Dama Caballero – Capítulo 44: Ella hoy no lloró

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


—Elena, ¿qué demonios has estado haciendo?

Elena se estremeció, pero entendía a la perfección lo que su padre estaba tratando de preguntar. Quería saber la verdad sobre los rumores que se difunden por toda la sociedad. Pero ella tenía otra pregunta.

¿Qué había oído?

No estaba claro si Alphord estaba preguntando sobre los falsos rumores difundidos por Helen o sobre un escándalo que involucraba a Carlisle. Sin embargo, si hubiera escuchado los escandalosos rumores sobre Elena, habría corrido a la mansión mucho antes que ahora. Dado que esto había pasado justo después de que él hubiera aparecido, muy probablemente le estuviera preguntando sobre los rumores que la incluían a ella y a Carlisle.

Él no sabe todos los rumores, ¿verdad?

Quizás se mostró indiferente ante los otros rumores, pero llegó corriendo tan pronto como Carlisle estuvo involucrado. Aunque su padre era franco y no se expresaba bien, ella todavía creía que él la amaba en alguna parte de su corazón.

Elena respondió con tono calmado como de costumbre, ocultando su mirada de sorpresa.

— ¿Por qué no entras y cenas primero?

—Eso es suficiente. Me voy a saltar la comida por ahora. Quiero escucharte hablar primero.

—Sí padre.

Ella no podía desobedecer a su padre. Despidió a los otros sirvientes antes de caminar hacia dentro solo con su familia. Por mucho que Alphord, Elena y Mirabelle fueran los amos de la casa, no era una buena idea tener conversaciones importantes en presencia de otros sirvientes. Cualquiera podía escuchar y, finalmente, una terrible historia podría extenderse, justo como había sucedido con Sophie.

La familia caminó hacia la oficina privada de Alphord sin decir una palabra.

Alphord abrió la puerta de la oficina primero y entró. Elena le siguió pero antes Mirabelle le agarró de la manga.

—Iré contigo, hermana.

—Está bien. Este es mi problema, así que es mejor que tenga una conversación tranquila con padre.

—Pero… estoy preocupada.

Mirabelle no se perdió ni un minuto de la forma en que su padre había llegado. Ella no sabía los detalles, pero no le resultaba difícil adivinar que él había regresado después de haber oído algo sobre Elena y Carlisle. Había muy pocas posibilidades de que la conversación girara hacia el sur.

—No te preocupes. Solo espera afuera.

Fue el turno de Elena de sonreír.

Alphord gritó en voz alta desde el interior.

— ¿Qué estás haciendo que no entras?

—Sí padre.

Ella palmeó rápidamente la cabeza de Mirabelle antes de apresurarse hacia adentro donde su padre la estaba esperando. Una expresión de pesar pasó por el rostro de Mirabelle antes de que la puerta se cerrara.

El conde Alphord observó atentamente a Elena mientras entraba en la habitación, y preguntó directamente lo que le inquietaba.

—Explica claramente cuáles son los rumores sobre ti.

—No sé exactamente lo que estás preguntando…

Alphord golpeó su puño sobre la mesa de caoba.

— ¡Te estoy preguntando por el Príncipe Carlisle! ¡Si es verdad que te reuniste con él!

Elena dejó de hablar ante el repentino estallido de indignación. Alphord era un caballero en toda la regla, nunca gritaba ni hacía nada violento en la casa. Su hermano Derek era igual.

Elena, que se había convertido en una espadachina en su última vida, sabía mejor que nadie lo difícil que era para las personas de su profesión mantener una personalidad decente. Por alguna u otra razón, la mayoría de los espadachines eran excéntricos y feroces, y las tabernas de la aldea siempre estaban llenas de mercenarios.

Al principio, Elena no pudo descifrar su humor salvaje, pero gradualmente llegó a un acuerdo a medida que pasaba el tiempo. Era un sentimiento conocido sólo por aquellos que tenían sangre en sus manos. Cuanto más veías la muerte en la batalla, más sentías que tu mente se estaba desmoronando. Incluso la siempre compuesta Elena no podía enfriar sus emociones y, a veces, corría como un loco en medio de la noche. Había presenciado tantas muertes, no solo de los enemigos, sino de todos los soldados a los que había saludado el día anterior. Una multitud de pensamientos atormentaría su mente.

¿Moriría como ellos? ¿Las personas que maté tienen familias? 

Desde el momento en que sostuvo la espada, esas palabras la persiguieron como una sombra. Los sentimientos oscuros acumulados en su mente, sin clasificar e inolvidables. Si no hubiera sido por su firme determinación de vengar a su familia, Elena podría haberse roto.

Así que no te enojes.

Ella trató de no lastimarse con las frustraciones de Alphord.

—Si has escuchado el rumor…

— ¿Cúal? ¿El rumor sobre tu conducta? ¿O que el Príncipe Heredero ha cortado la cabeza de otro noble por tu culpa?

— ¿También lo sabes?

Los comentarios de Alphord significaban que él sabía sobre los rumores viciosos que Helen había difundido. Aun así… tenía más curiosidad por su relación con Carlisle.

—Ah… —Se vio obligada a suspirar.

Podía sentir un sentimiento de ira sufrida durante mucho tiempo dentro de ella. Había esperado que se mencionara el nombre de Helen en la boca de su padre para poder explicar de dónde venían esas malas historias, pero al parecer él no quería saber nada al respecto.

¿Cómo podría ser así?

Los rumores de que Elena fue a ver a un hombre todas las noches deben haber sido más de lo que un padre podría soportar sobre la conducta de una hija y aun así, ¿cómo puede estar más curioso acerca del Príncipe heredero?

— ¿Me has oído? ¿Cuál es tu relación con el Príncipe Heredero?

Cuando ella lo miró, fue como si un cuchillo se clavara en el centro de su pecho.

Esta pena… 

Quería negar lo que estaba pensando, pero también quería preguntárselo a su padre directamente.

¿Todavía me amas?

Ella siempre había estado detrás de Derek y Mirabelle, pero siempre creía que su padre sentía amor por ella. Por una vez, quería estar en sus amplios brazos y hacerle sonreír. Solo una vez… quería lamentar lo difícil que había sido para ella…

Tal vez eso era algo que no estaba permitido en la vida de Elena.

— ¡Elena!

Alphord la miró de nuevo, y Elena respondió en voz baja.

—El Príncipe Heredero…

Se sentía como si tuviera un agujero en el pecho, pero pronto se endureció. Ella podría fingir esto. Había practicado en el espejo docenas de veces después de escuchar que su padre regresaba a la mansión.

Elena habló sin el menor ahogo.

—Nos conocimos hace un tiempo. Nos encontramos por casualidad y nos amamos desde el principio, y hemos estado teniendo una relación secreta desde entonces.

—Entonces, ¿por qué no dijiste nada cuando dije que había una propuesta de la familia Morris?

—En aquel entonces… no estaba segura de lo que dirías.

Ella solo le contó a su padre sobre su tipo ideal de hombre en caso de que su contrato con Carlisle fuera destruido. Como la mayoría de los matrimonios políticos eran decididos por el jefe de familia, pensó que era mejor hacerle saber qué tipo de hombre quería. Además, el plan original era tener una boda con Carlisle después del baile, pero ahora la situación había cambiado debido a Helen.

Alphord le dedicó a su hija una mirada llena de decepción.

— ¿Siquiera pensaste en el matrimonio cuando te reunias con el Príncipe Heredero? En caso de que terminaras con él, deberías haber considerado un matrimonio que elevara tu estatus, aun en tu condición.

Elena no se atrevía a responder ante su reproche. Quería preguntarle: “¿Necesito casarme con alguien solo porque tengo una relación romántica?”.

Pero ella no lo hizo. Siempre se sentía aprisionada cuando se encontraba delante de su padre.

¿Por qué?

No pudo evitar preguntarse, pero luego se tragó una sonrisa cínica.

Porque no quiero ser odiada…

Increíblemente, no pudo decir una palabra contra su padre de corazón frío. Estaba Derek, que sería el sucesor de esta familia, y Mirabelle, que siempre debía ser protegida …

Mírame también, padre. Por favor, ámame un poco, padre. 

Las palabras que no podía decir quedaron atascadas en su garganta. Todo lo que ella había hecho era por esta familia, incluido su padre. Los ojos de Elena se volvieron tristes. Alphord estaba a punto de decir algo más, cuando de repente, la puerta se abrió de golpe y Mirabelle entró impaciente.

Kiara
No termino de entender por qué el padre de Elena es tan duro con ella.

— ¡Padre! ¿No estás siendo demasiado duro con ella?

La frente de Alphord se frunció con la apariencia de Mirabelle.

—Estás fuera de lugar, Mirabelle.

Elena se volvió hacia Mirabelle y rápidamente negó con la cabeza. No quería que su padre se enojara con ella.

Mirabelle, sin embargo, no prestó atención a la objeción de Elena y le dijo lo que pensaba a su padre.

— ¡Mi hermana realmente ama al Príncipe! ¿No es suficiente desearles que tengan una feliz relación?

— ¿Crees que uno puede estar tan alegre cuando se está en una relación con el Príncipe Heredero? Si ella quiere casarse dentro de la Familia Imperial, no importa cuánto lo ame Elena, es puramente una cuestión de si Su Alteza el príncipe lo quiere o no.

La voz de Alphord hacía tiempo que se había vuelto fría. Elena conocía bien la expresión de su padre ahora. Él provenía de una familia de caballeros, y fue uno de los que luchó por la corona en lugar de haber hecho las tareas domésticas. Por el momento, Alphord no hablaba como el padre de Elena, sino como criado de Carlisle, que algún día se convertiría en emperador. Y por eso Elena estaba terriblemente molesta…

Mirabelle habló de nuevo con furia.

—Entonces, ¿estás diciendo que, independientemente del corazón de mi hermana, ella no importa? ¿Estarían en una relación si no se amaran? ¡Quería decirle a la familia!

El conde miró a Mirabelle con una expresión de interés y luego se volvió hacia Elena.

— ¿Es verdad? ¿También está interesado en el matrimonio?

—Sí. El príncipe dijo que vendría pronto a la mansión.

Mirabelle no había oído hablar de esto todavía, y se volvió hacia Elena. Por un momento, tanto los ojos de Alphord como los de Mirabelle se centraron en ella.

—Dijo que quería saludar a la familia en persona.

Mirabelle pareció sorprendida por un momento, luego se reunió y habló con una voz triunfante hacia Alphord.

—Mira, te lo dije. ¿Por qué no la querría a su lado?

Elena se volvió hacia Alphord, dejando en el aire la pregunta de Mirabelle. Tenía más curiosidad por algo más.

— ¿Cuál es tu opinión, padre? Si realmente fuera a casarme con el Príncipe Heredero.

Esto no era un matrimonio con otro noble, sino con la Familia Imperial. Lo que Alphord pensara era muy importante. Si él se oponía, sin importar cuánto protestara Elena, no podría casarse con Carlisle. Ese era el poder del jefe de una familia entre los nobles. También estaba esa profecía de desgracia a considerar.

Alphord respondió sin dudarlo.

— ¿No te lo dije? Si la boda es lo que quiere el Príncipe, entonces puede proceder. Ese es el deber de un sirviente.

Afortunadamente, no se opuso, pero aparte de eso, los sentimientos de Elena cayeron en un pozo sin fondo.

Su padre no expresó ningún interés por la felicidad de su hija, qué tipo de hombre era Carlisle o qué tan bien podría tratarla. Sin importar cuál fuera la situación habría aceptado este matrimonio, incluso si Carlisle tuviera una personalidad terrible. No se trataba de si ella quería a este hombre o no. Su padre era un caballero fiel a la corona incluso en este momento.

—Ahora que hemos terminado de hablar, Elena y yo saldremos.

Alphord no había dicho que podían irse, y el comentario de Mirabelle fue el colmo de la presunción. Su padre habló con desaprobación.

—Mirabelle, ¿te comportas así con tu padre? Hazlo de nuevo y estarás en problemas.

—Huh.

Mirabelle soltó un resoplido, y luego arrastró a Elena de su mano fuera de la oficina. Y así caminaron por el pasillo…

En un momento, Elena estaba completamente abrumada por la emoción. Ella sintió una gran pérdida más allá de las palabras. Ni siquiera era comparable a cuando Helen estaba difundiendo falsos rumores, sentía que una espada se había incrustado profundamente en su pecho. Hasta ahora, su único propósito era proteger a su familia… y sentía que su propósito había sido rechazado.

Sintiéndose preocupada, Mirabelle se detuvo a mitad de camino y miró a Elena.

— ¿Estás bien? —le preguntó.

—Sí —respondió, pero al contrario de lo que ella estaba diciendo, Elena estaba temblando ligeramente.

—Hermana, ¿estás llorando?

Elena negó con la cabeza. Inmediatamente se inclinó y abrazó a Mirabelle, que era más baja que ella. Necesitaba desesperadamente sentir el calor de su hermana.

—No estoy llorando.

En su corazón había diez millones de cortes y no había llorado… Así que hoy no dejó caer sus lágrimas.

Nemoné
Ussh. Que sí la hizo llorar. Ese señor me cae super mal, lo odio. Si alguna vez le llega a pasar algo, allá él. Me vale. Nada de simpatía si la/el autor/a trata alguna historia triste.

♦ ♦ ♦

Los días pasaron rápidamente. Ha habido muchos cambios desde que Carlisle y Elena estaban oficialmente en una relación.

Una vez más, Elena se llenó de invitaciones a varias fiestas y, de repente, las personas que no habían estado en contacto comenzaron a preguntar por ella. La carta que le había enviado al hermano Derek ya debería haber llegado, y prestó mucha atención por su respuesta.

Sin embargo, ahora era imposible concentrarse en eso y pronto llegó el día en que Carlisle dijo que visitará la mansión Blaise. Cada rincón de la mansión había sido limpiado por los sirvientes. A primera hora, el conde no se fue a ver a los caballeros y Mirabelle llevaba su mejor vestido. Nadie lo dijo, pero todos estaban anticipando la llegada del Príncipe Heredero.

La manecilla del reloj finalmente señalaron el tiempo prometido. Se oyó un ruido, y Elena reconoció el carruaje negro que entraba en los terrenos de la mansión.

El coche se detuvo en la entrada de la mansión y Carlisle salió.

— ¡Ah!

Algunos de los sirvientes soltaron una exclamación, mientras que otros se quedaron mirando boquiabiertos.

Tenía una figura alta y musculosa. Su rostro tenía una belleza escultural y sus ojos azules contenían un escalofrío. Se veía perfecto en todos los sentidos, y su aire de orgullo golpeó el espíritu femenino. Los sirvientes de los Blaise pensaron que se habían acostumbrado a ver a Elena y Mirabelle, pero Carlisle era otra cosa. Elena dio unos pasos hacia él cuando llegó.

—Bienvenido.

Carlisle dio un pequeño paso mientras se acercaba a saludarlo.

— ¿Cómo has estado? —preguntó él.

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