas vestidos rojos, pero esta es una ocasión especial.

Patrizia asintió con la cabeza.

—Ah, eres rápida observando, condesa. Como notaron, hoy me siento de buen humor.

—Oh, ¿hay alguna razón especial? No creo que se trate solo del banquete.

—Tienes razón. No se trata solo de esta noche. —Patrizia sonrió y jugueteó con el vaso de agua frente a ella—. Recientemente recibí un regalo. Me hizo sentir muy feliz.

—¿Un regalo? —La marquesa Grochester dijo con asombro—. ¿Qué tipo de regalo te hizo sentir tan feliz?

—Debe ser algo muy bueno. Probablemente fue el mejor regalo que he recibido desde que entré en el palacio.

—¿Es ese vestido, Su Majestad? —preguntó la duquesa Vasi, pero Patrizia sacudió la cabeza.

—No, no se trata de ese tipo de cosas.

—¿Entonces qué es?

—Fue un regalo que fortaleció mi mente y mi cuerpo. Y me siento más fuerte. Así que me hizo sentir bien.

—Eso sigue siendo un misterio, Su Majestad. ¿Puedes mostrárnoslo?

—Por supuesto, duquesa Witherford. Pero me temo que no puedo mostrarte en este momento. Lo haré después. ¿Está eso bien?

La duquesa Witherford asintió y Patrizia volvió a sonreír. Rosemond, que permaneció callada todo el tiempo, interrumpió.

—También me gustaría darte un regalo, Su Majestad. ¿Eso estará bien? —Rosemond preguntó.

Patrizia volvió la mirada hacia ella. ¿En qué otra cosa estaba tratando de entrometerse esta vez? Una oleada de ansiedad e interés aumentó en ella.

—¿Hay alguna razón en particular, baronesa?

—Es una razón especial —respondió Rosemond con una sonrisa pura—. Escuché que me ayudaste a conseguir el azulejo, Su Majestad. No estaría sentada aquí ahora si no me hubieras ayudado. ¿Cómo podría alguien de una familia tan pobre estar frente al emperador? Por eso nunca he olvidado la gracia que me has dado desde que me mudé al Palacio Bain.

Las palabras de Rosemond no tenían nada de malo, pero algo en ellas perturbaba la mente de Patrizia. Sin embargo, ella sonrió con calma y no dejó que sus sospechas se vieran.

—Gracias, baronesa. No fue una tarea difícil. Escuché que has estado con Su Majestad durante un año antes de mi, y debería pagarte aún más.

—Me alegra que reconozca mi arduo trabajo, Su Majestad. Espero que podamos mantener esta relación en los próximos años.

—Una relación funciona sin problemas cuando ambas partes son amigables. Si un lado oculta alguna maldad, todo se acaba, baronesa.

—También pienso como usted, Su Majestad. Eres tan inteligente como he oído.

—Gracias. —Patrizia no parecía sincera en absoluto, pero ni Rosemond, ni ella dijeron nada al respecto. La atmósfera estaba inusualmente tensa después de su intercambio, y las otras mujeres nobles, incluida la marquesa Grochester, estaban nerviosas.

Afortunadamente, la apariencia de Mirya rompió el estado de ánimo tenso.

—Su Majestad, las otras invitadas han llegado. ¿Deseas que las traiga dentro?

—Por supuesto, que entren, Mirya.

La sala pronto se animó cuando las invitadas entraron alegremente. Sus edades iban de jóvenes a viejas, y era impresionante que incluso una mujer mayor llegará a un país extranjero en barco. Patrizia las saludó con fluidez en el idioma de su país.

—Bienvenidas. He estado esperando tu visita.

En la última vida, cuando Petronilla había organizado fiestas de té, Patrizia se quedó en casa aprendiendo el idioma del Imperio Christa, que estaba aliado con el Imperio Mavinous. No sabía cuándo sería útil, y no podía haber imaginado que estaría en una situación como ahora. Uno de los invitados, que parecía ser la líder del grupo, quedó impresionada por las habilidades lingüísticas de Patrizia.

—Gracias por su hospitalidad, Luna del Imperio Mavinous. Es un honor conocer a la reina. Soy Verika duquesa del Imperio Christa.

—Es un placer conocerte también. Todas, por favor siéntense.

—Sí, su Majestad.

Las damas se sentaron en los asientos vacíos reservados para ellas. Todas las mujeres de Christa tenían cabello oscuro y piel oscura, lo cual era una vista inusual en el Imperio Mavinous. A Patrizia le pareció extraño, pero no mostró ninguna señal de que lo hiciera, temiendo parecer grosera.

—Deben estar cansadas luego de recorrer un largo camino, así que por favor coman. Nuestro chef de palacio es maravilloso.

—Estoy muy emocionada de escuchar eso. Escuché que la comida del Imperio Mavinous es deliciosa.

—Gracias, duquesa. Espero que esté a la altura de sus expectativas.

Patrizia le hizo una señal a Mirya, y poco después, innumerables doncellas entraron trayendo docenas de platos de comida. El aroma de la carne flotaba en el aire, y el color brillante de los platos de verduras complació a la vista. Hubo el sonido audible de alguien tragando, y si no fuera descortés, cada boca estaría babeando.

Rosemond miró a Patrizia y sonrió para sí misma. Los filetes que llevaban las criadas eran originalmente carne de res, pero ella se aseguró de que fueran reemplazados por carne de cerdo. Por supuesto, un chef profesional podría distinguir la diferencia entre ellos, pero no fue fácil hacerlo. Justo antes de que el chef comenzará a cocinar, le cambiaron la carne de res por carne de cerdo que tenía el color y la forma de la carne.

—Oh, ese bistec se ve delicioso —dijo Rosemond inocentemente—. La carne debe ser muy buena.

—Así es, baronesa. Le pedí específicamente al chef que cocinara la carne de mejor calidad. Así que por favor coma a su antojo. Espero que todas lo disfruten.

—Sí, su Majestad.

Rosemond le dirigió a Patrizia una mirada irónica, y pronto comenzó a cortar el filete con gracia. Deliberadamente cortó el suyo más despacio que los demás para poder verlas comer. Una de las damas Christa que estaba sentada cerca de ella tomó un trozo de bistec bastante grande en su boca con expresión expectante. Solo porque la carne de cerdo no estaba permitida en el Imperio Christa, no significaba que no supieran el sabor de la carne de cerdo.

Rosemond colocó una rodaja de bistec en su boca en anticipación del alboroto que estaba a punto de suceder. Pero…

Kiara
¿Habrá logrado su objetivo esta mujer? Me pone de los nervios lo bruja que es.

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