La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 20: Un hombre de secretos

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Sakuya


Como de costumbre, es inútil tratar de evitar enredarse con Rashta. En cada ocasión, Soviesh o ella terminaban arrastrándola en sus problemas, esta vez se trató del emperador.

Algunos de los invitados extranjeros regresarían a sus países, mientras que algunos se quedarían más tiempo en el palacio del sur. Regresé al palacio occidental, dejando atrás a aquellos que querían quedarse despiertos para beber y divertirse. Quería tomar un baño tibio para aliviar la fatiga del día. Las damas de honor también parecían agotadas, así que en lugar de hacer que me siguieran, las envié a descansar.

Sin embargo, antes de que pudiera terminar de sacar el agua del baño, el capitán de la guardia de Soviesh vino a verme. Tuve una sensación de hundimiento en el momento en que lo vi. Durante casi un mes, todas las veces que Soviesh me convoca de la nada, termina siendo encuentros desagradables.

¿Qué demonios quería esta vez? Mi ánimo se sentía pesado mientras caminaba por los largos corredores, pero logré controlar mi expresión. Esperaba poder mantenerlo frente a mi esposo…

Finalmente, entré en la habitación de Soviesh en el palacio oriental, él estaba sentado en una silla junto a la cama, y ​​también noté a Rashta en la cama con una toalla en la frente. Volví a mirar a Soviesh nuevamente, que tenía sus ojos fijos en mí.

—Me retiro.

El capitán cerró la puerta y el ambiente se volvió aún más opresivo. Soviesh abrió lentamente la boca para hablar.

— ¿Tienes algo que decirme? —Su voz era cortante.

— ¿Por qué me llamaste aquí? —Le hablé con la misma sinceridad.

— ¿Es eso lo único que quieres decir?

—Eso es lo que más me interesa ahora.

—Ni siquiera parpadeas ante esta situación.

El primer pensamiento que me vino a la mente fue “debo estar haciendo un buen trabajo para controlar mi expresión facial”, y las comisuras de mis labios se inclinaron hacia arriba. Soviesh parecía aún más ofendido por mi sonrisa.

— ¿Estás contenta de que todos piensen que Rashta es una esclava fugitiva?

— ¿Vas a descargar tu ira sobre mí?

—Emperatriz.

—Escuché sobre la señorita Rashta en el gran salón. Sé que estás molesto, pero no te desquites conmigo.

— ¿Crees que te llamé para desahogarme?

— ¿No lo hiciste?

—No.

—Entonces, ¿por qué me llamaste?

No me llamó para desahogarse, pero ¿no estaba dirigiendo su ira hacia mi hace apenas un momento? Probablemente pensó que estaba feliz de que se descubriera que Rashta era una esclava fugitiva.

Soviesh observó en silencio la forma dormida de Rashta. El sonido de las manecillas del reloj resonó en la habitación. Solo después de un tiempo, él habló.

— ¿Realmente querías demostrar que Rashta es una esclava fugitiva?

— ¿Esa historia otra vez?

—La Emperatriz nació como una gran aristócrata. Tenía una buena familia, una enorme riqueza, un gran poder, una hermosa mansión, un ingenio y belleza naturales. Pero a pesar de eso, ella todavía quiere estar encima de todos.

De ninguna forma ese fue un halago. Miré a Soviesh con los ojos entrecerrados, y él suspiró.

—Rashta no tenía nada. Se convirtió en esclava a temprana edad, no tenía recuerdos ni de sus padres u otro familiar. Sin propiedad, comodidades, sin hogar. Es como la Emperatriz que es inteligente y hermosa, pero no hubo oportunidades para ella. Y entonces, ella me conoció, había estado tratando de conseguir esto por su cuenta. La oportunidad de ser amada, comer una comida caliente, relajarse en una cómoda cama, aprender algo.

También se llevó a mi esposo, pero no dije esto porque mi orgullo estaba herido. Quería preguntarle si quería que simpatizara con Rashta, pero tampoco podía decirlo. Solo lo miré sin decir una palabra. No podía entender por qué estaba hablando tanto, ¿me estaba pidiendo que cuidara a Rashta porque ella estaba en problemas?

—No necesito que entiendas a Rashta. Pero al menos, debes tener un mínimo sentido de compasión… ¿puedes darla?

— ¿Compasión?

—La compasión que muestra la Emperatriz aquí y allá, por ejemplo, hacia los orfanatos, hogares de ancianos, centros médicos, templos, centros de becas. ¡Por qué no puedes usar esa compasión por Rashta!

Soviesh gritó, pero luego se detuvo y se desplomó en su silla. Rashta extendió un gemido y él rápidamente la tomó de la mano. Me di cuenta de que llevaba una camisa con mangas anchas. Quería apretar el puño.

—Rashta es tu concubina, así que debes cuidarla. No la estoy cuidando porque no está bajo mi jurisdicción.

— ¿Quién dijo que tenías que cuidarla? Ah, no quiero que la cuides, ¡así que déjala en paz!

— ¿La he provocado alguna vez?

—Ayer frente al Príncipe Heinley, cuando él insultó a Rashta. Entre los dos, el Príncipe Heinley y Rashta, deberías haber estado del lado de Rashta. ¡Si no sabes quién dice la verdad, entonces debes defender a tus súbditos!

—Como dije, sabía la verdad y me alineé con el Príncipe Heinley en consecuencia.

— ¿Rashta mintió?

—Eres tú quien cree en su inocencia, no yo.

—Bueno, eso fue ayer. ¿Qué tal hoy? ¿Por qué intentaste dañarla hoy?

—Sabes que no tuve ningún tipo de contacto con la señorita Rashta.

—Lo tuviste. No hablaste con la propia Rashta, pero llamaste al vizconde Roteschu a sus espaldas.

El aire parecía quebrarse cuando hizo la acusación. Sabía que realmente no podía ser, pero él quería creer que era así. Mire a Soviesh.

— ¿De qué estás hablando?

—Querías demostrar que Rashta es una esclava fugitiva, y por eso trajiste al vizconde Roteschu.

— ¿Invité al vizconde por la señorita Rashta?

¿Qué tipo de invención ridícula fue esta? Estaba atónita. Soviesh dejó escapar un suspiro.

—Desde que dije que Rashta no era una esclava que había escapado de su amo, ¿no querías demostrarme lo contrario? ¿Te ofendió tanto que todos la amaran?

—Estás hablando tonterías.

Obligué a mi voz a sonar tranquila, pero me sentí lista para estallar. Soviesh se levantó de su silla, sus ojos brillaban amenazadoramente.

— ¿Quién conoce las invitaciones de invitados mejor que la Emperatriz? Debes haber estado trabajando duro. Invitaste al vizconde Roteschu.

—Sí, conozco muy bien las invitaciones. Era mi trabajo, sin embargo, lo invité semanas antes de que Rashta llegara al palacio.

—No es un invitado importante, entonces ¿por qué lo invitaste a las celebraciones?

—Como dije antes… no estoy interesada en todo lo que involucre a la señorita Rashta. Y estabas seguro de que ella no era una esclava fugitiva. En estas circunstancias, ¿por qué no enviaría una invitación al vizconde Roteschu?

Ni siquiera sabía que ella era su esclava. La única conexión que conocía era que Soviesh la había encontrado en los terrenos de caza cerca de la finca de Roteschu. Desde entonces, nunca había escuchado mencionarlo, y si Rashta era alguien común, entonces la asistencia de Roteschu era irrelevante. No obstante, de alguna manera, ¿Soviesh pensó que calculé que Rashta era la esclava de Roteschu? ¿Yo? Estaba atónita.

—Si tienes alguna consideración…

—Deberías cuidarla tú mismo. No puedes esperar que la cuide, incluso si no supiera que ella era la esclava de Roteschu.

—Eres despiadada. ¿Una mujer que ha vivido en la pobreza toda su vida ahora quiere mantenerse erguida y no quieres verla? ¿No quieres mancharte? La emperatriz es una mujer horrible.

[Sakuya: Quién quiere ver en una charola la cabeza de este idiota, aparte de mí, alce la mano ¬_¬/ ]

♦ ♦ ♦

Roteschu inquieto movió sus manos nerviosas la una sobre la otra. Él era el señor de una pequeña finca, aunque eso no necesariamente significaba que no era importante. Muchos héroes, oficiales militares y nobles de alto rango optaron por vivir vidas pacíficas en una pequeña propiedad, dejando el bullicio de la capital lo más lejos posible. En algunos casos, lo importante no era el tamaño o las características geográficas de la tierra, sino la ubicación. Por ejemplo, la región de Wirwol estaba ubicada en un profundo valle de montañas lejos de la capital, pero su valor no podía ignorarse, ya que albergaba la sede central y la academia mágica de lo magos.

Pero eso no era aplicable a Roteschu. Su propiedad en Rimwell no estaba abierta al desarrollo, ya que era la ubicación de los bosques y terrenos de caza del Emperador. Naturalmente, nunca había visto al Emperador en la distancia, y mucho menos había tenido una reunión privada.

En línea con la fulminante mirada del emperador, el vizconde Roteschu bajó los ojos. Era una experiencia muy incómoda.

Aunque los amigos de Roteschu ocasionalmente lo ridiculizaban por la modestia de su propiedad, no odiaba su posición. Las propiedades más grandes estaban bajo la influencia del Emperador, mientras que Roteschu podía reinar respetablemente como un rey sobre las suyas más pequeñas. Nunca se había postrado ante nadie, hasta ahora. Fue intimidado por el Emperador, un hombre tan joven como su hijo, y su orgullo fue abollado por ello.

—Vizconde Roteschu. Explica lo que pasó hoy.

Por fin habló el emperador. Por un momento, el vizconde Roteschu no pudo entender lo que quería decir. Anteriormente, el secretario del emperador había llevado a Rashta a la habitación, mientras que el vizconde Roteschu fue arrestado por el capitán de la guardia y arrastrado a esta habitación vacía en el palacio oriental. La razón por la que todos la conocían, ¿por qué debía explicarlo de nuevo?

Pero finalmente lo entendió. Era una orden del Emperador para que todo esto volviera a la normalidad.

—Te ruego que me perdones, majestad. Frecuentemente identificó mal las caras de las personas. La esclava que huyó de mi propiedad también era hermosa como la señorita Rashta, tenía el pelo plateado y los ojos oscuros, y confundí a la señorita Rashta con ella.

El vizconde Roteschu volvió a inclinarse y continuó hablando.

—He empañado la reputación de la concubina del emperador, la señorita Rashta. Por favor, perdóname por mi error.

Bajó la cabeza, pero sus ojos brillaron con interés. El joven emperador continuó protegiendo a Rashta a pesar de saber que era una esclava fugitiva. Roteschu estaba realmente impresionado con la joven. Pensó que simplemente podría lavar su identidad y posicionarse como una concubina imperial. ¿El Emperador realmente la favorecía tanto? Roteschu había sabido en la mansión que podía mantener a los hombres bajo su mano, pero su talento era mayor de lo que él esperaba.

—Sí. Y debes recordar cuidar las palabras que salen de tu boca, vizconde Roteschu.

—Por supuesto, Su Majestad.

Los labios de Roteschu se elevaron en una leve sonrisa. Quizás podría alejarse de ser un pequeño señor del campo y obtener una posición más privilegiada.

♦ ♦ ♦

Seguí el largo corredor con mis guardias detrás de mí. Tanto la cabeza como mi corazón eran pesados, al igual que mis pasos. Incluso mi vestido parecía pesarme. Cada paso que daba, sentía un pinchazo alrededor de mis costillas.

Cuando llegué al palacio occidental, apoyé mi cabeza contra un pilar para apoyarme por la sensación de malestar en el interior. Mi orgullo fue herido. ¿Por qué Soviesh era tan terco cuando se trataba de Rashta? ¿Dónde estaba el Soviesh que conocía, cuyos ojos brillaban cuando leía un libro sobre el reinado de los emperadores anteriores?

—Reina.

Hubo un crujido y una voz desde el pasillo. Solo hay una persona que me llama Reina. Rápidamente me enderecé y di la vuelta, encontré al Príncipe Heinley parado a cierta distancia y frunciéndome el ceño.

—Lo siento. No estoy presentable.

Tuve la suerte de no derramar lágrimas y puse una sonrisa en mi rostro.

— ¿Estás dando un paseo?

Pero el príncipe no reaccionó. Seguía mirándome a la cara. ¿Estaban mis ojos rojos? Me di la vuelta por un momento mientras él se acercaba, y cuando volví, estaba más cerca. El príncipe Heinley levantó su mano, luego se detuvo y la dejó cerca de mi cara. Le temblaba la mano.

—Por lo general, limpio las lágrimas de mis amigos y los abrazo cuando están desconsolados. Porque la Reina es mi amiga, ¿puedo hacer eso?

Sacudí la cabeza y el príncipe se retiró, pero él todavía parecía triste y sus oídos estaban sonrojados.

— ¿Te volvió a insultar tu marido?

¿Otra vez?

— ¿Por qué piensas eso?

—Sólo lo pienso.

—Realmente no puedo decirlo. Es personal.

—Debería haber conocido a Reina primero. Si hubiera nacido cinco años antes… maldita sea.

Los labios del príncipe Heinley temblaron. Me sorprendió verlo con tanto dolor cuando ni siquiera le había explicado lo que sucedió. ¿De qué estaba hablando?

Dudó un momento antes de volver a hablar.

—Si no puedo ofrecerte ningún consuelo, ¿quieres que te envíe a Reina?

No podía abrazar al Príncipe Heinley para calmarme, pero la presencia del pájaro sería una calidez bienvenida.

—Sí. ¿Dónde está reina ahora?

—Lo enviaré a tu habitación.

—Está bien si lo vemos juntos. Tengo muchas preguntas sobre Reina…

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