La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 17: Beber agua y florecer

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Sakuya


—El Príncipe Heinley parece ser una persona completamente diferente de lo que sugieren los rumores.

La condesa Eliza, que jugaba al ajedrez cerca, volvió la cabeza ante mis débiles palabras.

— ¿Hm? ¿Qué dijiste, alteza?

Puse mi libro al revés en mi regazo. ¿Podría decirles? ¿Sonará extraño?

Mis damas de honor sabían que yo era la verdadera amiga de cartas, por lo que no era necesario que dijera nada más. Sin embargo, pensé que sería útil si pudiera cambiar cualquiera de los rumores sobre el Príncipe Heinley con mis propias palabras…

—El príncipe Heinley. Parece mejor de lo que pensaba.

Hablé con indiferencia mientras levantaba mi taza de té de la mesa y tomaba un sorbo. Laura, que jugaba frente a la condesa Eliza, cambió ágilmente la posición de un caballo mientras la condesa no miraba.

—Cierto. ¡Y sabía que la criada y la esclava no escribieron esas cartas! Ah, eso estaba mal. De todos modos, se enteró rápidamente. Aunque es un mujeriego, parece más fiel que otros nobles.

La condesa Eliza había abofeteado a Laura en el dorso de la mano y restablecido la posición original del caballo en el tablero.

—Laura tiene razón. Aunque puede parecer una persona despreocupada, no es frívolo.

Una dama de honor sentada cómodamente en un sillón soltó una carcajada vengativa.

—Aún más, me gustó cuando salió a la luz la mentira de la esclava.

Los comentarios comprensivos comenzaron a surgir de las otras damas.

— ¿Viste cómo aumentó su descaro cuando ella continuó mintiendo?

—Los nobles extranjeros que se mezclan con ella deben haber vuelto en sí.

No obstante, Artina, que estaba de pie en silencio junto a la puerta, inmediatamente arrojó agua fría a la situación.

—No lo creo.

Ante el cierto tono de Artina, las damas de honor se volvieron hacia él con expresiones inquisitivas. El caballero se rascó nerviosamente la mejilla, como abrumado por las damas que lo miraban a la vez.

—El barón Lant es responsable de los asuntos de la señorita Rashta, y él habla de ella de manera diferente.

— ¿Diferente? ¿Cómo?

Los ojos de Laura estaban muy abiertos mientras lo interrogaba. También miré a Artina, dejando la taza ahora vacía sobre la mesa.

Conocía al barón Lant: era el secretario de Soviesh y un hombre bastante brillante. Además, le tenía mucho cariño a Rashta, y eso era bueno para ella, ya que el barón Lant se adelantaba y modificaba los rumores.

—Debido a la belleza y el encanto de la señorita Rashta, algunos dicen que el Emperador y el Príncipe Heinley están peleando por ella.

Cuando se propagan dos rumores conflictivos, habría al menos uno que creyera una historia u otra. El barón Lant había planeado esto cuidadosamente. Laura cerró el tablero de ajedrez frustrada.

— ¡La desprecio por completo!

—Cuida tu boca, Laura. Eres una dama de compañía de la Emperatriz, y ese lenguaje ofensivo solo dañará la imagen de Su Majestad.

—Tengo cuidado frente a los demás, condesa Eliza. Aun así… ¡no tengo otra forma de expresar mis emociones!

Luego, cuando Laura gritó su frustración, hubo un golpe en la ventana.

— ¡Reina!

Habían pasado varios días desde la última vez que vino, rápidamente me levanté y abrí la ventana para dejarlo entrar. Estaba tan feliz de verlo después de tanto tiempo que lo abracé con fuerza. Reina me abrazó con sus alas, y Laura finalmente se calmó y soltó una risita.

—Ese pájaro es tan dulce. Mira cómo sostiene a Su Majestad. Tal vez no sea un pájaro.

Reprendí a las damas por molestar a Reina, luego lo coloqué suavemente en mi regazo y acaricié su cabeza.

Los grandes ojos morados de Reina se cerraron cuando él se quedó dormido, pero ocasionalmente se sobresaltó y me miró.

—Te extrañé.

Le confesé mis sentimientos con franqueza y él me miró como si me entendiera.

Extraño. ¿Por qué este pájaro me recordó al Príncipe Heinley? Bueno, tal vez fue porque el Príncipe Heinley era el dueño del pájaro.

—Ah.

Casi me olvido de revisar la nota en su pierna. Tomé el trozo de papel, puse a Reina a un lado y lo abrí.

[Había apostado mi identidad. ¿Por qué no quieres participar en la apuesta?]

¿Sabía el Príncipe Heinley que soy su compañera de carta o no? Hace unas horas, estaba segura de que el remitente es el Príncipe Heinley, pero ni siquiera tuve tiempo de preguntarle porque Soviesh y yo peleamos de inmediato…

Dudé antes de escribir mi respuesta.

[Por favor, mantenga nuestra amistad solo por carta.]

Reina me miró pacientemente mientras escribía. Tan pronto como levanté mi mano del papel, él revisó el contenido, luego hizo un ruido extraño y comenzó a saltar de arriba abajo.

— ¡Gu! ¡Gu! ¡Gu!

Parecía criticarme en nombre de su dueño.

—No te enojes tanto, reina. Lo prefiero de esta manera

— ¡Gu!

—Si tu maestro y yo nos conocemos, seremos la Emperatriz Oriental y el Príncipe Occidental, no amigos que puedan hablar casualmente entre ellos. Tendríamos que tener cuidado de cómo nos comportamos frente a otras personas.

Reina se quedó quieta y continúe hablando.

—Me he convertido en una fuente de entretenimiento gracias a Soviesh y Rashta. En estas circunstancias, los rumores empeorarán si se descubre que estoy intercambiando cartas con un mujeriego.

Tal vez fue porque Reina parecía muy inteligente, pero antes de darme cuenta, estaba confesando mis verdaderos sentimientos.

El pico de Reina se abrió como si estuviera sorprendido. Cerró su pico y apresuradamente agregué una explicación.

—Sé que tu maestro no es tan malo como dicen los rumores. Creo que es una buena persona, de hecho. ¿Hm? Ja, ja, ¿por qué estás avergonzado?

♦ ♦ ♦

Rashta se recostó en la cama, abrazando un cojín y mirando una imagen de delicada belleza con un delgado camisón de lavanda. Acostado a su lado estaba Soviesh, que estaba pasando los dedos por su cabello suave y plateado.

—El Príncipe Heinley es conocido por su crueldad y por ser mujeriego. No confíes en las personas tan ciegamente de ahora en adelante.

—Rashta no sabía…

—Está bien. Cualquiera puede cometer errores. Simplemente no cometas el mismo error en el futuro.

—Pero esto no es culpa de Rashta, ¿verdad?

—Por supuesto que no. Fue ese hombre quien causó molestias.

Rashta apoyó la cabeza contra el hombro de Sovieshu.

—Pero me alegra que Su Majestad haya protegido a Rashta.

—Me alegro también. Espero que te sientas mejor.

— ¡Mañana es el banquete especial! ¡Solo relajémonos y socialicemos con la gente! Quiero ser amiga de la princesa Soju.

Rashta sonrió y palmeó el cojín como un tambor. Soviesh, que normalmente habría sonreído ante su adorable comportamiento, estaba inusualmente rígido.

— ¿Qué pasa, Su Majestad?

—Usted…

— ¿Su Majestad?

—Rashta, no podrás asistir al banquete especial mañana.

Rashta miró a Soviesh con los ojos muy abiertos. Se sintió avergonzado después de darle la inesperada noticia, excepto que no era así.

— ¿Qué? ¿Por qué, Su Majestad?

—Solo puede haber veinte invitados especiales.

— ¿No puedo ser uno de ellos?

—La Emperatriz y yo invitamos a diez personas cada uno, y ya hemos enviado las invitaciones…

—Puedes ser flexible y agregar uno más…

—Pero Rashta. En el momento en que somos flexibles, el banquete especial se vuelve menos especial.

Rashta hizo una expresión de sorpresa y parpadeó ante su negativa, y Soviesh se sintió obligado a explicar.

—Como dije, es solo para los invitados. No sé por qué crees que cambiaría de repente.

—Rashta es tu concubina. Su señora. Rashta pensó que podía ir sin ser invitada… Deberías haberla invitado también.

La cara de Rashta estaba roja cuando gimió.

—Oh Dios, Rashta.

Soviesh sacó un pañuelo y palpó las lágrimas que habían brotado en sus ojos. Pero las lágrimas volvieron a juntarse y el pañuelo fue inútil.

— ¿De verdad quieres ir?

—Les dije a todos en la cena que iría al banquete especial.

Sovieshu frunció el ceño.

—Deberías haberme preguntado primero.

—Es extraño preguntar. Además, Su Majestad llevó a Rashta a cenar con los invitados especiales, así que, por supuesto, Rashta pensó…

—Es mi culpa.

Soviesh suspiró y frotó el hombro de Rashta, pero ella seguía llorando, esperando que Soviesh cambiará sus palabras. Sin embargo, no importa cuánto tiempo haya esperado, no sucedió.

—Así que al final, no me llevarás.

Rashta lloró como un niño, y Soviesh apretó la mandíbula ante la inocencia. Habiendo visto a los nobles de la corte ocultar sus verdaderas quejas, se sorprendió cada vez que Rashta expresaba sus verdaderos sentimientos con honestidad.

—Lo siento, Rashta. No llores.

—Viste lo que pasó hoy. Si Rashta no va, el Príncipe Heinley les dirá algo a los invitados. Dijo que iba a difundir rumores.

Rashta tenía razón y Soviesh volvió a suspirar. No obstante, muchos de los invitados consistían en miembros de la familia real extranjera y nobles poderosos, eran considerados las personas más importantes del año. Dejar de lado a un invitado importante para permitir la entrada de una concubina podría causar un problema internacional.

—No te preocupes, estaré ahí. No dejaré que el Príncipe Heinley diga nada extraño.

La expresión de Rashta todavía era sombría. Después de hablar sobre el tema, Soviesh finalmente dejó escapar un suspiro.

—Le preguntaré a la Emperatriz si puede reservar un asiento. Algunos de los invitados son sujetos de este país, por lo que no tendremos que preocuparnos por un problema internacional.

♦ ♦ ♦

El sol de la mañana brillaba a través de las delgadas cortinas, proyectando sombras en el suelo en forma de marcos de ventanas. Bostecé y me levanté de la cama. Mi corazón no estaba pesado a pesar del incidente de ayer. Quizás se deba a el Príncipe Heinley y a Reina…

Me di unas palmaditas en la cara para despertarme, luego fui al baño a lavarme la cara. Detrás de mí, mis damas de honor prepararon la bañera con pétalos y sales. Me quitaron la ropa y me hundí en el agua tibia, permitiendo que mis músculos se relajaran. Cerré los ojos y me apoyé contra la bañera mientras las damas de honor me masajeaban la cabeza con manos cuidadosas.

Después del baño, me puse una bata y fui a la habitación. Como era el último día de la celebración del Año Nuevo y el día del banquete especial, el vestido seleccionado para mí era extravagante, pero no demasiado, y al mismo tiempo, capturó una sensación de calma y esplendor.

Después de vestirme, me puse mis pendientes de diamantes y mi corona. La corona no estaba hecha para fines ceremoniales, y no era demasiado grande y pesada. Revisé mis notas sobre los invitados especiales mientras las damas peinaban mi cabello para que combinara con la corona.

Pero, antes de que pudieran terminar, llegó uno de los secretarios de Soviesh. Como ya estaba vestida, lo dejé entrar, y el secretario transmitió las palabras de Soviesh con gran vergüenza.

—Su Majestad, al Emperador le gustaría hablar con usted.

— ¿Ahora?

—Sí, se trata del banquete especial, así que por favor ven pronto

Tenía que ser urgente si se trataba del banquete especial. Asentí y ordené a las damas que terminarán rápidamente mi cabello.

—Lo armaremos cuando regreses.

— ¿Está eso bien? No quiero molestarlas dos veces.

—Está bien.

—Entonces pueden desayunar primero mientras estoy fuera.

Varios escenarios sobre los invitados pasaron por mi cabeza cuando seguí al mensajero de Soviesh al palacio oriental. ¿Alguien de repente declaró la guerra? ¿Se había quejado uno de los invitados extranjeros sobre el país? ¿O nos ofendió uno de ellos? ¿Alguien había anunciado de repente su ausencia?

— ¿Qué está pasando?

Inmediatamente le pregunté a Sovieshu tan pronto como entré en su habitación. Rashta estaba sentada en la cama, pero fingí no verla. Sin embargo, me di cuenta de que me estaba mirando, no, mirando la corona en mi cabeza, más exactamente.

Fruncí el ceño con incomodidad, pero Rashta continuó mirándome con una expresión hechizada y no miró hacia otro lado. Soviesh fue el primero en hablar.

— ¿Puedes hacer espacio para una persona más?

— ¿Hay algo mal? ¿Algún informe al que el secretario Bimeli o el mago jefe Calenzano puedan asistir?

El secretario y el mago jefe eran los que originalmente tenían reservas. Fueron invitados por Soviesh, pero no asistieron a la ceremonia de Año Nuevo porque ya se habían negado por otras razones.

—No, no son ellos.

— ¿Entonces…?

¿Para quién demonios se suponía que debíamos establecer un asiento? Estudie de cerca a Soviesh, que parecía atrapado en un incómodo silencio.

—Quiero llevar a Rashta conmigo… ¿Puedes hacer eso?

Permanecí en silencio por más de un segundo. Incapaz de soportarlo más, él preguntó.

— ¿Emperatriz? ¿Por qué no me hablas?

Iba a disculparme, pero rápidamente lo olvidé, porque no creía que fuera algo por lo que debería disculparme.

—No, Su Majestad.

El ceño de Soviesh se frunció ante mi negativa rotunda.

—Un asiento estaría bien. Seguramente hay una o dos personas que la Emperatriz puede preguntar.

—Es posible pedir consentimiento si están de acuerdo, eso es si se tratara del secretario Bimeli o el mago jefe Calenzano, se sentirían ofendidos por la repentina cancelación de la invitación… para su concubina.

La expresión de Soviesh se volvió aún más fría.

—Entiendo la connotación de tus palabras, Emperatriz.

—La respuesta hubiera sido la misma si hubiera sido mi amante, o incluso si hubiera sido otra concubina que no fuera Rashta.

—Entonces, ¿por qué no excluimos a personas como la duquesa Tuania?

—No quiero lastimar a las personas que aprecio, Su Majestad.


[Sakuya: Es tu concubina, cancélale a alguien de tu lado, pinqui Soviesh ¬_¬]

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