Dama Caballero – Capítulo 27: He caído…

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Cuando terminaron su comida, ambos salieron del restaurante. Elena sintió un escalofrío en su piel cuando salió del cálido edificio a la noche fría. Respiró hondo y saboreó el aire fresco.

A diferencia de cuando llegaron por primera vez aquí, los hombres de Carlisle no estaban a la vista. Sin embargo, todavía podía percibirlos con sus agudos sentidos.

—Por favor.

Carlisle abrió la puerta del carruaje y ayudó a Elena a entrar como de costumbre. Se había vuelto muy tranquilo después de que Elena tiró el tenedor en el tablero de dardos. Había una expresión indescifrable en su rostro, como si el caos de sus pensamientos lo hubieran dejado incapaz de hablar.

Sin embargo, Elena fingió no saber cómo se sentía Carlisle. Ella era la protectora, no la que debía ser protegida. Independientemente de sus sentimientos, no cambió el significado de la palabra. Si hubiera una flecha que volara hacia él en este momento, Elena se tiraría delante de Carlisle sin ninguna duda. No habría, absolutamente, ninguna vacilación.

Elena entró silenciosamente al carruaje.

Un caballo relinchaba ardientemente en el aire. Su corazón anhelaba correr a caballo en una noche fresca como esta, no sentarse dentro de un vagón tapado. Sin embargo, ella se había dedicado al papel de una mujer noble y tuvo que reprimir sus deseos.

Elena miró al caballo con ojos anhelantes, y luego volvió los ojos hacia el carruaje. Carlisle cerró la puerta del carruaje sin decir nada, luego se alejó de Elena.

— ¿Qué…?

Estaba a punto de preguntarle sobre su misterioso comportamiento cuando él respondió con una mirada indiferente.

— ¿No quieres montar?

—Oh, lo pensé por un momento, pero…

—Entonces dilo. Hablas bien, pero a veces te expresas de forma extraña. Solo dime lo que quieres hacer, no tienes que callarlo.

Fue una declaración impactante para Elena, que tenía un fuerte sentido de responsabilidad. Lo que más quería era salvar a su familia, incluso si eso significaba abstenerse de todo lo demás.

—Estoy bien. No importa lo tarde que sea, no se me puede ver en público contigo.

Sus identidades estaban ocultas mientras estaban en el carruaje, pero en campo abierto era diferente. Carlisle y Elena no podían ir juntos a la mansión de esta manera.

Carlisle la ignoró y ladró una orden al aire vacío.

—Trae mi caballo.

Entonces, sorprendentemente, alguien apareció del bosque sujetando las riendas de un enorme caballo negro, más grande que cualquier caballo normal. Con solo verlo Elena podía decir que era un buen corcel.

Carlisle montó el caballo con facilidad y luego le tendió la mano a Elena.

—He escuchado lo suficiente sobre por qué no quieres revelar nuestra relación. Prometo que nunca dejaré que se revele tu identidad, así que toma mi mano.

Elena vaciló. Estaba fuertemente en contra de hacer algo innecesario.

Carlisle sintió su incertidumbre.

—Me duele el brazo, rápido.

Carlisle, montado a horcajadas en un gran caballo negro, no era exactamente la imagen de cuento de hadas de un Príncipe en un corcel blanco. Pero tenía un encanto mucho más peligroso. Sus delgados y sesgados ojos perforaron a Elena, y su cabello negro y largo y su nariz alta, con la luz de la luna reflejando su silueta, era…

Su cabeza todavía no había decidido qué hacer con su propuesta. Pero a pesar de los complicados pensamientos corriendo por su mente…

Tomó su mano. Aunque ella tenía fe en la promesa de que no la verían, también era cierto que deseaba volver a montar a caballo. No había ninguna razón para rechazar la oferta de Carlisle de hacer lo que ella deseaba. Sin embargo, no quería ser una carga por nada.

Carlisle, sin embargo, no tenía tales pensamientos en absoluto, y sonrió levemente tan pronto como la mano de Elena estuvo en la suya.

Carlisle la levantó y Elena se sentó frente a él. La falda larga de su vestido hacía que se sintiera un poco incómoda, pero a Elena le encantaba esta vista abierta que solo podía verse desde lo alto de un caballo.

El caballo comenzó a caminar hacia adelante. De repente, sintió algo cálido alrededor de sus hombros, y cuando giró la cabeza vio que Carlisle se había quitado la chaqueta y la había colocado a su alrededor.

—Estoy bien. No hace tanto frío.

—Mantente cubierta. Por si acaso alguien te ve.

El abrigo ciertamente no cubría su cara, pero era un poco mejor que exponer su vestido completo. Ella había empezado a negarse, pero descubrió que él tenía razón.

—Sí, entonces… Gracias.

Carlisle parecía haber anticipado su respuesta. Habló después de que confirmó que Elena estaba abrigada con su abrigo.

—Corramos.

Carlisle rompió las riendas y el caballo comenzó a galopar a una velocidad mayor. Elena sonrió cuando la brisa fresca azotó sus mejillas y orejas.

— ¿No estás asustada?

—De ningún modo. Quiero ir más rápido.

—Como usted ordene.

Instó al caballo a ir cada vez más rápido. La frescura del aire parecía limpiar su cuerpo. Se sentía más gloriosamente viva que antes. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se lanzó libremente a través de un oscuro camino forestal.

Carlisle no podía ver la cara enrojecida de Elena, pero podía escuchar sus pequeños jadeos de felicidad que soltó sin querer. Elena saboreó la brisa fresca como lo hizo cuando era un caballero.

Nemoné
Qué envidia...

No sabía cuánto tiempo galoparon por el bosque, pero no podía durar lo suficiente. Carlisle tiró de las riendas y el caballo disminuyó su ritmo. Como resultado, Elena fue presionada contra Carlisle detrás de ella.

Elena miró hacia abajo para ver los tendones en sus antebrazos, y se dio cuenta de que sus cuerpos estaban más cerca el uno del otro de lo que pensaba.

—Quiero estar al aire libre un poco más, vámonos al carro desde aquí para que sea menos visible.

—Bien.

Por extraño que parezca, ni siquiera vio una hormiga en el oscuro camino forestal. Elena descubrió que había estado disfrutando el viaje sin temor a ser descubierta. Pensó que era por suerte, excepto que…

Pronto se dio cuenta de que su soledad era sólo una ilusión. El sonido de docenas de cascos de caballos moviéndose a través de la hierba sonó. Y el ruido repentino la alarmó, pero Carlisle habló en un tono tranquilizador.

—No te preocupes, son solo mis hombres.

— ¿Qué?

Elena estaba sorprendida. Sabía que Carlisle nunca se dejaría descubrir, pero no se dio cuenta de que sería a través de la fuerza de tantos hombres que controlaban el sendero del bosque por el que viajaban.

—No debiste haber hecho esto…

—Te aseguro que no hay nada demasiado bueno que no haga por ti.

Así lo dijo, pero la escala de eso aún era abrumadora para Elena. Nunca la habían tratado con tanto respeto. Ya había vivido toda una vida de dificultades una vez y no estaba acostumbrada a la lujosa vida aristocrática. Pero… Elena sabía que todo era de él, para ella.

—Gracias.

Aunque las razones de Carlisle aún no estaban claras, ella no era desagradecida.

—Pero no tienes que hacer nada como esto de ahora en adelante.

Carlisle no tenía intención de cambiar de opinión.

—Solo esta vez. Estoy haciendo esto para escuchar palabras de gratitud.

No podía hablar. Aunque no sabía exactamente cuándo, ambos planeaban casarse lo antes posible. Carlisle sería su marido. La idea de que tendrían muchos días juntos en el futuro de esta manera provocaba algo complicado dentro de ella.

Fue entonces cuando el carruaje negro vacío los alcanzó desde atrás, y los dos desmontaron el caballo y se trasladaron al otro transporte. Cabalgaron por la carretera oscura y desierta, y en poco tiempo finalmente llegaron a la mansión Blaise.

—No salgas del carruaje en caso de que alguien te vea.

—Por supuesto. El baile será pronto, por lo que esta puede ser la última vez que nos veamos antes de esa fecha.

—Sí. Gracias por toda su consideración hasta ahora.

Su experiencia había sido más allá de una mera medida de uno a diez. Elena bajó la cabeza para despedirse, pero Carlisle la detuvo.

—No te inclines ante mí. Ahora y en el futuro, serás la única persona que será igual a mis hombros.

—Incluso una emperatriz no puede tener mayor autoridad que el emperador. Incluso si no me inclino ahora, como emperador eventualmente tendrás que recibir mis respetos.

Elena tenía la intención de hacer todo lo posible para ayudar a Carlisle a alcanzar el apogeo del poder, y no disminuiría su autoridad. Elena trataría mucho a su esposo para que todos también supieran hacerlo.

—Como dices, tendré la más alta autoridad. Y estaré en la misma posición que tú.

Elena le dio a Carlisle una mirada inquisitiva. Podría interpretarse de alguna manera, incluso que el emperador y la emperatriz compartían el mismo poder.

—Tú eres mi futura esposa. Si inclinas la cabeza, tendré que inclinar la cabeza también. No hay necesidad de ser tan respetuosa conmigo de ahora en adelante.

Después de un momento de vacilación, Elena asintió. No podía entender completamente las intenciones de Carlisle.

En cualquier caso, si se convierte en una princesa, y luego en una emperatriz, habría menos razones para que ella incline la cabeza. Si esto era lo que Carlisle quería, entonces Elena no se opondría. Ella era su dama.

—Bien. Lo recordaré.

Carlisle parecía satisfecho con su respuesta. Tocó el pomo de la puerta del carruaje y se despidió.

—Cuídate.

—Mi señora… Buenas noches.

Elena lo miró por su inesperada amabilidad, pero pronto se bajó del carruaje y se dirigió hacia la mansión. De repente, recordó el calor en sus hombros y se dio cuenta de que dejó el carruaje aún con su abrigo.

Después de pensarlo un momento, se dio la vuelta y vio que el carruaje todavía estaba allí. Era la primera vez que miraba hacia atrás desde que se había separado de Carlisle. No podía ver el interior del carruaje, pero tenía la sensación de que él la estaba mirando. Hizo una pausa, recordando el calor peculiar en sus helados ojos azules.

Un sirviente que pasó por la entrada de la mansión vio a Elena y se apresuró a saludarla.

— ¿Has vuelto, mi señora?

—Ah, sí.

Con la repentina aparición de la sirvienta, Elena perdió su oportunidad de devolverle la chaqueta a Carlisle. Después de un momento de vacilación, Elena caminó dentro de la mansión con ella. Por todo el interior, sintió que su mirada la seguía.

Cuando Elena llegó a su habitación, lo primero que hizo fue mirar por la ventana. El carruaje de Carlisle había desaparecido, pero entonces negó con la cabeza.

Todavía me estás cuidando la espalda cada vez que nos separamos, ¿verdad?

A pesar de su curiosidad, no había forma de comprobarlo. Elena sacudió la cabeza para deshacerse del pensamiento.

De repente se dio cuenta de algo. Los hombres de Carlisle estaban controlando el bosque para que nadie pudiera presenciar a Elena y Carlisle montados a caballo. Carlisle lo sabía, pero aun así la alentó a usar un abrigo para proteger su identidad de otros ojos. La razón por la que Elena no se negó fue porque…

Me he enamorado.

Su tardía realización la arrojó a un asombro total. Incluso una chica sin sentido se daría cuenta de que Carlisle estaba siendo demasiado buena con ella.

Quitándose el abrigo, Elena miró el lugar donde había estado el carruaje. No sabía por qué algo permanecía en su corazón.

♦ ♦ ♦

El día siguiente. 

Mirabelle sonrió cuando escuchó las noticias de Elena.

— ¿De verdad? Entonces, ¿alguien nos dará vestidos?

—Sí. No creo que un vestido personalizado pueda terminarse a tiempo, así que decidí aceptar los que ya estaban hechos.

—Eso está bien. ¡Pensé que no podríamos ir al baile en absoluto!

La sonrisa de Mirabelle era tan pura como el sol en primavera. Elena se preocupó de que se sintiera demasiado en deuda con Carlisle, pero cuando vio a Mirabelle sonriendo, supo que era la elección correcta.

Mientras charlaba con Mirabelle, Elena se dio cuenta de que la mansión tenía una energía inusualmente animada.

— ¿Qué día es hoy? ¿Por qué todos están tan emocionados?

— Oh, ¿no lo sabías? Hoy habrá un festival en la Ciudad Capital.

— ¿Festival?

—Sí, ¿conoces el Puente de las Flores, el que había estado en construcción durante mucho tiempo? Se completó recientemente y la gente está saliendo del palacio para celebrar.

La voz de Mirabelle se convirtió en un susurro.

—Hay un rumor de que el Príncipe Heredero estará allí. Las criadas dijeron que se podía ver su cara antes del baile.

— ¿Qué?

Mirabelle sonrió, como si hubiera estado esperando la reacción de sorpresa de su hermana.

— ¿Qué, también sentiste curiosidad?

A pesar de la expresión de conocimiento de Mirabelle, Elena se sorprendió por una razón diferente.

El Puente de las Flores. Se había derrumbado en su última vida debido a la mala construcción. El gran puente que cruza el río representó una inversión importante para la Familia Imperial, pero los funcionarios tomaron el dinero injustamente y construyeron algo inferior. Mucha gente terminó lastimada. Afortunadamente, Elena y Mirabelle no estaban allí, pero Elena no olvidó el incidente.

En ese peligroso lugar… ¿Caril va a estar?

Una profunda sensación de ansiedad la invadió mientras imaginaba lo peor que podía pasar.


Kiara
Enamorada, enamorada, el amor está en el aire

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3 thoughts on “Dama Caballero – Capítulo 27: He caído…

  1. Tarsis says:

    Ustedes van a acabar con mi corazón. Faltó la descripción, el calor de sus brazos a mi alrededor, sentir todo su cuerpo presionado al mío mientras cabalgamos… etc… etc… diganme please que ésta novela tiene buenas escenas así xD

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