Dama Caballero – Capítulo 27: ¿Eres un mujeriego? (1)

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Términos del contrato

1. En público, tratar de demostrar amor el uno al otro. 

2. No compartir una cama hasta que Elena se convierta en emperatriz.

3. Usar apodos. 

4. Si no hay otros compromisos, tener cada comida juntos.

Eran solo unas pocas líneas escritas en una hoja de papel, pero Elena sabía el inmenso peso de este contrato sobre su futuro matrimonio. Hasta ahora, todo había salido de la forma que había querido, pero aún se sentía tensa, ya que todavía no había garantías.

Elena terminó de escribir en la hoja y luego miró a Carlisle.

—Por casualidad, nos concedimos dos favores el uno del otro.

Los términos de Elena parecían adecuados para un matrimonio político, pero los de Carlisle parecían como el de dos amantes.

Carlisle habló en voz baja, con una expresión ilegible.

—Sí. Si hay algo más que quieras agregar, dímelo.

—Dije antes que quería ser tu arma secreta. Para ser más claros, quiero crear otra identidad, una que no sea ni Elena Blaise, ni una princesa.

— ¿Qué quieres decir?

—Quiero crear un alias como caballero y ser tu guardaespaldas en la noche.

—No.

Carlisle se negó rotundamente antes de que pudiera siquiera terminar. Sin embargo, Elena tampoco se rendiría fácilmente. El alcance de su actividad en su vestido era muy limitado, y Elena quería darle fuerzas a Carlisle no solo como una princesa, sino como un caballero.

Además, no podía arriesgarse a quitarle los ojos de encima por un momento, temiendo que él pudiera ser asesinado en su ausencia. No había mucho tiempo antes de que Paveluc se revelara. Para entonces todo tiene que estar listo.

—No me rendiré con lo que dije.

—Aunque te permitiré usar tu espada para defenderte en situaciones desconocidas, no aceptaré que te pongas una armadura todas las noches.

—Sabes cómo son mis destrezas de esgrima. ¿Quieres desperdiciar mis habilidades?

—Ya dije que no —habló con firmeza.

Ella sintió un pinchazo de culpa por la forma en que condujo con decisión hacia su objetivo, pero todo esto se trataba de convertirlo en emperador. Aunque no había estado cerca de Carlisle por mucho tiempo, ella ya notó que él no cambiaba de opinión fácilmente.

¿Qué tengo que hacer?

Tenía la sensación de que no importaba cuán racionalmente intentará argumentar, él no lo consentiría.

Ella recordó cómo él sonrió cuando lo llamó por el apodo.

—Caril… por favor.

Ella dudaba si este método funcionaría, pero la luz en sus ojos inesperadamente comenzó a brillar.

—No quiero que estés en peligro.

La firmeza es que su voz se había suavizado un poco.

Elena nunca había estado en una situación como esta en su vida. La mera idea de actuar de un modo lindo le hizo sentir la piel de gallina en el brazo, pero si funcionaba, ella haría más que eso.

Cerró los ojos con fuerza y ​​abrió la boca para hablar de nuevo.

—Sé lo que quieres decir. Pero quiero protegerte. Por favor, permíteme esto.

Puso énfasis adicional en la palabra “por favor”, y su corazón latía con anticipación por su respuesta. La preocupación revoloteó en la cara de Carlisle antes de que se convirtiera en algo más suave.

—Todavía no…

—Caril, por favor.

Elena tomó sus manos en un gesto de mendicidad.

—Kugg.

El repentino resoplido de risa de Carlisle causó que los ojos de Elena se ensancharon. Ella pensó que podría haber sido burlada.

—Me gustaría molestarte más, pero es probable que te enojes si voy más lejos.

Elena apretó los dientes pero habló con voz fría.

—Al parecer te gusta jugar con la gente.

—No, me temo que querré hacer lo que me pides. Puedes ser más peligrosa de lo que pensaba.

—Si realmente quieres hacerme un favor, solo acepta esto.

—Te dije que no. No puedo permitir que estés en peligro.

Elena estaba empezando a impacientarse con la actitud de Carlisle. Ella se había estado conteniendo hasta ahora.

—La primera mujer en casarse contigo corre el riesgo de ser infeliz. ¿Sería tan malo si me pudieras permitir esto?

— ¿Estás diciendo que me beneficio más que tú en este matrimonio?

—Sí.

—Quizás. Pero fuiste tú, no yo, quien propuso esta boda. No olvides que fuiste tú quien vino a mí ese día.

Ella había tratado de apelar a su corazón, pero no funcionó. Si no había respuesta al encanto y la compasión, entonces la única manera de salir era negociar un precio razonable. Sin saber si iba a funcionar, Elena jugó su mano.

—Si me permites esta condición, haré una cosa que desees en el futuro.

— ¿Cualquier cosa?

—Sí. Excepto por asesinato u otra cosa inmoral.

El dedo de Carlisle comenzó a acariciar su barbilla afilada.

Ella debe haber atraído su atención más de lo que pensaba. Esperaba que fuera suficiente. Carlisle no tenía nada que perder.

Ella no conocía todas las variables que cambiaron en este futuro, pero sería mejor que actuará como su caballero.

— Todo bien. Pero no te quedes lejos de mí.

—Sí. Me mantendré lo más cerca posible.

Ella rápidamente puso una quinta condición en el papel antes de que él pudiera cambiar de opinión.

5. Permitir que Elena Blaise oculte su identidad cada noche y actúe como un caballero. A cambio, ella hará cualquier cosa por Caril.

Mientras observaba las letras escritas en el papel, Carlisle murmuró para sí mismo.

—El costo es alto para este seguro.

Se habían añadido tantas cosas grandes, como pequeñas.

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