La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 16: Mejillas húmedas

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Sakuya


¿Pelearía el Emperador del Este en un duelo de vida o muerte con el Príncipe del Oeste? Este último quien es un invitado, ¿una simple concubina dividiría la relación entre dos reinos?

Sería todo un espectáculo. Si se hiciera público, las vidas, ya muy criticadas de los nobles y las familias reales, se convertirían en objeto de nuevas burlas y chismes.

Por supuesto, con o sin los rumores, la pelea debería detenerse.

—Cálmate, majestad. Príncipe Heinley, usted es nuestro invitado.

Levanté la voz y, para mi gran fortuna, no eran tontos.

—Por favor, tomen asiento.

Ambos se sentaron y la comida continuó en silencio. Nunca he tenido una comida tan difícil

Antes del banquete especial.

Se me revolvió el estómago. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Es por Rashta o Soviesh? O, tal vez, ¿ambos?

Ya nadie estaba de humor para comer, así que finalmente bajé el tenedor y me palmeé la boca con una servilleta. Después de sólo media comida, me puse de pie para despedir a los invitados en lugar de ofrecerles el postre. Sería grosero mantenerlos en este ambiente incómodo, y nos veríamos de nuevo mañana por la noche de todas formas.

Me dirigí al pasillo y los invitados me siguieron rápidamente, dejando atrás a Soviesh y Heinley en el comedor. Tan pronto como se cerró la puerta, la princesa Soju se me acercó y habló con el ceño fruncido en su rostro.

—Espero que podamos hablar más mañana, Su Majestad. Esta noche no es una buena noche para conversar.

—Por supuesto. También lo espero.

Conocer a la princesa Soju podría haber sido lo mejor que me ha pasado en esta celebración de Año Nuevo. Es de naturaleza fuerte, divertida y amigable, resulta un placer estar con ella. La abracé y susurré una cariñosa despedida.

—Por favor, ven mañana.

La princesa Soju sonrió y asintió, luego se fue con sus caballeros por el pasillo. Me despedí de los otros nobles con más formalidad.

Cuando quedaba un puñado de nobles, vi a Rashta acercarse a mí. Pensé que tenía algo que decir, pero en lugar de hablar, se quedó a mi lado. ¿Por qué estaba ella aquí? Quería preguntarle eso, pero el emperador Sirim de Blue Bohean se acercó a continuación.

—Por favor, ven a ver a Rashta mañana. Gracias por venir esta noche, alteza.

Tan pronto como me incliné, Rashta me imitó, como si lo estuviéramos despidiendo juntas.

—Uh… sí.

El emperador Sirim respondió en un tartamudeo, y miró entre Rashta y yo y luego se volvió. Parecía pensar que me estaba inclinando ante él junto con Rashta.

Rashta se volvió para mirarme y preguntó con voz amable — ¿Estás bien, hermana? Esta situación era absurda, pero no había ninguna acción o precedente que pudiera usar para detenerla.

Deliberadamente me separé de Rashta y me acerqué al marqués Samonew, uno de nuestros aliados. No obstante, Rashta siguió mis pasos nuevamente y le sonrió coquetamente, haciendo reír al Marqués. Ella continuó esto hasta que solo quedó el Gran Duque Kapmen.

¿Tenía el coraje para acercarse a él? Ella se le acercó y le habló con voz suave.

—Mi señor.

En ese momento, la carne de gallina estalló en mi piel. Su voz había cambiado de repente. Antes, había sido brillante y juguetona, pero ahora su tono había adquirido una calidad más profunda. Ella estaba imitando mi voz. No era una recreación perfecta, pero estaba cerca.

— ¿Vas a asistir al banquete especial mañana?

Sus palabras se evaporaron en el aire cuando el Gran Duque nos pasó en silencio. Era más vergonzoso que Rashta intentara imitarme, en lugar de que el Gran Duque Kapmen pasara de mí también.

—Señorita Rashta.

Ella sonrió y dijo con su dulce voz habitual.

—Sí, Su Majestad.

No era la misma persona que me miraba como si la hubiera traicionado en el comedor. Reprimí mis sentimientos y hablé con la mayor calma posible.

—Planeaba preguntarte esto después de las celebraciones de Año Nuevo, pero ahora tengo que saberlo.

— ¿Qué sucede?

— ¿Por qué les mentiste a todos y dijiste que te enviaba regalos?

Las cejas de Rashta se alzaron confundidas.

— ¿Mentira?

Ella esperó a que continuara. Su conciencia estaba dañada, seguramente.

—Rashta no mintió, Su Majestad. Es cierto que la Emperatriz envió muchos regalos a Rashta…

—No sé de dónde viene este malentendido, pero no hice tal cosa.

— ¿Qué? ¿Estás enojada porque Rashta dijo que escribió las cartas…?

La miré en silencio, y Rashta juntó las manos cuando las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos.

—Pero la vizcondesa Verdi dijo que la emperatriz nunca se presentaría. De hecho, ella afirmó que la Emperatriz se avergonzaría de esto. Entonces no quise decir nada. Solo estaba tratando de jugar.

— ¿Jugar?

—Rashta también te ayudó, Su Majestad.

— ¿Me ayudaste?

Rashta parecía a punto de llorar de nuevo.

—No querías que nadie más supiera que eras el compañero de cartas. ¿Por qué siempre atemorizas a Rashta?

Antes de que pudiera decir algo más, la puerta se abrió, y tanto Soviesh como el Príncipe Heinley aparecieron, con las expresiones rígidas. Parecían haber estado discutiendo entre ellos por dentro.

—Heueu.

Las lágrimas de Rashta finalmente salieron. Soviesh la miró sorprendido, luego se acercó a ella y le limpió las mejillas mojadas con la manga.

— ¿Rashta? ¿Por qué estás llorando?

Sovieshu me fulminó con la mirada mientras ella sollozaba más fuerte.

— ¿Qué pasó, emperatriz? ¿Qué le pasa a Rashta?

—Le hice una pregunta.

— ¿Qué le preguntaste?

—Le pregunté por qué mintió cuando nunca le envié regalos.

La expresión de Soviesh se tensó.

— ¿Le preguntaste sobre eso?

—Le ha estado diciendo a la gente esa mentira, así que, por supuesto que lo hice.

¿A quién más debería haberle preguntado? Lo miré maravillosamente. Sus labios estaban fuertemente apretados, y miró alternativamente entre Rashta y yo antes de suspirar.

—Si Rashta se equivoca, ¿no deberías dejarlo pasar?

—No puedo permitir que mi nombre se use de esta manera.

—No tienes que enfrentarte a Rashta. Es mi culpa. Le envié regalos en tu nombre.

Mi cabeza giró. ¿Soviesh le dio regalos en mi nombre? Rashta abrió mucho los ojos y miró a Soviesh, sus lágrimas se aferraron delicadamente a sus pestañas.

— ¿Es eso cierto, Su Majestad?

—Hubo un malentendido por mi culpa.

Soviesh asintió y murmuró una disculpa, pero Rashta sacudió la cabeza.

—No, Rashta está muy feliz. Lo hiciste por Rashta.

Apreté el puño. Había todo tipo de rumores por el error de Soviesh y Rashta. Y fue a Rashta a quien Soviesh le pidió disculpas, mientras que Rashta pensó que era conmovedor.

Antes, me había distanciado de Rashta. Me dije que debía ignorarla, que debía mirar hacia otro lado y que no me importaba. Pero ahora, claramente, la odio.

Y más que eso, odio a Soviesh.

[Sakuya: Estoy contigo ¬_¬ ]

Hablé impacientemente.

—Si esto es tu culpa…

Sovieshu, que había estado inmerso en el ambiente romántico entre los dos, volvió la cabeza. Pareció sorprendido de verme, como si pensara que el problema se resolvió.

Lo miré fríamente a los ojos.

—Tienes que tomar la culpa, Su Majestad. Admitiste tu responsabilidad. No importa las circunstancias, no debes asumir el nombre de otro. ¿No es así, majestad?

Soviesh me miró desconcertado.

— ¿Realmente tenemos que lidiar con eso aquí?

—Sí. Ahora que admitió su culpa, ¿no debería ser considerado responsable?

La tez de Sovieshu palideció. Lo noté discretamente mirando entre Rashta y el Príncipe Heinley. Su orgullo fue herido frente a un hombre distinguido y la mujer que amaba, pero el orgullo que quería preservar no era el orgullo de un emperador, sino el orgullo de un hombre. ¿Debería ayudarlo a proteger eso?

No.

— ¿Qué deseas? ¿Quieres que llore como Rashta?

—Quiero que te disculpes.

— ¿Pedir disculpas?

—Por favor, discúlpate por usar mi nombre.

—Lo siento, ¿de acuerdo?

—Y dado que la señorita Rashta ha estado difundiendo información falsa, espero que ella asuma la responsabilidad y la corrija.

Sovieshu exhaló.

— ¿Es eso realmente necesario?

— ¿Temes perder la dignidad, majestad? Porque mi dignidad ya está en el suelo.

—Si has perdido tu dignidad simplemente por enviar regalos a Rashta, entonces desde el principio no has sido más que una persona pobre y superficial.

—También es pobre y superficial no corregirlo lo antes posible.

—La Emperatriz debería hacerlo ella misma. ¿No te disgusta que otras personas hablen en tu nombre?

—Por supuesto.

— ¿Por qué eres tan estrecha de mente?, no eras así antes ¿verdad?

—Debo decir lo mismo de usted y no me hables tan descortésmente, Soviesh.

El comportamiento de la Emperatriz era tan remoto y frío como un glaciar. Heinley se quedó aturdido mientras miraba su perfil. Su voz baja y suave cautivaba sus oídos, pero su voz fría aún más. ¿Cómo sonaría si ella dijera su nombre en ese tono?

Heinley tragó seco mientras su imaginación hacía girar la cabeza. Quería arrodillarse ante esa dominante emperatriz y darle besos en la mano. Quería escucharla hablar con esa voz fría y darle órdenes. ¿Cómo se sentiría obedecer sus órdenes y luego rebelarse?

Había comenzado por curiosidad. Tenía curiosidad por la emperatriz de un país extranjero, por lo que viajó hasta el palacio para verla. A pesar de los rumores de que estaba hecha de acero o hielo, era sorprendentemente suave y encantadora con los pájaros.

Sin embargo, los rumores no eran exactamente incorrectos, pero se sorprendió al ver su lado común. Sintió simpatía por la forma en que ella puso un frente fuerte mientras lloraba en secreto. La escuchó hablar consigo misma mientras trataba de contener las lágrimas. Lo que la gente quería no era la amada emperatriz de un emperador.

Pero para él, ella era increíble. Pensó que debajo de su fuerte apariencia había una figura vulnerable, pero descubrió que debajo también había una figura imponente.

El sentimiento de curiosidad y atracción se convirtió en ansiedad después de conocerla. ¿Por qué lo ignoró cuando él intentó darse a conocer? ¿Por qué fingió no conocerlo? ¿Por qué no estaba tratando de buscarlo? ¿Eran las comodidades de las cartas, los chistes que habían compartido, simplemente un sentimiento unilateral? O, tal vez, su orgullo se lastimaría si alguien la cuidara.

Pero cuando Heinley se acercó a ella, se enojó. No le gustaba ver las cosas que la agobiaban o le causaban dolor. Sabía por experiencia que mantener una buena reputación era difícil, hasta el punto de que casi había peleado por eso en el pasado.

— ¿Estás celosa de Rashta, por casualidad?

Cuando la mandíbula de la Emperatriz se endureció ante el insulto de Soviesh, el Príncipe Heinley fue abrumado con un impulso aún más violento que en el comedor. La emperatriz de hielo era encantadora, pero las cosas que la hicieron así no lo eran. Podía escuchar la voz de McKenna en su mente, instándolo repetidamente a no causar un incidente. A Heinley le irritaba que no pudiera levantarse oficialmente para defender su honor.

—Su Majestad el Emperador. Debes ser más exigente.

Finalmente, Heinley habló. McKenna se pondrá furioso cuando escuche sobre esto. Su rey estaba postrado en cama, y ​​los asuntos de la corte estaban en caos. ¿Realmente quería enemistarse con el Emperador del Imperio Oriental? A pesar de esto, Heinley no pudo evitar hablar.

—Esto no le concierne, Príncipe Heinley.

—Soy un testigo. ¿Cómo puedo mantener mi nariz fuera de esto?

Heinley agregó una sonrisa mientras estaba parado al lado de la Emperatriz.

—Su Majestad, no se preocupe. Seré yo quien difunda los rumores sobre la verdad. Su reputación no se verá empañada por este error.

Las cosas podrían haber empeorado si no fuera por McKenna, que vino corriendo al lado del Príncipe Heinley y se lo llevó.

—Te escuché decir algo sobre la reputación. ¿Estás cambiando de rumbo?

Heinley caminó en silencio hacia el palacio del sur mientras McKenna lo molestaba.

—Haz lo que sueles hacer, príncipe. No pelees desde el frente, pelea desde atrás. ¿Por qué estás tratando de hacer algo que no puedes hacer bien? ¿Y por qué tiene que ser con el Emperador del Este? A este ritmo, nuestro espionaje será discutible.

Las molestias de McKenna empeoraron tan pronto como cerró la puerta, y Heinley lo ignoró y acercó una silla.

— ¿Qué vas a hacer con la silla? ¿Me vas a pegar?

[Sakuya: Me encanta McKenna x3]

—Siéntate.

Cuando McKenna se sentó, Heinley le tocó la cabeza y forzó el maná contra él. Con un grito, McKenna se convirtió en un pájaro azul, y la ropa que llevaba cayó al suelo. Los ojos de McKenna se abrieron cuando el Príncipe Heinley fue a su escritorio y luego le ofreció algo.

—Entregue esto a Elgy —el ave dudo por un momento, y el príncipe continuó —No me meteré en problemas, así que ve y entrégalo. Lucharé por detrás, tal como dijiste.


Sakuya
Iba a comentar de Elgy, pero mejor nop, sería mucho spoiler XD

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