Dama Caballero – Capítulo 14: ¿Eres un mujeriego?

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Términos del contrato

1. En público, tratar de demostrar amor el uno al otro. 

2. No compartir una cama hasta que Elena se convierta en emperatriz.

3. Usar apodos. 

4. Si no hay otros compromisos, tener cada comida juntos.

Eran solo unas pocas líneas escritas en una hoja de papel, pero Elena sabía el inmenso peso de este contrato sobre su futuro matrimonio. Hasta ahora, todo había salido de la forma que había querido, pero aún se sentía tensa, ya que todavía no había garantías.

Elena terminó de escribir en la hoja y luego miró a Carlisle.

—Por casualidad, nos concedimos dos favores el uno del otro.

Los términos de Elena parecían adecuados para un matrimonio político, pero los de Carlisle parecían como el de dos amantes.

Carlisle habló en voz baja, con una expresión ilegible.

—Sí. Si hay algo más que quieras agregar, dímelo.

—Dije antes que quería ser tu arma secreta. Para ser más claros, quiero crear otra identidad, una que no sea ni Elena Blaise, ni una princesa.

— ¿Qué quieres decir?

—Quiero crear un alias como caballero y ser tu guardaespaldas en la noche.

—No.

Carlisle se negó rotundamente antes de que pudiera siquiera terminar. Sin embargo, Elena tampoco se rendiría fácilmente. El alcance de su actividad en su vestido era muy limitado, y Elena quería darle fuerzas a Carlisle no solo como una princesa, sino como un caballero.

Además, no podía arriesgarse a quitarle los ojos de encima por un momento, temiendo que él pudiera ser asesinado en su ausencia. No había mucho tiempo antes de que Paveluc se revelara. Para entonces todo tiene que estar listo.

—No me rendiré con lo que dije.

—Aunque te permitiré usar tu espada para defenderte en situaciones desconocidas, no aceptaré que te pongas una armadura todas las noches.

—Sabes cómo son mis destrezas de esgrima. ¿Quieres desperdiciar mis habilidades?

—Ya dije que no —habló con firmeza.

Ella sintió un pinchazo de culpa por la forma en que condujo con decisión hacia su objetivo, pero todo esto se trataba de convertirlo en emperador. Aunque no había estado cerca de Carlisle por mucho tiempo, ella ya notó que él no cambiaba de opinión fácilmente.

¿Qué tengo que hacer?

Tenía la sensación de que no importaba cuán racionalmente intentará argumentar, él no lo consentiría.

Ella recordó cómo él sonrió cuando lo llamó por el apodo.

—Caril… por favor.

Ella dudaba si este método funcionaría, pero la luz en sus ojos inesperadamente comenzó a brillar.

—No quiero que estés en peligro.

La firmeza es que su voz se había suavizado un poco.

Elena nunca había estado en una situación como esta en su vida. La mera idea de actuar de un modo lindo le hizo sentir la piel de gallina en el brazo, pero si funcionaba, ella haría más que eso.

Cerró los ojos con fuerza y ​​abrió la boca para hablar de nuevo.

—Sé lo que quieres decir. Pero quiero protegerte. Por favor, permíteme esto.

Puso énfasis adicional en la palabra “por favor”, y su corazón latía con anticipación por su respuesta. La preocupación revoloteó en la cara de Carlisle antes de que se convirtiera en algo más suave.

—Todavía no…

—Caril, por favor.

Elena tomó sus manos en un gesto de mendicidad.

—Kugg.

El repentino resoplido de risa de Carlisle causó que los ojos de Elena se ensancharon. Ella pensó que podría haber sido burlada.

—Me gustaría molestarte más, pero es probable que te enojes si voy más lejos.

Elena apretó los dientes pero habló con voz fría.

—Al parecer te gusta jugar con la gente.

—No, me temo que querré hacer lo que me pides. Puedes ser más peligrosa de lo que pensaba.

—Si realmente quieres hacerme un favor, solo acepta esto.

—Te dije que no. No puedo permitir que estés en peligro.

Elena estaba empezando a impacientarse con la actitud de Carlisle. Ella se había estado conteniendo hasta ahora.

—La primera mujer en casarse contigo corre el riesgo de ser infeliz. ¿Sería tan malo si me pudieras permitir esto?

— ¿Estás diciendo que me beneficio más que tú en este matrimonio?

—Sí.

—Quizás. Pero fuiste tú, no yo, quien propuso esta boda. No olvides que fuiste tú quien vino a mí ese día.

Ella había tratado de apelar a su corazón, pero no funcionó. Si no había respuesta al encanto y la compasión, entonces la única manera de salir era negociar un precio razonable. Sin saber si iba a funcionar, Elena jugó su mano.

—Si me permites esta condición, haré una cosa que desees en el futuro.

— ¿Cualquier cosa?

—Sí. Excepto por asesinato u otra cosa inmoral.

El dedo de Carlisle comenzó a acariciar su barbilla afilada.

Ella debe haber atraído su atención más de lo que pensaba. Esperaba que fuera suficiente. Carlisle no tenía nada que perder.

Ella no conocía todas las variables que cambiaron en este futuro, pero sería mejor que actuará como su caballero.

— Todo bien. Pero no te quedes lejos de mí.

—Sí. Me mantendré lo más cerca posible.

Ella rápidamente puso una quinta condición en el papel antes de que él pudiera cambiar de opinión.

5. Permitir que Elena Blaise oculte su identidad cada noche y actúe como un caballero. A cambio, ella hará cualquier cosa por Caril.

Mientras observaba las letras escritas en el papel, Carlisle murmuró para sí mismo.

—El costo es alto para este seguro.

Se habían añadido tantas cosas grandes, como pequeñas.

Había pasado bastante tiempo mientras organizaban su contrato y conversaban. Debido a que Elena se había escabullido de los caballeros de su familia, le preocupaba que estuvieran inquietos.

—Dejémoslo como está, y cuando necesitemos añadir algo más, podemos simplemente agregarlo. Si queremos cambiar algún punto, ambos tenemos que estar de acuerdo con ello.

—Bien.

En la parte inferior del contrato, Elena escribió que se podría agregar o eliminar más contenido con el consentimiento mutuo. La mayoría de lo que pensaba que era importante ya estaba resuelto, por lo que ahora sólo faltaba afinar los detalles.

Era hora de decidir las consecuencias que implicaba no cumplir o romper lo propuesto en el contrato.

— ¿Qué harás si no puedes respetar estos términos?

— Bueno… ¿Qué quieres de mí?

De hecho, la mayor parte del contrato estaba a favor de Elena. Solo tenía dos cosas en mente: primero, que tenía que comprometerse antes de convertirse en la mujer de Carlisle y que eso sería después de haber sido elevada a emperatriz, y segundo, que ella haría una cosa que él quisiera. Carlisle no tenía otras condiciones difíciles, pero Elena quería proteger el contrato.

—Pensando en eso, no sé si tengo algo que te satisfaga… —Expresó Elena

—Hmm… Entonces, prométeme una cosa. Que no me odiarás por lo que haga cuando no puedas cumplir tu promesa.

— ¿Qué? Eso es…

— ¿No tienes confianza?

Carlisle estaba sentado frente a ella con los brazos cruzados, emitiendo un aura que lo hace parece peligroso.

Los instintos de Elena estaban en alerta. Algo era ominoso. Era una condición simple, pero de alguna manera se sentía más inquieta de lo que estaría arriesgando su vida. No le molestó que no le diera ningún detalle, pero su imaginación la dejó sin resolver.

¿Qué vas a hacer?

Ella echó a un lado su inquietud y asintió.

—Bien. Y no importa lo que hagas, no te odiaré.

De todos modos, no había posibilidad de que Elena rompiera el contrato. Más bien, estaba preocupada si Carlisle no cumplía con los términos.

— ¿Qué hay de ti, Caril? ¿Qué harás si no cumples tu contrato?

—Lo que mi señora desee.

Elena pensó por un momento, mirando el contenido del papel. Ella tomó una decisión en su corazón y luego le respondió con un tono de voz uniforme.

—Pon tu vida en peligro por mi familia.

— ¿Qué?

Carlisle se quedó asombrado ante su respuesta. Se suponia que sería algo que le beneficiara a ella, no a otros. Sin embargo, Elena estaba más interesada en lograr su propósito original en lugar de castigarlo.

—Tengo un padre, un hermano mayor y una hermana menor. Prométeme que no morirán antes que tú, Su Alteza. Si no puede cumplir esa promesa, renuncie a todo lo que tiene como miembro real de la familia.

Era mucho más específico y aterrador que los términos vagos que ofrecía. Ella se preguntó acerca de su disposición a aceptarlos, pero él asintió con la cabeza.

—Por supuesto.

Ella decidió no cuestionarlo. Como hasta ahora, Elena estaba ocupada escribiendo cosas antes de que Carlisle cambiara de opinión. Desde el principio, era importante llevar este contrato en una dirección más ventajosa para ella. No importaba lo que Carlisle estuviera pensando.

Ella empujó el contrato hacia él.

—Por favor, firma en ese espacio en blanco.

Carlisle tomó la pluma sin dudarlo y colocó su firma al final del contrato. De alguna manera, la nitidez de su guión parecía encajar con su personalidad. Cuando Elena terminó de firmar por fin, le entregó una copia del contrato.

—Ah, tenemos que crear una historia para convencer a otros de nuestro matrimonio. ¿Por qué no tenemos nuestro primer encuentro en un baile?

—Buena idea.

—Entonces, ¿debemos decir que fue amor a primera vista en el baile?

Los ojos de Carlisle se alzaron en diversión.

—No está mal.

—Sí, me alegro que pienses eso. Así que la próxima reunión…

— ¿Vas a volver a casa tan pronto como hemos terminado aquí?

—Los caballeros de la familia deben estar preocupados. Tengo que volver a casa a tiempo.

—Es problemático seguir reuniéndose en el lugar de otra persona. Sería mejor casarse lo antes posible.

—Ah, sí.

Ella también quería casarse rápidamente. Pero el tono de Carlisle, era distinto al de ella, sonaba como si no quisiera pasar un minuto más alejado.

¿Usted también es un mujeriego?

Su voz tenía un tono casual, pero parecía saber cómo agitar el corazón de una mujer. ¿Hablaba habitualmente a otras mujeres también? Elena sacudió la cabeza despreocupadamente ante el pensamiento.

—Si planeas asistir al baile, entonces debes ir a la Ciudad Capital.

—Sí, lo haré.

—Entonces apresúrate. También tengo que irme, tengo algunos negocios esperándome en la Ciudad Capital.

—Sí.

Elena había planeado mudarse a la Ciudad Capital lo antes posible para poder proteger a Carlisle en caso de peligro. Pero luego Carlisle dijo exactamente lo contrario de lo que Elena estaba pensando.

—Estoy ansioso por tener que dejarte aquí sola. Así que te veré de nuevo en la capital lo más rápido posible.

—Sí.

Ella no sabía cómo responder a su tono preocupado, por lo que dio una respuesta simple.

Cuando Elena se levantó para levantarse, Carlisle se levantó de su asiento primero. Él tomó la iniciativa sin decir nada y la acompañó afuera. Elena caminó tranquilamente detrás de él bajo su cuidado.

—Tengo que presentarte a alguien antes de que regreses.

— ¿Quién es?

—Uno de mis subordinados. Sus habilidades son encomiables. Necesitas mantener ocultas tus habilidades, así que si alguien te sigue como hoy, deja que él se ocupe de ello.

—No tienes que ser tan atento…

—Cualquiera haría esto por su futura esposa.

Elena trató de rechazar la bondad excesiva de Carlisle, pero él la bloqueó con un solo movimiento. Al final, es una oferta muy buena, así que decidió aceptarlo.

—Gracias. No olvidaré tu amabilidad.

—Asegúrate de no hacerlo.

Normalmente, uno diría humildemente que no era necesario hacerlo. Una sonrisa divertida se extendió en la cara de Elena.

Por un momento, sintió que Carlisle dudaba acerca de algo, pero pronto la expresión de su rostro cambió. Elena pensó que debía haber sido un error y apartó la mirada. Fue entonces, antes de que ella lo supiera, un hombre apareció súbitamente ante los dos.

A primera vista, tenía el cabello azul oscuro, casi negro. Su piel era pálida, sus ojos color gris piedra y la expresión en su rostro le daban un aire de tristeza. Era una cara graciosa pero normal, algo que no le llamó la atención a simple vista y podía olvidarse fácilmente. Sin embargo, los instintos de Elena cosechados gracias a su antigua vida le dijeron que este hombre era tan peligroso como una hoja afilada.

Se dirigió a Elena con una expresión de piedra.

— ¿Cómo lo haces?

Había algo muy singular en su voz plana. En lugar de un caballero que mostraba su rostro al aire libre, era como un asesino al acecho en la oscuridad.

—Se dice hola. Este es Kuhn Kasha. Es mi subordinado del que te hablé antes.

—Hola, sir Kasha. Escuché que tú serás quien me proteja. Soy Elena Blaise.

Kuhn la miró sin decir nada. En cuanto a las primeras impresiones, parecía un poco arrogante.

Hubo un sonido contundente, al parecer Carlisle lo había pateado rápidamente en las espinillas.

—Hazlo bien. En el momento en que huyas de su lado, mueres.

—Lo tendré en cuenta, general.

Kuhn Kasha ni siquiera emitió un gruñido de dolor, como si estuviera acostumbrado a este tipo de tratamiento.

Después de escuchar el tono escalofriante de Carlisle, Elena lo vio con otros ojos. Era completamente diferente de cuando le habló antes. Carlisle pareció notar su mirada en él y habló.

—Hay algunas personas bajo mi mando que a veces no escuchan mis palabras.

—Ah, ya veo —Elena quería decir “¿Es eso una excusa?”, pero pensó que era mejor simplemente asentir.

—Al menos es fácil sentirse cómodo con su silencio. No podemos ir juntos al Castillo de Blaise, pero Kuhn todavía estará en algún lugar cercano, así que puedes convocarlo si es necesario.

—Entiendo.

Tal vez fue porque Carlisle le dio una patada antes, que Kuhn habló.

—Entonces llamaré al carruaje.

Carlisle asintió en silencio. A pesar de su buena apariencia, parecía tener un lado rudo, posiblemente de su tiempo en el campo de batalla.

Tan pronto como llegó el carruaje, Elena se despidió brevemente de Carlisle antes de entrar.

—Me voy a ir ahora.

Ella estaba levantando los pies para subir al carruaje cuando Carlisle le tendió la mano para ayudarla a entrar. Ella lo aceptó como parte de la buena etiqueta establecida en su cerebro desde temprana edad.

Cuando llegó el momento de que sus manos se separaran, Carlisle no parecía querer dejarla ir.

Elena volvió la cabeza, perpleja.

Carlisle miraba directamente a Elena con ojos profundos, luego presionó lentamente sus labios en el dorso de su mano blanca. Era un saludo común entre los nobles, pero esto era algo diferente. Esto venía de un príncipe a una joven noble.

 

El área donde los labios de Carlisle tocaban su piel parecían arder.

—Mantente a salvo —dijo mientras ella seguía aturdida.

♦ ♦ ♦

El cuerpo de Elena se sonrojó mientras montaba el carruaje. No debería ser un gran problema, pero no podía dejar de pensar que Carlisle le había besado el dorso de la mano. Kuhn también había estado observando la escena desde un lado, pero no había dicho una palabra. Carlisle tenía razón acerca de su reticencia.

— ¿Su Alteza es un casanova por naturaleza?

Carlisle había sonreído ante sus súplicas hoy, y parecía disfrutar bromeando con ella besándole la mano.

Kuhn, que había estado observando a Elena, respondió en voz baja.

—En mi evaluación del General, él nunca ha sido un casanova

—Oh, ya veo…

De alguna manera era extraño. Era como si solo estuviera mostrando ese lado de sí mismo a Elena.


Kiara
Este hombre me pone... ah Elena solo esta concentrada en sobrevivir, ¿sera que las normales como yo habriamos caido en sus deseos? ustedes que opinan. Nos vemos en el proximo

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