Dama Caballero – Capítulo 54: Estoy demasiado aburrido para dejarlo estar

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


La emperatriz Ofelia estaba sentada en una silla. Detrás de ella se encontraban colgadas unas cortinas negras, y la habitación adornada de forma lujosa y extravagante, llena de espesas nubes de humo, emanaba una fragancia hecha por ella misma.

—No es algo que debas dejar ir a la ligera, hermana.

El hombre ante Ofelia era su hermano el duque Cesare, jefe de la familia Anita. La mayoría de los hombres nacidos de la sangre de Anita tenían el cabello rojo, con su espesa barba y ojos afilados daban la impresión de un león feroz.

—Entonces, ¿cómo debería sonreír ante esta situación?

—Inmediatamente vea al Príncipe Heredero para discutir el caso. ¿Cómo se atreve a torturar a tus hombres? Debería ser severamente castigado.

—Eso es suficiente. El Príncipe Heredero no pudo autorizar la búsqueda porque estaba durmiendo.

Las llamas estallaron en los ojos enojados de Cesare cuando Ofelia contó el informe presentado por sus subordinados.

— ¡Es una broma! Están inventando excusas y jugando abiertamente con nosotros —expresó él.

—Déjalo ir. Sabía que el Príncipe Heredero había enviado al hombre de todos modos, ya que escapó era obvio que lo escondería de alguna manera.

La poca importancia que brindó Ofelia al asunto pareció alterar aún más al duque.

—Hermana…

—Basta.

La boca de Cesare se cerró de inmediato.

—Es divertido cuando lo miro. Sin embargo… el Príncipe Heredero parece haber crecido más formidable de lo que pensaba. No esperaba esto de él —dijo la emperatriz.

— ¿Qué puede ser bueno de un tipo con una sangre tan baja?

Cesare se quejó como si no estuviera satisfecho con los elogios de Ofelia para Carlisle.

La Emperatriz, sin embargo, golpeó ligeramente la mesa con los dedos y murmuró en voz baja.

—Creía que el trono iría naturalmente a Redfield si capturaba al duque de Lunen, pero el regreso del Príncipe Heredero fue inesperado.

Cesare notó su rostro preocupado y respondió rápidamente.

—Todavía estamos descubriendo cómo deshacernos de ese dolor de príncipe. Hermana, se rumorea ampliamente que el Príncipe Heredero le ofrecerá matrimonio a Lady Blaise. Lo último que escuché fue que el Príncipe Heredero visitó personalmente la mansión Blaise, así que no creo que sea un falso rumor.

— ¿De verdad?

Un matrimonio político entre Carlisle y Elena significaría que el conde Blaise estaría directamente obligado a apoyar a el Príncipe Heredero. Hasta ahora, la siniestra profecía había impedido la relación de Carlisle con familias poderosas, y también hubo nobles que evitaron unir sus lazos con Carlisle debido a Ofelia.

Ella continuó tocando la mesa con sus uñas bien pulidas. Cesare reanudó con una voz segura.

—Es por eso que tengo un plan para arruinar el matrimonio del Príncipe Heredero —expresó él.

—Eso es suficiente.

— ¿Qué?

Cesare ni siquiera tuvo la oportunidad de explicar lo que iba a hacer.

—Déjalo estar. Si quieren casarse, son libres de hacerlo.

— ¿Qué significa eso? Hermana mayor. Si bien el conde Blaise no es una fuerza dominante, lidera la Cuarta Orden de Caballeros del Palacio Imperial. No podemos ignorar su fuerza militar…

—Esto es mejor a que el Príncipe Heredero una fuerzas con la familia Kraus.

Ante la mención de la familia Kraus se calló. La familia Kraus tenía una gran presencia comercial en el Imperio Ruford. En la apretada lucha por el poder entre el Emperador y la Emperatriz, Kraus podría inclinar la balanza de una forma u otra.

Sin embargo, el conde Evans, el jefe de la familia Kraus, no tenía intención de prestar su fuerza a nadie. La Emperatriz ya había tratado de llevarlo a su lado, pero él no se movió, y el Emperador, por supuesto, debe haber intentado todos los medios para tenerlo. Ninguno de los dos podía atraer a Kraus a su causa, por lo que continuaron sus batallas políticas sin él.

—Si hay alguna pareja disponible en la familia Kraus… ¿estás pensando en la recientemente divorciada Greta? —preguntó el duque.

—Eso es correcto.

—Si el primer matrimonio del Príncipe Heredero es con ella…

En la actualidad, Greta era la única persona elegible en la familia Kraus que podía casarse con Carlisle. El resto ya estaba casado y tenía dos o tres hijos. El problema era que Greta era siete años mayor que Carlisle, y su divorcio se debió a sus asuntos con otros hombres. Todo sobre su apariencia, carácter y estatus social era todo menos adecuado para el Príncipe Heredero del país.

Ofelia, sin embargo, tuvo cuidado incluso con cualquier pequeña situación, y Greta juzgaba a los hombres por su apariencia más que nadie. Carlisle era tan guapo que cualquier mujer se sentiría atraída por él.

—Al casarse podría convertirse en el emperador, entonces, ¿qué importa el tipo de mujer que esté a su lado? Si el Príncipe Heredero tiene una pizca de ambición, incluso si es una idiota, la mantendrá a su lado.

—Entiendo, hermana. No pensé tan lejos. ¿Pero no sería un problema si se casa con Lady Blaise? Si se resuelve la profecía, muchas otras mujeres competirían por el trono.

Las comisuras de la boca de Ofelia se deslizaron hacia arriba.

—No será tan fácil como piensas.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Cesare.

—Si el Príncipe Heredero incondicionalmente convierte a su primera esposa en Princesa Heredera, será difícil firmar una alianza con otras familias influyentes como una forma de garantizar el estatus de su segunda esposa.

En el Imperio Ruford, la primera esposa se consideraba la esposa legítima, y ​​las mujeres que se casaban después se ubicaban en una posición inferior. Si el Príncipe Heredero quería casarse con otra mujer, la diferencia de estatus entre la primera esposa y las demás era enorme.

Cuanto más poderoso era el noble, menos probable era que quisiera que su hija entrara en una posición más baja. Además, hacer una alianza con Carlisle significaba darle la espalda a Ofelia. No muchas familias permitirían que sus hijas se conviertan en concubinas con tal riesgo. Mientras se atendiera a la Princesa Heredera, podría evitar que el poder de Carlisle se expandiera a través del matrimonio.

—Eres meticulosa, hermana. ¿Pero no es mejor no tener una princesa?

—Recuerda los días del Emperador están contados. Es consciente del hecho y desea que el Príncipe Heredero se case. Probablemente por eso lo invitó a regresar al palacio. Incluso si lo detengo, tarde o temprano el Príncipe Heredero encontrará a alguien, y con esa condición puedo permitirme su matrimonio con la casa Blaise.

—Tienes razón. La familia Blaise es tan leal que no cambiarán de bando. Tendremos que deshacernos de ellos de todos modos, así que no es un desperdicio.

Ofelia sonrió al Cesare por entender a la perfección a qué se refería.

—No tienes que mirar tan lejos. Terminará cuando el Emperador muera.

— ¡Sí!

—El Príncipe Heredero morirá antes de que obtenga una segunda esposa adecuada. Tan pronto como nuestro Redfield tome el trono, la vida del Príncipe Heredero habrá terminado.

—Jajaja —Cesare dejó escapar una risita complacida.

Ofelia murmuró en voz baja mientras imaginaba a Redfield tomando el trono.

—Si el Príncipe Heredero hubiera aceptado su destino antes de llegar al palacio, al menos no tendría que ver a su esposa sufrir ese destino…

Y si Carlisle y Elena tuvieran un bebé durante su breve matrimonio, Ofelia también pretendía matarlo. Antes de que la vida de Carlisle se completara, su esposa y su hijo morirían ante sus ojos. Si el niño todavía estaba en el útero, Ofelia le rompería el estómago a Elena. Carlisle caería a los pies de Ofelia hasta el último momento de su vida y suplicaría piedad por su familia.

La emperatriz, sin embargo, mataría lentamente a cada una de las personas involucradas, y finalmente le quitaría la vida a Carlisle. Imaginar sus angustiados gritos pareció aliviar un poco la ira reprimida en ella, y una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Si el Príncipe Heredero quiere a lady Blaise, déjalo. Creo que sería más divertido darle lo que quiere y luego quitárselo.

—Sí, hermana.

A pesar de sus expectativas, Ofelia no tenía intención de interferir con la boda de Carlisle. Por el contrario, esperaba que Carlisle fuera feliz el día de su boda, con quienquiera que estuviera. De esa manera, valdría la pena ver la expresión miserable y angustiante en su rostro cuando le quitara esa felicidad.

Ofelia dejó de hablar con Cesare y dirigió su voz hacia una habitación trasera que parecía estar vacía.

— ¿Estás haciendo lo que te pedí que hicieras?

—Sí, madre.

De la oscuridad provino la voz del segundo príncipe, Redfield. Desde la infancia, Ofelia lo encerró en la trastienda por cualquier fechoría y le pidió que escribiera tácticas militares reales al igual que ahora. Hubo un incidente y Redfield tuvo dificultades para mantenerse bajo control.

—Sé que te gustan las mujeres, y aunque dices que no puedes evitarlo, debes saber cómo controlarte antes de convertirte en emperador. ¿No sabes mejor que nadie que no debes forzar a una joven de una familia conocida?

—Lo siento, madre. Siempre es más entretenido cuando una cara bonita se ve tan desafiante. Tendré más cuidado de ahora en adelante.

Ofelia chasqueó la lengua. Esta no era la primera vez que tenían esta conversación. Sin embargo, el apetito de Redfield por los encantos femeninos no se había solucionado. Ella usó su influencia para calmar los rumores, pero podría ser peligroso si la situación persiste por más tiempo. Especialmente tenía que tener más cuidado ahora que Carlisle había vuelto al palacio.

—Te lo advierto, mantén un perfil bajo por ahora.

Cesare intervino.

—Mi querida hermana, cuando un hombre todavía es joven, es inevitable que sus ojos se vuelvan hacia una cara hermosa. Por favor comprende.

— ¿Cuál es la prisa? Si se convierte en emperador, podrá tomar a cualquier mujer que quiera, pero no puedo perdonar otro accidente en este momento.

Al final, Cesare cerró la boca ante la actitud inflexible de Ofelia. A Redfield no le importó lo que dijeron los otros dos. Podía ordenar a sus sirvientes que completaran su castigo por él. No era la primera vez, y ya sabía cómo mantener un perfil de agrado a su madre. Actualmente, el segundo príncipe estaba creando una lista de nobles para invitar a su fiesta.

El primer nombre en esa lista era Elena Blaise. Observó el nombre con una mano apoyada en su barbilla, y una sonrisa cruel cruzó su hermoso rostro.

¿Planeas casarte con mi hermano?

Redfield se entretuvo con su imaginación. Mientras escuchaba todo lo que Ofelia y Cesare decían, su visión del matrimonio de Carlisle era un poco diferente.

No tengo intención de oponerme al matrimonio, pero estoy demasiado aburrido como para dejarlo estar.

Después de que Elena y Mirabelle tomaron el desayuno en el palacio, regresaron a la Mansión Blaise. Bajo las órdenes de Carlisle, las dos hermanas viajaron en un colorido carruaje decorado con oro puro, sin embargo, los pensamientos de la menor se volvieron hacia Kuhn, y la mayor permanencia furiosa porque varios hombres vieron el cuerpo de su hermana.

Mientras caminaban por el camino de la mansión pérdidas en sus propios pensamientos, una figura se les acercó.

— ¿Por qué no están emocionadas después de regresar del Palacio Imperial?

Elena levantó la vista hacia la voz familiar y vio a Derek con su habitual mirada severa en su rostro. Parecía haber estado entrenando cerca del jardín, su cara y cuerpo estaban cubiertos de sudor.

—Hermano… —expresó Elena.

El espíritu de Mirabelle se levantó al ver a su hermano mayor.

— ¿Todavía estás entrenando, hermano? —preguntó Mirabelle.

— ¿Cómo puedo descuidar incluso un día de entrenamiento cuando la competencia de lucha con espadas está cerca? Sin embargo, no me gusta la expresión de sus caras. ¿Pasó algo en el palacio?

Elena y Mirabelle se miraron. Ambos estaban perdidas en sus propios pensamientos con respecto a lo que había pasado, solo había silencio y sonrisas incómodas en el carruaje real. Mirabelle negó con la cabeza a Derek primero.

—Me divertí en el palacio. El Príncipe Heredero fue muy amable con Elena. Lo descubrirás cuando lo conozcas.

— ¿De verdad?

Derek tenía una expresión dudosa en su rostro, pero Mirabelle le devolvió la sonrisa y continuó.

—Sería más rápido conocerlo que decir cien palabras. Por sus ojos, puedo sentir todo el afecto que siente por ella.

Elena forzó una sonrisa con las inesperadas palabras de Mirabelle. Realmente no sabía si Carlisle la miraba así, pero lo mejor que podía hacer era aceptarlo.

Derek simplemente asintió con la cabeza.

—Sí. Como dices, me reuniré con él más tarde.

—Ojalá me vieran con ese tipo de afecto.

Mirabelle murmuró por lo bajo y Derek la miró con curiosidad.

— ¿Qué?

—  ¡N-Nada! Entraré primero. Estoy cansada del largo viaje.

—Bien. Ve a descansar un poco —expresó Elena.

—Sí. Me divertí estando a tu lado hermana, pasemos tiempo juntas de nuevo, incluso si no es en el Palacio Imperial.

—Por supuesto.

Elena, agradecida, palmeó a su hermana menor en la cabeza.

Mirabelle probablemente estaba preocupada por la carga de trabajo de Elena. Por supuesto, Elena no quiso perdonar a quienes vieron el cuerpo de su hermana.

Mirabelle entró en la mansión, y Elena se volvió hacia Derek.

—También voy a entrar. Hermano, no te esfuerces demasiado y relájate.

—Bien. Nos vemos para cenar más tarde.

—Sí.

Elena siguió a su hermana al interior.

Michael, el mayordomo de pie junto a la entrada, la saludó alegremente.

—Bienvenida, mi señora.

— ¿Está todo bien? —preguntó ella.

—Sí, pero tengo muchas invitaciones para usted, así que por favor lealas más tarde.

—Ah, lo haré.

Él sostenía docenas de sobres en sus manos, y ella parecía haberlo atrapado cuando los estaba arreglando.

Entre ellos, sin embargo, se destacó una invitación roja. Por lo general, venían en sobres blancos lisos, pero este estaba diseñado elaboradamente. Debía haber sido un sobre costoso que no estaba fácilmente disponible en el mercado. Elena lo señaló.

— ¿Ese es para mí también?

—Oh, sí, mi señora. ¿Te gustaría verlo ahora?

—Sí por favor.

De repente sintió curiosidad por saber qué tipo de invitación se hizo con tal artesanía.

Elena abrió el sobre de la invitación roja para confirmar de dónde fue enviado, pero inesperadamente, vio que estaba marcado con un sello de dragón de la Casa Imperial. Ella acababa de regresar del palacio. Abrió el sobre, preguntándose quién más la invitaría allí.

— ¡Ah…!

La boca de Elena se abrió.

El remitente es Sullivan, el padre de Carlisle, Emperador del Imperio Ruford.


Kiara
¿que se trae entre manos ese Redfield? ni él, ni su madre son buena cosa, están tentando la felicidad de Len y Caril. Por ahora uno de los hechos más impactantes: ¡¡vamos a conocer el suegro!!

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