Dama a Reina – Capítulo 60: Gracias por actuar como si no hubiera pasado nada

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


Esa noche, Patrizia soñó con sus momentos finales en su vida anterior. Justo cuando la guillotina le cortaba la cabeza, Patrizia se despertó con un grito.

—¡Aaaah!

—¡Su Majestad!

Mirya sobresaltada corrió hacia la reina, seguida de Raphaella. Pensando que había un asesino, el caballero entró corriendo en la habitación blandiendo sus espadas gemelas, y cuando se dio cuenta de que ese no era el caso, dejó escapar un suspiro de alivio.

—Rizi, Su Majestad. ¿Qué demonios pasó? —preguntó Raphaella.

—Haah…

Patrizia, que aún no se había calmado de su pesadilla, le pidió agua a Mirya. Mientras la dama de honor salía de la habitación a buscar un vaso, Raphaella se volvió hacia Patrizia con expresión preocupada.

—Su Majestad, por favor relájese. Estoy aquí ahora y estás a salvo.

—Haah, Raphaella…

La imagen se repetía vívidamente una y otra vez en su sueño. Tanto su mente como su cuerpo se sentían completamente secos. Si existiera un dios de los sueños, oh, como deseaba poder matarlo.

Mientras Patrizia intentaba restablecer su habitual expresión tranquila en su pálido rostro, Mirya entró con un vaso de agua tibia.

—Bebe esto, Su Majestad. Por favor cálmate.

—Haah…

Todavía sin aliento, Patrizia tragó el agua con la avidez de un niño. Mirya y Raphaella la miraron, sus ojos estaban llenos de preocupación. Patrizia quería tranquilizar a sus amigas y decir “estoy bien. Pueden regresar”, pero las palabras no pudieron salir.

—¿Tuviste una pesadilla? —pregunto Mirya, su voz temblaba de preocupación.

—Creo que sí.

—¿Te traigo algo más para comer? Tal vez algo dulce, o…

—No, eso no será necesario. —El agua le hizo bien a Patrizia, y luego volvió a hablar con Mirya—. Deseo salir a caminar solo. No creo que pueda volver a dormir en este estado.

—¿Sola? Pero…

—Rosemond ni siquiera está aquí, así que estoy segura de que no pasará nada, estaré bien.

Patrizia se levantó temblorosamente de la cama, pero la conmoción dificultó el equilibrio. Raphaella inmediatamente se puso a su lado, mientras que Mirya trajo un chal de piel para que Patrizia se lo pusiera. Después de ponerse el chal sobre los hombros, Patrizia caminó lentamente fuera del Palacio de la Reina.

Se dirigió hacia el jardín trasero, el lugar donde había descubierto todos sus sentimientos antes. Ella no quería el consuelo de nadie. La única persona que podía entender por lo que estaba pasando era ella y solamente ella. Si pudiera organizar sus pensamientos en la soledad de las flores, podría superar esta miseria que la molestaba.

Extrañamente, mientras caminaba hacia el jardín trasero, las lágrimas comenzaron a gotear de sus ojos. Tenía muchas ganas de ver a Nilla, pero ya era tarde. Todos los caballos y jinetes estaban dormidos, no podía despertarlos por el bien de sus caprichos inusuales y egoístas. Tampoco podía simplemente caminar hasta la propiedad de sus padres llorando y causandoles preocupación. Ella solo tenía que guardar esto para sí misma. Además, los horribles recuerdos que experimentó ya no eran de esta vida.

Las lágrimas de Patrizia permanecieron en sus mejillas mientras paseaba por el jardín. De repente, vislumbró una figura lejana. Era difícil confirmar su identidad a la tenue luz de la luna, la figura no le daba la impresión de un asesino. No había forma de que un asesino se viera así.

Cuando se acercó, se dio cuenta de que era Lucio.

—¿Reina?

La voz del emperador resonó por el tranquilo jardín. No importa cuán conmocionada estuviera, no había forma de que Patrizia fuera a recurrir a él por comodidad. Con esa seguridad en mente, caminó lentamente hacia Lucio. Debido a que la luz de la luna era tan débil, sería difícil decir que había estado llorando, a menos que él pudiera detectar la leve vacilación en su voz.

—Le doy mis saludos, Su Majestad.

—¿Estabas llorando?

Maldición, fui descubierta.

—Sí, así parece —respondió Patricia restandole importancia.

—Entonces sí lloraste. ¿Cómo no sabrías si ese fue el caso o no?

—Eso es cierto —dijo Patrizia sin sentimientos. Al escuchar su tono, Lucio se mostró intranquilo.

—¿Paso algo? —preguntó.

—Ha pasado tanto tiempo que pensé que no lo recordaría. —Sin embargo, ella lo recordaba, de la manera más clara y cruel posible—. Pero lo hice —terminó.

—Es mentira cuando dicen que el tiempo cura. —Mientras decía eso, Lucio le entregó a Patrizia un pañuelo blanco. Era el mismo que le había prestado antes, ella lo aceptó y se secó con cuidado las lágrimas. Lucio, que la estaba mirando, lo tomó suavemente y luego le limpió las lágrimas. Aunque Patrizia quería alejarse, no tenía energía para hacerlo. Hablando francamente, para ella había sido agotador mental y físicamente caminar hasta aquí.

—No creo que llorases tanto en ese entonces —dijo Lucio suavemente, pero ella no respondió así que él continuó—. Parece que el recuerdo fue peor que la experiencia.

Sí, más allá de lo normal. Es como si comparara a Rosemond con Nilla. Reuniendo su habitual voz plana, Patrizia le preguntó a Lucio.

—Su Majestad… ¿qué le trae aquí esta noche?

Incluso después de preguntar eso, Patrizia tenía miedo de lo que diría. Se preguntó si había tenido otro episodio, pero esperaba que ese no fuera el caso. Afortunadamente, Lucio sonrió y dio una mejor respuesta.

—Recordé algo del pasado.

—Fue sobre…

—No, no fue tan malo.

Aún así, eran memorias de abuso, el dolor no tenía niveles. Si había dolido en aquel momento, entonces ahora también serían recuerdos de agonía. No importa la cantidad, seguía siendo dolor.

—Debe ser difícil para ti —dijo Patrizia en voz baja.

—Sí lo es. —Incluso mientras decía eso, Lucio seguía sonriendo—. Pero ya me he acostumbrado, por eso ya no derramo lágrimas.

—¿Qué significa estar acostumbrado al dolor?

—Significa que acepto el dolor a propósito. Bueno, es más como… —Después de contemplarlo por un tiempo, Lucio continuó con una expresión sombría—. Comprender que duele y dejar de consumirte debido al sufrimiento por su agonía.

—Eso no suena como algo bueno.

—Es mejor que luchar contra él.

¿De verdad así funcionaba? Patrizia realmente no lo entendía. Entonces ella le preguntó:

—¿Estás bien?

—¿Estás bien, reina?

—No lo estoy —respondió Patrizia honestamente.

Una sonrisa volvió a adornar los labios de Lucio.

—Bien. Es mucho mejor ser honesto al respecto.

—Es posible que nunca esté bien.

—Esta bien, las cicatrices y el dolor son así. Son recuerdos que nunca podras borrar u olvidar.

—Hablas como si fueras un experto en esto —expresó ella.

—Es una especie de mecanismo de defensa —indicó él.

Patrizia decidió que no sería prudente seguir hablando al respeto, e inocentemente dirigió el tema hacia otra cosa.

—¿Estás realmente bien, Su Majestad?

—Ya te lo dije. Estoy acostumbrado a eso.

—Aunque no me gustas, lamento que no seas feliz, Su Majestad —respondió Patrizia, aunque se preguntó si era correcto sentir tanto dolor en su corazón por un arrepentimiento.

—Bueno, eso es algo por lo que estoy agradecido, reina.

—¿Disculpa? —Al ver la expresión confusa de Patrizia, Lucio rió suavemente.

—Normalmente, reina, si alguien escucha una historia como la mía, es difícil para ellos actuar como lo hicieron antes. Dibujan una línea que no estaba allí antes para no correr el riesgo de provocar más cicatrices. Se que lo hacen con buenas intenciones, pero caminar sobre cáscaras de huevo puede dejar más cicatrices en la persona en cuestión. Así que gracias por odiarme como si nada hubiera pasado.

¿Por qué dice eso con una sonrisa en su rostro? Patrizia se mordió el labio. Si Lucio no lo notó o si eligió pasarlo por alto, no hizo ningún comentario al respecto.

—Entonces, ¿te sientes un poco mejor ahora? —preguntó.

—Creo que sí —dijo Patrizia sin comprometerse, y miró al hombre parado frente a sus ojos.

Todo el dolor que había sufrido fue causado por este hombre. Él fue quien envió a Nilla a la guillotina, quien destruyó a Patrizia y a toda su familia. Sin embargo, esas fueron todas las cosas que hizo en otra vida y el actual Lucio parado frente a ella no tenía ni una onza de responsabilidad por esas acciones. En esta vida, no llevó a la familia de Patrizia a la destrucción, ni envió a su hermana a la guillotina.

Aún así, la única verdad es que este hombre infligió estas cicatrices en su corazón. Al caer en esta circulo de contradicciones interminables, Patrizia frunció el ceño en confusión. ¿Por qué buscaba consuelo de la persona que era la fuente de sus problemas? No había un ejemplo más perfecto de ironía que este.

—Realmente te debe gustar este jardín. Parece que siempre vienes aquí —comentó Lucio.

—Ah. —Patrizia alejo sus pensamientos y le respondió: —Es un lugar especial para mí.

Como lo es para mí, que fascinante.

—Cada vez que la antigua reina me golpeaba, venía a este lugar a llorar. Incluso después de lo que sucedió ese día, vine aquí para lastimarme.

Aunque habló de una realidad cruel, su voz estaba completamente desprovista de emoción. ¿Cómo podía hablar como si no fuera nada? Patrizia sintió lástima y desamor. Estas flores probablemente florecieron a causa de las lágrimas que él había derramado en su infancia.

—Solo te dije de cosas desagradables —expresó Lucio—. Deberías irte ahora, ya es muy tarde.

—Bien. —Patrizia se despidió y salió del jardín. Sin embargo, ella seguía escuchando pasos detrás de ella. Cuando miro hacia atrás, vio que se trataba de Lucio.

—¿Por qué me estás siguiendo? —preguntó.

—Pensé que es mejor que te acompañe al palacio, reina.

—Puedo ir por mi cuenta.

—Es peligroso. ¿Por qué saliste sin ningún guardia?

—Porque deseaba estar sola —respondió Patrizia cortésmente—. Por lo tanto, caminaré de regreso sola. Por favor, vuelve al Palacio Central.

Con eso, Patrizia comenzó a regresar a un ritmo más rápido que antes. Sin embargo, después de dar unos diez pasos, Patrizia volvió a escuchar a Lucio siguiéndola en silencio. Ella no creía que valiera la pena reprenderlo y lo dejo continuar.

Al final, Lucio la siguió todo el camino de regreso al Palacio de la Reina, después de escuchar la voz de la dama Raphaella, regreso al Palacio Central.

♦ ♦ ♦

Rosemond regresó al palacio antes de lo esperado. El conductor del carruaje manejo tan rápido como pudo, debió darle una bonificación mucho mayor de lo prometido, sin embargo, entró en el Palacio Imperial con una confianza incomparable incluso para una baronesa.

Lo primero que hizo al llegar fue dirigirse hacia el Palacio Bain. Las damas de honor se inclinaron para saludarla.

—Lady Rosemond, bienvenida de nuevo.

—Gracias. Entonces no pasó nada, ¿verdad?

La respuesta esperada de “No, no pasó nada” no le fue devuelto. En cambio, sus damas de honor intercambiaron miradas inciertas entre sí y Rosemond se dio cuenta de que algo andaba mal. Su rostro se contorsionó en una fea expresión y comenzó a interrogar a las chicas.

—¿Qué pasó?

—Um… eso es…

—Date prisa y dime.

Mientras Rosemond continuaba insistiendo, las chicas del palacio se derrumbaron y finalmente explicaron. La reina le había reducido el presupuesto del Palacio Bain a la mitad y prohibió la compra de artículos de lujo.

La furia emanaba del cuerpo de Rosemond. Estaba cansada por el viaje tan largo y el estrés que le produjo tratar con la baronesa Darrow, por lo que estaba lejos de estar de buen humor.

Sin siquiera cambiarse la ropa de viaje, Rosemond se dio la vuelta y corrió hacia el Palacio de la Reina.

—Su Majestad, lady Rosemond está aquí.

Al escuchar la voz cortante de Mirya, Patrizia tuvo el presentimiento de por qué la concubina había venido a verla.

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